ACERO Y VAPOR

 

LA BATALLA DE TSUSHIMA

 

A finales del siglo XIX, los intereses de dos grandes potencias chocaron en Asia. Rusia y Japón, países que habían extendido sus zonas de influencia en territorio chino, se encontraron en Corea, la estratégica península que Japón no deseaba ver en manos rusas. Las negociaciones entre ambos gobiernos terminaron en un fracaso que condujo en 1904 a la guerra entre ambas potencias. Una guerra cuyo resultado asombró al mundo.

Rusia era en 1904 un gigante enfermo. Un vastísimo imperio continental aquejado de gravísimos problemas estructurales que tomaban forma en estallidos sociales. Japón era una nación que en 1869 había salido de la edad media para dejar de lado su secular aislamiento y entrar de lleno en la era industrial. El peso de la tradición ahogaba a Rusia. El entusiasmo por la modernidad impulsaba a Japón.

La marina rusa era un extraño compendio de unidades repartidas entre el mar Báltico, el mar Negro y ahora el mar de China. Había buenas unidades en su armada, pero habían sido construidas según criterios que cambiaban cada dos por tres. No había series de unidades, sino buques aislados que poco o nada tenían que ver con los demás. Sus cuadros de mando estaban formados por la nobleza y la burguesía alta, los ascensos se conseguían por edad o por favores de la corte, las rencillas eran pues habituales y todo ello se transmitía íntegramente a la marinería, mal pagada, mal alimentada, nada motivada y escasamente adiestrada. Por contra, Japón, que no tenía el peso de una obsoleta tradición naval a sus espaldas (de hecho no tenía ni tradición naval), había formado una marina muy eficaz desde el punto de vista técnico. Sus naves habían sido construidas en astilleros británicos, siguiendo un criterio único, por lo que eran unidades similares y sus oficiales habían sido adiestrados en la Royal Navy. Los ascensos se conseguían a base de demostrar la valía y todos los oficiales sabían que su origen no sería un freno en su carrera. La marinería estaba excelentemente adiestrada en todos los aspectos de la guerra, bien pagada y muy motivada, ya que todo el ejército japonés se regía por los principios del Bushido o código de honor, donde la belleza ética del sacrificio supremo por el emperador que encarnaba a toda la nación era el ideal que movía los engranajes bien lubricados de esta pequeña nación que durante el siglo XX demostraría como el valor y el heroísmo pueden conquistar lo inalcanzable.

Además, es relevante observar que mientras Rusia tenía que transportar todos sus suministros desde Europa hasta los confines de Asia a través del Transiberiano, los japoneses tenían Corea "a la puerta de casa". Japón había construido una moderna red de bases navales y arsenales bien equipados que serían pieza fundamental en la guerra que se avecinaba a pasos agigantados mientras Rusia mantenía toda su flota asiática encerrada en Port Arthur con una división de cruceros en Vladivostok.

El mando supremo de la flota lo ostentaba el inepto almirante Alexeiev que prefería pasar el día fastidiando al vicealmirante Starck, comandante de la escuadra, a preocuparse por lo que se avecinaba. Japón había confiado el mando de su flota a un héroe de la guerra con China de 1894: el vicealmirante Heihachiro Togo que izaba su insignia en el acorazado MIKASA. El vicealmirante Kamimura era su segundo, jefe de la 2ª Escuadra y habilísimo marino que mantenía una sintonía perfecta con su jefe.

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El vicealmirante Heihachiro Togo, uno de los más brillantes marinos de todos los tiempos.

En aquellos momentos las fuerzas contendientes en Asia estaban así:

Acorazados ___________7 Rusia_______6 Japón

Cruceros acorazados____4 Rusia_______8 Japón

Cruceros protegidos_____6 Rusia_______8 Japón

Cazatorpederos________25 Rusia______23 Japón

Torpederos____________17 Rusia_______8 Japón

TOTAL________________59 Rusia______53 Japón

Como se observa, las fuerzas estaban, al menos teóricamente, equilibradas, pero era manifiesta la superioridad japonesa en cruceros, y además, mejores. El problema japonés era que en el Báltico los rusos tenían 9 acorazados más, 6 cruceros acorazados, 9 cruceros protegidos y 200 cazatorpederos y torpederos que podrían acudir en auxilio de Port Arthur si Togo no lograba una aplastante victoria rápidamente.

Mientras proseguían las negociaciones entre ambos gobiernos, los japoneses se preparaban en secreto para la guerra. Eran conscientes de su teórica inferioridad y tenían a punto un ambicioso plan que incluía el ataque por sorpresa a Port Arthur y el desembarco inmediato en la península de Corea. El 6 de febrero de 1904, el embajador japonés abandonó San Petersburgo, pero Alexeiev no juzgó necesario tomar medidas para extremar la vigilancia. En aquel momento, toda la flota japonesa navegaba en alta mar rumbo a Port Arthur. A pesar de los ruegos de Starck, Alexeiev no quiso ni declarar el estado de alerta ni siquiera ordenar a las unidades que se refugiaran en el mejor protegido puerto interior. El 8 de febrero, en un audaz y heroico ataque, los cazatorpederos japoneses atacaron a la escuadra rusa con increíble precisión. Ni una sola nave japonesa fue alcanzada, pero 2 acorazados y 1 crucero acorazado rusos fueron torpedeados. Al amanecer los japoneses se plantaron ante Port Arthur y allí estuvieron mientras que el ejército japonés desembarcaba sin oposición en Corea y cerraban la tenaza sobre el puerto ruso. A partir de entonces sólo hubo combates esporádicos entre cruceros, alguna salida del puerto de las unidades mayores y graves pérdidas por ambas partes debido al masivo empleo de minas. Fue el 10 de agosto de 1904 ¡6 meses después del inicio de la guerra! cuando el zar, harto de la situación, ordenó salir a la flota rusa para enfrentarse a Togo. Completamente desmoralizados, asediados por tierra, sufriendo una tras otra pérdidas irremplazables mientras las naves japonesas se paseaban ante sus ojos. En estas penosas condiciones salieron los valerosos marinos rusos a cumplir con su deber y morir por su bandera. Decir que Shan-Tong fue una batalla sería exagerar. Fue un ejercicio de tiro al blanco de la armada japonesa que barrió de las aguas a la escuadra rusa por completo. El 2 de enero de 1905 Porth Arthur se rindió a las tropas japonesas del general Nogi.

¿Dónde estaba mientras tanto la escuadra rusa del Báltico? Por fin el zar había ordenado que  aparejara de Liepaia el 14 de octubre de 1904 ¡más de 8 meses desde el inicio de la guerra! una escuadra de auxilio mandada por un marino de gran valor y probada profesionalidad, el almirante Rozdestsvenskii ¡a buenas horas! La escuadra de auxilio estaba compuesta por unidades completamente heterogéneas donde se mezclaban naves recién alistadas con reliquias vivientes. Tras una penosísima travesía a través de medio mundo, la escuadra consiguió llegar a su objetivo con el principal subordinado de Rozdestsvenskii, el almirante Fölkersam, muerto y escondido a bordo de su buque insignia para evitar que las tripulaciones lo supieran y se desmoralizaran.

 

LA BATALLA DE TSUSHIMA

Acorazados ___________7 Rusia_______4 Japón

Cruceros acorazados____3 Rusia_______8 Japón

Cruceros protegidos_____6 Rusia_______8 Japón

TOTAL_______________16 Rusia______20 Japón

El 27 de mayo de 1905, la escuadra rusa penetró en el estrecho de Corea seguida por los contratorpederos que Togo había dispuesto como descubierta avanzada. Rozdestsvenskii tenía casi el doble de acorazados que Togo y mayor volumen de fuego que los japoneses, pero en la guerra naval de nada sirve la superioridad en los números si no va acompañada de fe, disciplina, valor, entusiasmo. Valor y disciplina no les faltó a los rusos, pero la fe y el entusiasmo estaban de parte de los japoneses. A las 14.08 el acorazado Suvorov, buque insignia ruso, abrió fuego a la increíble distancia (para entonces) de 6.500 metros mientras Togo aumentaba la velocidad y trataba de contrarrestar las maniobras rusas para situarse en la mejor situación táctica y sus naves acribillaban a las enemigas disparando con los nuevos proyectiles de alto explosivo que tanto terror causaron a los marinos rusos. A las 14.45 el OSLIABIA ruso comenzó a hundirse acribillado y en llamas mientras la nave insignia SUVOROV abandonaba la formación con el timón trabado a estribor y Rozdestsvenskii gravemente herido en su puente de mando acorazado. El ALEXANDR III trató de asumir el mando de la desbaratada formación rusa y lo logró para encabezar una brillante maniobra en la que toda la escuadra rusa viró 90º a babor para emprender la contramarcha. Aquello hubiera permitido a los rusos escapar, pero Togo, habilísimo marino, intuyó de inmediato la maniobra y contramaniobró para cerrar distancias en dos maniobras a toda máquina. Por dos veces más los rusos trataron de escapar del infierno en el que se había convertido el mar, pero Togo, con enorme inteligencia, supo desbaratar los planes rusos mientras la artillería japonesa disparaba sin tregua sus proyectiles que, o bien impactaban sobre el acero ruso reventándolo, o bien caían en el agua, explotando instantáneamente y sembrando las naves de cascotes de metralla que convertían a las naves enemigas en escombros humeantes.

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Aquí está uno de los cuadros más famosos de la pintura japonesa. El almirante Togo en el puente de navegación del acorazado MIKASA durante la batalla de Tshusima.

 

A las 18.00, los cruceros de ambos bandos estaban enzarzados en un fiero combate en el que los rusos no llevaban mejor parte que sus hermanos mayores los acorazados. Rozdestsvenskii, inconsciente por el dolor de la metralla incrustada en su cuerpo, era trasladado a un contratorpedero y Togo ordenaba a sus propios contratorpederos que rematasen con sus torpedos a los acorazados rusos que ardían en el agua. Los SUVOROV, BORODINO y ALEXANDR III fueron así hundidos mientras los SISSOI VELIKII y NAVARIN ardían por los cuatro costados con las cubiertas llenas de hombres mutilados por la metralla y los OREL, APRAKSIN y SENJAVIN continuaban navegando bajo el fuego enemigo y las llamas propias. Los rusos se habían batido con gran valor. habían logrado alcanzar a las naves japonesas 138 veces, aunque ninguna de importancia. Los cruceros del almirante Enquist, al comprender que ya nada cabía hacer, se retiraron a Manila donde se hicieron internar por los estadounidenses.

Caía la noche y los maltrechos marinos rusos la saludaron con la esperanza de poder servirse de sus tinieblas para escapar de aquel infierno. Pero con igual júbilo la saludaron los marinos de los contratorpederos japoneses porque el crepúsculo señalaba su hora de pasar a la acción. Durante la noche, los contratorpederos japoneses torpedearon al NAVARIN, al que hundieron, y al SISSOI VELIKII, NAJIMOV y MONOMACH que tuvieron que ser hundidos al alba por sus propias dotaciones. 1 Contratorpedero japonés fue hundido y 8 averiados. A las 9.30, lo que quedaba de la escuadra rusa, los acorazados NIKOLAI I, OREL, APRAKSIN y SENJAVIN, naves destrozadas por la metralla y hombres heridos, agotados y sin fuerzas ya, bajo el mando del almirante Niebogatov, se rindió. Niebogatov dijo a sus hombres: "Puedo soportar la vergüenza de la rendición, pero no podría soportar vuestras inútiles muertes sobre mi conciencia". Las restantes naves fueron destruidas, embarrancadas por sus capitanes o internadas en puertos neutrales por los chinos y alemanes. De todas ellas, sólo 3 naves consiguieron llegar a Vladivostok: el crucero protegido ALMAZ y tres contratorpederos.

Rozdestsvenskii fue capturado gravemente herido y trasladado inmediatamente a Japón donde logró recuperarse de sus heridas. Allí recibió la visita de Togo que felicitó al almirante ruso por el valor demostrado por sus marinos.

El mundo contemplaba asombrado como una nación salida apenas 30 años antes de la edad media aplastaba a toda una potencia histórica como Rusia. Estados Unidos se alarmó ante ello y propició unas conversaciones de paz en las que EEUU y Gran Bretaña trataron de paliar la derrota rusa ante el temor a que Japón no se detuviera en Corea. Había nacido una nueva potencia a la que 35 años después se obligaría a ir a la guerra porque así interesaba a EEUU, pero entonces, como en Tsushima, la armada japonesa demostraría un valor y un entusiasmo que aún en la derrota serviría para paliar en lo posible sus tristes consecuencias.

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