ACERO Y VAPOR

 

BATALLAS DE CORONEL Y LAS MALVINAS

 

El 4 de agosto de 1914 estalló la I GM. En ese momento, Alemania mantenía la inmensa mayoría de su flota en sus bases metropolitanas del Mar del Norte, a excepción del crucero de batalla GOEBEN y el crucero ligero BRESLAU que patrullaban en el Mediterráneo y que tras una increíble travesía lograron forzar el bloqueo aliado y refugiarse en Turquía donde continuaron la guerra contra la Entente aliada, los cruceros ligeros dedicados a misiones coloniales y la escuadra del Pacífico que estaba formada por los cruceros acorazados SCHARNHORST y GNEISENAU y los cruceros ligeros NÜRNBERG y EMDEN, además de 5 mercantes auxiliares que se reunieron en Pagan, al nordeste de las Islas Filipinas. Su comandante era el vicealmirante Maximilian Johannes Von Spee que izaba su insignia en el SCHARNHORST.

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El almirante Von Spee, uno de los más grandes marinos de la historia alemana.

Von Spee sabía que su escuadra, aún siendo poderosa, debería prepararse para afrontar las fuerzas combinadas de Británicos, franceses, rusos y japoneses que ya le estaban buscando. Von Spee era un marino lúcido y racional que conocía perfectamente sus fuerzas y era consciente de la imposibilidad de dedicarse a hacer la guerra al tráfico mercante aliado, así que en una reunión de todos los capitanes a bordo de la nave insignia, expuso a éstos sus planes: Tratar de alcanzar el Atlántico y llegar tan lejos como la Fortuna se lo permitiera. Era lo más lógico. Quién sabe si lograrían alcanzar Alemania incluso. Todos los capitanes estuvieron de acuerdo excepto Von Müller, comandante del crucero ligero EMDEN, quien pidió permiso al almirante para poder actuar libremente en el Océano Índico atacando el tráfico mercante aliado. Von Spee accedió a ello y las extraordinarias proezas que este legendario marino y su pequeña nave consiguieron demostraron el acierto de la decisión del almirante confiando en él.

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Histórica fotografía tomada en Pagan que muestra a la izquierda al EMDEN de Von Müller y a la derecha al SCHARNHORST y al GNEISENAU.

Así pues, la escuadra abandonó Pagan tras haber bombardeado los dos cruceros acorazados Papeete, en Tahití, donde hundieron el cañonero francés Zélée y destruyeron las baterías costeras. El 12 de octubre llegaron a la isla de Pascua, donde se unieron a la escuadra los cruceros ligeros LEIPZIG y DRESDEN que habían conseguido burlar la persecución aliada al largo de las costas del continente americano. El 19 Von Spee aparejaba de Pascua rumbo a Más Afuera y el 30 llegaba ante Valparaíso, Chile. Su gran momento se aproximaba. Estaba a punto de entrar en la historia por el exclusivo lugar por donde sólo entran los más grandes.

El Almirantazgo británico, que conocía los movimientos de Von Spee y la amenaza que su escuadra suponía para el tráfico mercante aliado, ya había enviado al contraalmirante sir Cristopher Cradock para esperar a la escuadra alemana frente a las costas chilenas partiendo de su base en las islas Malvinas.

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Sir Cristopher Cradock. Un buen marino que no dudó en ir directo a cumplir con su deber aún sabiendo que ello sería su fin.

Cradock, que estaba al mando de una escuadra formada por los cruceros acorazados GOOD HOPE y MONMOUTH, el crucero ligero GLASGOW y el crucero auxiliar (mercante armado) OTRANTO, sabía que las unidades de Von Spee eran muy superiores a las suyas dijeran lo que dijeran sus superiores. Y sabía además que el nivel de adiestramiento de los hombres de Von Spee era enormemente superior al de sus propios hombres. Pidió que le asignaran el crucero acorazado DEFENCE como refuerzo, pero el Almirantazgo, impaciente, le recordó que las fuerzas estaban equilibradas y que había que impedir que los alemanes llegaran al Atlántico donde podrían paralizar todo el vital tráfico mercante británico. Las insistencias de Cradock hicieron que el 22 de octubre llegara a las islas Malvinas el acorazado CANOPUS, una nave pre-dreadnought armada con cañones de 305 que le daba total superioridad táctica a Cradock... pero la Fortuna, esa voluble señora, no estaba con el almirante británico y el acorazado sufrió una avería en su aparato motor que requería días de reparaciones, así que Cradock, consciente de su duro deber, aparejó de las Malvinas rumbo a la costa chilena.

El 29 de octubre, el GLASGOW interceptó los primeros mensajes radiotelegráficos de la escuadra alemana y Cradock, con escalofriante valor y amor a su deber, zarpó rumbo a Coronel sin saber que sir John Fisher, que acababa de ser nombrado primer lord del mar, había ordenado que no entrara en contacto con las naves alemanas hasta no tener con él al DEFENCE al que había ordenado zarpar para reunirse con Cradock.

Nunca lo supo. Mejor así.

Lo que tampoco sabía Cradock es que Von Spee había ordenado al LEIPZIG incrementar sus emisiones de radio mientras las demás naves permanecían en silencio, por lo que el almirante británico no sabía a ciencia cierta si se las vería con una sola nave destacada en exploración o con toda la escuadra alemana, pero siguió adelante porque ese era su deber. Un deber tantas veces recompensado con la muerte. A las 1216 del 1 de noviembre de 1914 desde el GLASGOW se avistaron en el horizonte las negras columnas de humo que producían las naves de Von Spee y ya no cupo la menor duda. Sólo faltaba en la escuadra alemana el NÜRNBERG que estaba persiguiendo a un mercante. La situación táctica de Cradock era la peor imaginable. Tenía con él al OTRANTO, de menor velocidad que sus cruceros y que en combate sólo molestaría a los cruceros, y además tenía el sol a sus espaldas, con lo que sus naves se destacaban nítidamente en el rojizo atardecer austral mientras las naves de Von Spee se confundían con la costa chilena y las brumas del atardecer. Por si fuera poco, una marejada impulsada por un viento de fuerza 6 que llegaba de tierra chocaba contra el lado activo de las naves de Cradock inutilizando así sus cañones de la batería inferior que estaban montados en el casco.

A las 19.00 Von Spee ordenó abrir el fuego a 10.800 metros.

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La batalla de Coronel. Entre los piques de los proyectiles británicos que le rodean, el SCHARNHORST de Von Spee encabeza la escuadra alemana que está lanzando un diluvio de fuego sobre la británica.

Coronel fue un ejercicio de tiro de los extraordinariamente bien adiestrados artilleros alemanes. Nada pudo hacer Cradock para librarse del huracán de metralla que le llovió desmantelando sus naves una tras otra. Mientras los británicos lanzaban una salva cada 50 segundos, los alemanes lanzaban 3 en ese mismo tiempo y pronto se añadieron al tiro las piezas de 152 mm. y las de los cruceros. A las 1940 la distancia ya se había acortado a 9.800 metros. y poco después se llegó a los 4.500 metros. En ese momento el GOOD HOPE, que ardía por los cuatro costados, explotó hundiéndose rápidamente con Cradock, el capitán de la nave y todos y cada uno de los 920 hombres de su tripulación. No hubo supervivientes. Pocos minutos después apareció el NÜRNBERG que se acercó al destrozado MONMOUTH hasta una distancia de tan sólo ¡600 metros! y lo acribilló a quemarropa primero con la artillería y luego disparándole un torpedo que lo envió a las 2058 a pique con sus 720 hombres. Mientras tanto, el GLASGOW, atacado por el LEIPZIG y el DRESDEN consiguió huir amparándose en la noche. Alemania había conseguido la victoria naval más importante de toda su historia.

Dos días después la escuadra de Von Spee atracó en Valparaíso. La colonia alemana dispensó a sus heroicos compatriotas un recibimiento apoteósico. Inmediatamente comenzó la operación de carboneo a fin de llenar hasta los topes las carboneras de las naves alemanas con el precioso mineral. El entusiasmo era generalizado, pero Von Spee no se hacía ilusiones. Sabía que los británicos, dueños y señores del mar, no iban a consentir que su pequeña escuadra saliera bien de aquella aventura... Y menos un hombre tenaz como Fisher, el creador del DREADNOUGHT y del crucero de batalla. Rápidamente, el almirante británico concibió y puso en marcha un gigantesco plan que movilizaría a decenas de naves para impedir que la escuadra alemana escapara. Una gigantesca telaraña se tejió con la rapidez de un rayo para atrapar en sus redes a la pequeña escuadra alemana que acababa de humillar a la Royal Navy inflingiéndola la derrota más importante desde Cabo san Vicente, cuando las naves españolas derrotaron a Nelson. Si Von Spee se dirigía de nuevo al Pacífico allí le estaría esperando la primera escuadra de batalla japonesa que se había desplegado entre las islas Fidji y las Marquesas. Y si se le ocurría subir hacia Norteamérica se toparía con el acorazado japonés ITZUNO y el británico NEWCASTLE que vigilaban California. Así que la única salida era seguir con el plan previsto y tratar de forzar la salida al Atlántico. Tras reunirse con el resto de sus naves, Von Spee decidió, en contra de la opinión de sus capitanes, bombardear las instalaciones militares británicas de las islas Malvinas. Era arriesgado, pero era también un jugoso bocado que su inquieta y valerosa alma guerrera se resistía a dejar pasar ante sus ojos. El 6 de diciembre la escuadra llegó al Atlántico.

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Otra histórica y espectacular fotografía que muestra a la escuadra de Von Spee cruzando el cabo de Hornos en medio de una tremenda galerna.

Von Spee llegó a las islas Malvinas el 8 de diciembre a las 0750. Cuando se aproximaba a Port Stanley recibió andanada tras andanada de proyectiles de 350 mm que le hicieron mantenerse alejado. Era el acorazado CANOPUS que disparaba desde dentro del puerto auxiliado por serviolas (vigías) apostados en las colinas que dirigían eficazmente su tiro. Mientras Von Spee maniobraba para escapar de las granadas, el crucero ligero KENT salió de la bahía. Inmediatamente Von Spee se lanzó sobre él, pero el KENT dio media vuelta y volvió a penetrar en la bahía. En ese momento Von Spee descubrió ¡a dos cruceros de batalla británicos y otros cruceros ligeros que estaban carboneando en el interior del puerto! No es difícil imaginar lo que le pasó por la cabeza a este valeroso hombre de mar al contemplar aquellas dos poderosas naves frente a las que él nada podía ni siquiera intentar. Inmediatamente viró para alejarse de aquellas aguas, pero la estela de la muerte ya se había pegado a sus valientes naves. La trampa de Fischer había funcionado. Von Spee se había dado de bruces con los cruceros de batalla INVINCIBLE e INFLEXIBLE del almirante Sturdee. A toda máquina la escuadra alemana se dirigió a mar abierto con la esperanza de encontrar algún aguacero que ocultara sus naves de sus terribles oponentes. A las 1000 toda la escuadra de Sturdee estaba ya en alta mar y navegaba a toda velocidad hacia el sur siguiendo el rastro de sus presas. A las 1250 el INFLEXIBLE abría el fuego desde 14.500 metros. Von Spee a esa distancia no podía responder aún. Sabía que sus naves no tenían ninguna posibilidad y ordenó a sus cruceros ligeros que intentaran huir mientras él, con el SCHARNHORST y el GNEISENAU se sacrificaba intentando atraer sobre él el fuego británico. A las 1330 se inició el formidable  y desigual duelo. A las 1345, los artilleros del GNEISENAU consiguieron alcanzar al INVINCIBLE. Sturdee se vio obligado a distanciarse momentáneamente y Von Spee trató de romper el contacto, pero la velocidad de los cruceros de batalla era muy superior a la de los cruceros acorazados y pronto las naves británicas cayeron sobre las alemanas vomitando fuego y metralla.

A las 1515 una granada arrancó de cuajo la tercera chimenea del SCHARNHORST que se hallaba ya muy escorado a babor. A las 1540 la superestructura de esta magnífica nave era un montón de escombros metálicos en llamas. Von Spee tranquilizó al GNEISENAU al radiar un mensaje alentador. Pocos minutos más tarde Von Spee envió otro mensaje al capitán del GNEISENAU: "Si sus máquinas están intactas intente la huida". La nave insignia se hundía ya de proa, pero las pocas piezas que quedaban en servicio continuaban disparando, y siguieron haciéndolo hasta las 1600 en que la magnífica nave volcó sobre su flanco con las hélices aún girando y se hundió de proa. No hubo supervivientes.

El GNEISENAU, que llevaba casi cuatro horas de infernal castigo, recibió un impacto que destruyó su timón a las 1700. A las 1730 ya no quedaba ni un sólo cañón en servicio en la nave. Habían disparado hasta la última granada y sufrido un pavoroso castigo que había convertido la nave en un infierno de llamas, explosiones, y carne mutilada y abrasada. Tan sólo 350 hombres quedaban ya en condiciones de combatir. A las 1740 se dio la orden de abandonar la nave. Veinte minutos más tarde se hundió la nave. El agua estaba a 6 grados y sólo sobrevivieron a su abrazo gélido y mortal 190 valerosos marinos.

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El crucero de batalla INDEFATIGABLE recoge a los náufragos del GNEISENAU. Los británicos no comenzaron el rescate hasta   bastante tiempo después del hundimiento de la nave y por ello la mayoría de los marinos alemanes murieron congelados.

La suerte de los cruceros ligeros no fue muy distinta. Los cruceros ligeros británicos eran, como ya vimos, más veloces y montaban una artillería muy superior. A las 1515 fue alcanzado el LEIPZIG por los disparos del KENT y del CORNWALL. A las 1900, con la nave completamente desmantelada, el crucero alemán consiguió lanzar 3 torpedos y su comandante, el capitán de fragata Haum, ordenó abrir los grifos para acelerar el hundimiento. La nave alemana comenzó a hundirse, sin embargo los británicos continuaron disparando. De los 150 hombres que habían sobrevivido al combate tan sólo 20 sobrevivieran a las heladas aguas.. A las 1700 fue alcanzado el NÜRNBERG por el KENT. la nave alemana consiguió resistir hasta las 1927. Entonces se hundió llevándose consigo a casi toda la tripulación.

Tan sólo el DRESDEN consiguió escapar gracias a un repentino aguacero que lo ocultó.

2.040 marinos alemanes perdieron la vida en las Malvinas.

Tan sólo 6 Británicos les acompañaron en su última travesía.

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Mucho se ha escrito sobre la escuadra de Von Spee. ¿Fue un error atacar las Malvinas? Posiblemente, pero en el alma del almirante alemán estaba primero la obligación del deber. Las Malvinas eran una base clave en el dominio naval británico del Atlántico sur y Von Spee creyó, acertadamente, que su destrucción sería de gran importancia al atraer naves allí. Lo que no sabía es que esas naves ¡ya estaban allí! Pienso que trató de hacer creer a los británicos que se dedicaría a atacar el tráfico en el Atlántico sur para fijar en esa zona buena parte de las naves que le perseguían. Así tendría mayores posibilidades de escapar.

¿Pudo haber conseguido escapar? NO. Jamás hubiera conseguido forzar el bloqueo británico, y muchísimo menos llegar a Alemania. El destino de la escuadra de Von Spee era la destrucción, y ningún marino alemán pensaba otra cosa. La valentía con la que afrontaron su destino y el valor con el que combatieron hasta la última granada son ya parte de la historia.

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