ACERO Y VAPOR

 

LA BATALLA DE JUTLANDIA

 

La batalla de Jutlandia (o Skagerrak) fue la mayor batalla naval desde la de Ecnomo en 256 aC. Nunca desde entonces se han enfrentado tantas naves y tantos hombres... para nada.

En 1916, la I GM había dado ocasiones a Alemania y Gran Bretaña de medir sus dispares fuerzas en una serie de encuentros con los cruceros como protagonistas. El guión era siempre el mismo: Los alemanes salían a alta mar para efectuar ataques sobre las costas o las rutas comerciales y los británicos salían a su vez para destruirlos gracias a su enorme superioridad numérica, que no técnica, ya que quitando los cruceros ligeros, todas las demás naves alemanas eran muy superiores a sus hermanas británicas... aunque mucho más escasas. La estrategia británica estaba concebida para atacar en masa a las unidades alemanas y destruirlas gracias a la mayor concentración de fuego que les daba su superioridad numérica, porque a número igualado de naves, los alemanes llevaban las de ganar. Fue sir John Fischer, el creador del Dreadnought y del crucero de batalla, el primero que dio la alarma al advertir al gobierno británico de la superioridad de las construcciones alemanas en general, pero sobre todo en artillería y control de tiro. Incluso llegó a pedir que Gran Bretaña atacara a Alemania y hundiera su flota para impedir que los alemanes igualaran el número de naves británicas, ya que Fischer opinaba con acierto que cuando la Hochseeflotte (Flota de Alta mar) alemana consiguiera igualar en número a la Royal Navy podrían ganar la guerra sin problemas. A tal extremo llegó la preocupación de Fischer que incluso insistió en ello ante el rey que exclamó sorprendió: "¡Pero está usted loco!".

No. No estaba loco. Fischer sabía muy bien lo que decía. Una flota alemana que igualara en número a la británica sería además mucho más poderosa, y en una nación que tiene que importar todo lo que consume "menos el agua para hacer el te y el carbón para calentarla", esa posibilidad era una amenaza real y muy seria.

Así que en 1916, los alemanes, muy inferiores en número, tenían que contentarse con arriesgarse a salir de sus bien protegidas bases en Alemania para tratar de conseguir una igualdad táctica que les permitiera explotar a fondo su ventaja tecnológica, pero los británicos no eran tontos y no se arriesgaban a ello. Cada salida de los soberbios cruceros de batalla alemanes era contrarrestada con la salida, no sólo de sus contrapartes británicos, sino de varias escuadras de acorazados... por si las moscas. Fue entonces cuando el almirante en jefe de la Hochseeflotte ideó un plan para tratar de atrapar a los cruceros de batalla y a los acorazados que les acompañaran en una gigantesca trampa que empeñaría a toda la Hochseeflotte. Así se anunciaba la técnica de "ir hundiéndoles la flota a trozos".

Dos hombres frente a frente. Dos grandes almirantes. Dos modos de entender la guerra.

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A la izquierda el almirante Reinhard Scheer, comandante en jefe de la Hochseeflote alemana. A la derecha el almirante sir John Jellicoe, comandante en jefe de la Grand Fleet británica.

Los almirantes jefes de las escuadras de exploración, los cruceros de batalla, eran los encargados de localizar al enemigo y fijarlo en espera de la llegada de los más lentos pero mucho más numerosos acorazados. En alta mar, sus escuadras constituían un grupo operativo independiente.

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A la izquierda el almirante Franz Ritter Von Hipper. A la derecha el almirante sir David Beatty.

Scheer y Hipper estaban perfectamente compenetrados. Durante la guerra, Hipper siempre secundó certeramente a su jefe interpretando exactamente lo que tenía que hacer y haciéndolo magistralmente. Jellicoe y Beatty eran como la noche y el día. Jellicoe era cauto y sosegado, Beatty arriesgado y a veces temerario. No había buena comunicación entre ellos, ni en tierra ni en el mar, y eso se dejó notar enormemente en la guerra, y sobre todo en Jutlandia, donde cada uno fue por su lado sin preocuparse del otro. Gran Bretaña soñaba con "otro Trafalgar", pero Jellicoe estaba muy lejos de Nelson.

El plan de Scheer de "ir hundiéndoles la flota a trozos" era lo único que se podía hacer y era un buen plan: lanzaría a los cruceros de batalla de Hipper como señuelo, se dejarían ver por aguas de Jutlandia y cuando apareciera Beatty (como siempre ocurría), Hipper le conduciría directamente a las garras de toda la Hochseeflotte que le estaría esperando para destrozarlo antes de que pudiera llegar Jellicoe con el resto de la Grand Fleet (la flota basada en Gran Bretaña). Y así se preparó todo, pero a pesar de las precauciones alemanas, al mismo tiempo que se hacía a la mar la Hochseeflotte se hacía también a la mar la Grand Fleet... Toda la Grand Fleet. ¿Casualidad? Los marinos dicen que la casualidad no existe, y así fue. Los británicos sabían exactamente lo que los alemanes iban a hacer ya que disponían de las claves secretas que les permitían descifrar los mensajes de radio que sus poderosas estaciones interceptaban, gracias a que los rusos las capturaron del crucero MAGDEBURG que encalló en el Báltico, antes de que los alemanes pudieran destruirlas y rápidamente enviaron copia a Londres.

Así, la Hochseeflotte aparejó de su base el 31 de mayo de 1916 sin saber que las numerosas escuadras de la Grand Fleet con sus 14 almirantes a bordo ya se encontraban en alta mar (la Grand Fleet era demasiado grande para poder estar en un solo puerto) para reunirse todas ellas en alta mar y salir al encuentro de los alemanes. Scheer se llevó consigo a los 6 acorazados pre-dreadnoughts del contraalmirante Mauve. Unidades "inútiles" ya, pero los ruegos de mauve ablandaron el corazón de Scheer a pesar del riesgo que ello comportaba... No se arrepentiría de ello.

 

LA BATALLA DE JUTLANDIA (unidades mayores)

Acorazados________________24 Británicos_______16 Alemanes

Cruceros de batalla__________9 Británicos________5 Alemanes

Cruceros acorazados_________8 Británicos________6 Alemanes (acorazados pre-dreadnoughts)

Cruceros ligeros____________23 Británicos________9 Alemanes

 

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Impresionante vista de una de las numerosas escuadras de la Grand Fleet navegando en alta mar.

Una vez en alta mar, ninguno de los almirantes conocía la posición exacta del enemigo, por lo que las fuerzas de exploración se desplegaron en busca de las naves enemigas. Jellicoe, consciente de la debilidad de sus cruceros de batalla frente a los alemanes, había incluido en la escuadra de Beatty a los poderosísimas 4 acorazados clase QUEEN ELIZABETH del contraalmirante Evan Thomas, que en ese momento eran las más poderosas naves del mundo. Pero a las 1010, Beatty le ordenó que se situara a 5 millas a su noroeste, con lo que comenzaron los errores en cadena por parte británica. A las 1415, el crucero ligero británico GALATEA descubrió al crucero ligero alemán ELBING que procedía a registrar un mercante danés. Las naves se cañonearon sin consecuencias mientras lanzaban al aire mensajes pidiendo refuerzos. A las 1435, el GALATEA informó que había avistado una gran humareda que se acercaba. Eran los 5 cruceros de batalla de Hipper con su escolta de cruceros y contratorpederos que llegaban para apoyar al ELBING. Inmediatamente, Beatty izó en el palo de su nave insignia, el LION, la señal para que las naves se dirigieran hacia el GALATEA a toda máquina, pero Evan Thomas, demasiado alejado, no pudo ver la señal y no advirtió la maniobra de su jefe hasta minutos después. Otro error más. Cuando Hipper se dio cuenta de la presencia de Beatty, invirtió su rumbo para atraer a los cruceros de batalla británicos hacia la Hochseeflotte. A las 1545, el LUTZOW, buque insignia de Hipper, abrió fuego a una distancia de 14.500 metros. Entonces comenzó un auténtico ejercicio de tiro de extrema precisión por parte alemana. A las 16.00 el LION, buque insignia de Beatty, recibió un proyectil en su torre central que le causó un gran incendio. La nave sólo se salvó gracias al heroísmo de un mayor de los Royal Marines quien, herido de muerte, ordenó por su cuenta y riesgo abrir los grifos e inundar los pañoles de municiones. Apenas 3 minutos después, el INDEFATIGABLE recibió dos andanadas sucesivas del VON DER TANN que alcanzaron sus pañoles de municiones haciéndolos explotar. La explosión partió a la nave británica en dos pedazos que comenzaron a hundirse rápidamente.

La situación británica era desesperada, pero a las 1608 llegó por fin al lugar Evan Thomas con sus formidables acorazados que comenzaron a vomitar desde ¡18.000 metros! un terrorífico huracán de fuego sobre las naves alemanas. El VON DER TANN resultó alcanzado y Hipper se distanció aunque continuó navegando hacia el sur, hacia la Hochseeflotte que se acercaba a toda máquina. Beatty se lanzó a la persecución inmediatamente, pero su prisa le costó cara. A las 1626 el DERFFLINGER alcanzó con dos andanadas seguidas al crucero de batalla QUEEN MARY que le reventaron los pañoles de municiones ¡otra vez los pañoles! la nave se hundió rápidamente. De sus 1.275 tripulantes sólo sobrevivieron 9. Mientras tanto, los contratorpederos de escolta se enzarzaban en su guerra particular, resultando hundidas 2 naves alemanas y 2 británicas. A las 1633 Beatty recibió un mensaje que alertaba de la presencia de naves de batalla alemanas al sudeste. Llegaba la Hochseeflotte.

Inmediatamente Beatty viró 180º y se retiró a toda velocidad. De nuevo transmitió sus órdenes mediante banderas, y de nuevo Evan Thomas no las vio. Por ello sus acorazados se vieron sometidos al fuego concentrado de los acorazados de la Hochseeflotte que dañaron considerablemente al BARHAM, su nave insignia. Pero cuando Thomas consiguió colocar a sus naves en posición táctica favorable, sus magníficos acorazados armados con cañones de 381 mm por fin demostraron lo que valían. En menos de treinta minutos toda la artillería del VON DER TANN fue desmantelada torre a torre convirtiendo al magnífico crucero de batalla en un pontón cubierto de escombros y de muertos. El SEYDLITZ recibió 7 proyectiles, el LÜTZOW 5 y el DERFFLINGER 5. A las 17.50 comenzaron a verse sobre el horizonte el gigantesco bosque de columnas de humo que anunciaba la llegada de la Grand Fleet.

Jellicoe aún no sabía a qué se enfrentaba. Las informaciones que le llegaban eran contradictorias y cuando Beatty se cruzó con él le preguntó por banderas "¿Dónde está el enemigo?". Cuando Beatty le respondió, Jellicoe ordenó a sus 24 acorazados situarse en línea de fila con objeto de cruzar la perpendicular de la línea alemana ("cruzar la T") y explotar al máximo su superioridad numérica. Típica respuesta de manual de academia. No. Evidentemente Jellicoe estaba muy lejos de Nelson. Al advertir los alemanes la presencia de toda la Grand Fleet no flaquearon. Todo el horizonte estaba lleno de naves inglesas que se acercaban amenazadoramente, pero Scheer tenía las ideas claras: había que retirarse... pero antes les harían pagar a los británicos un alto precio.

Los almirantes británicos se frotaban las manos: la Hochseeflotte había caído en la trampa e iba a ser aniquilada, pero no es conveniente vender la piel del oso antes de cazarlo porque los zarpazos pueden ser terribles. No había transcurrido un minuto desde que ambas flotas comenzaron a cañonearse cuando la gran humareda que lo cubría todo se despejó sorpresivamente para dejar a la vista al crucero de batalla INVINCIBLE, el primer crucero de batalla del mundo. Aquella oportunidad no podía ser desperdiciada y el DERFFLINGER y el LÜTZOW centraron inmediatamente a la nave británica que tras dos salvas fue alcanzada en ¡los pañoles!. Las cargas almacenadas explotaron y la nave se partió en dos trozos que quedaron flotando como corchos. De sus 1.032 hombres sólo sobrevivieron 6. Entre los muertos estaban el capitán de la nave y el contraalmirante Hood, jefe de la 3ª Escuadra de Cruceros de batalla.

A pesar de ello, las naves británicas martilleaban a las alemanas. Con casi el doble de cañones disponibles, los británicos cerraban poco a poco la pinza sobre la Hochseeflotte. El LÜTZOW fue alcanzado de nuevo ¡más de 20 veces había sido alcanzado y seguía combatiendo! y Hipper tuvo que transbordar al MOLTKE. Una tras otra, las grandes unidades alemanas estaban siendo centradas por las cada vez más precisas andanadas británicas. Aquello prometía ser una matanza despiadada, pero cuando los británicos creían que iban a cerrar la pinza sobre la Hochseeflotte Scheer demostró que no estaba allí por casualidad. Con escalofriante frialdad, el almirante alemán esperó el momento justo para ordenar a sus naves la famosa orden "Virada a un tiempo 180º a estribor", y todas las naves alemanas comenzando por la más alejada viraron aun tiempo y se alejaron.

Los británicos no podían creer lo que había ocurrido. Como por arte de magia, toda la flota alemana había desaparecido en menos de 7 minutos. Jellicoe lanzó a sus almirantes ansiosas preguntas que quedaron sin respuesta. Tras unos momentos de desconcierto comprendió por fin lo que había ocurrido y se le planteó un dilema: perseguir o no perseguir. Y así continuó en su dilema hasta que a las 1855 Scheer le atacó a él tratando de romper la línea británica para poder retirarse a Alemania de una vez. Era muy arriesgado, ya que volvía a caer en la gigantesca trampa británica, pero Scheer era un hombre de valor y tenía la cabeza fría. Cuando la Hochseeflotte fue de nuevo sometida al incontenible huracán de fuego de la Grand Fleet, los cruceros de batalla, ahora al mando del capitán de navío Hartog, del DERFFLINGER, pusieron en marcha la arriesgadísima maniobra que hoy se conoce como "la cabalgata de la muerte" en la que el DERFFLINGER, el MOLTKE, el SEYDLITZ y el VON DER TANN, lanzados a toda máquina, avanzaron contra la Grand Fleet atrayendo sobre ellos todo el fuego enemigo para dar tiempo a los acorazados a escapar de la trampa. A las 1918 Scheer volvió a invertir la marcha y sus unidades pudieron dirigirse a Alemania antes de que se cerrara la trampa. Los cruceros de batalla sufrieron un castigo inimaginable, pero gracias al valor de los contratorpederos alemanes que rociaron de torpedos la línea inglesa, lograron salir de aquel infierno.

Beatty, que se había lanzado a la persecución, avistó a los malheridos cruceros de batalla alemanes que navegaban a popa de los acorazados a las 2018 e inmediatamente atacó con su arrojo habitual. Los cruceros alemanes respondieron con las pocas piezas que les quedaban. Todo hacía suponer que esta vez la suerte de los cruceros de batalla alemanes estaba echada, pero el contraalmirante Mauve, con su "inútil" escuadra de acorazados pre-dreadnoughts, se lanzó a la batalla con un valor inaudito consiguiendo que Beatty se retirara a las 2035 a pesar de haber alcanzado a 3 unidades alemanas y logrando salvar así a los maltrechos cruceros. Scheer aprovechó ese momento para zafarse por completo de la Grand Fleet. Sabía que si la amanecida le sorprendía en aquellas aguas sería aniquilado y maniobró con gran sangre fría evitando a las naves británicas y escapando de la gigantesca trampa que había estado a punto de costarle a Alemania su armada.

La jornada de Trafalgar no se había repetido.

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¿Quién venció en Jutlandia?

Los dos.

O al menos así lo aseguran británicos y alemanes. El balance de pérdidas es altamente favorable a los alemanes que perdieron 1 viejo acorazado pre-dreadnought, 1 crucero de batalla, 4 cruceros ligeros y 5 contratorpederos frente a los británicos que perdieron 3 cruceros de batalla, 3 cruceros acorazados y 8 contratorpederos.

La victoria táctica correspondió claramente a los alemanes. Eran menos y no sólo lograron escapar a la destrucción, sino que lo hicieron llevándose por delante a 14 naves enemigas. Pero la victoria estratégica correspondió a los británicos que, aunque fracasaron en su empeño de destruir a la Hochseeflotte, cerraron definitivamente el camino de Alemania al mar.

En esta gigantesca batalla naval que duró un día entero, el valor derrochado por ambos contendientes fue tremendo y los episodios de heroísmo, individuales y colectivos, sobrecogedores. Evidentemente Jellicoe no era "otro Nelson". Hizo lo que pudo a pesar de la desinformación que tuvo por parte de sus almirantes. "Los hombres de Beatty" y "los hombres de Jellicoe" se enzarzaron una vez terminada la guerra en una agria polémica que aún colea, acusándose mutuamente de sus errores. Ambos los tuvieron, pero Jellicoe era el jefe supremo y las mayores críticas se dirigirán a él por los siglos de los siglos.

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