ACERO Y VAPOR
Midway. El fin de un imperio.
Por Eborense (José Manuel Rodríguez).
En Abril de 1.942, el Imperio del Japón, que apenas llevaba cinco meses en guerra, había conquistado todos los territorios que sus militares (tanto del Ejército como de la Armada) habían designado como necesarios para constituir el Perímetro defensivo del propio imperio. Esta circunstancia hizo que muchos jefes militares japoneses dieran ya por finalizada la guerra, aunque ni el Reino Unido ni (sobre todo) los Estados Unidos se habían rendido.
Esta sensación de cosa
hecha se esfumó el 18 de Abril. Ese día, unos pocos bombarderos B-25, comandados
por el coronel Doolittle, bombardearon Tokio y otras ciudades del Japón. Los daños
fueron insignificantes, pero la alarma entre el Alto Mando japonés fue inmensa, más
cuando supieron por fuentes de inteligencia que los bombarderos, aunque pareciera
increíble (y desde luego fue una hazaña), habían despegado del portaaviones
Hornet, que se había acercado a menos de 1.000 millas del archipiélago
japonés sin ser interceptado, regresando a su base sano y salvo. El almirante Yamamoto,
comandante de la Flota Combinada, un marino que no se dejaba engañar por la propaganda ni
por la autocomplacencia, comprendió que aún había que asestar un golpe decisivo a los
EE.UU. si querían poner a salvo las islas japonesas de cualquier contraataque. En
consecuencia logró máxima prioridad para ejecutar dos golpes consecutivos contra el
poder naval norteamericano.
El plan de Yamamoto consistía en
conquistar Port Moresby (Operación MO), en la isla de Nueva Guinea, atacando con la 5ª
División de Portaaviones (portaaviones de escuadra Shokaku y
Zuikaku). De este modo se aseguraba la defensa del flanco Sur y Sureste de la
gran base de Rabaul y se aseguraba un
trampolín hacia Nueva Caledonia o hacia la costa Este de Australia, donde se encontraban
los puertos (Noumea y Brisbane, respectivamente) desde los que la US Navy desplegaba su
fuerza en el Sudeste del Pacífico. Ejecutada la Operación MO, se daría paso a la
Operación TEN, según la cual se atacaría a la vez las Aleutianas en el Norte y, con la
1ª Flota Aérea (1ª División de Portaaviones Akagi y
Kaga-, 2ª División Hyryu y Soryu- y 5ª División),
Midway, en el Pacífico Central. La maniobra contra las Aleutianas era secundaria. Lo
importante era tomar Midway para usar la isla como trampolín contra las Hawai. En ese
caso la Flota del Pacífico tendría que retroceder a San Diego (a 3.000 millas de
distancia de Hawai) o arriesgarse a permanecer en Pearl Harbor al alcance de la aviación
japonesa con base en tierra. La Operación MO se ejecutaría a principios de Mayo,
mientras que la Operación TEN se ejecutaría a principios de Junio.

El almirante Isoroku Yamamoto, el mejor estratega naval de todo el mundo.
La inteligencia norteamericana
conocía desde antes de la guerra las claves de la Armada japonesa, y en consecuencia pudo
alertar a sus mandos de los que se estaba preparando, aunque al principio quedaron
confusos ya que no lograron identificar el objetivo AF señalado para la
operación TEN. Sólo después de mucho estudio, y tras resultar con éxito un truco de
desinformación contra los desprevenidos nipones (que ni se imaginaban que en Pearl Harbor
leían todos sus despachos) lograron concluir que AF era la isla de Midway. Como se verá
a lo largo del artículo los norteamericanos contaron con la ventaja de una mejor
inteligencia militar y de un mejor uso de la guerra electrónica, hasta donde lo
permitían los medios de la época.
El 7 de Mayo, en aguas del Mar del
Coral, al Sur de Port Moresby, las dos flotas chocaron. Los norteamericanos perdieron el
portaaviones de escuadra Lexington. El portaaviones Yorktown
quedó gravemente dañado y apenas si pudo regresar a Sydney. Para los norteamericanos
eran unas bajas gravísimas que no podían reemplazarse a corto plazo. Pero a cambio de
tales bajas consiguieron un doble triunfo estratégico. Primero, rechazaron el intento de
desembarco. Nunca más los japoneses amenazarían Port Moresby. Segundo, los aviones de la
flota habían hundido el portaaviones ligero Shoho y averiado los portaaviones
de escuadra Shokaku y Zuikaku, que tras esta batalla tenían que
incorporarse a la 1ª Flota Aérea. En otras palabras, la operación MO se saldaba en
doble fracaso japonés: no habían tomado Port Moresby y además los refuerzos para la
operación TEN se habían esfumado. Los japoneses (seguramente ayudados por la
inteligencia naval de los EE.UU.) se creyeron que tanto el Lexington como el
Yorktown habían sido hundidos. Las cosas no habían salido bien, pero al
menos, para el ataque a Midway tendremos una superioridad en portaaviones de 2 a 1, ya que
los yanquis sólo tienen en el Pacífico al Enterprise y al Hornet
(el Saratoga estaba en proceso de reparación en San Diego, y los japoneses lo
sabían). Eso pensaba el Alto Mando japonés. En consecuencia, el ataque a Midway siguió
tal como se planeó.
Sin embargo, y totalmente ignorado
por los japoneses, el Yorktown, reparado de fortuna en Australia, llegaba el
día 27 de Mayo a Pearl Harbor y entraba en astilleros. A la vez, el comandante de la
flota de portaaviones, almirante Halsey, tenía que ser ingresado en el hospital a causa
de una alergia. El almirante Nimitz reorganizó el cuadro de mandos de su flota. El
almirante Fletcher sustituiría a Halsey al frente de la flota. La Task Force 16,
compuesta por los portaaviones Enterprise y Hornet, estaría al
mando del almirante Spruance. Esta fuerza zarparía de Pearl Harbor rumbo a Midway el día
29 de Mayo. El Yorktown, si lograban repararlo, como cabeza de la TF 17, a las
órdenes directas de Fletcher, zarparía el día 30. Y el propio Nimitz se encargó de que
el portaaviones fuera reparado. Arengó a los trabajadores de los astilleros
anunciándoles la inminencia de una batalla en la que de su esfuerzo dependía que el
Yorktown vengara las bajas del 7 de Diciembre. Y la arenga tuvo efecto. Miles
de obreros especializados, sin echar cuentas de las horas extras invertidas, tuvieron
listo el buque en el plazo previsto. Para que luego digan que el patriotismo no sirve para
nada.
El día 1 de Junio las dos TF se
reunían en el Punto Fortuna (Point Luck), y aguardaban a los japoneses. Así,
sin que Yamamoto lo supiera, la presunta ventaja de 2 a 1 en portaaviones se había
convertido en un 1 a 1 (si contamos la pista de Midway). Gracias a la existencia de un
cable telefónico entre Midway y Honolulu, los norteamericanos pudieron realizar los
movimientos previos a la batalla manteniendo un silencio de radio casi total. Y eso
incluía las órdenes a la guarnición de Midway, reforzada por infantes de marina, y por
aviación naval y del propio cuerpo de Marines.

Foto aérea del atolón de Midway. En primer plano, a la izquierda, el aeropuerto.
El día 4 de junio (fecha de
Greenwich) se levantaba el telón sobre la batalla más decisiva de la Segunda Guerra
Mundial.
Nota: A partir de este
momento, las horas que se mencionan son horas solares, eliminando el desfase horario
existente entre ambos bandos. Hay que tener en cuenta que mientras desde el punto de vista
de Washington esta batalla se luchó el 4 de Junio, en Tokio era ya el día 5.
La primera oleada japonesa fue
lanzada antes del alba, a las 04:30 del 4 de Junio. Más o menos a esa hora los aviones
norteamericanos de reconocimiento con base en Midway despegaron para localizar a la flota
japonesa.
Un hidro PBY Catalina localizó a los japoneses a las 05:52. Apenas llegado el aviso a la isla, se ordenó que despegara una oleada de torpederos escoltados por cazas, que iría seguida de una segunda oleada de ataque formada por bombarderos B-17. No habían terminado de despegar los aviones de la primera oleada norteamericana cuando la primera oleada japonesa atacaba Midway. Barriendo con facilidad la caza enemiga (compuesta de viejos cazas Brewster Buffalo y de los más modernos Grumman Hellcat, pilotados por infantes de marina), los japoneses bombardearon a placer la base enemiga durante media hora. Los detalles del ataque fueron grabados en directo por el gran maestro del cine John Ford, que se encontraba allí para dar testimonio a la posteridad de la batalla. A las 06:12 los aviones japoneses se retiraron hacia sus portaaviones. El teniente de navío Tomonaga permaneció en Midway observando a través del humo los daños producidos en las instalaciones. A eso de las 07:00 pudo ver cómo algunos B-17 despegaban de la isla. Una de las tres pistas del campo de aviación seguía en uso. Tomonaga radió la noticia y recomendó un segundo ataque a la isla.

Los efectos del bombardeo sobre la base. Fotografía tomada por el equipo de John Ford.
Los aviones japoneses según iban
llegando a sus buques iban siendo repostados y cargados con torpedos, ya que, según el
plan japonés, tras el bombardeo de Midway vendría el ataque a la flota norteamericana,
flota que, una vez conocido el ataque japonés, sin duda saldría de Pearl Harbor rumbo a
Midway a toda máquina. Sin embargo, y tras evaluar el mensaje de Tomonaga, a las 07:15 se
dieron órdenes de volver a armar a los aviones con bombas, para el segundo ataque a la
isla. Esta orden se basaba en un cálculo de tiempo según el cual la flota norteamericana
no podía haber zarpado de Pearl Harbor antes de las 04:00...
Sobre las 07:10 los aviones de
Midway atacaron la flota nipona. Hasta las 07:30 los aviones de los marines intentaron
hacer blanco en la flota japonesa, pero los cazas tipo Zero japoneses se lo
impidieron. Casi todos los atacantes fueron derribados. Los que no, volvieron a casa sin
haber logrado un solo impacto.
En ese momento pareció que la
Fortuna, esa voluble señora, les daba la espalda a los japoneses.
El plan de Midway preveía que dos
hidros transportados en un submarino nodriza harían un reconocimiento sobre Pearl Harbor
para asegurarse de que el día 4 al alba los portaaviones norteamericanos seguían allí
(ya que el ataque a Midway necesitaba del factor sorpresa). Otros submarinos, apostados en
la bocana del puerto, harían también misiones de vigilancia. Desafortunadamente para los
japoneses, ni el nodriza ni los submarinos de reconocimiento llegaron a sus posiciones a
tiempo. Yamamoto sabía del fracaso del reconocimiento, pero el almirante Nagumo,
comandante de la 1ª Flota, no, y pensó que puesto que Yamamoto no le había comunicado
nada (imperaba el silencio de radio para evitar ser localizados) es que todo iba según lo
previsto.
Así pues, y sin que Nagumo lo
supiera, su cálculo de tiempo era inútil, y sus órdenes, erróneas.
A la vez que la primera oleada
contra Midway despegaron de los buques japoneses varios hidros de reconocimiento. Uno de
ellos, el del crucero Tone, sufrió una avería en el motor. Fue reparada,
pero el hidro del Tone llevaba un retraso de cerca de una hora en su misión
de descubierta. Los demás hidros regresaron a sus bases sin haber visto nada, confirmando
con ello la impresión que tenía Nagumo de que la Flota del Pacífico seguía en Hawai.
Hasta que a las 07:28, el hidro del Tone comunicó haber descubierto buques
norteamericanos al Noroeste de la flota japonesa. Pero no dijo ni cuantos ni cuales.
Rechazado el ataque aéreo
norteamericano, en el puente del Akagi, insignia de Nagumo, se encontraron con
que Midway seguía siendo operativo como pista de aterrizaje, y que se habían avistado
barcos enemigos cuando no deberían estar allí, según el plan.¿Qué hacer? ¿Atacar
Midway otra vez, atacar la flota recién descubierta, esperar a identificar aquella flota
inesperada? Entonces (me lo imagino perfectamente) todos los presentes en el puente, de
almirante para abajo, miraron a Nagumo esperando órdenes.
Aquí conviene hacer un inciso.
Desde aquel 4 de Junio de 1.942, miles de personas que contaban con la enorme ventaja de
haber visto los toros desde la barrera, y ni siquiera en directo sino en diferido, han
opinado y siguen opinando que en ese crítico momento a Nagumo se le fue la cabeza, metió
la pata, se acobardó, cometió una simpleza de guardiamarina, o sencillamente, como tonto
de capirote que era, lo hizo tan mal como en él era de esperar. Estos señores se olvidan
de que el almirante Nagumo fue el jefe de la flota que atacó Pearl Harbor, y como primo
del Emperador no era, es de suponer que le dieron el mando por su valía; que fue quien no
sólo llevó a cabo el ataque sino que volvió sano y salvo; quien, consciente de los
riesgos que corría, destacó a la 5ª División para completar la conquista de Wake
(Diciembre de 1.941) aunque se sabía que el Lexington iba en socorro de la
isla; quien luego mandó la flota que en exitosa tourneé por el Mar de Java y
el Océano Índico eliminó la flota ABDA e hizo retroceder a la Flota Oriental de la
Royal Navy hasta Madagascar, obteniendo así la supremacía naval en el Índico y el
Sureste del Pacífico. No es mal currículo para un idiota o un cobarde.
Los que critican a Nagumo quieren
ignorar que a las 07:30 el panorama que se le ofrecía a Nagumo era incompleto y se
olvidan de que, cuando uno lleva entorchados debajo de la coca y se manda la única fuerza
de combate de que dispone la patria, las decisiones no son tan fáciles de tomar como en
una tranquila biblioteca. En esas circunstancias, presionado y con un cuadro táctico
incompleto, Nagumo se equivocó. Yo en su lugar, quizá también. Y usted también, amable
lector, podría haberse equivocado... Desgraciadamente para Nagumo, todavía no estaban
disponibles en los kioskos las Memorias de sir Winston Churchill.
Nagumo decidió esperar y ver.
Mientras lo hacía, a las 08:10 la segunda oleada procedente de Midway atacó sus buques.
Otra vez, sin daño alguno.

Foto del "Hyryu" tomada desde los B-17 que lo atacaron.
Apenas había pasado el ataque,
cuando a las 08:20 el hidro del Tone radió que había localizado un
portaaviones enemigo. Se trataba del Yorktown.
A las 08:37 sucedió otra de las
circunstancias claves de la batalla. La flota japonesa recogió los aviones de caza que se
habían mantenido de patrulla sobre los buques, y tras reabastecerlos, los lanzó de nuevo
al aire.
Más o menos a esa hora, el hidro
del Tone, dispuesto a provocarle a Nagumo una úlcera, comunicó haber
localizado más buques enemigos. Se trataba de la TF 16, pero no llegó a ver los
portaaviones sino sólo a su escolta.
Urgido por sus oficiales (me
imagino que el pobre Nagumo estaría sudando de lo lindo dentro del uniforme), el
almirante decidió a las 09:18 armar a los aviones con torpedos. Se atacaría a la flota
enemiga. El ataque comenzaría a las 10:30. Se dieron las órdenes oportunas.
Sucedió entonces algo inaudito.
Las dotaciones de servicio de los aviones rompieron la disciplina de seguridad. En lugar
de bajar las bombas a los pañoles según las iban retirando de los aviones, las dejaron a
un lado mientras de esos mismos pañoles subían a las cubiertas los torpedos. De esto no
tuvo la culpa Nagumo, sino los oficiales y suboficiales que quizá pensaron que los
muchachos estaban muy cansados de llevar y traer las bombas y que bien podrían tomarse un
respiro. Ya bajarían los proyectiles más tarde. De momento, en los puentes no se supo
nada de esto, y el armamento de los aviones continuó.
Mientras, la flota norteamericana
había ido trazando un cuadro de la situación táctica. Esperaron incluso a que cesaran
los ataques de los aviones de Midway para completar los datos que tenían. Una vez
completo, el almirante Spruance dio orden de lanzar sus aviones. Esto se hizo sobre las
08:20. La TF 16 lanzó todos sus aviones en una única oleada de más de centenar de
aparatos. Los aviones de la TF 17, lanzados con algunos minutos de diferencia, iban
detrás. Este lanzamiento de aviones tampoco fue visto por el hidro del Tone.
Los aviones de la TF 16 siguieron
un rumbo aproximado hacia la última posición de los japoneses. Según avanzaban, varios
escuadrones del Hornet se despistaron. Hay que tener en cuenta que el grupo
aéreo de este portaaviones era muy bisoño. Para colmo de desdichas, al llegar a la
presunta posición de la flota japonesa, vieron que allí no había nada. La formación,
comandada por el capitán de fragata McClusky, del Enterprise, se desplegó
para buscar blancos, pero al hacerlo más aviones del Hornet se despistaron de
la formación inicial y fueron incapaces de encontrar al enemigo. Sin embargo esta
dispersión tuvo éxito, permitiendo a los aviones de la TF 16 localizar la fuerza de
portaaviones japonesa.
Los aviones de la TF 17 habían
seguido un rumbo un poco más al Sur que los de la TF 16. Tampoco vieron ningún barco
japonés, pero vieron rastro de humo, y lo siguieron pensando que el humo los llevaría a
la flota japonesa, lo que en efecto sucedió.
A las 10:20 ambos grupos de
aviones localizaron de forma independiente y sin coordinación a la flota japonesa.
La escena que se planteó entonces
fue así: los portaaviones japoneses, con sus aviones cargados con torpedos en cubierta,
listos para lanzar y cara al viento; sus aviones de patrulla, que llevaban ya dos horas en
el aire, escasos de carburante (Nagumo tenía intención de recogerlos después de lanzar
el ataque; hacerlo al revés, es decir, primero recoger, repostar, lanzar los cazas y
luego lanzar el ataque le hubiera retrasado demasiado) y además a cierta distancia de los
barcos para no causar un embotellamiento con los aviones del ataque; de
repente, aparecen dos grupos de aviones norteamericanos desde dos direcciones distintas, y
además en gran número. Por pura casualidad, los norteamericanos aparecieron en el peor
momento posible para los japoneses.
Comenzó el ataque. Los cazas Zero
hicieron estragos entre los atacantes, mucho más lentos y menos maniobrables. Pero
sencillamente, eran demasiados. La defensa de caza japonesa quedó saturada en pocos
minutos. Y así, varios grupos de bombarderos en picado pudieron agruparse para lanzar sus
bombas, libres de interferencias de la caza enemiga.
Entre las 10:25 y las 10:28 fueron
alcanzados el Soryu, el Akagi y el Kaga, en ese orden.
El lugar más inflamable del mundo
es la cubierta de un portaaviones. Por puro azar, las cubiertas de vuelo de los
portaaviones japoneses se hallaban atestadas con aviones cargados de explosivos y los
tanques llenos. Y en las cubiertas inferiores aún aguardaban las bombas de los aviones,
pendientes de bajar a los pañoles. En cuanto los portaaviones japoneses (que carecían de
cubierta de vuelo blindada) fueron alcanzados, comenzó el desastre. Todo el material
inflamable de la cubierta de vuelo y de la inferior comenzó a explotar y a arder. Los
incendios pronto quedaron fuera de control y los portaaviones japoneses, sentenciados de
muerte.
El ataque norteamericano siguió
hasta las 11:00, aunque ya casi no hacía falta. Antes de volver a sus bases, los
supervivientes localizaron al Hyryu que, oculto por una neblina, no había
sido visto antes. Así pues, los pilotos norteamericanos informaron de tres portaaviones
enemigos alcanzados y en llamas, y uno intacto.
El almirante Yamaguchi, uno de los
mayores ases de la flota japonesa, y comandante del Hyryu, lanzó de inmediato
a su grupo aéreo, liderado por el teniente de navío Tomonaga. Escondiéndose entre las
nubes, los aviones de Tomonaga siguieron a los norteamericanos para localizar su
procedencia.
A las 12:05 los aviones de Tomonaga localizaron al Yorktown. De inmediato lo atacaron, acertándole varias veces y provocando graves incendios. Los norteamericanos, que ignoraban que a sus aviones los iban siguiendo los japoneses, fueron pillados desprevenidos.


La cubierta de vuelo del USS "Yorktown" (CV-5) después del ataque japonés.
Las buenas noticias del ataque
fueron recibidas por Nagumo (que había cambiado su insignia de buque) y por Yamaguchi.
Los optimistas aviadores japoneses dieron por hundido a su blanco. Entonces los dos dos
almirantes pensaron lo mismo: si los yanquis sólo tienen dos portaaviones (que era lo que
les había dicho su servicio de información) y hemos hundido uno, eso significa que
estamos 1 contra 1. Si hundimos al segundo portaaviones yanqui, pese a la gravedad de las
bajas, aún podríamos desembarcar. Y dicho y hecho, a las 12:45, sin haber recogido los
aviones de la primera oleada, el Hyryu lanzó una segunda oleada. Siguiendo el
rumbo de sus compañeros, los aviones de esta segunda oleada llegaron a la vista del
Yorktown a las 13:40. Los japoneses lo atacaron convencidos que se trataba del
segundo portaaviones norteamericano, primero porque así se lo habían dicho sus jefes, y
segundo porque al llegar al blanco no vieron
rastro de incendios ni de humo. Tras el ataque dejaron el buque otra vez tocado, con fuego
a bordo y con una fuerte escora. En ningún momento sospecharon que los equipos de
seguridad de a bordo habían logrado la enorme proeza de apagar todos los incendios
causados por el primer ataque.
El Yorktown, aunque
escorado tras el segundo ataque, pudo seguir a flote. Se intentó darle remolque hasta
puerto, pero a las 15:00 un submarino japonés localizó al buque, alcanzándolo y
enviándolo al fondo.

El USS "Yorktown" (CV-5) ardiendo tras el primer ataque.
Mientras, convencidos de que el
primer portaaviones se había hundido y confundiendo el perfil del Yorktown
con el del Hornet, cuando la segunda oleada comunicó el hundimiento del
segundo blanco, el cuadro que se les presentaba a Nagumo y Yamaguchi era el
siguiente: sólo nos queda un portaaviones a flote, con la dotación aérea reducida a
menos de 30 aviones. ¿Podemos cubrir el desembarco con tan escasa cobertura? La pista de
Midway aún sigue abierta, y eso es un riesgo claro.
Mientras los almirantes japoneses
cavilaban sobre estos asuntos, a las 17:00, aviones procedentes de la TF 16 alcanzaron al
Hyryu, dejándolo en llamas y con su pista de vuelo inutilizada. El buque no
se hundiría hasta las 9:00 del día siguiente, pero desde mucho antes los japoneses se
habían quedado sin apoyo aéreo.
Pero la mayor consecuencia del
ataque al Hyryu fue la confusión total por parte japonesa. ¿De dónde
habían salido tantos aviones? ¿Había un tercer portaaviones norteamericano en aguas de
Midway? ¿Procedían de la propia isla? Estas dudas, y el hecho de que a la flota japonesa
sólo les quedasen dos portaaviones ligeros para dar apoyo a la fuerza de invasión, hizo
que Yamamoto tomara la decisión, al caer la noche, de retirarse. Los norteamericanos,
habiendo hundido cuatro portaaviones enemigos, y habiendo abortado el desembarco en
Midway, no necesitaban seguir arriesgando en la batalla, y en consecuencia regresaron a
Pearl Harbor.
Las consecuencias de la batalla de
Midway fueron inmensas.
Japón perdió en ella la fuerza
de choque de su flota, sin que las construcciones navales previstas pudieran cubrir las
bajas. Para empeorar la situación, entre el Mar del Coral y Midway habían perdido el
equivalente a seis dotaciones aéreas, todos ellos veteranos de la guerra con China y de
las primeras fases de la campaña del Pacífico. Veteranos que eran en sí mismos
insustituibles. Veteranos que no podían ser reemplazados por nuevos pilotos dado que los
planes de entrenamiento de pilotos del Japón no se habían adaptado aún a la escala de
la guerra. La peor pesadilla de Yamamoto se había hecho realidad. Despojado el Japón de
su fuerza de choque, dependía para su supervivencia de su potencia industrial, enfrentada
a la de los Estados Unidos, y en ese sentido Yamamoto, antiguo agregado naval en
Washington, exalumno de Harvard, no se hacía ninguna esperanza.
La derrota de Japón era ya sólo cuestión de tiempo.
Copyrigth enero de 2002 by EBORENSE (José Manuel Rodríguez).
Del mismo autor puedes consultar su magnífica web 