.LAS LEGIONES DE JULIO CÉSAR
FORO DE DEBATE
Debate: CAYO JULIO CÉSAR. Parte VII. (45 mensajes).
23-10-03.De: Caesaris Puella. Cónsul junior del Foro de Debate. Respuesta a Santiago Soulignac. (La terrible hondera balear, conmovida ante la tierna juventud del mentado forista -¡ojo, que no es instinto maternal, sino mero ardor guerrero de reconocimiento al valor!-, se abstiene de incluir al dulce púber en el apedreamiento sistemático que tendrá lugar a continuación, para sentarlo sobre sus rodillas y propinarle unos leves azotes de advertencia). Ave, puer! En consideración al mérito que me merece el hecho de que alguien tan jovencísimo como tú ya se muestre interesado en la Historia Antigua y empiece a informarse sobre el tema seré, por una vez, suave contigo. Me encanta que defiendas con tanto ardor tu postura dialéctica, si bien permíteme un consejo, hecho con sincero afecto, de guerrera a guerrero, y en modo alguno con condescendencia, pues creo que eres un cadete digno de entrenar: cuando afirmes algo tan rotundamente, guárdate un as en la manga para poderlo defender. Me explico, en tu reciente y valerosa intervención, aseguras que el término borracho que empleo para referirme a Marco Antonio es incorrecto y alejado del plano histórico, efectuado por alguien contemporáneo: pues bien, no sólo las fuentes antiguas corroboran la afición de Marco Antonio tanto por las bebidas espirituosas como por el sexo desenfrenado, sino que él mismo quería dar una pátina de grandeza a dicho vicio (quizá, para otros, afición, simplemente) denominándose a sí mismo Dionisos, esto es, el dios de las bacanales. ¡Bien conocía la Pitufa Ptolemaica ves, ése sí que es un calificativo contemporáneo, pues los azulitos gnomos, los pitufitos somos, todavía no pitufaban por el mundo como eres muy joven no sé si conocerás a dichos seres - los puntos débiles del Borracho, y bien se aprovechó de los mismos para seducirle!. Por otro lado, no debes confundir borracho (persona que se ve influida por los efectos del alcohol) con alcohólico (persona que padece una grave y lamentable patología que le crea una dependencia del licor), término este último que sí es de reciente acuñación pues, aunque es evidente que alcohólicos ha habido siempre, no se detectó dicha dependencia como enfermedad hasta nuestros días. Buena prueba de que en la Antigua Roma ya existían borrachos la tenemos en que el latín clásico tiene, no uno, sino dos términos acuñados para tal estado lamentable: ebrius y temolentus; así que, como podrás comprobar, si bien yo utilizo dicho calificativo en términos peyorativos, ya que yo, evidentemente, no tengo el elevado concepto que de sí mismo tenía Antonio, desde luego tal calificativo no carece de rigor histórico: otra cosa es que tú estés de acuerdo con él o no. Aún así, creo que has tenido gran valor al entrar a defender tus ideas, entre tanto quirite suelto, de modo que te quito la bulla, y te hago entrega de tu primera toga, que te permitirá tener los mismos privilegios (y deberes) que los restantes cives de este maravilloso foro virtual, previniéndote, eso sí, de las consecuencias de tal acción: la próxima vez no será el cálido contacto de mi piel el que sentirás, sino el de una fría piedra. Sé que estarás preparado. Ave atque vale!
23-10-03.De: Caesaris Puella. Cónsul junior del Foro de Debate. Respuesta a tooooooooooooodo el mundo. Parte I. (La salvaje hondera, emocionada ante la carnicería que se avecina -¡mmmm! ¡sangre, sangre!- se deja de rositas y empieza su apedreamiento sistemático con duras calizas eso sí, autóctonas, hay que promover la economía interna, que los ingresos con el turismo no serán hasta dentro de miles de años-, en un ataque sin cuartel a las hordas enemigas bueno, hordas, hordas pero sí son varios-. Y cuando se acaben las piedras, echará mano del pugio, defendiendo su lícita posición hasta el final). Ave, quirites! Haré unas precisiones varias y diversas (¡toma redundancia!): jurídicamente sí que cabe obtener la condena de una persona con base en prueba indiciaria (indicios racionales de criminalidad, se denominan), aunque no exista prueba material directa. Tan sólo se exige que los indicios sean más de dos y que apunten en la misma dirección. Ya sé que comúnmente se cree que ello no es así, y que el inocente hasta que no se demuestre lo contrario implica que hay que pillar prácticamente al reo apuñalando a la parienta para que lo condenen. Pues no, los indicios pueden ser más que suficientes para condenar a alguien, y ello en todos los ordenamientos jurídicos del mundo. Hecha esta precisión, responderé a mi adorado aunque sibilino Pantócrator diciéndole que creo que con esos indicios, hoy en día, tan sólo podría obtener una condena con un magnífico y vehemente discurso, y acreditando que no podía obtenerse ninguna otra prueba directa. Las probabilidades de éxito serían probablemente de un 30%, pero podría conseguirse. ¿Y en la época en que acaecieron los hechos? ¡Ah, querido amigo, así está el quid de la cuestión! Efectivamente tal como acaecieron los hechos no habría conseguido nada de nada, entre otras cosas PORQUE NO HUBO NI UN SOLO JUICIO EN EL QUE SE AJUSTICIARA A LOS CONJURADOS (lo pongo en mayúsculas no para gritar, sino para poner énfasis). ¿Curioso verdad? No se juzgó a nadie. Los romanos, esos animales jurídicos, pasaron de puntillas sobre el crimen, y de hecho los repugnantes asesinos, o bien fueron eliminados particular y extralegalmente, o bien se buscaron pretextos para declararles la guerra y exterminarlos: pretextos que no abordaban oficialmente la espinosa cuestión. Durante más de un año, todos los hijos del puñal camparon por la Ciudad Eterna, eso sí, más tensos que las cuerdas de un arco parto, porque el pueblo no les decía lindezas, precisamente. Sólo Cicerón, (Garbancito parlanchín) agarró el toro por los cuernos e incriminó al Borracho en sus Filípicas y así le fue-, demostrando un perfecto conocimiento, más que sospechoso, de toda la trama de la conjura sobre el que me he pronunciado con anterioridad, pero esa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión, como diría Michael Ende.
23-10-03.De: Caesaris Puella. Cónsul junior del Foro de Debate. Respuesta a tooooooooooooodo el mundo. Parte II. ¿Y por qué se silenció el hecho, por qué no se enjuició a nadie por el vil homicidio? ¿Tal vez para no abrir la tapa de la alcantarilla y que empezaran a salir cucarachas? Creo que está claro que a Marco Antonio le interesaba silenciar su participación: no sólo porque con ello podía erigirse en heredero de César prescindiendo de la auténtica voluntad del finado, sino porque a posteriori pudo comprobar que lo que en un principio parecía una idea genial, que todos, desde el primero al último de los conjurados, creían que tendría el apoyo y masivo clamor tanto del Senatus como del Populus romano, había sido un craso error, del que quiso y pudo desmarcarse. Posteriormente Octavito se encargó de encubrir dicha acción, de otro modo ¿cómo justificar que había luchado al lado de Marco Antonio, que se había repartido con él no ya las legiones, sino territorios romanos enteros, y, especialmente, cómo justificar que le había entregado la mano bueno y el resto del cuerpo también- de su hermana, la venerada Octavia? Ello casaba francamente mal con el divus filius, con el sucesor de César. Y ahí es donde quería llegar yo: a las fuentes: por lo visto los historiadores sólo dáis por probado aquello que está recogido en las fuentes. Pues bien, ¿y si las mismas son manipuladas? Sabemos que los historiadores contemporáneos a Octavito se lo debían todo a él, sabemos que el herederito (como lo llama Lacus) no sólo tenía largas listas de proscripciones y que gustaba de manejar las fuentes a su antojo y Salustio, tal vez el único que sentía aversión a Octavio, no le iba a allanar el terreno poniendo a parir a su archienemigo, ¿verdad?. Soy perfectamente consciente de que no hay pruebas materiales sobre la incriminación de Antonio en la Conjura, por eso la mía es una teoría, sino sería un tratado histórico, pero también detecto serias contradicciones y graves interrogantes en la conducta antecedente, coetánea y posterior del Borracho (y no soy la única, Indro Montanelli ya lo llama fidelísimo, Luciano Canfora hace un estudio excelente), a las que todavía NINGUNO (nuevamente es para dar énfasis) me habéis dado explicación. ¿Qué sucede si una fuente falsea la verdad u oculta datos? ¿Debe darse por auténtica e inmutable, no puede ser enjuiciada conforme a las reglas de la sana crítica? Si ello fuera así, también deberíamos creer que una loba alucinada, en lugar de obtener una pitanza fácil para ella y sus cachorros, dio de amamantar a dos gemelos que habían sobrevivido a una travesía por el río, hasta que éstos fueron mayorcitos para valerse por sí mismos. Es por ello que, cuando menos, debe cuestionarse la postura de Marco Antonio en toda la trama, la cual durante siglos se ha visto resguardada por las fuentes oficiales y cómo no, por Shakespeare (de verdad que yo creo que el poeta contactó, vía médium, con Octavio, porque, si no, no se explica lo mucho que lo ayudó).
23-10-03.De: Caesaris Puella. Cónsul junior del Foro de Debate. Respuesta a tooooooooooooodo el mundo. Parte III. (Y la terrible hondera sigue, ebria pero no como el Borracho, ¿eh?- de sangre, que ya chorrea por sus muslos, por sus brazos, por su cara, por su pecho hasta la melena al viento está salpicada del granate color de la esencia de la vida). Por otro lado, se cuestiona la utilidad que la participación en la inmunda conjura podía reportarle tanto a Marco Antonio como a los restantes asesinos, y se llega a afirmar, además, por parte de varios foristas que, si bien el Borracho no era un dechado de virtudes, favoreció en innumerables ocasiones a mi Cayito. Empezando por el final: ¿alguien puede decirme cuáles fueron esos actos favorecedores, en concreto? No confundamos los términos, fue César quien siempre veló y protegió a Marco Antonio, hasta que decidió controlarlo, no al revés. Recordemos que no fue el Borracho el único tribuno en salir por piernas en vísperas del cruce del Rubicón, y que lo que hizo Antonio no fue favorecer al divino Julio sino, simplemente, tomar partido por una de las facciones políticas, en espera de que ello le reportara pingües beneficios, del mismo modo que solicitó intervenir en la Guerra de las Galias por los mismos motivos. ¿Y qué sucedió cuando el Sátiro comprobó que el hecho de haber vencido no era sinónimo de obrar con impunidad para enriquecerse? Que empezaron las tensiones. Seamos serios, si todo entre Cayo Julio y Antonio hubiera ido a las mil maravillas, si su relación hubiera sido perfecta, ¿por qué lo hubiera desheredado César, quien jamás fue una persona desagradecida? Muy mal debían estar las cosas entre ambos para que optara por otros parientes más lejanos para instituirlos como herederos, para que escogiera a un joven imberbe en lugar de a un hombre hecho y derecho. César siempre destacó por su clemencia y magnanimidad y sin embargo el Borracho de él no obtuvo nada, y ello tan sólo puede ser porque el divino Julio no se fiara de él, porque detectara algo oscuro, porque realmente considerara que no le debía nada. Esto en vida de César, porque tras su muerte tampoco puede aseverarse que Marco Antonio (al igual que Octavio, por otro lado) obrara por razones desinteresadas, y únicamente en aras de vengar la memoria de alguien que, no sólo le había cortado las alas, sino que lo había desheredado. En Filipos sólo se busca una cosa: silenciar a los últimos conjurados, satisfacer al pueblo, y quedarse con un tercio del pastel romano. En definitiva, lucro propio, puro y duro.
23-10-03.De: Caesaris Puella. Cónsul junior del Foro de Debate. Respuesta a tooooooooooooodo el mundo. Parte IV. ¿Alguien puede explicarme por qué en las Lupercales el Borracho le ofreció la tiara de rey a César (con Casio al lado participando en la pantomima, por cierto), cuando el bello Julio ya había mostrado su disgusto ante tales incidentes y la había rechazado en otras ocasiones? No hace falta ser una lumbrera política para saber que los romanos podían tolerar casi cualquier cosa, menos a un rey, término que les podía hacer ponerse en pie de guerra. Nombrar a Cayo Julio rex era firmar su sentencia de muerte, o, cuando menos, legitimar su ejecución (que, de otro modo, sería un puro y simple acto de homicidio). ¿Y alguien cree que César, el brillante César, el magnífico orador, insigne político, genial promotor de masas, iba a caer en dicho error, que iba a empeñarse por activa y por pasiva en obtener un cargo que ni deseaba ni le era necesario? ¡Por favor!. Y, de ahí, pasemos al siguiente punto: si Marco Antonio era tan fiel, próximo y noble heredero de César, ¿por qué no lo fulminaron junto con el divino? O bien porque pactó previamente con ellos, o bien porque realmente estaba muy debilitada su posición política, hasta el punto de que optaran por perdonarle la vida. Y, en este último caso, si hasta los más acérrimos enemigos de César se apercibieron de que el Borracho no estaba en buenos términos con Cayo Julio, ¿qué menos que el propio Antonio para saber cuál era la situación? Si ello fuera así, y dada su desmesurada ambición (más económica que política, todo sea dicho. Siempre he pensado que el Borracho deseaba la preeminencia política en tanto que ello le servía para hacer cuanto lo viniera en gana, sin que deseara el poder por el mero placer de ejercitarlo), ¿no habría reaccionado entonces Antonio?. Como véis, se opte por una o por otra opción, se llega al mismo fin, a la misma conclusión, de ahí que crea que ambas partes se aliaran, en un mutuo acuerdo de no agresión: nosotros lo matamos, tú te estás calladito y no mueves un dedo, y luego también intercedes en nuestro favor ante el pueblo llano. Todo vuelve a ser como antes, tú te libras de un César que te veda cualquier encumbramiento político y cualquier enriquecimiento, y nosotros también volvemos a la etapa optimate, conservando nuestras sacrosantas prerrogativas. La habilidad del Borracho (que no tenía un pelo de tonto, hasta que Octavito le robó la cartera) fue no mojarse del todo, y fue precisamente eso lo que le permitió girar la tortilla cuando vio el cariz que tomaban las cosas. ¿Por qué, por qué podemos aceptar tan fácilmente que Cayo Trebonio o Décimo Junio Bruto cambiaran entusiasmados de bando, y nos repugna pensar que Marco Antonio también lo hiciera? Francamente, no creo que nadie piense en serio que un hombre que ha luchado en circunstancias extremas en las Galias y en una guerra civil, un hombre avezado en la lucha y de poderoso físico, un hombre que estaba acompañado por lictores, no intervenga en el vil asesinato del hombre que se supone que ama y a quien se lo debe todo, por miedo o porque lo entretenían. Y recordemos que a la fuerza tuvo que enterarse de lo que ocurría, porque veintitrés puñaladas y gritos de libertad, libertad, de verdad que se oyen.
23-10-03.De: Caesaris Puella. Cónsul junior del Foro de Debate. Respuesta a tooooooooooooodo el mundo. Parte V. (La terrible hondera, hastiada ya de sangre, termina con su ataque, a la espera del próximo movimiento enemigo). Finalmente, es cierto que César no era un chaval, pero tampoco estaba decrépito o a las puertas de la muerte, así que si el Borracho esperaba heredar, ya podía hacerlo sentado. Y nuevamente analicemos su conducta: ¿por qué alguien tan inflexible y cruel, como demostró después con la sangría de las proscripciones, iba a dar manga ancha a los asesinos de su mentor durante más de un año? Lo tenía todo en su mano, todo: las legiones y el rechazo del pueblo hacia los asesinos, y sin embargo esperó y esperó (recordemos que había dictado un indulto general para los asesinos, cenó con ellos, los mantuvo en sus cargos y en el Senado, no emprendió acción alguna tendente a esclarecer el crimen, los hechos y a perseguirlos en definitiva, la conducta típica de alguien que tiene algo que ocultar), y si no llega a ser porque apareció Octavito en su intervención estelar, creo que habría seguido esperando. Nadie conocía muy bien cuáles iban a ser las consecuencias del homicidio de César, creo que ni él mismo podía saberlo. Lo que en un principio podía parecer una buena idea (seamos sinceros, si los conjurados llegan a conocer de antemano cómo iban a reaccionar las restantes clases, se habría abstenido de actuar), se manifestó como un gran error: confundieron el sentir de gran parte del Senado, con el pensamiento del corazón de Roma, y pagaron por ello. No negaré que todo lo que he expuesto es una hipótesis elaborada en función de unos indicios que he detectado en las fuentes clásicas, pero me parece incuestionable que la misma es sólida y que da explicación a hechos que, de otro modo, no la tienen. Cada uno es libre de pensar lo que quiera, pero creo que ya es hora de rebelarse contra los hechos sentados y presuntamente inmutables, y de mirarlos desde un prisma diferente, admitiendo, por lo menos, que cabe otra versión distinta a la oficial. Yo por mi parte, estoy tranquila, porque, siendo culpable como tengo la certeza de que lo fue, el Borracho recibió su merecido: los Hados se encargaron de ello. Ave atque vale!
26-10-03.De: Santiago Soulignac. Combate con Caesaris: Jaja. Bue, no no, no es un combate. La verdad es que es otro debate como cualquier otro, pero es un mero chiste juvenil. La cosa Caesaris que me ha impresionado mucho es el hecho de que tu me hayas valorado como lo hiciste, que a mi juventud yo este tan interesado por la historia antigua y que ademas me hayas reconocido mis ideas no por lastima ni por mi edad, sino por el valor guerrero del que tu me has catalogado. La verdad es que me hizo mucho bien ver como tu me has valorado y ciertamente tomo nota de tus consejos. Lo que si he notado, por otra parte, es que de verdad que has sido suave conmigo porque he visto en otros debates como has hablado y he visto, como decimos en Argentina y no es insulto, que tu tienes huevos y ovarios. Ciertamente has sido piadosa. Gracias por tu valoracion y tu respuesta que esperaba con ansias. Ahora, yendo al tema en cuestion, quiero decir que si bien respeto tu punto de vista tambien tengo ese as en la manga del que tu haces mencion (igual no es un gran as asi que es muy probable que lo contrarrestes). A lo que yo iba no era en terminos de alcoholico y borracho, etc. lo que yo queria destacar era la escencia del tema. El hecho de que tu consideres a Antonio como un personaje infame y, porque no, horrible. En fin lo que yo quiero decir es si hubo o no conspiracion de este para matar a Cesar. Yo sin embargo tengo un problema para decirlo en parte por una razon. Por que no se. Parecera ingenuo pero la verdad es que reconozco mis propias limitaciones como Socrates. Yo ya he tenido mis Ironias y mis Mayeuticas, por decirlo asi, en varios puntos. Solo iba a una cosa en realidad. Que Cesar quiza estuvo demasiado adelantado a su tiempo, y por que no de vuelta, al nuestro. No hago apologia a la violencia. No la quiero hacer pero si por alguna razon al moderador o a alguien le parezca que la hago que por favor me diga. Cesar se confio demasiado y no por soberbio. El dejar vivos a sus enemigos siempre dejaba latente la amenaza por parte de estos. Esto es algo que ni en nuestro tiempo sirve. O sea si dejas a tu enemigo vivo este todavia se las puede arreglar. Ademas eran los tiempos a.C y matar o asesinar a alguien, apenas si tenia algo de salvaje para los romanos. Si ellos tenian que matar a alguien y hacer uso de la crueldad casi todos en este foro sabemos que no habia impedimento por parte de esos.
26-10-03.De: Santiago Soulignac. Respuesta a Caesaris: Cesar quiza cometio el error mas grande de su vida al ser piadoso. Quiza deberia haber hecho lo que los optimates hicieron con el y quiza Marco Antonio con el. Aclaro que no trato de hacer apologia a la violencia, que tan solo trato de volcarme en el tiempo de Cesar y que no justifico ni la accion de muerte ni de parte de Cesar ni de los Optimates juntamente con Antonio segun dice Caesaris. A lo que voy es que si Antonio se hubiese enemistado con Cesar y lo hubiese matado no podemos encontrar nada de raro en ello. En esto me refiero a ponerse en el tiempo del otro y en esto digo que no creo que se lo puedo catalogar de o borracho o alcoholico o cualquier otro termino despectivo o despreciativo. Si no te gusta la accion de Antonio no puedo decirte nada. Hasta de hecho me pueda poner de tu lado. He dicho que no hay pruebas suficientes la otra vez como para catalogar a Antonio de borracho. Quiza me confundi pero, a lo que me sigo sosteniendo, es que me parece demasiado duro catalogar de esta manera a Antonio. Su accion puede ser comprendida en su tiempo. Si para el Cesar era un estorbo, lo eliminaba. Era algo muy comun en su epoca y se utilizaba por muchas personas con el fin de asegurarse la ventaja politica. Alejandro lo hizo. Mato y si bien no apruebo su accion era tambien su tiempo y era tambien otra mirada y otra manera de hacer politica. Antonio puede ser detestado y se puede desaprobar su accion pero yo no lo catalogaria asi. En ultimas instancias defiendo mi opinion personal y no al Antonio porque quiero que sepas que si la historia y el tiempo demostrase que Antonio participo en una conjura para matar y asesinar a Cesar, como sucedio, yo estoy en desacuerdo con Antonio, pero la comprension es la parte mas importante, en este caso, del valor. La accion de Antonio tiene que ser catalogada por su tiempo y su espacio. El juicio historico ademas se debe hacer siempre completo. La omision es un pecado en verdad y en la historia uno muy grande, porque no se pueden omitir acciones en favor de una postura. Antonio hizo tambien cosas buenas para Cesar y con Cesar. No solo lo mato ( si ocurrio ), tambien lo ayudo. Por esto el termino es muy duro a mi modo de ver. Porque creo que se estan omitiendo las acciones buenas a la hora de hablar y creo que solo se esta valorando lo malo. Ahi va Caesaris mi respuesta y ciertamente espero la tuya porque creo que tienes por una parte una respuesta y por otra un espacio para ser escuchada sin ningun resentimiento en este foro.
30-10-03.De: Caesaris Puella. Cónsul junior del Foro de Debate. Respuesta a Santiago Soulignac. Parte I. (La salvaje hondera no puede evitar sonreír ante este bravo y joven tribuno, y le envía unas cariñosas pedradas en respuesta a su última intervención después ya se encargará de sanarle las heridas al noble joven). Ave, quirite! Estoy encantada ante tu bravura, y te agradezco tus palabras de halago, aunque me conformo con tener simplemente ovarios pues, de momento y que yo sepa, no soy hermafrodita. Y entrando ya a saco en el asunto, que para algo soy la fiera hondera, te diré que tu argumentación es un sofisma que parte de una premisa mayor equivocada, a saber: manifiestas que el pueblo romano veía como algo natural el asesinar al adversario para quitárselo de encima, y que por tanto no podemos reprochar a Marco Antonio su acción. Mi querido y valiente joven, eso es del todo incorrecto: no por el hecho de que un océano de tiempo nos separe de ellos, significa que los hombres del Mundo Antiguo carecieran de moral, antes al contrario, las bases de la moral tal y como la conocemos hoy se asentaron en los cimientos de pensadores Antiguos: Sócrates, Platón, Zoroastro, Jesús de Nazaret y ciñéndonos al caso romano, te diré que los Hijos de la Loba veían con sumo horror el asesinato de un ciudadano romano (te remito al Foro de Debate de la Conjuración de Catalina, en donde podrás contemplar duros enfrentamientos dialécticos entre los filocesarianos y el bando optimate estableciendo si las ejecuciones de los Conjurados fueron o no lícitas). ¿Por qué crees que los miembros de la Banda del pugio (hay que precisar que este pugio dista enormemente de mi pugio muslero) intentaron por todos los medios dar una apariencia de legitimidad al vil crimen, presentándolo como un tiranicidio y no como un mero homicidio, recurriendo para ello a la dialéctica ciceroniana? No, no, mi bravo joven: el hecho de que en ciertas ocasiones las divergencias políticas finalizaran con la supresión física del adversario no significa ni que fuera lo habitual, ni que fuera aprobado o moralmente irreprochable. Los Gracos permanecieron en la memoria de Roma como unos héroes, y la misma acogida horrorizada tuvo la muerte violenta del divino Julio. Te recuerdo que aunque la pena de muerte estaba prevista en el sistema legal romano, ésta no era moneda de uso común en su aplicación, previéndose además la posibilidad de recurrir en apelación ante los Comicios (recurso legal este último solamente previsto para determinados crímenes): en suma, el populus romano veía con cautela la muerte de un quirite. Por ello, si enjuiciamos la acción de los viles criminales tanto desde la óptica de nuestros días, como desde la perspectiva de aquellos remotos tiempos, el reproche moral, político y jurídico es el mismo, ¿o por qué crees que tuvo tan buena acogida la venganza llevada a cabo por los triunviratos?
30-10-03.De: Caesaris Puella. Cónsul junior del Foro de Debate. Respuesta a Santiago Soulignac. Parte II. Por otro lado, comparas la situación de Roma con las acciones de Alejandro Magno dejando de lado la consideración que le pueda merecer a mi queridísimo, admirado y nunca bastante ponderado colega de consulado, el bello macedonio Joaquín Acosta (quien esta llevando a cabo una dura campaña en tierras galas ¡desde auí te deseo lo mejor, fratre!, y si los galos se portan mal contigo comunícamelo, que lo de Alesia les parecerá un jueguecito ), tu aseveración de que el Magno asesinó a adversarios políticos, debo decirte que, aunque encuadrados en la Antigüedad, los casos macedonio y romano no son en absoluto comparables, pues el sistema jurídico macedonio estaba aún en pañales, y el sistema político también difería completamente. Ante tu insistencia en que mi trato con el Borracho no es justo ni equitativo, te diré que yo en ningún momento he pretendido ser objetiva, y no sólo porque, como dice el magíster-legatus Lacus, la objetividad no existe, sino porque soy una mujer muy pasional, y este tema, precisamente, me llega a lo más profundo de mi alma. Las acciones positivas que Marco Antonio pudiera desempeñar ya las he desgranado en mi intervención de fecha 23-10 dirigida a los restantes foristas, y no me voy a reiterar aquí, por el bien del debate (las repeticiones me parecen odiosas y farragosas): simplemente te diré que yo puse en una balanza las acciones del Borracho, y la misma se decantó claramente en el lado negativo. En la Roma republicana también se denostaba la traición y se apreciaba la fidelidad, y aunque el Sátiro se hubiera dedicado el resto de su vida a acciones humanitarias del tipo Madre Teresa de Calcuta (versión romana), ello no hubiera sido contrapeso suficiente en la balanza para compensar la traición de un amigo supuestamente querido al que todo se lo debía y, lo que es peor, el asesinato del más grande, el más brillante, el más extraordinario de los hombres. Entiendo cuáles fueron los móviles de Antonio (de hecho me baso en ellos para fundamentar parte de mi incriminación del Borracho en el homicidio), pero no sólo no los comparto, sino que los desprecio y desapruebo absolutamente. Mi amadísima hermanita Patri afirmó en una intervención que para los cesarianos Marco Antonio era algo mejor que los conjurados y, por una vez, no estoy de acuerdo con ella: los hijos del puñal eran seres viles y desagradecidos del primero al último, de los que nada bueno se podía esperar, pero el acto del Borracho es aún más vil, ruin, mezquino y rastrero, pues a mí me parece infinitamente peor la traición del que fue amigo que la del enemigo condonado.
30-10-03.De: Caesaris Puella. Cónsul junior del Foro de Debate. Parte III (La fiera hondera termina con su apedreamiento de entrenamiento de este joven y prometedor guerrero, al que piensa tomar bajo su manto, para lograr de él un combatiente inexpugnable). En definitiva mi valiente muchacho, acepta un consejo (sí, otro más) de esta Loba que, aunque no vieja (¡faltaría más, que aún no he llegado a los treinta!), sí tiene en su cuerpo cicatrices de muchas batallas: descarta las pretensiones de objetividad, porque desde el momento en que eres un hombre hecho y derecho, y sumamente inteligente, además, es del todo imposible que no te formes un juicio y valor sobre todas las cosas que te rodean: de lo contrario sólo te engañarías a ti mismo. Por lo demás estoy de acuerdo contigo en que mi Cayito fue un hombre muy superior y adelantado a su tiempo, y que la extraordinaria clemencia que mostró César con sus enemigos fue un error, tal vez el único que cometió. Pero, ¿sabes una cosa? Me alegro de que lo hiciera, pese a las fatales consecuencias que ello tuvo, y aunque me estremezca cuando pienso en su muerte, llegando a llorar cuando estuve en la Curia de Pompeyo, o ante el lugar que fue incinerado (por no hablar de la intensa y emotiva narración de la McCullough). Si Cayo Julio César no hubiera perdonado a sus enemigos, ya no sería César: el único, el divino César, y tal vez yo no me le veneraría como lo hago, ni me habría arriesgado a ser detenida por escándalo público cuando salté, pese a lucir un escueto pareo, la vallita que rodea el lugar donde subió directamente a los Elíseos (donde estoy convencida de que me está esperando), sólo para poder depositar un ramo de flores en su honor, y poder rozar con la punta de mis dedos la tierra que contuvo sus cenizas. Pero él se merece eso y mucho más. Y tú también te mereces mucho más, mi bravísimo joven: estoy orgullosa de ti, y estoy convencida de que llegarás muy, muy lejos. Ave atque vale!
30-10-03.De: Patricia A. L. Respuesta a Santiago Soulignac. Lacus en esta web señala claramente que el único error que Cayo Julio cometió en su vida fue confiar en el honor de la gentuza que le rodeaba. No depuró a sus enemigos apartándoles de los cargos de responsabilidad y no se rodeó de una escolta que le protegiera de estas hienas, cobardes y rastreras, que sólo cuando se juntaron veintitrés tuvieron el suficiente valor para atacarle a puñaladas. Alejandro y César pertenecen a líneas temporales distintas y no hay comparación posible, pero resulta evidente que mi amado macedonio tenía una manera de resolver sus asuntos particularmente eficaz. En Macedonia la traición estaba penada con la muerte y todo el que tratara de moverle el trono al joven dios, sabía a lo que se exponía, como de hecho sucedió. En el caso de César hubiera bastado, como dice Lacus con mandar a su casa a las hienas, o mejor aún, al exilio, para que la fetidez de su aliento no siguiera contaminando Roma. César pensó que podía establecer un orden basado en la concordia, y fue un ingenuo. A los canallas hay que darles palo o pilum, jamás debío consentir tener a gentuza como Bruto a su lado, ese castrado mental y físico que andaba llorando por la casa mientras César y su madre jugaban a personas mayores. Gentuza de esta calaña, asesinos, traidores y ladrones jamás debió permanecer en Roma. No puedo decir que Marco Antonio fuera uno de los conspiradores, aunque la brillante exposición de mi hermanita Caesaris me ha convencido, pero sí puedo decir que su comportamiento es cierto que resultó muy sospechoso y que, como Lacus me ha comentado varias ocasiones, se atrevió con el famoso discurso, si es que realmente llegó a pronunciarse, cuando vió que el pueblo exigía venganza. Más aún, su comportamiento presentándose en la Domus Pública exigiendo el testamento de Cayo Julio fue digno de un patán malvado, y debemos agradecer a los dioses que estuviera allí su suegro para impedir que asaltara los archivos para robarlo. Por lo tanto, como bien dice magister Caesaris, todo podía esperarse de un sujeto así. Saludos a todos.
09-11-03.De: Santiago Soulignac. Para empezar quiero decir una sola cosa que me toco muy profundo. Yo tengo una obsesion con los pueblos. Porque no de grande sere antropologo. Creo en general que los pueblos en la historia occidental en su mayor parte ha sido menospreciado y desvalorizado (siempre en general). Mas alla de lo que a uno le parezca esto quiero decir algo. Nunca, nunca, pero nunca jamas, he dicho que al pueblo romano le parezca igual la muerte o el asesinato personas. Dios mio no quiero que piensen asi de mi. Lo que yo he dicho es que para un tiempo como el de Cesar la muerte debe ser vista de otra manera. Pero ya no por el pueblo romano que no esta, sino por nosotros. Es decir nosotros podemos estar en desacuerdo con Antonio y mucho mas, pero yo creo que en un tiempo como el de Cesar y Antonio, mirar el asesinato de Cesar y mirarlo por nuestro tiempo, me parece que eso es lo que yo debo salir a decir. Yo lo que trataba de decir era esto y quiza me confundi, quiza si lo miraban es ese tiempo pero a mi modo de ver la manera sigue siendo demasiado dura. Yo ya he dicho que no sabia si habia, o no, pasado por mano de Antonio la cosa, y me sigo manifestando en esto porque la verdad que no se. En si el tiempo muestra la accion y hay que ver las cosas para aquel tiempo. Al pueblo romano seguro que le importo la muerte de Cesar ( y no solo al romano) le importo mucho porque era una persona que no querian perder. Siempre tengo en cuenta a los pueblos de la antiguedad dignos de nuestro estudio y nuestra memoria. Jamas voy a salir a decir que los pueblos antiguos no tenian moral y que todo les era indiferente, porque seria una gran mentira, no solo con griegos y romanos, sino tambien con la mayoria de los pueblos. Ahora bien tu consejo te lo agradezco sin duda, pero un momento he tenido de formarme un juicio sobre todas las cosas. Ese momento no esta mas conmigo y ademas no soy ningun juez porque solo hay uno con derecho a juzgar, para mi.
09-11-03.De: Santiago Soulignac. Ahora sin duda que me malinterpretaron y les destaco su error porque este para mi si que es un tema que me toca a fondo. Alejandro mato a Clitus y por otra razon. Estaba borracho y tambien Clitus. Lo mismo paso con Calistenes solo que ninguno estaba borracho. Calistenes le dijo a Alejandro la verdad y este lo mato como accion cercana a un tirano quiza. Pero lo que yo quiero decir es que menos mal que dije que era otra mirada y otra manera de hacer politica. Tambien era otra situacion totalmente diferente. No comparo las acciones, lo que yo digo es que Alejandro hizo (pongo otros ejemplos como Tiro a la que se dice que aniquilo y vendio a su poblacion como esclavos) cosas con tal de asegurarse fines. Y Antonio me parece que tambien lo hizo. Pero va de vuelta que Antonio hizo cosas buenas para Cesar. O sea, porque no tomamos tanto en cuenta las cosas crueles que haya podido haber hecho el Magno y porque si a Antonio? a mi modo de ver porque lo que hizo el Magno fue bastante mas impresionante y bastante significativo para muchas personas y sin duda se levanto de sus limites como Cesar. Pero vayan a Asia a ver como piensan los asiaticos hoy de Alejandro. Bueno pues escucharan de todo menos lindo. Y lo que pasa es que Alejandro no dejo muchas cosas para Asia, salvo muerte y destruccion, aunque a muchos no les guste decirlo. Si van a grandes caudillos pagina 8 veran porque pienso asi. Trato con honor a los persas y respeto su religion. Pero Alejandro no tuvo tiempo de mostrar y de hacer lo que queria hacer. En fin quedo nada mas que la conquista, lo que destruyo a su estado para ellos de la paz y la justicia, y no la fusion que permitiria el nacimiento de una nueva Persia. Ahora con Marco en primer lugar no se, ni se sabe con certeza, si mato a Cesar, mas si se sabe que hizo cosas buenas para Cesar y esto influyo directamente para Cesar, y si lo hizo para Cesar indirectamente para nosotros. Por esto yo digo lo de la dura postura por parte de Caesaris. Pero yo no domino mentes (por suerte) y el juicio de Caesaris es totalmente viable y comprendido ya que quiero que sepas que trato no de entender, mas si de comprender tal y como alguna vez lo dijo Weber. Esto tambien va para Patricia A. L. Y una nota yo cuando dije que a los romanos no les importaba matar me referia no a la civilizacion y al pueblo romano, sino a los poderosos de Roma y de la Historia. Saludos y respuestas por supuesto. NOTA: Una cosa que queria decir y que me olvide es que los macedonios impedian la esclavitud y no la practicaban desde ya. Esto puede ayudar para ver el asunto de Alejandro desde otra perspectiva. Ahora si va completo. Saludos.
09-11-03.De: Francisco José C.C. Respuesta a Caesaris Puella. Yo siempre me había imaginado la figura de Marco Antonio como la de una especie de D. Juan, vividor, mujeriego, ligón, vicioso y simpático. Creo que la imágen que Shakespeare nos aportó de él como un romántico capaz de ir a la guerra contra su propio país por amor a una mujer (¡ojo, no una mujer cualquiera!) me influyó mucho, como a todo el mundo, para crearme su estereotipo que se grabó a fuego en mi subsconciente. Pero desde que leí los mensajes de Caesaris ("Yo acuso"), confieso que me impactaron lo suficiente como para tambalear el concepto que de dicho personaje tenía. He seguido atentamente el debate a este respecto y he pasado a ser del mismo parecer que nuestra Cónsul. Ahora pienso, aunque no haya pruebas (como tantas veces se ha repetido ya), que Antonio fué uno de los conjurados en el magnicidio de Cayo Julio. Y lo pienso sin haber leído todavía el último libro de la serie de CMc, circustancia que espero remediar en breve. Y tal y como lo pienso, lo expreso. ¡Gracias, oh Cónsul, por haberme abierto los ojos en este particular!
09-11-03.De: Joaquín Acosta. Cónsul senior del Foro de Debate. Respuesta a la Hypatía Balear. Musa consular, y compatriota espiritual, maestra y amiga, recibo con mucha gratitud y alegría tus salvajes palabras de aliento que recibo en estas frías tierras del norte, tan lejanas de mi sufrido terruño tropical y bienamado. Digamos que ahora entiendo el sentimiento de los macedonios en la India, cuando en medio de desgarradores llantos le suplicaron al Magno por el regreso a Macedonia: uno es el concepto de hospitalidad ibero (tan parecido al macedonio) y otro muy, muy diferente, el de los hijos de la revolución... sólo me resta decirte que me adhiero a lo que dijiste en relación con los sistemas jurídicos macedonio y romano, razón por la cual debemos ser muy prudentes a la hora de establecer si Alejandro "eliminó", o bien "mató" y sobre todo si "asesinó" a sus rivales, entre otras razones, por la magistral exposición que Patricia A L efectuó en este mismo foro al respecto. Habría que ver si es adecuado concluir que César "eliminó y asesinó" a Vercingetórix, por ejemplo. No debemos ver la historia de Roma con ojos macedonios, ni a la inversa. Recibe un fuerte abrazo de un viejo camarada de tantas batallas, terror isleño, y por favor sigue deleitándonos con tus dotes diálecticas con las cuales obtienes el monopolio del raiting de éste y de todos los foros. Y si te hablas con el más malvado de todos los carpetanos que han existido en la historia, te ruego le digas que ya le cumplí la labor de inteligencia ordenada en estas tierras, y que la gran conclusión es que no vale la pena desplegar la campaña proyectada en ciertas librerías de Lutecia. (Estoy hasta la coronilla de enviarle mensajes privados al respecto) Y que consulte sus correos antes de eliminarlos. Lo mismo va para cierto ibero-macedonio comandante de la décima con ínfulas de romano, que ya se olvidó de sus paisanos asentados en tierras lejanas. Será para que no se le arruine la obtención de la ciudadanía romana...
09-11-03.De: Joaquín Acosta. Cónsul senior del Foro de Debate. Consulta a Santiago Soulignac En virtud de tu intervención en este mismo foro del 26-10-03, cuando afirmaste: "Su accion (De Antonio) puede ser comprendida en su tiempo. Si para el Cesar era un estorbo, lo eliminaba. Era algo muy comun en su epoca y se utilizaba por muchas personas con el fin de asegurarse la ventaja politica. Alejandro lo hizo. Mato y si bien no apruebo su accion era tambien su tiempo y era tambien otra mirada y otra manera de hacer politica.", te ruego me indiques si lo que quisiste decir fue que Alejandro "eliminó" de la misma manera que Antonio a sus rivales, y, lo más importante de todo, el porqué de tu respuesta. Por supuesto, te agradeceré que ésta sea enviada al debate respectivo (salvo mejor concepto del moderador, me refiero al de "Grandes Caudillos"). Gracias por anticipado.
09-11-03.De: Aeneas Magnus. Queridos Foristas dejenme ejercer mi lógica: Primero:Los Senadores no solían asistir armados a las sesiones del Senado.Si Antonio escucho el alboroto suscitado durante el asesinato de Cesar-recuerden que él no se aleja de Cesar, es alejado- yo no le reprocho el hecho de que no saltara a defender a su tío contra una banda de 12 personas armadas y presumiblemente el no; tenia que suicidarse para demostrar que no era de los conjurados?. Segundo: Antonio se encontraba solo y no era ducho en intrigas políticas, nunca lo fue pero tenia sus momentos de inspiración,era un matón y un sibarita, y tenia un poco de habilidad militar, pero el grupo frente a el, los homicidas de Cesar,eran un grupo de águilas politicas.Yo no le exijo tampoco a Antonio rapidez,no le creo culpable por planear sus movimientos con lentitud, y necesitaba tiempo y libertad de movimientos para enterarse de los alcances y de los comprometidos en la Conjura. Antonio no tenia las dotes políticas de Cesar ni su rapidez.Tercero:Cesar debía de conocer necesariamente las dotes políticas y las no dotes militares de su sobrino Octavio, por ello no creo que Cesar lo considerara su heredero, si es así Cesar desde ya pensaba en una monarquía hereditaria para Roma, y ello es una aberración. Es Antonio el que da a conocer el nombre de Octavio como sucesor de Cesar,con un testamento que aparece del aire. Hasta ese momento Octavio era Nadie para el pueblo de Roma, bien pudo Antonio aprovecharse del caso y auto-nombrarse como heredero, pero no lo hizo, por que ?. Acá el castillo de naipes de derrumba:e l Testamento de Cesar es de Cesar, o fue una invención de Antonio para ganar posiciones dentro del pueblo y del ejercito romano?. El único beneficiado del Testamento parece ser Octavio, entra a la vida política romana a lo grande por la puerta falsa, todos los demás eran alguien menos el, es su justificación historica. Pero así,a los ojos del pueblo romano y del ejercito, Antonio no actuaba llevado por intereses personales sino que actuaba defendiendo la voluntad de Cesar, a la vez, la invención le permite ejercer cierto control sobre Octavio, tenerlo agradecido a su lado.Yo pienso en el Testamento como una jugada genial de Antonio para desbalancear a los Conjurados y vaya si tuvo exito. Ave.
11-11-03.De: Caesaris Puella. Cónsul junior del Foro de Debate. Respuesta a Aeneas Magnus. Parte I. (La valiente hondera, ciertamente encantada, se dispone a enfrentarse pugio en mano a tan digno y elocuente rival, cuyo aspecto espera sea tan exquisito como su dialéctica, y como el físico del bello héroe troyano del que ha tomado parte del nombre ¿también tú, Gran Eneas, procedes de Ilión y desciendes de Afrodita?). Ave, quirite! Me encanta que hayas ejercitado tu lógica, pues esta, y no otra, es la vocación de este foro virtual que, al igual que el que en su día fue físico, brilla por la afluencia de personas dispares y provenientes de los más recónditos lugares del Mundo Conocido el cual, dicho sea de paso, es bastante más extenso que en la Edad Antigua-, en un bullir de voces, gentes y opiniones, que hacen las delicias de todos los que en él vivimos. Ahora bien, permíteme que rebata tus bien hilvanados argumentos, pues no estoy de acuerdo con ellos, de ahí que esté nuevamente en la rostra para defender a muerte mi teoría, como prometí que haría. Así, te diré que si bien es cierto que al menos en el plano teórico los padres conscriptos no acudían armados a las sesiones del Senado, parece ser que en la práctica dicho uso no debía ser respetado, pues en diferentes ocasiones recogidas por la fuentes antiguas podemos ver cómo, en una sesión más bien caldeada de tan Ilustre Cuerpo, han aparecido armas que, como mi pugio muslero, no pueden divisarse a simple vista (ahora mismo, por ejemplo, me viene a la cabeza el episodio de la Conjuración de Catilina, en el que César debió abandonar el locus senatori a toda prisa, ante la seria amenaza que suponían ciertos esbirros ciceronianos). De todas formas, y por lo que a la actitud del Borracho en el momento del magnicidio se refiere, debo decirte que es cierto que lo retuvieron fuera de la Curia de Pompeyo, si bien quien lo hizo fue, ni más ni menos, Cayo Trebonio, quien, curiosamente (¡oh, casualidad de las casualidades!) le había propuesto ser parte integrante de una conjuración para acabar con la vida del Más Grande de los Hombres (también conocido como mi Cayito), escasamente un año antes. Por otro lado, esa era una situación ciertamente irregular, pues con ello Antonio (como veréis, no siempre le llamo de forma peyorativa, al Toni ese) incumplía un deber de protocolo trascendental, toda vez que al ser cónsul junto con César, debía presidir las sesiones del Senado conjuntamente con el divino Julio, y éstas no podían empezar sin él. Bonito momento para decidir enredarse fuera, ¿verdad?. Por otro lado, te recuerdo que hasta Plutarco (Vida de César) habla de la extraordinaria fuerza física de Antonio, la cual, junto con el hecho de que, además, iba acompañado por sus lictores (los cuales, junto con los de Lépido, -quien también estaba fuera, enredado por el Borracho y Trebonio-, formaban ya un bonito grupo), nos hace pensar que la intervención en auxilio de César no hubiera constitutido un suicidio.
11-11-03.De: Caesaris Puella. Cónsul junior del Foro de Debate. Respuesta a Aeneas Magnus. Parte II. Por otro lado, no estoy de acuerdo contigo en tu calificación del Borracho como un lerdo político: que durante su vida coincidiera con mentes tan brillantes, e incuestionablemente superiores, como las de Cayo Julio César y salvando las distancias de años luz- Octaviano, no significa que no fuera un hábil político; desde el momento en que era desmesuradamente ambicioso, y que sabía que su sed de lo material tan sólo podía saciarse ostentando el poder, el Borracho jugó sus cartas y, si no llega a ser por el jovenzuelo imberbe y por la alargada sombra de mi Cayito (tan alargada que ha llegado hasta nuestros días), la partida política le habría salido redonda. En cuanto a que, dada su lentitud, necesitaba tomar su tiempo para conocer el alcance y los componentes de la Conjura ¿para qué, cuando ello era algo de sobras conocido por todo el pueblo? ¡Si fueron los propios Conjurados quienes, tras su primera reacción de salir corriendo (nueva prueba de lo valientes que eran, no les bastó tener que aliarse en grupito para atreverse a enfrentarse a César, sino que, después, les entró el tembleque y se fueron por piernas), se dirigieron a los quirites, intentando justificar su vil acción, y presentándose como salvadores de la República (jua, jua, jua)!. Cicerón habló en su favor, en el Senado se discutió qué hacer con ellos nadie se ocultó ni negó su implicación en los hechos, ¿por qué? PORQUE ERA PÚBLICO Y NOTORIO (no son gritos, es énfasis guerrero). Recuerda el momento en que, tras haber quemado el bello cadáver de mi Cayito, el pueblo, enfurecido, se dirigió a las casas de los Conjurados y las quemó, matando por el camino a un inocente, sólo porque su nomen coincidía fatalmente con uno de los asesinos de la banda del pugio. Ello sólo sería posible si los directamente implicados en los hechos eran sobradamente conocidos por todos. Además, una cosa sería tomarse un tiempo para reflexionar y otra muy diferente permitir a los traidores ocupar tranquilamente sus cargos e, incluso, abandonar la Urbs para desempeñar puestos de propretores, hecho, este último que arroja una clara luz a cuáles eran las intenciones iniciales de Antonio: cumplir su pacto con los conjurados, y que cada uno fuera a su aire. El resentimiento del pueblo y las legiones, y la entrada de Octavio en escena, le hicieron cambiar de postura (total, puestos a traicionar, ¿qué más da a uno que a veintitrés?), revelándose magistral y maestra su jugada, consistente en dejar siempre abierta una vía de escape, no llegando a comprometerse del todo.
11-11-03.De: Caesaris Puella. Cónsul junior del Foro de Debate. Respuesta a Aeneas Magnus. Parte III. Y de ahí, pasemos a la parte de tu brillante mensaje que me parece más jugosa: EL TESTAMENTO (léanse estas dos últimas palabras con voz de misterio, acompañado con una musiquita de intriga). Estoy plenamente de acuerdo contigo en que César no buscó en Octaviano un sucesor político, simple y llanamente porque él jamás deseó un sistema monárquico para Roma. Lo que César buscó en el Herederito (¡hola Sr. Lago!) fue, sencillamente un heres sui, pues, como buen pater familias romano, tenía la obligación de hacer testamento, y de designar heredero, y esa era una obligación que cumplían todos los cives a rajatabla, del primero al último, desde las más altas capas, hasta las más humildes. Y creo que esa es la explicación de una designación, a primera vista, tan sorprendente, pues, teóricamente, un joven muchacho que todavía no había entrado a formar parte de la vida política, difícilmente podría pretender suceder a su antecesor en un plano distinto al meramente patrimonial (realmente Octaviano se quedó con todo el mundo, pues insisto en que el trato con César no fue tan intenso ni frecuente como para que éste lo conociera bien, pese a lo que las fuentes posteriores nos hayan querido hacer creer). Esta impresión mía se ve reforzada por el hecho de que, además de designarlo como heredero, el bello Julio lo adoptara póstumamente, lo cual revela a las claras que no tenía intención de morirse pero que, ante la inminencia de una larga campaña militar, debía dejar un descendiente varón que continuara con el nomen familiar, hasta que tuviera hijos propios. Y también por ello había decidido llevarse a su sobrino nieto consigo, pues el trato cercano en un campamento militar era la ocasión más propicia para conocerle a fondo y concluir si, en el caso de que los descendientes naturales no llegaran a venir, Cayo Octaviano cumplía con las expectativas para ser un buen hijo. Veintitrés puñalas asesinas y traidoras precipitaron los acontecimientos. Pero a partir de ahí, tu razonamiento me despista: ¿pretendes afirmar que Marco Antonio falsificó el testamento de César? ¿Que fue el Borracho quien instituyó a Octavito como heredero e hijo adoptivo, contraviniendo la extendida y generalizada creencia que todos incluido él mismo- tenían de que sería el propio Borracho quien se haría con la nada desdeñable fortuna del divino Julio?
11-11-03.De: Caesaris Puella. Cónsul junior del Foro de Debate. Respuesta a Aeneas Magnus. Parte IV. Y continúo con mis interrogantes, pues ¿qué pasaba con Lucio Calpurnio Piso, el suegro de César, y quien sólo le entregó el testamento una vez abierto ante testigos, si bien no pudo evitar, pese a que lo intentó, que se apoderase con el numerario que había en la Domus Publica? ¿Acaso éste entró en connivencia con el Borracho, perjudicando con ello los intereses de su propia hija? ¿Y las vestales, las cuales custodiaban las últimas voluntades de los quirites y que, además, tenían una copia de todos y cada uno de los testamentos? ¿También ellas contravinieron su sagrado deber de custodia, y la verdadera voluntad de un hombre al que conocían perfectamente y sin duda estimaban profundamente, por haber convivido con él recordemos que al ostentar el cargo de Sumo Pontífice, César se desplazó a vivir a la Domus Publica y era el pater familias de las vestales- arriesgándose a traer sobre sí y sobre toda Roma la desgracia, únicamente para favorecer los intereses de Antonio? ¿Qué ganaban unas sacerdotisas, sin ningún tipo de ambición política, y cuya vida se reducía a permanecer vírgenes y cumplir con sus deberes sagrados por y para el bien de Roma? Por otro lado, no entiendo muy bien cuáles eran los beneficios que a Marco Antonio podía reportarle la institución de Octavito como heredero, ya que con ello no sólo se veía privado de un dinero del que tenía acuciante necesidad (compruébense, si no, sus posteriores labores de saqueo inminentes a la muerte de César), y veía más discutida su posición como sucesor político de Cayo Julio. Francamente, me parece que son mucho mayores los inconvenientes que las ventajas (de hecho, eso era precisamente lo que César pretendía, como viene demostrando el freno constante que, en sus últimos años, había venido poniendo a ese Sátiro que una vez fue su amigo). El Borracho siempre justificó sus intereses notoriamente personales con el pretexto de la venganza de la memoria de César, y para ello no necesitaba a ningún testaferro o persona interpuesta que le sirviera de pantalla tras la que ocultarse Como verás, son muchos los interrogantes que tu última disquisición me plantea, y me encantaría que me los solventases, mi osado quirite, dándote las gracias de antemano por brindarme el placer de poder abandonarme a la dialéctica, uno de mis pasatiempos preferidos. Ave atque vale!
11-11-03.De: Caesaris Puella. Cónsul junior del Foro de Debate. Respuesta al Espectacular Macedonio. (La salvaje hondera, rememorando su infancia, pega brinquitos de alegría y emoción al conocer el estado de su queridísimo colega de consulado, cuya majestuosa presencia por las calles trepidantes del foro tanto echa de menos, dándole un intenso abrazo y, -con el permiso de su Barsine y cónsul senior consorte- un cariñosísimo beso, necesario tras tanto tiempo sin saber de él). Ave, mi querido amigo, maestro y compañero! Me alegro de saber que sobrevives a tu dura campaña en las Galias, como en su día hizo mi adorado Cayito. ¡Valor, fratre, demuéstrales lo que vale un miembro de las tropas auxiliares, sucesor directo del Gran Alejandro!. Aunque no me negarás que, con tan brillante acompañante, más valiosa que cien tropas auxiliares, tu posición en las agrestes tierras allende los Alpes es ciertamente mucho más cómoda y gratificante que la que tuvo que padecer el bueno de César. Así que seguid deslumbrando, hombro contra hombro, a los fríos galos con vuestras artes jurídicas y vuestro calor tropical, y vuelve pronto, compañero mío, que se te echa muchísimo de menos. Es imposible llenar el hueco de tan notable ausencia, tanto en el foro, como en nuestros corazones. Ave atque vale!
11-11-03.De: Caesaris Puella. Cónsul junior del Foro de Debate. Respuesta a Francisco José C.C. (La salvaje hondera cesa toda hostilidad, guarda el pugio y se anuda la honda, para agradecer efusivamente a dicho cives, con la más brillante de sus sonrisas, sus cálidas palabras de ánimo y apoyo). Ave, quirite! Ciertamente me ha emocionado tu respuesta (de verdad que últimamente estoy de lo más sentimental ¿será que, con la edad, he descubierto mi corazoncito?), y no puedo sino agradecer tus amables palabras, manifestándote lo mucho que me alegra que compartas mi parecer. Si te he de ser sincera, más que el hecho de haberte convencido, lo que me resulta realmente gratificante es haber logrado que reflexionaras sobre el tema y te replantearas las versiones oficiales, machacadas hasta la saciedad y sacralizadas hasta extremos escandalosos. Respeto al máximo la libertad intelectual de todos y cada uno de los componentes de este mundo virtual, lectores y foristas, y si puedo aportar mi granito de arena para que todos nosotros abramos nuestras mentes, llegando a las conclusiones a las que libremente nos conduzca nuestro propio discurrir, y no el de un tercero que nos venda la moto, me siento plenamente recompensada. Tampoco te negaré que a nadie le amarga un dulce (a mí menos que a nadie, pues soy muy golosa), y si, una vez logrado este objetivo, los quirites de esta web concordáis con mis posturas (intelectuales, recalco), pues mejor que mejor. Dicho esto, te confesaré que yo también siento debilidad por ese Antonio de Shakespeare, ese personaje romántico y apuesto que el genial poeta nos muestra, como sólo su pluma sabe hacer; predilección que se ve aumentada desde que en mi adolescencia no tan lejana vi el Julio César de Joseph L. Mankiewicz, y es que Marlon Brando es mucho Sr. Brando, y desde entonces no puedo evitar asociar dicho personaje teatral con esa estampa espléndida, varonil, sexy y me refreno. Pero una cosa es eso, el fascinante personaje teatral, y otra, muy distinta, la persona histórica, que dista mucho, mucho, mucho de ser bonita y que, a mi parecer, la Historia ha tratado injustamente, pecando de clemencia excesiva. Si logro poner al verdadero ser humano en su sitio, vengando la memoria del divino Julio, me daré por satisfecha, y ello sólo puedo lograrlo cuando personas como tú, quirite, me brindan el placer de atender a mis disquisiciones, así que quien debe estarte agradecida soy yo, Francisco José. ¡¡¡Muchas gracias, fratre!!!. Ave atque vale!
11-11-03.De: Pantócrator. Respuesta al ciclón balear. Mi querida Caesaris Puella, después de leer detenidamente tus intervenciones no puedo por menos que admitir que has sembrado la duda en mi mente sobre la participación de Antonio en el magnicidio. Cierto es que los historiadores no podemos, o al menos no debemos elevar a categoría científica hechos no probados, y que en nuestra ciencia no existe la presunción de culpabilidad. Soy consciente de que nuestro amigo Lacus se está mordiendo los puños para no intervenir en este jugosísimo debate, celoso de su papel, en defensa de los argumentos de su particular heroína balear, aunque debo reconocer que te has hecho con el bastón de mando de este debate, al igual que te hiciste con el de la conjuración de Catilina. Es sorprendente el nivel que ha alcanzado el debate, uno de tantos méritos de un consulado que no ha hecho más que llenarnos de orgullo a todos los que amamos la historia, en verdad muy difícil lo van a tener los próximos cónsules de este maravilloso foro para acercarse a la estela que tanto Joaquín como tú habéis dejado. Y puestos a añadir leña al fuego, quisiera reflexionar sobre el asunto del testamento que estamos debatiendo. Creo que Antonio se presentó en la domus publica exigiendo el testamento con un único fin: manipularlo, y ahí sí que anduvo fino el suegro de César al negarse a entregarlo. Lacus me ha comentado que cree firmemente que la última modificación de dicho testamento hecha por César incluyó a Octavio como heredero tras producirse la muerte de su primo. McCullough no lo menciona, pero creo que es la tesis de Luciano Canfora, algo que añadiría un nuevo dato de interés: que César se quedó sin herederos y tuvo que escoger a Octavio como penúltima opción. Si fuera así deberíamos pensar en que la herencia, tal y como defiende Lacus con igual vehemencia como brillantez, fue exclusivamente material (bienes) y honorífica (adopción), pero no política. Es decir, que siguiendo esta tesis, que me parece extraordinaria, Octavio continuó la obra de César como medio de conseguir el poder absoluto, pero no porque el testamento le legitimara a ello, cosa que es cierta, ya que el testamento de César no fue un testamento político, o al menos no incluyó cláusula alguna en tal sentido. Un abrazo a todos.
14-11-03.De: Caesaris Puella. Cónsul junior del Foro de Debate. Respuesta a Pantocrator. Parte I. (La salvaje hondera, encantada con el nuevo apodo de ciclón, se dispone a contestar a su queridísimo fratre, y Sumo Guardián de la Ortodoxia Historiográfica, quien también es el muso inspirador de muchos debates, entre ellos el que nos ocupa). Ave, quirite! No te puedes hacer una idea de la honda emoción que me ha embargado cuando me has dicho que he logrado que se tambalearan algo los firmes cimientos de las convicciones pantocratorianas; es verdad que la presunción de culpabilidad no existe, afortunadamente, en ninguna de las ciencias humanistas a las que ambos nos dedicamos (Historia y Derecho), eso está claro, pues lo que aquí se ha hecho no ha sido partir de una premisa de culpa para, de ahí, esperar que se hallen pruebas que rebatan esa imputación (lo cual sería el principio de culpabilidad del que estamos hablando), sino que, partiendo del supuesto base de que el Borracho no había participado en la vil Conjura, puesto que las fuentes no lo implican, se han replanteado ciertas premisas, a partir de indicios, sospechas y comportamientos de difícil explicación, recogidos en esas mismas fuentes. Nuevamente insisto en que ello no es más que una teoría, pero también creo que no por el hecho de ser recogidas por escrito, el contenido de las palabras tenga que ser veraz (tal vez será la deformación profesional, que me ha hecho verlas como una mera herramienta de trabajo, que puede ser usada a voluntad): a mí me parecen mucho más reveladoras ciertas omisiones, ciertos descuidos o lapsus en las palabras; ahí es donde yo me aferro siempre, y de esa enorme madeja empiezo a tirar del pequeño hilito suelto que supone una palabra inconveniente, esperando que sea como el hilo de Ariadna y me permita desentrañar el embrollo. Y una vez sentada la base de que jamás pretendería que traicionaras las maximas de tu profesión (¡los dioses me libren de ello!), debo reconocerte que estoy encantada de que ¡por fin! estemos de acuerdo en algo, a saber, EL TESTAMENTO (nuevamente léase con aires de misterio). Concuerdo contigo en que si Marco Antonio, estando caliente aún el cuerpo sin vida de mi Cayito, corrió precipitadamente a hacerse con el testamento fue porque no tenía nada claro que César lo hubiera instituido heredero suyo, y por ello actuó raudo y veloz a apoderarse de él para, en el caso de ver confirmadas sus sospechas, y aprovechando el caos y confusión reinantes, manipularlo a placer o, de ser necesario, hacerlo desaparecer.
14-11-03.De: Caesaris Puella. Cónsul junior del Foro de Debate. Respuesta a Pantocrator. Parte II. En este caso, puede verse cómo actuó raudo y veloz, cual ave rapaz (buitre, para ser más exactos), lo cual demuestra, no sólo las cotas a las que podía llegar su inteligencia y falta de escrúpulos, sino que ya sabía que el asesinato se iba a producir, que estaba conforme con ello, y el nulo impacto emocional que la muerte de cayo Julio le produjo; desgraciadamente sé por experiencia que la súbita muerte de un ser muy querido te atraviesa en dos como una espada de hielo, y te anula por completo, convirtiéndote en un ser sin inanimado que sigue existiendo por puro instinto. Desde luego, si el vil asesinato de César le hubiera pillado por sorpresa, y si presuntamente Cayo Julio seguía siendo su amigo bienamado, en lo último que hubiera pensado el Sátiro era en si el testamento le era favorable o no, ¡y ello el mismo día de la muerte del divino! En la última novela de la diosa McCullough, ésta desarrolla la teoría de que Antonio creía firmemente que era el heredero de César, y que por eso acudió precipitadamente a hacerse con testamento y herencia esa misma noche. Aunque a mí me parece una lectura válida (y magistral) de esa brillante dama, me inclino más en pensar que el Borracho era plenamente consciente o, cuando menos, tenía firmes sospechas, de que César no le había legado ni un mísero sestercio, y por ello reaccionó tan raudamente para hacerse con esa losa escrita que era el único obstáculo a salvar para satisfacer sus planes. Y pienso de tal modo porque, si Marco Antonio estaba tan convencido de su posición hereditaria, ¿a santo de qué tanta precipitación? Perfectamente podía esperar unos días a la lectura del testamento, y cubrir las apariencia frente a los demás. Además, aunque realmente las deudas lo acuciaran, no debemos olvidar que su esposa Fulvia era inmensamente rica, por lo que perfectamente podía recurrir a ella, si creía que poco después podría reintegrarle el monto prestado; por tanto, es evidente que no tenía tan acuciante necesidad de hacerse con la fortuna ipso facto, si realmente pensaba que esta ya era suya. No, yo creo que el Borracho sabía perfectamente cuál era su papel en el testamento: ninguno; con lo que no contaba era con el muro inquebrantable que resultó ser el bueno de Lucio Calpurnio Piso, contra el que se estrelló, de ahí la reacción de hacerse con todo el dinero que había en la Domus Publica, evidente rabieta propia de un hombre como él, que podía pasar de la suma perspicacia a las reacciones de un chiquillo en una fracción de segundo.
14-11-03.De: Caesaris Puella. Cónsul junior del Foro de Debate. Respuesta a Pantocrator. Parte III. Respecto al verdadero papel de Octavio en el testamento, concuerdo al 100% contigo, mi bravo cives: César no pretendía tener un sucesor político, y buena prueba de ello no sólo está en que en el testamento nada dice al respecto, sino en que en sus testamentos anteriores, ¿quién era su heredero? Pues Pompeyo, ¿y por qué? Porque era el esposo de su amada y única hija, y según la ley romana las mujeres no podían recibir la herencia al completo, tan sólo legados, que tenían unos límites. El término heredero político fue una invención de Antonio para sortear el bache que para él había supuesto la imposibilidad de manipular el testamento, de modo que, al no poder acceder a la fortuna que tanto deseaba, se buscó la manera de poder obtener dinero fácil: accediendo al máximo poder político para poderse hacer con el económico, aunque ello supusiera traicionar (sí, una vez más la traición aparece en la vida del Borracho) la memoria y la verdadera voluntad de César. Lo que no esperaba de ningún modo es que el sagaz Octaviano cogiera al vuelo dicha palabra de reciente acuñación, para alcanzar sus propios intereses, que iban mucho más allá de lo que pretendía Cayo Julio César cuando lo instituyó en heredero y lo adoptó póstumamente no pretendía sino tener un legítimo heredero que continuara la línea sucesoria, y tener a alguien a quien legar su peculio. Pero buena prueba de que dicha adopción no era sino un comodín de reserva la tenemos en que la misma era póstuma, algo inaudito e inexistente en la Roma de aquel preciso momento (para más información, véase mi artículo sobre César y las mujeres), y que no hace sino confirmar lo evidente: que el divino Julio tenía todavía muchos planes en mente, muchas cosas que reformar en el podrido árbol político romano, y que entre esos planes no estaba el de morir tan pronto ni, tampoco, hacerlo sin descendencia: todavía tenía tiempo, todavía estaba fuerte y sano, todavía podía tener un hijo, todavía podía cumplir su sueño de ver una Roma depurada desde las raíces; todavía tenía tiempo pero unos cobardes se lo robaron. Ave atque vale!
20-11-03.De: Francisco José C.C. Respuesta a la Cónsul Junior: Cuando hace aproximadamente un año yo empezaba a pasearme por el Foro como asistente a los debates pero sin atreverme nada más que a mirar y callar, súbitamente recibí en pleno plexo solar el impacto de un proyectil de honda rebotado que me dejó sin aliento.Las marcas del mismo se grabaron en mi piel. Procedían de cierta hondonera balear. Acusaba de ser cómplice en mayor o menor medida en el asesinato de Cayo Julio César nada más y nada menos que a Marco Antonio. Pero ... ¡¿ Cómo se atrevía?!... ¡Que osadía!... Marco Antonio, que fué uno de sus más fieles oficiales, tildado por la Historia como uno de sus vengadores ... ¡no podía ser! ... Durante varios días no me atreví a conectarme, pero al mismo tiempo no paraba de darle vueltas al asunto. Luego, con más calma volví a leer los mensajes acusadores y poco a poco fui analizando dicho punto de vista. A fuerza de intentar contrarrestar la acusación, me fuí dando cuenta que ésta tenía cada vez más base y los hechos encajaban mejor que en la versión oficial. Entonces me percaté que todo lo que viene en los libros de historia basado en las fuentes clásicas podía no ser más que éso: Una versión oficial que muy bien podía no tener nada que ver con la auténtica realidad. Me costó hacerme a la idea porque yo tambén vi la película de Richard Burton y cuesta bastante borrar los estereotipos. También me marcó otra superproducción cinematográfica que vi hace muchos años basada en la obra de Shakespeare en la que el papel de Antonio era interpretado por Ch. Heston que aprovechó la ocasión para lucir desnudo integral masculino, eso sí, de espaldas. (No pretendo comparar las dotes interpretativas de uno y otro, pero esta escena te habría llamado la atención). Por lo que recuerdo estaba aceptablemente logrado el vestuario y como anécdota, salía en el papel de Octavia nuestra ovejita española, Carmen Sevilla, con muchos años menos de los que tiene ahora, ¡bellísima!. En fín, cónsul, que si es verdad lo que sospecho gracias a tus indicaciones, resulta que Antonio nos engañó a todos, el muy ladino. Lo cual no sería de extrañar pues también nos engañó Rock Hudson a todos y a todas.
23-11-03.De:
Aeneas Magnus. Salve. Caesaris Puella avanza como un Hoplita en su Falange
Macedonica arrasando todo a su paso, pero aun sigo pensando que Antonio no era
miembro de la Conjura, permitaseme desarrollar un poco mas mis ideas. Parte I. Algo debe de haber pasado durante el magnicidio
de Cesar que no ha llegado a nuestros días. Antonio no intervino, su justificación
histórica es que fue vilmente apartado. Los Lictores a los que tenia derecho Antonio como
co-Consul lo deben haber seguido, asi que no es raro que no intervinieran. No se si como
Magister Equitum tenia derecho a mas Lictores de los que un Consul tenia, en todo caso,
los 24 Lictores a los que Cesar tenia derecho como Dictador aparentemente no
intervinieron. A saber, los Lictores tenían acceso al local en el que el Senado
sesionaba, así que estos deben de haber estado en las proximidades de su Domine. Solo se
me ocurre una explicación: la historia recoge el nombre de los Conjurados que atacaron a
Cesar, pero no el de todos los participantes en el evento. Suetonio escribe que eran mas
de 60; estoy convencido que para contrarrestar la posible intervención de los Lictores,
los Conjurados Principales debieron de haber llevado un grupo de esbirros para
detenerlos. Otra cosa: El portar armas dentro de Roma estaba mal visto, cuando Octavio
instituyo la Cohors Praetoria, su Cuerpo Armado de Guarda-Espaldas Particular, fue una
innovación, y no bien vista. Los lictores solo portaban Fasces y estos eran un grupo de
varas de madera y además llevaban toga. Suetonio escribe que Cesar fue atacado con
puñales y el pugio era un puñal de 38 cm. de longitud de la hoja. Si los
Lictores de Cesar intervinieron -y debieron de haber intervenido- la carnicería debe de
haber sido mas grande de lo que ha llegado a nuestros oídos. Antonio era el co-Consul de
Cesar y por ende un candidato a victima de los Conjurados, que se escondiera durante los
primeros momentos no es de extrañar, con lo que quedaba de los Optimates por un lado, y
sus amigos mas cercanos asesinando vilmente a su tio, co-consul, mentor, y jefe militar, Antonio debio de sentirse mas solo
que Adan en el Paraiso.
23-11-03.De: Aeneas Magnus. Parte II. El Testamento de Cesar fue utilizado como arma contra los Conjurados. Antonio lo leyó como mejor le convino. Por las venas de Antonio corría mas porcentaje de sangre Juliana que por las de Octavio, y es algo que fácilmente se olvida. Antonio, solo frente a los conjurados debe de haberse visto en la necesidad de igualar fuerzas; A quien recurrir?; Quienes eran de confianza para vengar la muerte de Cesar?. Antonio debió de haber tenido uno de sus proverbiales momentos de inspiración: Que mejor que otro casi-Julio igual que el, Que mejor que uno que había demostrado su falta de dotes militares en la campaña de España, Quien mejor que Octavio, que ni siquiera había empezado el Cursus Honorum?, Un Octavio que aun no había sido Senador, ni Tribuno, es decir nada de competencia esperable. Cesar era uno de los mejores juristas de Roma y debía de saber que la Adopción Post-Morten no existía en el ordenamiento legal romano. Antonio es otra cosa. Si Cesar se caracteriza por maniobras políticas sutiles, el denominador de Antonio es la tosquedad. La adopción de Octavio debió de ser el precio que Antonio pago por el Testamento. Todos los conjurados hirieron a Cesar, de haber sido Antonio uno de los Conspiradores, debieron de haber exigido que también hiriera a Cesar, pero no fue así, ese compartir la culpa o la gloria es la esencia de una Conjura, es una colectividad. Marco Junio Bruto Caepio se opuso a los Conjurados que también querían la muerte de Antonio por considerarla innecesaria. Octavio reviso la historia de Roma, pero aun así ciertas cosas no gratas al oficialismo nos han llegado con el débil eco de los siglos. Por ello he de hacer hincapié en un detalle: Ninguno de los conspiradores acuso jamas a Antonio de ser uno de ellos. Tiempo y ocasión tuvieron sobrado de hacerlo, y ni toda la revisión de la historia de Octavio hubiera podido impedir que el comentario llegara hasta nuestros dias. Ave.
07-12-03.De:
Javier Fuldain. Hola a todos, he leido los últimos mensajes relacionados con la
posible implicación de Antonio en la conjura. Antes de seguir quisiera señalar que
mi opinión sobre Antonio no es muy positiva, pero debo reconocer que quizá pueda
deberse a haber bebido de fuentes radicalmente anti-antonianas. Anti-antoniano es, sin
ninguna duda, Cicerón, y
anti-antoniana debió ser la historiografia augustea. Se ha comentado en
el foro la posibilidad de que las fuentes ocultaran la participación de Antonio,
sin embargo parece mas probable que las fuentes supervivientes -augusteas- lo que hicieran
fuera verter sombras de duda sobre Antonio. En cualquier caso, y volviendo a los hechos
tal y como los conocemos, hay dos que encuentro bastante significativos -y exculpatorios-.
Por una parte, ninguno de los conjurados implicó a Antonio en el magnicidio. Es bien
conocido el dicho de "Tres pueden guardar un secreto solo si dos están
muertos"... ¿Cómo y por qué iba a
permanecer la implicación de Antonio en "secreto" con tantos conjurados?. Sobre
todo ¿Por qué?. Ya sé que se pueden exponer distintas respuestas, pero creo que ninguna
resulta satisfactoria -a no ser que ya tengamos nuestra conclusión-. Por otra parte,
sabemos -y esto no parece discutido- que Trebonio retuvo a Antonio fuera de la Curia. Este
hecho puede interpretarse de distintas formas pero... ¿Por qué iban a permitir los
conjurados que dos de sus miembros "nadaran y guardsen la ropa"?. Los conjurados
asestarón cada uno una puñalada, cabe suponer que como forma de comprometerse
ineludiblemente con el acto; cabría entender que permitiesen que Trebonio no participase
en la acción, solo si debía realizar alguna otra labor que consideraban imprescindible.
La "otra labor imprescindible" fue alejar a Antonio, y si era necesario
alejarle, es que no formaba parte de los conjurados. No tiene lógica, tal y como se
desarrollo la conjura, que los conjurados permitieran a dos de ellos -Trebonio y
Antonio- quedar al margen sin comprometerse públicamente.
07-12-03.De: Von Peterssen. Salve a todos los foristas, envío este mensaje en agradecimiento a todos vosotros, en especial a nuestra magnífica Cónsul Junior, porque, como Francisco José, me habéis abierto los ojos. Todo el debate sobre Marco Antonio, me ha parecido de un valor incalculable para mi saber, a mí que adoro la Historia,(algo no muy común entre los que comparten mi edad por cierto), aunque creo que a mis quince años no esté lo suficientemente preparado como para presentar batalla a tan grandes participantes, más lo intentaré, ésto es para mí una inagotable fuente de saber, digna de los dioses, de la que estoy sediento. Espero no haber causado muchas molestias. Agradecimientos de nuevo a todos y hasta mi próxima intervención.
09-12-03.De: Lucio Gemino. Ahhhhhhhhh¡, como de costumbre en este foro las conversaciones se vuelven del máximo nivel conforme pasa el tiempo y se suscita una propuesta. Si, numerosa gente está de acuerdo con la teoría propuesta por la maestra McCullough de que Antonio participó en la conjura que llevó a la muerte de Cesar (entre ellos nuestra querida consul junior). Anteriormente yo ya había dejado clara mi postura: que Marco Antonio no participó en dicha conjura (no es que Antonio sea mi favorito, pero hay razones para creer que él no lo hizo). Para mi hubiera sido mucho más facil, si Antonio hubiera querido deshacerse de Cesar, esperar. En unos meses, Julio Cesar hubiese estado guerreando con los partos y en una guerra, como es bien sabido, suceden "accidentes". Además, a pesar de no haber estado junto a Cesar en esa campaña, Antonio era un militar de primer orden y aunque hubiese sido destinado a mantener el orden en Italia o en alguna otra frontera, Cesar hubiera vuelto a recobrar parte del aprecio que Marco Antonio había ido perdiendo por su vida disoluta en Roma tras la Guerra Civil. Hay que tener en cuenta que, pese a las deficiencias de Antonio, Cesar no hubiera encontrado muchos militares de su fuste para la campaña vengadora de Craso tras las luchas de años anteriores y dado que Cesar era sumamente inteligente, no lo hubiera dejado en casa pudiendo aprovecharlo en el campo de batalla. Incluso suponiendo que Octavio se hubiera ganado el respeto de Cesar, Antonio todavía se creía el elegido de Cesar para sucederle. Entonces, ¿porque participar en su muerte?. Si se descubría su participación hubiera sido aclamado como los demás (en caso de que el pueblo diera la razón a los conspiradores en la vieja tradición de que quien quisiera ser rey de Roma sería un traidor) o acusado como los demás (en caso de que el pueblo no les perdonase la muerte de Cesar). No sería logico matar al hombre al que tendrías que suceder, salvo si tu mismo fueras el desencadenante y en este caso Antonio no lo fue. Espero volver pronto para intervenir, pero de momento me gustaría lanzar una pregunta que planea desde hace días por el foro: ¿Era auténticamente consciente Antonio de que Cesar había cambiado su testamento? Un saludo.
09-12-03.De:
Guillermo F. Gruschka
09-12-03.De: Santiago Soulignac. a Von Peterssen: Bueno pues es verdad que en los de nuestra edad es poco comun el gusto, ya no solo de la historia, sino de alguna ciencia. Quiero que sepas que me siento aliviado de ver que no soy el unico al que le gusta la historia y que ademas hay alguien con la misma pasion que yo. Si no quieres entrar a participar en los debates, respeto tu opinion y quiero que sepas que cuando lo hagas voy a ver el mensaje, no para juzgarlo, sino para debatir contigo. Gracias por presentarte y hasta tu proxima intervencion...
10-12-03.De: Manuel Viguera. Creo que me expondré a alguna que otra pedrada si a cambio la insigne cónsul me contesta a algún interrogante que ha dejado suelto: ¿Qué encumbramiento político le negaba César a Antonio?Si Antonio era Cónsul y había sido maestre del caballo, ¿cuál era el puesto que le negaba a Antonio?.Si César no le permitía enriquecerse ¿por qué no esperar a que comenzara la guerra contra los partos para, con César fuera de escena, aprovechar la ocasión.Si tanto le molestaba César, porqué no liquidarlo por su cuenta y echar la culpa a los enemigos de César, ¿qué ganaba con darle a los asesinos la oportunidad de justificarse? y, ¿si el pueblo se mostraba favorable a la vuelta de la República, no se desarían los asesínos de él igualmente? ¿donde estaban el resto de los senadores?¿no ayudaron a César porque todos estaban en la conjura? si tenía conocimientos de la conjura, ¿no habría sido más fácil recuperar el afecto de César poniendole a alerta? ,si Antonio sabía que César le había desheredado ¿por qué jugarse la posibilidad de heredar a ser capaz de falsificar el testamento la noche de su asesinato?
11-12-03.De: Patricia A. L. Yo también acuso. Como ya comenté, no existen pruebas historiográficas que demuestren la implicación de Marco Antonio en el vil y cobarde asesinato de Cayo Julio. Pero conviene aclarar que dichas pruebas no existirían aún pudiendo ser leídas por una razón simple: ¿de qué pruebas fiables podrían haber dispuesto Plutarco o Suetonio entre otros muchos para acusar al amigo de las viñas?, ¿qué fiabilidad histórica consideramos que tienen los rumores de que se hacía eco Tácito en sus Anales?, ¿fue Cayo Octaviano Augusto envenenado por su esposa Livia o simplemente murió de viejo?, ¿fue asfixiado Tiberio o simplemente cubierto con una manta cuando ya estaba muerto?, ¿debemos considerar los rumores "pruebas" históricas? De las brillantes exposiciones de nuestra querida cónsul , la matre más brillante que ha ostentado y ostentará las fasces consulares de esta Roma virtual, podemos deducir que Marco Antonio tuvo sobrados motivos para participar, activa o pasivamente en la cobarde conjura de cobardes que concluyó el cobarde asesinato. El "fidelísimo" no tardó un minuto en ir a "buscar la concordia" con los cobardes asesinos y correr después a tratar de hacerse con el testamento de Cayo Julio, hecho que sólo el valor personal de Calpurnio Pisón, que valientemente se jugó la vida en el empeño, consiguió impedir. ¿Por qué no persiguió el amigo de los caldos olorosos a los cobardes asesinos la noche del funeral?, ¿por qué tuvo que ser el pueblo el que buscara sangrienta venganza por las calles de la urbe?, ¿por qué permitió el mejor amigo de Baco que los cobardes magnicidas escaparan tan tranquilamente de Roma? Antonio fue muy inteligente, permitió que asesinaran a Cayo Julio, buscó la "reconciliación" con las bestias salvajes que perpetraron el cobarde y vil crimen, cuando les tenía confiados les hizo la jugarreta del funeral y luego se quedó tan tranquilo a esperar al heredero a quien pensaba despachar con unos azotes. Sin duda alguna era todo un mago de lo retorcido el guardián de las viñas, que a lo largo de su vida, tal y como señala Lacus, fue un magnífico segundo pero un pésimo primero. Finaliza el consulado más brillante que nuestra Roma virtual ha tenido y tendrá. Joaquín Acosta y Caesaris Puella han sido los indiscutibles motores de este año y espero que lo continúen siendo muchos años más. Lacus no deja de repetir que lo que más orgullo le produce de este invento suyo es "que los que lo hacen funcionar son mucho mejores que yo". Qué gran colofón para esta maravilla de foro que este debate tan preclaramente propuesto por el genial Pantócrator y que ha tenido en nuestra cónsul el epítome de la brillantez oratoria. Y, si los patres me lo permiten, qué orgullo que sea una mujer la que haya llevado sobre sus femeninos pero poderosos hombros todo el peso de la responsabilidad de la memoria del cesarismo puro. Mis cariñosos saludos y mi agradecimiento a todos.
16-12-03.De: Manuel Viguera. Creo que me expondré a alguna que otra pedrada si a cambio la insigne cónsul me contesta a algún interrogante que ha dejado suelto: ¿Qué encumbramiento político le negaba César a Antonio?Si Antonio era Cónsul y había sido maestre del caballo, ¿cuál era el puesto que le negaba a Antonio?.Si César no le permitía enriquecerse ¿por qué no esperar a que comenzara la guerra contra los partos para, con César fuera de escena, aprovechar la ocasión.Si tanto le molestaba César, porqué no liquidarlo por su cuenta y echar la culpa a los enemigos de César, ¿qué ganaba con darle a los asesinos la oportunidad de justificarse? y, ¿si el pueblo se mostraba favorable a la vuelta de la República, no se desarían los asesínos de él igualmente? ¿donde estaban el resto de los senadores?¿no ayudaron a César porque todos estaban en la conjura? si tenía conocimientos de la conjura, ¿no habría sido más fácil recuperar el afecto de César poniendole a alerta? ,si Antonio sabía que César le había desheredado ¿por qué jugarse la posibilidad de heredar a ser capaz de falsificar el testamento la noche de su asesinato?
16-12-03.De: Javier Fuldain. Hola a todos. Volviendo al tema de la implicación de Antonio en la conjura, hay una serie de cuestiones que han sido expuestas por la Cónsul aprovecho para saludarla en esta, una de mis primeras intervenciones- y que pueden merecer un análisis mas detallado, para no acralizar algunas conclusiones arriesgadas que se han expuesto. La primera de estas cuestiones podría ser la de la famosa tiara de las lupercales. Sin duda, se trata de un episodio confuso y sobre el qué no sabemos lo suficiente, ni sobre los motivos del comportamiento de Antonio ni sobre los del comportamiento de Cesar. Sin embargo, sí sabemos que Cesar no tomó ninguna represalia contra Antonio por estos hechos y también sabemos que poco antes había desterrado a dos Tribunos de la Plebe por hechos similares pero de mucha menor significación el episodio de la corona sobre su estatua en los rostra-. El episodio de los Tribunos parece indicar que Cesar no se andaba por las ramas a la hora de cortar de raíz ese tipo de insinuaciones públicas. Por lo tanto, antes de considerar que episodio de las lupercales supone un indicio contrario a Antonio debiéramos preguntarnos por qué Cesar no tomo ninguna medida contra él e, incluso, si la intención última del episodio de las lupercales fue mostrar públicamente el ofrecimiento de la corona, o mostrar su público y reiterado rechazo. También se ha señalado como indicio de la culpabilidad de Antonio el que no fuera asesinado junto con Cesar. Creo que para una correcta valoración de este indicio debemos tener en cuenta un hecho, hasta dónde sé, incontrovertible: que *nadie* fue asesinado junto con Cesar. Si el plan de los conjurados era asesinar a Cesar, y a nadie más, no puede ser indicio de nada el que no asesinaran a nadie más. De hecho, ni tan siquiera es indicio del alejamiento entre Cesar y Antonio no digo que no lo hubiera, digo que este hecho en concreto no es indicio de nada-, ya que si aceptásemos que Antonio no fue asesinado por haberse alejado de Cesar, tendíamos que admitir que no existía nadie en Roma lo suficientemente cercano a Cesar como para ser asesinado. Resulta difícil aceptar que no existiese en Roma ni un solo partidario fiel e incondicional a Cesar, así, que, mal que nos pese, deberemos aceptar que los conjurados decidieron asesinar exclusivamente a Cesar, prescindiendo de atentar contra cualquiera de sus seguidores, por fieles o insignes que fuesen. Me temo que como indicio no resulta muy convincente. También se ha llamado la atención sobre la no intervención de Antonio en el mismo momento de realizarse el asesinato pero teniendo en cuenta que no hay forma de asegurar que tuviera oportunidad física de intervenir y las fuentes parecen señalar que no la tuvo- parece que el argumento se funda mas en un acto de fe anti-Antoniana que en los hechos.
16-12-03.De: Pantócrator. Aunque yo no estoy en eso del "cesarismo puro", no puedo dejar de sentir simpatía por la fuerza que la cónsul junior ha imprimido a este foro de debate y estoy de acuerdo en que ha sido el consulado más brillante y que será difícil superarlo. Como el foro necesita ardiente pasión y a la vez racionalidad mi voto para el consulado va para Patricia A. L., que sin duda sabrá recoger la antorcha ardiente de caesaris Puella. Estoy disfrutando mucho con este debate porque éste es el único sitio en el que hay una opinión formada del cesarismo puro, realidad intelectual que yo no conocía hasta el magnífico artículo de Lacus y Patricia sobre Augusto. Entonces, ¿quién fue el cerebro de la conjura? porque a alguien se le tuvo que ocurrir la idea y el plan y no creo que fuera a Bruto. Me inclino a pensar que la materia gris fue Trebonio, el primero en ser militarmente liquidado después.
17-12-03.De: Lucio Gemino. Salve: uno de nuestros más grandes sabios, Pantocrator, ha planteado una hipotesis interesantísima que creo merece la pena discutir. ¿Quien fue el verdadero cabecilla de los conspiradores?. Me parece correctísimo indicar a Trebonio como el principal instigador inicial, pero aquí quiero arriesgarme y hacer una afirmación cuando menos que puede ser discutible. Mi opinión es que aunque Trebonio y Decimo Bruto fueron los iniciadores, el verdadero cabecilla en el momento del asesinato (en los Idus de marzo) no era ninguno de los dos.Ahi va: el verdadero lider de los 23 fue Cayo Casio. ¿Porque? Casio era un hombre de una gran habilidad, como demostró en su actuación en Asia. A esta habilidad unía una fuerte personalidad, aparte de ser politicamente ambicioso. Casio no era, como los demás conspiradores, un juguete en manos de Trebonio y Bruto, sino que siempre sabía jugar sus cartas. El fue quien llevó hasta los conspiradores a Marco Bruto, el instrumento perfecto para que el asesinato de Cesar pareciera incluso hasta necesario (claro, según los canones de la época que a todos nos, como admiradores del genial Cesar, no comprendemos hoy en día). Incluso diría más, junto a Decimo Bruto, sería el más capaz a la hora de la batalla, con lo que su ascendiente en ese momento sería grande, en caso de ser necesario. Por último, otra razón es que, junto a Marco Bruto, fueron los últimos en caer y los que sostuvieron sus posibilidades intactas ante Antonio y Octavio hasta Filipos. No dudeis de que volveré sobre el tema. Un saludo.
17-12-03.De: José I. Lago. Muy buena tu pregunta, oh animador de debates pluriempleado de guardián de la ortodoxia historiográfica. Yo estoy con nuestro amigo Lucio Gemino, creo que el que lo planteó primero fue Casio, que desde luego era el más listo de toda la banda. Es evidente que el cerebro sería uno de los que participarían en el crimen y no se limitaría a estar en la sombra. Desde luego Casio era el más ambicioso de todos y el más capaz.
17-12-03.De: Patricia A. L. Salve, oh Pantócrator, muchas gracias por tus hermosas y galantes palabras. ¿Qué sería de esta web sin un núcleo duro cesarista?, celebro que lo comprendas y lo apoyes aunque tú no estés en esta línea pasional. Sobre tu inteligente cuestión te diré que el liderazgo del magnicidio está entre Trebonio y Casio, ya que Bruto no era más que un espantajo, un títere, una marioneta, impotente psíquico y físico, ladrón y ahora asesino cuya madre debió haberle entregado a los perros nada más nacer. Este tipo de fracasado proyecto humanoide no tuvo nunca reaños para soportar la mirada de su mamá, cuando menos para liderar a una banda de asesinos. De Cicerón sabemos que, fiel a su tradición, después de ir lamiendo las huellas que las sandalias de César dejaban en el polvo se reencontró con su alma y salió a la calle alabando a los asesinos. De este sujeto no merece la pena ni malgastar el tiempo hablando de él, no es más que otro reprimido, otro espantajo que en Roma sólo servía de patético florero. Casca y los demás "libertadores" no eran más que criminales, todos ellos dispuestos a asesinar al que les había negado el enriquecimiento a base de proscripciones, pensaban que sería como con Sila y se encontraron con un gobierno digno, algo que el crimen organizado nunca puede tolerar. Mis saludos a todos los amigos del foro.
26-12-03.De:
Guillermo F. Gruschka