.LAS LEGIONES DE JULIO CÉSAR

FORO DE DEBATE

 

Debate: LA CONJURACIÓN DE CATILINA. Parte II. (45 mensajes).

 

11-03-02.De: Joaquín Acosta. Respuesta a Judith. Parte I. Saludos “Tuliolíssima” (Espero que en esta ocasión también logre hacerte reír) Todos los elogios que te he lanzado, son sinceros (como en el caso de todos los elogios que he enviado a los diferentes foristas). Aquí, en este “tribunal histórico”, tal y como acertadamente los has calificado, quiero reconocer que, en el reciente artículo que el moderador del debate tuvo a bien publicar, narraba cómo un hombre valiente como Alejandro sabía perfectamente que la mujer es más valiente que el hombre. Ese episodio me hizo pensar en mi propia madre, abuela, la madre de un querido amigo que también tuvo que soportar los horrores de una guerra civil, en Aurelia, la madre de César, y en tí. Uno de mis siguientes objetivos, si se me publicaba el artículo, era hacer este público reconocimiento. Y es que “Tuliola” se escribe con “T” de Timoclea, Judith. Entrando en materia, ciertamente que muchos juristas admiran a Cicerón, por encima de la inmensa mayoría de personajes históricos. Otro sector, igualmente representativo, decanta su preferencia por figuras como Alejandro o César, igualmente en el ámbito político y jurídico, con fundamento en las biografías de Plutarco, entre muchísimas obras a citar. Conozco a más de un abogado que pertenece a este “bando”. Anteriormente, manifestaba los paralelos que encontraba entre el proceso contra Catilina, y el juicio de Creonte hacia Antígona, paralelo que tú me inspiraste, al traer a colación el tema de la ley natural. En mi sentir, uno es el discurso de Cicerón (admirable sin duda alguna) y otra cuestión es hablar de la obra política de este personaje. Creo, amiga Judith, que en el presente debate estamos encontrando puntos de acuerdo. Ya el 15-02-02 me dijiste “A   tu pregunta de si Catilina y Cicerón tenían el mismo derecho a un juicio justo, mi respuesta es sí, ambos tenían ese derecho en cuanto a personas y ciudadanos romanos pero las circunstancias de ambos eran distintas (…)”. Y en tu última intervención, manifiestas “En épocas de Cicerón, es verdad, no era tan avanzado como es ahora…” refiriéndote (creo) al dilema de la búsqueda del bien común Vs la suspensión de las garantías en casos extremos. Así las cosas, Judith, concuerdo contigo en que no debemos juzgar a Cicerón (ni a César) de acuerdo con los parámetros de hoy, sino de ese tiempo.  Es por ello que, quisiera traer a colación otro proceso judicial, adelantado con anterioridad a la época de Cicerón y César.

11-03-02.De: Joaquín Acosta. Respuesta a Judith. Parte II. En el 406 a. C., en plena guerra del Peloponeso, los atenienses consiguieron una nueva victoria en la batalla naval de las Arginusas, entre Lesbos y las costas de Asia Menor. Pero el triunfo no impidió que se pusieran de manifiesto los graves problemas internos de la ciudad, cuando los generales victoriosos fueron condenados a muerte, en un juicio adelantado por el hecho de haber abandonado a los náufragos o de no haber recogido los cadáveres. Según Jenofonte el juicio estuvo promovido por Terámenes, pero también se nota la presencia de los representantes más radicales de las tendencias democráticas (de ese tiempo). Así las cosas, fueron juzgados diez estrategos. Es claramente un caso de justicia sumaria, al no ser posible determinar qué comandante se ha hecho culpable de la omisión de socorro y cuál no. El pueblo deseaba una condena indiscriminada. En aquella época, los jueces eran designados por sorteo. Uno de éstos fue Sócrates, quien participó en el consejo de los Prítanos. La opinión judicial mayoritaria, era la de condena inmediata de los acusados, por haber atentado contra la patria (las razones de tales consideraciones nos desviarían del tema). Sin embargo, Sócrates se opuso y afrontó con serenidad las amenazas de los parientes de los náufragos. Sócrates no aprobó el desacato para con los muertos, sino que combatió las acusaciones, tras las cuales se ocultaban conveniencias y caprichos. Él supo identificar la verdadera transgresión de las leyes. Por desgracia para Sócrates, no hubo igual serenidad de juicio cuando le tocó a él sentarse en el banco de los imputados. En el juicio de Sócrates éste fue acusado de los mismos cargos que Antígona por Creonte, o César por los optimates: en toda Atenas, sólo Sócrates parece ser capaz de corromper, como en toda Tebas, sólo Antígona. Y en Roma, César, al atreverse a defender a Catilina y presuntos implicados. Sin embargo, se acusó a Sócrates de no creer en los dioses del Estado y se condenó a Antígona por respetarlos a toda costa. Hablamos de una época en donde el respeto a los dioses se acepta -y aun impone-o se rechaza según los dictados del poder político. Sócrates se sabía escogido por un dios. Antígona también. El caso de César lo encuentro más enigmático. Sucede sin embargo que el castigo a tales actos se basó en cuestionar las leyes ciudadanas en favor de la ira popular.

11-03-02.De: Joaquín Acosta. Respuesta a Judith. Parte III. La política consistía en establecer leyes y quebrantarlas según los vaivenes de la demagogia, aunque los deberes para con los hombres y dioses, sean sagrados. En el caso de Sócrates, su cuestionamiento por perseguir a todos los generales vencedores de las Islas Arginusas, le costó las acusaciones de traición al espíritu democrático ateniense, y en consecuencia, la vida. Algo análogo aconteció con César. Su oposición a las maniobras del cónsul durante la conjura de Catilina, le costó el cargo de verdugo de la república, y como todos sabemos, la vida, a manos de los republicanos cuyos nombres me abstendré de mencionar. La memoria de Sócrates ya se ha rehabilitado, mientras que para muchos, (tú incluida) resulta absurdo que César haya combatido un régimen injusto, principalmente por hablar de un futuro dictador. Al respecto, traigo a colación lo que la Dama de Illiberis dijo respecto de los regímenes monárquicos de la antigüedad el 30-01-02, en el foro de las guerras púnicas: “(…) pienso que a pesar del concepto peyorativo que las fuentes latinas contemporáneas, el propio Consejo cartaginés y hasta nosotros mismos demostramos hacia la “monarquía” (helenística en este caso), no debemos condenar dicho sistema político apriorísticamente. Como todos tuvo sus logros y sus errores. Considero que las fórmulas de gobierno político tienen,-como todo lo creado por el ser humano- un origen incierto, un período de esplendor y otro de decadencia y descomposición. No hay fórmulas perfectas ni eternas, sino formulas para cada momento (con un porcentaje variable de aciertos y equivocaciones dependiendo de la validez de quienes ejercieron el poder)”. Todo lo anterior, sin perder de vista que el exacto proyecto político de César, truncado por su asesinato, seguirá siendo un misterio mientras no podamos leer exactamente su pensamiento. Es indudable (al menos para mí) que la misión asumida por César, fue la de combatir “la decadencia y descomposición” de la república romana. Y que al igual que Sócrates y los hermanos Graco, sus enemigos políticos le condenaron por traición. Saludos.

26-03-02.De: Tulliola (Judith Rubio). Respuesta a Joaquín Acosta. Parte I. He decidido usar este seudónimo de ahora en adelante no porque desee que la gente me identifique más fácilmente con mi línea de pensamiento sino como una forma de reconocimiento hacia ti Joaquín que con tanto ingenio me has puesto ese apodo quizá un poco inmerecido.  Es  muy reivindicador para mi sexo el que hayas dicho en tu anterior intervención que “la mujer es más valiente que el hombre” pero no comparto esa opinión. Creo que el valor no es cosa de sexos sino que se tiene o no de manera individual y que a demás se manifiesta en cada uno de diferente manera. Respecto a tu comparación de Sócrates con César (porque esa sí fue una comparación) Estoy de acuerdo contigo en algunas cosas: efectivamente, no ha habido época en el mundo en la que las actuaciones  de muchos de sus gobernantes no hayan estado afectadas por segundas intenciones e intereses digamos “partidistas”, desvincular una cosa de la otra incluso hoy sería utópico; también, se muy bien que no sólo en Atenas sino también en Tebas y Roma, las decisiones muchas veces se tomaban dependiendo del ánimo del pueblo (o más bien del ánimo que los demagogos sabían despertar en ellos), eso también es una realidad de la política que será muy difícil erradicar para siempre. En cuanto a la comparación del caso Catilina con el de los Estrategas, no creo que haya punto de comparación. Ellos habían prestado un servicio a su patria o habían hecho lo posible por servirla mientras que Lucio Sergio & Co. Tenían una desesperada urgencia por hacerse con el poder para deshacerse de sus deudas y desembarazarse de sus delitos. Sócrates y César.... El carácter, el pensamiento y la vida del primero permite suponer que su intención estaba sinceramente inclinada hacia la justicia; en cuanto al segundo, era una clara oportunidad para hacerse notar, darle un golpe en los bajos al partido contrario de los  optimates conservadores y eventualmente disminuir la pena para los que trataran de dar un golpe de estado, por lo tanto, en el caso romano también habían “conveniencias y caprichos.En cuanto a comparar a Cicerón y a César trataré de ponderar las cosas realistamente.  Ambos eran sumamente inteligentes, se daban perfecta cuenta del mal estado de las cosas en el enorme imperio en el que vivían y sabían que tenía que hacerse algo para cambiar la situación.

26-03-02.De: Tulliola (Judith Rubio). Respuesta a Joaquín Acosta. Parte II. Los dos eran ambiciosos y querían destacar en el medio, ser reconocidos y trascender (como cualquier ser humano que incursione en política); tenían talento y lograron lo que querían, tanto que ahora estamos debatiendo tú y yo sobre ellos a pesar de los más de dos mil años que han pasado. Las diferencias son muy claras y radican precisamente en la forma en la que cada uno quería solucionar los problemas. César pretendía una monarquía probablemente porque la consideraba la opción más viable (no lo considero tan inconsciente como haber llegado hasta donde llegó sin tener un plan para reconstruir el Estado) y Cicerón creía que una República en la que existiera una división del poder y a la vez  armonía entre los diferentes niveles sociales y  de gobierno sería la solución correcta, o dicho poco más o menos en sus palabras un  Estado  en el que “El senado tuviera la suficiente autoridad, los magistrados suficiente poder y el pueblo suficiente libertad”; César nunca dijo qué pensaba respecto a cómo debería ser el gobierno o por lo menos no ha llegado hasta nosotros con exactitud mientras que la idea de Cicerón en sus libros sobre la República y las Leyes es más clara que el agua de un manantial. Ahora el problema es nuestro. Yo creo que la alternativa de Cicerón hubiera sido mejor y tú opinas que la de César. La dama de Illiberis tiene razón en que no podemos juzgar a priori a la monarquía, yo no lo hago, sencillamente creo que para esas alturas Roma había tenido ya bastantes experiencias a posteriori  de que la monarquía no era la mejor opción. Seguramente César hubiera sido un excelente monarca, su inteligencia y su generosidad así me hacen creerlo, pero una vez que terminara su reinado ¿Qué?, Cicerón por su parte, no pretendía colocarse a él mismo como el órgano supremo de gobierno en Roma, al contrario, deseaba pasar una vejez tranquila en sus villas, conformándose con el amor de la gente por haber dejado a su amada ciudad libre, verdaderamente libre y en paz con un Gobierno mixto en el que se cumplieran las tres condiciones que antes cité, lo cual  no era imposible ya que en una república no se pretende de manera utópica que los gobernantes sean honestos sino que se establecen los frenos y contrapesos necesarios para acotar el poder de unos y de otros. Cicerón no era ningún tonto ni un títere de los optimates, sólo creía que la República era la mejor opción para que su pueblo fuera libre y felíz. 

03-04-02.De: Joaquín Acosta. Respuesta a Tulliola. Parte I. Querida contraparte: sigo recibiendo con agrado más lecciones de gallardía por parte tuya, pese a defender con tanto ardor y convicción tu enfoque histórico. Muchas gracias por considerarme ingenioso. En cuanto a que tu seudónimo sea inmerecido, volvemos a estar en desacuerdo: estoy casi seguro que el viejo Tulio, desde donde se encuentre, al leer tu sincera defensa de su pensamiento, ha sonreído en más de una ocasión, y hasta habrá decidido adoptarte. Será mucho de lo que ustedes dos tendrán que hablar en cuanto tengan la oportunidad de conocerse más a fondo (es que soy de los alienados que apuesta por la inmortalidad del alma, y el feliz encuentro entre los desaparecidos y los que hoy estamos en este planeta). En cuanto a la comparación del caso de Catilina con el de los estrategas atenienses, cierto que hay diferencias. Y es que cada episodio es único. Como cada personaje, lo cual es igualmente aplicable para el caso de Sócrates y César. Sin embargo, admirada Tulliola, creo que la naturaleza irrepetible de cada episodio histórico, no va en perjuicio de lo que tú misma anotaste en este mismo foro el 17-11-01, cuando manifestaste: “(…) si alguna finalidad tiene la historia a demás de ser muy interesante y entretenida es conocer los hechos pasados para entender nuestro presente y con esas bases tratar de darle forma a nuestro futuro a fin de que sea mejor, por eso debemos darle a las hechos su dimensión adecuada lejos de subjetivismos y apasionamientos.” Si bien el tema de la subjetividad me parece propio de otro debate, me parece que el análisis histórico debe alejarse del fanatismo y del prejuicio, ya que al analizar la historia no debe ésta deformarse, en aras de reforzar tal o cual planteamiento. E indudablemente, tanto Cicerón como César eran geniales pensadores, y muy amantes de la historia, no sólo la de Roma sino igualmente de Grecia y de la humanidad de ese entonces, filia propia de verdaderas mentes universales. Sin embargo, creo que las conclusiones que ambos personajes extrajeron de sus bastos conocimientos fueron diametralmente diferentes. En tu análisis frente a Sócrates y César, una de las diferencias que encuentras entre estos dos personajes es que mientras el ateniense tenía una indudable vocación de justicia, el romano tenía meras intenciones de resaltarse y atacar a sus adversarios políticos. ¿Y es que una cosa excluye la otra? Ciertamente, César no era Sócrates.

03-04-02.De: Joaquín Acosta. Respuesta a Tulliola. Parte II. César no vivía mantenido ni por su esposa, ni por ninguna de sus diferentes amantes. Y definitivamente César era ambicioso. Pero hay dos tipos de ambiciones por el poder: la del poder por el poder mismo (vanidad de vanidades y todo vanidad) y la del poder para hacer grandes cosas. Esta segunda ambición no va en perjuicio de la justicia, al menos no de la misma manera que la primera. Tanto Pompeyo como César eran ambiciosos, por ejemplo. Pero el primero era por vanidad, mientras que el segundo iba más allá. Cierto que los adversarios políticos de César proclamaban que quería erigirse como tirano, mediante hábiles maniobras demagógicas. Pero como lo he manifestado a lo largo de este debate, la historia nos ha enseñado que no toda acusación es cierta. ¿Será que defender una de las conquistas sociales del tiempo de César, era por ese sólo hecho atentar contra la república? ¿Será que cuestionar mediante un discurso algunos aspectos de determinado régimen político es traición? No lo creo. En gracia de discusión, que la visión política de César tendiera a la monarquía y atentara contra la libertad… de los optimates, si acaso. A la palabra libertad (al igual que justicia) se la ha empleado para defender el 99 % de los regímenes políticos, y creo que lo mismo va para el caso de Catilina. Que Catilina no fue el marido ideal, ni un ciudadano modelo, de acuerdo. Pero no te parece irónico que fuera el enemigo público Cayo Julio César quien defendiera una de las garantías creadas a favor del pueblo contra la clase dirigente, mientras que Cicerón, el adalid de una República en la que existiera una división del poder y a la vez  armonía entre los diferentes niveles sociales, tal y como tú misma lo afirmas en tu última intervención, ¿se abrogara el poder absoluto, y desconociera los derechos ciudadanos, ancestrales por demás, pese a los diferentes peligros que ya había afrontado la república romana? (Guerras Púnicas, invasión de Cimbrios y Teutones, por ejemplo). ¿Puede haber libertad en medio de la injusticia? ¿Puede hablarse de división del poder cuando la clase dirigente crea las leyes que la facultan para actuar omnímodamente? ¿Será adecuado meter en el mismo saco a los Gracos, Cayo Mario, Saturnino, Sila, Catilina y César? ¿Será que los discursos hacen la realidad? ¿Qué crees que dirían Catón y demás optimates de esta intervención? A mí no me cabe la menor duda de que me condenarían de la misma manera que condenaron a los Gracos, Saturnino o a Catilina.

03-04-02.De: Joaquín Acosta. Respuesta a Tulliola. Parte III. Y en nombre de la libertad y de la justicia. Pero al igual que César, yo considero que defender los derechos de los presuntos criminales no es defender el crimen, ni ser su cómplice. Y que el S. Consultum era la herramienta con la que ultimarían a cualquier idea progresista, aprovechándose del caso de Catilina. Por otra parte, estimada Tulliola, ¿Qué te hace concluir inequívocamente que la monarquía, y además de corte hereditario, era el proyecto político de César? Personalidades como Pericles, Timoleón, los Barca y hasta Escipión el africano tenían alma de reyes, y disfrutaron un poder decididamente monárquico. Como Sila. ¿Instauraron por ello la monarquía? Si César cruzó el Rubicón, fue porque los optimates lo arrinconaron, de una forma más encarnizada que a Mario. Si aspiraba al poder absoluto, ¿cómo explicas que Cicerón y demás optimates que no se suicidaron, hayan permanecido con sus cabezas pegadas al cuello? Reducir los intereses de la aristocracia en beneficio de la plebe y demás pueblos no romanos no debe considerarse como atentar contra Roma, sino por el contrario, quitarles alas a los verdaderos demagogos, en beneficio de las mayorías. De César no nos queda su pensamiento en discursos, pero sí nos queda su obra, la cual no debe confundirse enteramente con la de quienes le antecedieron, ni los sucesores que partieron del precedente cesariano. Creo que los problemas de Roma en la época de Catilina no radicaban directamente en el peligro de una monarquía, sino en los excesos cometidos por la aristocracia romana y su poder absoluto, pues a diferencia de Platón o Aristóteles, creo que la aristocracia no es el sistema de gobierno ideal. Y también creo que Cicerón estaba equivocado al decir que la libertad se garantizaba mediante la esclavitud a la ley. Como te lo dije al principio de nuestro debate, las intenciones no bastan. Y el contrapeso a la aristocracia romana que significó la obra de Mario, César, Augusto y hasta el mismo Tiberio y demás emperadores que imitaron el gobierno de César, fue lo que postergó la caída de Roma alrededor de 500 años, y no la visión de Cicerón que, aunque cultivada, tenía los mismos errores de percepción que los filósofos clásicos griegos. No es con la autoridad absoluta de unos pocos, considerados los mejores, como mejor se construye una sociedad. No lo digo yo, Tulliola, lo dice la historia. Y los límites de la república eran ajenos a los optimates, pues cuando algún caudillo tocaba sus intereses, lo menos que le pasaba era ser tildado de demagogo. Por cierto Tulliola, creo que tienes razón al manifestar que el valor no es cuestión de sexos. Es este tipo de comentarios ligeros los que han llevado a errores garrafales en la historia. Tu intervención demuestra cómo hay mujeres decididamente más equilibradas que nosotros los hombres. Saludos.

24-04-02.De: Caesaris Puella. Parte I. Ante todo quiero mostrar mi más profunda admiración por todos y cada uno de los integrantes de este debate y para su insigne "magister", tanto por sus vastos conocimientos, como por el tono distendido con el que se plantean las divergencias de opiniones. Evidentemente, por mi nombre habréis averiguado cuál es mi debilidad, "el niño de mis ojos", si bien intentaré no sobrepasarme con "los otros", a la hora de exponer mi punto de vista, que no es otro que el de una lega en historia, una mera aficionada, así que pido disculpas a los expertos, si mis opiniones no poseyeran el suficiente rigor histórico. A lo largo del debate, que he "devorado" con fruición, he podido leer en repetidas ocasiones el ensalzamiento de "garbancito-Cicerón" como una figura ambiciosa, pero desprendida, que se retiró de la vida política una vez transcurrido su desafortunado consulado y, ello, mal que les pese a los ciceronianos, no es en absoluto verídico: Cicerón siguió participando (o, cuando menos, intentándolo) en la vida política de Roma, si bien su personalidad cobarde e hipócrita le hicieron cambiar de bando en numerosas ocasiones: recuérdese que estaba con los optimates antes de que César cruzara el Rubicón, y los bonitos e incendiarios discursos que lanzó contra él hasta que el mismo llegó prácticamente a las puertas de Roma, momento en el que pasó de bando, siendo incapaz de llevar hasta el final su apoyo al bando de los pompeyanos, (lo cual hubiera supuesto abandonar Roma y las múltiples propiedades que coleccionaba), pidiendo disculpas al propio César en varias misivas de un tono ciertamente patético y poco digno. Una vez asesinado César, cuando el cadáver aún estaba caliente, no hizo sino loar a los "héros y salvadores de la patria", y ¿acaso no es ello una forma de participar activamente en política?

24-04-02.De: Caesaris Puella. Parte II. Por otro lado, si Cicerón no tuvo más intervención en la vida política tras su consulado fue, simple y llanamente, por el ostracismo al que le tenían sometido sus propios "partidarios", los optimates; así como hay personajes que me causan profunda aversión, como el usurero Bruto, o el mezquino Catón, Cicerón me parece más bien un personaje patético, una figura que no fue digna del único músculo notable que poseyó: su lengua. Por lo que se refiere al incidente en cuestión que aquí se debate, creo que la actuación de Cicerón fue del todo reprobable e ilícita (léase bien, ilícita, que no ilegal). Creo que el ciudadano romano era, ante todo, una "animal jurídico" y es, precisamente, desde esa propia visión de la época que la actuación de "garbancito-Cicerón" me parece más digna de reproche: es cierto que, al inducir al Senado a dictar el sentus consultum ultimum, se cubrió las espaldas, pero saltándose para ello la restante legalidad vigente, sentando un precedente peligroso, y conculcando los más básicos criterios de ius fori y de ius naturalis que él más que nadie, como insigne jurista que pretendía ser debió haber defendido a capa y espada. En cuanto a la pretendida urgencia y necesidad... la única urgencia era poder tener un final de consulado brillante, que le colocara como "primus inter pares" y salvador de la patria, (que es lo que Cicerón siempre ambicionó y que sólo él mismo se consideró). De hecho fue relativamente sencillo ponerle freno a Catilina, y lo más lógico hubiera sido detenerlo y juzgarlo debidamente, como ciudadano romano que era. De hecho, buena prueba de que Cicerón no estaba con la conciencia limpia por lo que hizo la hallamos en las Catilinarias, donde el énfasis que pone el autor para narrar la conjura no le sirve sólo para ensalzar su propia figura, sino para justificar su actuación y, ya se sabe: "excusatio non petita, accusatio manifesta".

30-04-02.De: Tulliola (Judith Rubio). Respuesta a Caesaris Puella. Parte I. Bienvenida al foro!!! ya me parecía que Joaquín y yo lo monopolizábamos. Debo felicitarte tu participación, fue excelente, como ya mencioné, le da “sangre fresca” al debate. Desgraciadamente no comparto tus impresiones respecto al Garbancito.  En primer lugar, era obvio que Cicerón continuara su vida política después de concluido su mandato, lo que no era normal en esos tiempos es que una persona a la que se le habían conferido los derechos del SCU los dejara con la misma facilidad con que los tomó para regresar a su lugar como un senador de rango consular más. Fue un Cónsul Excelente, eso no lo digo yo, lo dice Salustio, el escritorcillo ese que odiaba a M. Tulio y adulaba a Julio César. Por otro lado, Cicerón al regresar de su magnífica administración en Cilicia, en la cual puso todo su empeño en ser ese gobernador perfecto que describía en el De Republica, nunca cambió de bando, simple y sencillamente porque no lo tenía, en aquel entonces llevaba una buena relación tanto con César como con Pompeyo y como todos sabemos fue un mediador de la paz entre los dos triunviros ya que el pueblo lo consideraba dentro de los pocos que tenían la autoridad moral para tomar esa función. No fue sino hasta que en sendas entrevistas ambos Generales le demostraran su renuencia a ceder y su voluntad y preparación para la guerra que decidió mantenerse neutral, y así pretendía quedarse de no ser porque sentía que su deber era para con la Patria  y no con el mismo.

30-04-02.De: Tulliola (Judith Rubio). Respuesta a Caesaris Puella. Parte II. Si como tú dices Cicerón, sólo pensaba en su gloria e interés, se hubiera aliado con César, tal como lo hicieron Celio, Marco Antonio y todos los demás que sólo buscaban el botín del que se pudieran adueñar una vez que Julio ganara, pero no, a pesar de las varias ofertas que se le hicieran, Marco escogió la causa que creía más justa aún sabiendo perfectamente que el de Pompeyo era el bando perdedor. Una vez vencido el Magno, prefirió salvarse a si mismo para luchar por lo que quedaba de la república, nunca apoyó a César, al contrario, discursos como el Pro Marcello, Pro Ligario, y el Catón son ejemplos todos de la táctica inteligentísima del arpinate quien se dio cuenta de que por las armas no lograría nada así que se valió de su gran talento de escritor y orador para defender y tratar de restituir en sus derechos a los ciudadanos desterrados a causa de la Guerra Civil. Pasando a otro asunto ¡Claro que apoyó a Bruto y a Casio! No porque considerara que eran las mejores personas (él mismo medió para que Bruto perdonara parte de los intereses  a unos provincianos que le debían dinero) sino porque compartía con ellos la idea de que se debía salvar la República. Por último, en el caso Catilina, gracias por apoyarme en lo de la legalidad del SCU, su legitimidad está también más que demostrada. A propósito, me gustaría que me dejaras conocer tus argumentos a favor de César, y no tan sólo los que tienes en contra del Garbanzo y su bien entrenada lengua.

30-04-02.De: María del Mar Puente. Enhorabuena a todos los foristas de este debate porque es el mejor, el de las Guerras Púnicas no está mal, pero hay allí demasiada sangre y yo soy pacífica (que no pacifista). Tengo una duda que el praefectus Lago quizás pueda despejar. Me gustaría saber si cuando los cesaristas (o cesarianos) se refieren a Marco Tulio como "Garbanzo" lo hacen con ánimo peyorativo. He leido todo lo que ha escrito el praefectus y aunque cuando habla de Casio, Bruto o Casca más vale alejarse corriendo no sea que estalle algo, sin embargo no veo ese sentimiento contra Marco Tulio. Al leer la introducción de esta web se me puso la carne de gallina; yo también, al igual que los demás foristas, me siento heredera de Roma y romana por los cuatro costados, y me alegro de tener como compatriotas en esta Roma virtual que Lago ha creado a romanos ¡hasta de Macedonia! como Joaquín Acosta que me ha enseñado casi todo lo que sé sobre Alejandro el Magno (que como dice el praefectus "éste sí que era Grande"). Y también felicito a mi admirada Tulliola que defiende este debate con una energía y habilidad propia de Agustina de Aragón. Para mí Marco Tulio fue esencialmente un hombre equivocado al defender lo que ya sólo era una ficción, pero honrado: el último eslabón de una República que, como dice el admirado praefectus "entre todos la mataron y ella sola se murió". Marco Tulio es, como ha dicho el praefectus, el final de una época, de la época de Mario y Sila, de Catilina, de Pompeyo y de César. Lo que viene después es Marco Antonio y Octavio y éstos ya no pertenecen a esa época fascinante, éstos ya pertenecen a otra que no tiene ni la mitad de encanto. P.D al praefectus: Mis más sinceros pésames por el saqueo de tu granja de la Campania.

30-04-02.De: José I. Lago. Respuesta a María del Mar Puente. Hola, pacífica compatriota. Estoy completamente de acuerdo con todo lo que dices, sobre todo con lo de una época que se termina. ¡Qué cierto es! Cicerón es el último de ese mundo que se va presa de sus propias contradicciones. Cicerón y César fueron amigos y ambos mantuvieron siempre muy buena relación personal ya que eran personas ajenas al rencor o al odio ciego. Eran seres de inteligencia privilegiada y eso les unía y mantenía a salvo su relación. César tras su triunfo pudo hacer lo mismo que antes hiciera Sila: matar a todo el que era siquiera sospechoso de no ser leal, pero sus manos no se mancharon de sangre. Esa sangre que derramada en el campo de batalla es heroica pero que derramada en el Foro es un crimen. Y Cicerón lo agradeció. Pero la época se acababa y lo menos malo para los optimates era precisamente César, como pudieron advertir tras su asesinato, cuando la mayoría de ellos cayeron muertos, entre ellos Cicerón. Es por ello que como buen cesarista, cuando me refiero al "Garbanzo" lo hago en términos cariñosos y no peyorativos. Los malvados púnicos tofeteros han saqueado mi granja de la Campania, pero tú tranquila, que en Zama volveremos a encontrarme con esa banda de forajidos y entonces tendremos por líder a Escipión. Cuando se rindan, Prenderé fuego a sus naves de guerra ante la ciudad con una antorcha hecha de vides de mi granja.

06-05-02.De: Tulliola. Parte I. Hola a todos!!! espero que estén bien. Antes que nada, Muchas felicidades por el primer año del foro y gracias a tí José Ignacio por abrir este espacio que me ha perimitido a conocer la interesante forma de pensar de personas como tu y Joaquín Acosta. Entrando en materia, Joaquín, ojalá tengas razón y cuando yo muera pueda ver a Cicerón, estoy segura de que mi alma se reconfortará al escuchar su voz y al aprender de todo él me diga. Estoy de acuerdo contigo, César no era Sócrates (ya es un avance), pero debo insistir en que la persecución de intereses partidistas de Julio en el caso Catilina sí se oponía con la búsqueda de Justicia, porque era claro que estaba defendiendo a unos traidores a sabiendas de que afectaría a toda la población. Por otro lado, ya he explicado muchas veces que Cicerón no se arrogó ningún derecho, ¡Para eso estaba César!, su lista de quebrantamientos de las leyes fundamentales del Estado romano es inagotable, y aún así hay quien manipula los hechos para resaltar con la tinta más negra la única supuesta falta de Cicerón, quien no hizo sino salvar a su patria con los medios LEGALES que tuvo a la mano. No es tema de éste debate pero yo difiero con la idea de vincular a César con los Gracos o con Catilina.  Los últimos contaban con un ideal muy claro aparentemente, tenían seguidores porque decían “luchar por los intereses del pueblo” y bla, bla, bla, mientras que los soldados de César peleaban por César y por el botín que les prometía, el Gran General, involucró a Roma en una guerra Civil por la única razón de salvar su propio pellejo, su orgullo y su “dignidad”.

06-05-02.De: Tulliola. Parte II. Y después de todo, cuando ganó la guerra civil, ni siquiera podía cumplir con todo lo que había prometido a sus soldados, se apoyó en la plebe para subirse a un pedestal y terminó reduciendo el número de beneficiarios de la distribución gratuita a costa del erario. Al final como la más grande de las hipocresías estableció normas para que ningún procónsul durara en su provincia más de dos años. ¿Qué César no pretendía una monarquía? ¿Acaso sus partidarios no le otorgaron el titulo de imperator de manera hereditaria? Y la lista continúa: la dictadura perpetua, el consulado por 10 años, el poder ocupar todas las magistraturas sin consultar al pueblo, la facultad para proponer a los candidatos para ediles y tribunos, la posibilidad de usar a sus anchas los fondos públicos, la utilización habitual de la corona de laurel, el sello de oro, la guardia de senadores, se le declaró semidios, se señaló fiesta nacional el día de su nacimiento y muchos etcéteras.  Si todo eso no te permite ver una tendencia monárquica absolutista, déjame decirte que a NINGUN rey se le había conferido eso antes en Roma. No es que yo condene la monarquía de plano o a priori pero vuelvo a hacerte la pregunta ¿Después de él Qué? Dices que el luchó contra una Aristrocracia corrupta y que iba contra los derechos de la gente, no te lo niego, pero la verdad Julio César no instauró ninguna nueva institución que resultara “progresista”, por el contrario trajo del pasado una tiranía represora que no permitía a nadie oponerse abiertamente a él y que desembocaría en una oligarquía aún peor. Quien organizó el Estado romano en un principado fue Octavio, alumno de Cicerón, quién al final usó las enseñanzas del De República  y terminó por admitir la traición que había hecho a su maestro y reconoció su valor. Eso fue lo que mantuvo a Roma 500 años más con emperadores como Trajano y como Marco Aurelio quienes eran de ideas parecidas a las de Cicerón, no con personajes como Nerón o Calígula quienes sí eran títeres del senado y son ejemplos para demostrar que la monarquía es un régimen movedizo y peligroso. La idea del principado manejada por Cicerón es el antecedente más claro de una monarquía parlamentaria como la que existe hoy en países tan adelantados como Inglaterra.

06-05-02.De: Caesaris Puella. Respuesta a Tulliola. Ave, oh mi querida adversaria, pero nunca enemiga! Como siempre tus comentarios han estado agudos e incisivos, dignos de una gran defensora de nuestro querido "Garbancito". No niego que Marco Tulio fuera honrado en el gobierno de la Cilicia, y el hecho de que deba loarse tal rasgo es buena prueba del estado de podredumbre en el que se hallaba la República, puesto que la honradez en el gobierno de las Provincias es algo que debería presuponerse. Por lo que respecta al papel que jugó César en la conjuración, creo que, si bien es posible que tuviera un somero conocimiento al respecto (como, parece ser, lo tuvo la inmensa mayoría de Roma, salvo el bueno de "Garbancito"), se mantuvo conmpletamente al margen, y creo que hay varias razones que apuntan a ello: su extraordinario instinto político, su aversión al derramamiento de sangre romana, el conocimiento de su propia valía, que le habrían impedido conformarse con ser el mero "magister equitum" como se especulaba, y, sobre todo, y para mí lo más determinante: su actuación el día que la conjuración quedó "al descubierto", pues, si realmente hubiera sido un partícipe, jamás habría postulado la celebración de un juicio justo, ni habría velado por la salvaguarda de los derechos civiles de los implicados. Evidentemente, a un César partícipe en la conjuración le habría convenido más un Catilina muerto (y, por ende, silencioso), que un Catilina frustrado que, por su trayectoria personal, autodestructiva, temeraria y malévola, sin duda alguna habría desvelado la identidad de aquellos conjurados que no hubieren sido descubiertos. Desde luego, no es fácil analizar los hechos a más de 2.000 años de distancia, sólo cabe hacer conjeturas, pero sinceramente creo en la inocencia de Cayo Julio César en dicha trama, que fue utilizada por sus enemigos, como otros tantos bulos e infundios, para difamarle y desacreditarle, cosa que no consiguieron, pues siguió siendo el amado de su pueblo y de los dioses.

06-05-02.De: Caesaris Puella. Respuesta a José I. Lago o "Lacus Optimo Maximo". ¡Oh, insigne magister! Jamás pensé que esto nos sucedería a nosotros, pero creo que nuestro "romance intelectual" va a atravesar un pequeño bache, pues, por primera vez, y siempre desde el más profundo respeto, estoy en desacuerdo contigo. ¿De verdad crees que César y Cicerón fueron amigos? ¿Crees que el pobre "garbancito" era una persona libre de todo rencor? ¡ah, yo no lo creo así, y no es sólo mi fervor cesarista el que me induce a hablar, sino los actos del propio Marco Tulio: ¿de verdad puede tildarse de libre de rencores a una persona que propinó tales diatribas contra Marco Antonio y otros muchos? Ciertamente "Garbancito" era una persona sumamente inteligente y un orador brillante (aunque no inefable), pero no por ser intelectual estaba libre de celos: creo que a Marco Tulio, pese a sus sinceros esfuerzos por intentar dar buen ejemplo, le perdía la vanidad, vanidad que le llevó a tener celos de César; ¿quién sabe si hubiera sido él el favorito del pueblo, de no haber existido el incomparable Cayo Julio?. Mientras que César fue magnánimo y generoso con "Garbancito", pues tal era su forma de ser, y creo que, pese a sus defectos, hasta le tenía cierta estima, la actitud de "Cicerón" fue más que desleal para con el divino Julio, pues ¿qué clase de "amigo" celebra la suerte de su frater, de su amicus, cuando éste es asesinado?, ¿por qué guardó silencio, pese a conocer de primera mano la conspiración que se cernía letalmente sobre la divina cabeza de César? ¡No, no, no! Si eso es un amigo, ¡que me traigan cien enemigos!, y no me sirve la excusa de que se alegró "por el bien de la República": ¿qué República, el fósil gangrenado en la que él fue cónsul?¿el sistema viciado en el que cualquier artimaña legal valía para saltarse el restante orden legal establecido?. Ave atque vale, Res Publica!

06-05-02.De: José I. Lago. Respuesta a Caesaris Puella. Admirada Señora y maestra: En efecto, César tenía en gran estima a Cicerón, quizás porque le conocía de sobra y conocía sus debilidades. Que Cicerón no estuvo a la altura de las circunstancias es cierto, ya que una persona que acude a ver a César con la cabeza llena de ceniza a suplicar perdón y corre a su escritorio a loar la magnanimidad del vencedor para después alegrarse públicamente de su asesinato es cualquier cosa menos un ejemplo de ética, pero así fue Cicerón, el eterno perdedor. A pesar de todo César le estimó y eso debe ser respetado. La Guerra Civil terminó una época en cuestión de días. Farsalia fue la línea trazada en el tiempo a partir de la cual toda la época de Pompeyo y Cicerón (siempre a la sombra de alguien y nunca grande por sí mismo) finalizó, como tan acertadamente señala María del Mar. Que los asesinos de César ni siquiera contaran con él nos da idea del vacío alrededor de Cicerón, un hombre que nunca supo a qué árbol arrimarse, ya que todos a los que llegó acabaron perdiendo las hojas privándole de su sombra.

06-05-02.De: Joaquín Acosta. Respuesta a Tulliola. Hombre, queridísima ciceroniana, al responderle a Caesaris Puella (quien como ya lo dijiste, vivifica el presente debate) manifestaste: “en el caso Catilina, gracias por apoyarme en lo de la legalidad del SCU, su legitimidad está también más que demostrada…” Pues me vas a perdonar, pero mi “sandez” macedonia me motiva a solicitarte que me recuerdes en qué parte de este maravilloso debate se demostró la legitimidad del SCU. Que Dios te bendiga.

06-05-02.De: Joaquín Acosta. Respuesta a María del Mar Puente. María del Mar, desde el 25 de octubre del año anterior, el moderador de esta web ha tolerado mis intervenciones. Y ello ha significado la apertura a una comunidad fascinante, en la que he salido ganando con creces, pues ha sido mucho más lo recibido que lo transmitido (aunque me haya costado y siga costando un esfuerzo digno de la corona muralis). Pero tu mensaje ha valido todos los sufrimientos y malvados golpes propinados por los infames adoradores de Baal, optimates y hasta republicanas como Tulliola, que a pesar de pertenecer al bando de Cicerón, ocupa un lugar privilegiado en mis afectos pese a ignorar olímpicamente mi mensaje del 03-04-02. Gracias por considerarme tu compatriota, y valorar mi admiración hacia Alejandro el Magno. Y me complace ver que estás de acuerdo con el veredicto de César, Escipión, Aníbal o J. I. Lago hacia el macedonio. En todo caso y en honor a la verdad, creo que gran parte del material que puedes encontrar en esta web en torno al hijo de Filipo ha sido el elaborado por el cesarista impenitente de nuestro amigo y praefectus; Llevo unos cuantos años estudiando al más grande conquistador de Asia, y modestamente considero que el especial dedicado en esta web a este titán de la historia es de lo mejor que haya encontrado en lo referente al tema. En todo caso y afortunadamente, sólo hemos visto la punta del iceberg. Tu mensaje me ha dado los ánimos necesarios para seguir investigando y compartiendo lo que averigüe con el resto de conmilitones, de un personaje tan apasionante como el tema del presente foro. Y también estoy de acuerdo contigo en la valía de Tulliola, cuyas intervenciones son la sal de este tribunal histórico. Y es que el duelo habido entre los juristas Cicerón y César resulta tan apasionante y espectacular como el efectuado entre los generales Pompeyo y César. Saludos.

10-05-02.De: Joaquín Acosta. Respuesta a Tulliola. Parte I. Ahora sí que estoy bien, querida amiga. (Que me tenías en el olvido, qué he hecho yo para merecer semejante castigo, hombre!!!!) Cierto que César no era Sócrates. Pero ni Sócrates ni Marco Aurelio eran santos. Ambos, especialmente el primero, fueron guerreros que también mataron a seres humanos. Pero hablamos de una época en la que derramar sangre en el campo de batalla no era execrable, sino honroso inclusive. En este punto, no creo que Cicerón fuera un adelantado a su tiempo, sino que carecía de cualquier tipo de habilidad bélica. Es decir, su alejamiento de la guerra fue más por necesidad que por virtud. Respecto al caso de Catilina, insisto en el punto que César no sólo defendía al acusado y condenado, sino los derechos a un juicio justo y a defenderse de las acusaciones, propios de cualquier ciudadano libre romano, Catilina incluido. Defender estos derechos, benefició a la población romana, más que perjudicarla. Esto evidencia que Cicerón desconoció principios básicos y de justicia, al negarle un juicio justo a ciudadanos romanos, desconociendo así el mos maiorum o costumbres ancestrales, arrogándose atribuciones propias de todo un Tarquinus Rex. César violó leyes. Y Escipión también. Y Cayo Mario. Y Sila. Y Sertorio. Y Pompeyo. Y hasta el mismísimo Marco Emilio Escauro, quien se negó a dejar su cargo de Censor al acabar su lustrum, lustro o período de 5 años que duraba el cargo de censor. Y el 99% de la clase dirigente romana, Marco Tulio incluido. Y Cicerón se basó en un mecanismo legal que iba contra lo que él mismo predicó acerca del derecho natural y del mos maiorum. Muchos grandes hombres han sido calificados de criminales. Y muchos criminales han sido calificados de grandes hombres. Ni todo lo justo es legal, ni todo lo legal es justo. Que los Gracos hayan sido declarados criminales y traidores, no los pone a la misma altura que Catilina. Lo propio va para César. Cicerón salvó a la república. República que promovió a Espartaco y la guerra servil, la guerra social o de los aliados, y la rebelión de Sertorio en Hispania. Por no mencionar el trato a que estaban sometidas las provincias romanas, y la manera en que se drogaba a la clase proletaria mediante la repartición gratuita de trigo, y se aniquilaba a los pequeños propietarios romanos. Esa es la república que Cicerón salvó. Y sí me atrevo a establecer un nexo ideológico entre los Gracos y los populares, Mario y César incluidos.

10-05-02.De: Joaquín Acosta. Respuesta a Tulliola. Parte II. De acuerdo en que los muchachos de César defendían la causa de César. Pero la causa de César no era la causa de Sila, por ejemplo. A mi modo de ver, la causa de César era la causa de los Gracos, de Mario, Marco Livio Druso o hasta la de Cinna (al menos parcialmente) pero con la impronta de César, por supuesto. Indudablemente, César tenía alma de monarca. Pero monarquía y tiranía no son sinónimos. Antes de cruzar el Rubicón, César trató de adelantar sus proyectos políticos por la vía jurídica. Como en el caso de Catilina. Y la reacción senatorial, usando a Marco Tulio como caballo de batalla, trató de aniquilarle por todos los medios. Y en el campo jurídico-político César prevaleció. Y César no sólo fue un gran general. También fue un gran jurista e intelectual, digno rival de Cicerón, y uno de los mejores historiadores romanos. Así las cosas, sabía que su proyecto político y su vida corría el mismo peligro que la de Marco Livio Druso o de los Gracos. No bastaba la alianza con Craso y Pompeyo. Y por eso se decidió a obtener el mando militar. Pero como los optimates de entonces habían sido derrotados en el campo político por César, y no tenían su genio político, se dedicaron a fastidiarle su proconsulado, tal y como Mario hizo con Sila, pero con métodos propios de los optimates. Nada de esto deslegitima la intervención de César durante la conjura de Catilina. Por el contrario, refleja que este personaje intentó reformar la república desde la legalidad, y que el extremismo reaccionario senatorial arrinconó su dignitas. La cual no iba en contra de Roma. Y es que Roma no sólo eran las siete colinas, la urbe que hoy es capital de Italia. La verdadera Roma iba desde el canal de la mancha hasta territorio garamante en África, desde Gibraltar hasta Mesopotamia. Y sólo los optimates recibían el beneficio de este mundo, mientras que las voces que cuestionaban esta injusticia, eran tratadas como Catilina. Y César no fue de los que se suicidaba, se dejaba ejecutar, o perdía el juicio. Como con los galos, tuvo una sutileza admirable, en la que salió ganado siempre. Pero como no exterminaba a sus enemigos, éstos trataban de apuñalarle la espalda. Como en efecto ocurrió. Pero el cruce del Rubicón lo hizo para algo más que para salvar su pellejo. Si de salvar su pellejo exclusivamente se tratara, César hubiera abandonado a sus hombres en Britania, y en las Galias al hermano de Marco Tulio y a una legión, asediadas mientras él estaba en el sur de las Galias, afrontando la carga de los optimates en Italia.

10-05-02.De: Joaquín Acosta. Respuesta a Tulliola. Parte III. En cuanto al fin de la guerra civil, ¿a qué promesa incumplida te refieres? Les procuró tierras a sus muchachos licenciados, otorgó la ciudadanía a más de un pueblo que se lo merecía (hasta a los galos) metió la omnipotencia optimate en cintura, y hasta reformó el calendario, siendo a grandes rasgos el mismo por el que nos regimos hoy, por no mencionar todas las obras públicas que hizo, superando a Escauro o a Flaminio. Claro que redujo la reducción de trigo. Es que tornó a más de un proletario en propietario, al permitirle el servicio militar y la participación en los beneficios de guerras que hasta ese entonces sólo beneficiaban los bolsillos optimates. Obvio que se redujeron los indigentes, y por ende el volumen de repartos gratuitos. Yo prefiero que me conviertan en un ser humano productivo, a que me mantengan y permanecer en la indigencia. Tulliola, si hasta los veteranos de Pompeyo recibieron tierras de la mano de César cuando fue Cónsul. Con César hubo para la mayoría. En cuanto a sus tendencias absolutistas, creo que éstas no encuadran con sus normas proconsulares, la reforma al senado triplicando el número de sus miembros, reconociendo la realidad (que el mundo Romano no se circunscribía a Roma), y un larguísimo etcétera. En cuanto a los honores recibidos, éstos se brindaron con anterioridad a su victoria en la guerra civil. Que éstos fueron superlativos y sin precedentes, se debe a que sus triunfos fueron superlativos y sin precedentes, derramamiento de sangre incluido. Contextualizando, algo análogo aconteció en Esparta con Lisandro, sin que por ello este general se erigiera como monarca absoluto en el Peloponeso. La primacía no significa monarquía absoluta. Timoleón en Sicilia, Pericles en Atenas o Epaminondas en Tebas lo demuestran. La misma muerte de César demuestra que su régimen no fue como el de Dionisio o Sila, sino al estilo del propio César. ¿A quién proscribió? ¿A quién le negó un juicio justo? Antes quemó las cartas que le reportarían pruebas de enemistad a él. Y me llama profundamente la atención que consideres a Augusto como alumno de Cicerón, antes que de César. ¿César disolvió el senado? Por el contrario, lo reformó y lo dotó de mayor representatividad. Fue idea de él, no de Marco Tulio. Lo mismo digo de la ciudadanía romana a pueblos no itálicos, la reforma agraria, y social en general.

10-05-02.De: Joaquín Acosta. Respuesta a Tulliola. Parte IV. Que ciertos historiadores republicanos hagan énfasis en las prácticas sexuales de Nerón o Calígula, no debe hacernos olvidar el alivio y mejora de la situación en se encontraban las provincias y los ciudadanos romanos. En la antigua China, se acostumbraba castigar a los padres por los crímenes de los hijos. Pero ni en la antigua china se vitupera la memoria del tatarabuelo por lo que hiciera el tataranieto. Las injusticias de Calígula, Nerón, Cómodo o Heliogábalo no se deben a César, de la misma forma en que las extorsiones de Bruto no se deben a Cicerón, pese a ser contemporáneos. Saludos.

20-05-02.De: Caesaris Puella. Respuesta a Tuliola y demás pro-ptimates. Parte I. ¡Ave estimada ciceroniana! He leído con ávido interés tu hábil escrito de 06-05-02, y tanto mi espíritu de abogada, en tanto defensora de los inocentes injustamente acusados, como mis preferencias personales, me obligan a rebatirlo, no sin antes pedir disculpas a mi querido magister "Lacus" y a los restantes foristas, por si mi intervención supone una disgresión del objeto central de este debate. Así, en primer lugar, afirmas de César que la lista de sus quebrantamientos de las leyes romanas es inagotable, cuando lo cierto es que durante todo su "cursus honorum" César se ajustó a la legalidad, si bien, como Cicerón muy bien sabía, "hecha la ley, hecha la trampa". Cayo Julio era perfectamente consciente de las deficiencias del sistema, de la agonía de la República, y de la asfixia política practicada por los optimates, e intentó reformar el sistema "desde dentro", mediante reformas legales. No funcionó porque no le dejaron, si no, recuérdese el año de su primer consulado, denominado por sus compatriotas como "el consulado de Julio y de César" en el que su colega de consulado, Bíbulo, lo único que hizo fue oponerse a César e intentar impedir todas y cada una de sus iniciativas legislativas, quedándose encerrado en su casa y declarando todos los días nefastos.

20-05-02.De: Caesaris Puella. Respuesta a Tuliola y demás pro-ptimates. Parte II. En cuanto a que César involucró a Roma en una guerra civil... para empezar, a mí me parece que para que exista una guerra deben ser dos los bandos en contienda, y, desde luego, no fue César el que inició todo: no era él quien iba diciendo que con un simple gesto suyo haría salir de debajo de la tierra armadas de soldados, devolvió las legiones íntegras en cuanto le fueron requeridas, aceptó deponer el mando si Pompeyo también lo hacían o le daban ciertas garantías personales... todo en vano; no niego que tanto la salvaguerda de su "dignitas" (por la que siempre luchó) y de su integridad física y de su vida, fueron dos estímulos poderosos que le impulsaron a cruzar el Rubicón, pero no los únicos: sabía que, si los optimates volvían a ganar, Roma estaba abocada a la decadencia y al fracaso que sufrió Cartago, y que cualquier persona que intentara salvaguardar los intereses de las restantes clases sociales y de la propia Roma, sería aniquilado sin contemplaciones.

20-05-02.De: Caesaris Puella. Respuesta a Tuliola y demás pro-ptimates. Parte III. En cuanto a que César involucró a Roma en una guerra civil... para empezar, a mí me parece que para que exista una guerra deben ser dos los bandos en contienda, y, desde luego, no fue César el que inició todo: no era él quien iba diciendo que con un simple gesto suyo haría salir de debajo de la tierra armadas de soldados, devolvió las legiones íntegras en cuanto le fueron requeridas, aceptó deponer el mando si Pompeyo también lo hacían o le daban ciertas garantías personales... todo en vano; no niego que tanto la salvaguerda de su "dignitas" (por la que siempre luchó) y de su integridad física y de su vida, fueron dos estímulos poderosos que le impulsaron a cruzar el Rubicón, pero no los únicos: sabía que, si los optimates volvían a ganar, Roma estaba abocada a la decadencia y al fracaso que sufrió Cartago, y que cualquier persona que intentara salvaguardar los intereses de las restantes clases sociales y de la propia Roma, sería aniquilado sin contemplaciones. Que sus soldaddos lucharon por él: ¡quién lo pone en duda!. César era el único que se preocupaba por ellos y los comprendía, sabía los sufrimientos que padecían por su patria, y los amaba, eran "sus muchachos". Ahora bien, que lucharan por el botín que les prometió es rotundamente falso, no sólo porque con los diez años de guerra en las Galias habían obtenido un estimable beneficio económico, sino también por dos evidencias: no se produjo ningún asesinato ni ningún saqueo durante el avance de las tropas de César por Italia (ésa es la Guerra Civil provocada por César; la de las muertes y declaraciones de enemigos del pueblo romano es la de los pompeyanos, quienes también podrían haberse rendido al perder Italia, ¿o no?). Además, si las tropas hubieran luchado por el dinero, no hubieran resistido penurias como la de Durazzo donde, pese a estar al borde de una derrota total y de la muerte por inanición, no abandonaron a su general. Sencillamente, los soldados estaban cansados de un sistema donde no se les tenía en cuenta, donde no eran más que carne de batalla para una serie de aristócratas que, por orgullo, incompetencia, o desidia les enviaban a la muerte sin contemplaciones y sin remordimientos para, si sobrevivían, olvidarse de ellos. Era necesario un cambio.

20-05-02.De: Caesaris Puella. Respuesta a Tuliola y demás pro-ptimates. Parte IV. Por lo que se refiere a que "se apoyó en la plebe para subirse en un pedestal", yo me pregunto qué apoyo, aparte del estímulo moral de saberse querido, podía brindarle la plebe, cuando por el sistema político y electoral romano, la facultad de decisión en último término quedaba en manos del orden senatorial, monopolizado por la aristocracia. La única prerrogativa poderosa de la plebe era la facultad de veto de los tribunos de la plebe, a dos de los cuales recuerdo que se les arrebató (pese a ser sacrosanta), y semi-linchó por una serie de ilustres senadores del bando tan fervientemente defendido por Cicerón, cuando intentaron vetar las ilícitas decisiones que pretendía adoptar un Senado plenamente coaccionado por Pompeyo y los optimates, que ese año tenían a dos de sus miembros como cónsules, quienes llegaron a afirmar que si el resto del Senado apoyaba a César, ellos harían caso omiso del Senado.

20-05-02.De: Caesaris Puella. Respuesta a Tuliola y demás pro-ptimates. Parte V. Tampoco me parece una hipocresía el límite temporal de 2 años de gobierno de Provincias, pues cuando César adoptó esta resolución, ya pensaba en un Estado plenamente pacificado y sin enemigos externos, y lo que quería era evitar el saqueo sistemático de las Provincias, que tan de moda se había puesto durante la República. Y esa es una de las cosas por las que yo, como Hispana de la Tarraconense, más agradecida estoy a César: por su visión de una Roma supranacional, en la que era necesaria la protección e integración de las Provincias, para derivar en una situación a largo plazo de plena igualdad, y no como meros granero-despensa a los que meter mano, que era la elitista visión que de las Provincias tenían los optimates (Bruto, por ejemplo). Respecto a esa libre disposición de fondos públicos de la que hablas, la única ocasión en la que César dispuso de erario público sin aquiescencia de la plebe fue cuando dispuso de parte del tesoro sagrado: un Tesoro que jamás se tocaba, sino que estaba allí para que los miembros del Senado vieran cómo brillaba el oro, sin utilizarlo nunca en provecho del pueblo. Ese dinero sirvió para proveer de alimentos e impedimenta a sus tropas, cierto es, pero también para evitar el saqueo y expolio de las ciudades por las que pasaran sus tropas, en aras de no perjudicar más de lo necesario a la población inocente. Respecto a los repartos de grano, jamás, hasta el momento,  habían sido tan espléndiso como en la época de César.

20-05-02.De: Caesaris Puella. Respuesta a Tuliola y demás pro-ptimates. Parte VI. Respecto a los derechos que manifiestas que se abrogó Cayo Julio, debemos recordar que le fueron concedidos por el Senado (la mayoría de las veces, a instancias de los propios senadores) y con la aquiescencia del pueblo, que lo adoraba. Además, hay que precisar que el término "imperator" no era más que un honor militar y, es más, inicialmente tan sólo lo concedían los propios soldados a su general en una batalla en la que la victoria sobre el enemigo había sido aplastante. Teniendo en cuenta todos sus éxitos, y que jamás perdió una guerra, entiendo que sus soldados le distinguieran con tal honor. La corona cívica ya la podía usar con habitualidad desde los tiempos de Sila, pues la había ganado en glorioso combate en Mitilene, en sus tiempos de tribuno militar; de hecho, fue gracias a ello que pudo entrar antes a formar parte del Senado. También debemos recordar que se le declaró oficialmente semidiós... etc a su muerte, así que poco tuvo que ver al respecto (pues no tengo constancia de que regresara de los Campos Elíseos, ¡con lo bien que se debe estar allí!) y fue, precisamente, Octavio, "ese discípulo de Cicerón", quién así lo proclamó por intereses puramente personales (¿tal vez por ser su hijo adoptivo póstumo? ¡oh, dioses!). En cuanto a la guardia de senadores... César tenía una guardia personal de la Legión Hispana, decisión adoptada a requerimiento de sus partidarios, que temían por su seguridad personal, y que jamás le hizo sentirse cómodo, por lo cual acabó prescindiendo de la misma (¡anda que le habría llegado a rozar un cuchillo, de haberla conservado!), cuando todos los miembros del Senado prestaron juramento de velar por su vida, juramento, por cierto, impulsado, entre otros, por el mismísimo Cicerón, quien hizo defensa y postulación del mismo en la "Defensa de Marcelo".

20-05-02.De: Caesaris Puella. Respuesta a Tuliola y demás pro-ptimates. Parte VII. Las restantes medidas que se apartaron de la legalidad vigente (designación de candidatos, dictadura perpetua...) eran necesarias para dotar de estabilidad temporal el caos político y social del que estaba sliendo Roma y para efectuar la reforma de plano que César quería hacer de un sistema oligárquico que había devenido obsolte e injusto. Del mismo modo que el paso de la monarquía a la República supuso una conculcación del sistema legal vigente, la reforma de César también lo fue, pero no debemos olvidar que esa legalidad que tú, querida Tulliola, propugnas a ultranza, fue la establecida por una Constitución adoptada ilegalmente por el tirano (en sentido literal)Sila, que había marchado con sus tropas sobre Roma, matando a diestro y siniestro y efectuando proscripciones. Y es que lo cierto es que la ley no hace a la sociedad, sino la sociedad a la ley, y cuando aquella evoluciona, ésta debe modificarse. Así es hoy, y así era en tiempos de Roma.

20-05-02.De: Caesaris Puella. Respuesta a Tuliola y demás pro-ptimates. Parte VIII. Yo no creo que César deseara la monarquía: su innegable instinto político le dejaba bien patente la aversión que sentía el ciudadano romano por el término "rex". Además, durante las Lupercales anteriores a su muerte, por tres veces le ofreció Marco Antonio la corona de monarca, y por tres veces César la rechazó, obteniendo con ello la ovación de los presentes. Tampoco creo que aspirara a detentar a detentar el poder absoluto, como lo demuestran sus planes de futuro inmediato: a los pocos días de los idus de marzo, pensaba emprender una larga campaña contra los partos que debía finalizar en Germania mediante un movimiento envolvente, lo cual no le llevaría un año precisamente. Simplemente lo que pretendía César era dejar Roma pacificada, con un sistema político ordenado, y cubrirse las espaldas, para que no volviera a sucederle algo algo como lo de las Galias, lo cual, creo yo, no se le puede reprochar. De hecho, desde que ganó la batalla de Farsalia, poco tiempo estuvo en Roma detentando poder personal alguno (lo cual casa mal con un aspirante a absolutista); siempre delegó en personas de su confianza y , cuando éstas le fallaban (recuerdese el desastre de Marco Antonio y Dolabela en Roma), los sustituía sin contemplaciones. César era vanidoso (por eso le gustaban tanto todos esos símbolos externos), es cierto, y también era ambicioso, pero lo que ambicionaba era la "auctoritas", no el dinero (como Cicerón) o la "potestas". Pero también amaba a su pueblo y quería lo mejor para él: cuando murió dejó un legado pecuniario para todos y cada uno de los ciudadanos romanos, así como su villa, para que el pueblo disfrutara de sus magníficos jardines (¿y Cicerón?, ¿qué legó al pueblo? veamos... ¿nada?, ¡oh, cielos!). Por otro lado, era consciente de su propia valía personal y de que nadie se le podía igualar, (eso es indiscutible), razón por la cual dudo mucho de que pensara que tras su muerte alguien podía reemplazarlo: simplemente sus proyectos a más largo plazo, que todos desconocemos, quedaron frustrados por 23 puñaladas asesinas y traidoras.

20-05-02.De: Caesaris Puella. Respuesta a Tuliola y demás pro-ptimates. Parte IX. (¡valor, ya acabo!). Yo no creo que Cayo Julio César fuera un tirano, y mucho menos en el sentido peyorativo que usas en tu excelente escrito. Por contra de lo que se ha afirmado por gran parte de la gente (gracias a Cicerón, a Octavio, Shakespeare, el Romanticismo y a Hollywood), César no fue ningún tirano: perdonó a sus enemigos, era capaz de reconocer su valía y otrogarles cargos públicos precisamente porque los consideraba válidos (Bruto, por ejemplo, era pretor cuando "tu quoque filii"), compartió el poder de gobierno (junto a él, cada año gobernaban dos cónsules, con potestades efectivas, y todo se sometía a la discusión del Senado e, incluso, del pueblo) y, jamás, jamás, cercenó su libertad de expresión, o amenazó a alguien por no compartir sus opiniones (recordemos el "Pro Cato", por ejemplo, o las frases que le proferían sus propios hombres, del tipo "cuidado, que llega el calvo libertino" o "la reina de Bitinia"). De hecho, fue el propio Cayo Julio quien decretó que se publicaran todas las actas del Senado, para que el pueblo tuviera conocimiento de qué era lo que se debatía: fue el inicio del control de la función pública, mientras que, hasta entonces, el elitismo del Senado le impedía acercarse al resto del pueblo. Es verdad que con el sistema de Cayo Julio siguió existiendo una oligarquía, pero los únicos que resultaron perjudicados fueron un selecto grupo de aristócratas, pues el resto de los ciudadanos y los restantes habitantes de las Provincias alcanzaron unas cotas de bienestar social, político y económico, como jamás habían tenido. Para concluir, debo decir que difiero absolutamente con tu opinión de que Octavio fue un discípulo de Cicerón, y mucho menos de que aplicara sus ideales del "De República" a su gobierno. Octavio simplemente utilizó a Cicerón (como a tantos otros) para sus aspiraciones de poder personal, y lo utilizó de acicate, de cizañero, cual Perfectus Detritus (si hay algún seguidor de "Astérix" sabrá a quien me refiero), en contra de Marco Antonio, para difamarle y poner a la opinión de los ciudadanos de su lado, habría mucho que decir, "pero esa es otra historia, y debe ser contada en otra ocasión".

27-05-02.De: Tulliola. Respuesta a Joaquín Acosta y Caesaris Puella. Parte I. Hola a todos los lectores y participantes de este foro, saludos especiales a los destinatarios de mi respuesta, espero me disculpen por no haber contestado antes. Me alegra mucho que sus participaciones sean tan extensas pues eso me da oportunidad de conocer mejor su criterio y sus sentimientos. Creo que lo más conveniente será ir por orden de las participaciones para evitar que algo quede sin responder. Por principio de cuentas, no es verdad que la honestidad de los gobernadores romanos en las provincias se tuviera como un presupuesto, tan es así que los pretores y cónsules se disputaban las mejores provincias a fin de explotarlas y aumentar así sus riquezas y era casi una tradición que a los que volvían sus enemigos les entablaran juicios por pecuniis repetundis. Cicerón no sólo fue honesto, como ya dije, sino que dejó en su provincia un legado de bondad, virtud y liberalidad, protegía a sus gobernados, aligeraba las cargas que la misma Roma les había impuesto, no sólo por magnanimidad sino por guardar el nombre de Roma y esto sirva para demostrar que ni Cicerón ni yo somos “pro-ptimates”, ya que Cicerón se enfrentó a toda la aristocracia cuando fue necesario como en el caso de Verres. Cicerón era una persona demasiado inteligente y buena como para dejarse influenciar por los vicios y maldades ya de los “demócratas”, ya de los oligarcas, no tenía razones para ser de un partido o de otro porque era un homo nouus y por tanto no tenía compromiso con nadie y se podía dar el lujo de estar del lado de la verdad. 

27-05-02.De: Tulliola. Respuesta a Joaquín Acosta y Caesaris Puella. Parte II. Respecto a la conjuración de Catilina, hay muchas cosas que evidencian la legitimidad del juicio. No era algo creado por la mente del “Garbancito” (a propósito, a él le daría mucha risa ese mote, como me da a mí)  sino que es cuestión de revisar las circunstancias para darse cuenta de que fue una bomba que explotó en el consulado de Marco Tulio y que había muy pocas salidas. No voy a repasar aquí uno por uno los hechos por razones de espacio, pero los que lo hayan hecho se darán cuenta de que era necesario actuar rápido y bien. Cicerón sabía que habría quienes no estarían de acuerdo con su decisión, por eso le dijo a Catilina que moriría  hasta que todo el pueblo de Roma estuviera  convencido de su culpabilidad, y antes preferiría que lo tacharan de cruel que de blando en una situación como esa. Para él, como político, abogado y persona, le hubiera sido más conveniente hacer un juicio normal y atraerse un éxito rotundo, y se hubiera ahorrado mucho dolor y suspicacias en su contra. Malio y Catilina acechaban la ciudad, dentro de ella había traidores confesos, hombres que no eran dignos de ocupar ningún puesto público vistos sus antecedentes, a propósito, ¿Alguien me podría explicar el programa político de Lucio Sergio? ¿Qué buscaba? ¿Por qué se dirigía hacia la ciudad con un ejército enorme de descontentos? Ya he expuesto mis razones para creer que César estaba involucrado en la conjura, ustedes las suyas para creer que no, porque no le convenía a César estar de lado de los perdedores y no se conformaría con ser un simple “magíster equitum”, esto es, que ustedes creen que si a César le hubieran ofrecido un cargo lo suficientemente importante para su ego, él hubiera participado en esa abominable traición a Roma. 

27-05-02.De: Tulliola. Respuesta a Joaquín Acosta y Caesaris Puella. Parte III. Cicerón fue durante su consulado el favorito del pueblo, llegó a la más alta magistratura con todo el apoyo del pueblo y lo mantuvo durante todo su cargo y aún después de la conjuración el pueblo lo aclamó como héroe y salvador de la patria.Yo te invertiría la pregunta Caesaris ¿Qué hizo César cuando tuvo todo ese poder en sus manos?, porque Cicerón dejó su cargo, si era tan capaz de manipular a las masas como ustedes dicen, ¿Por qué no lo hizo para perpetuar su cargo? Su ideología era firme, transparente y no lo haría porque sabía que la fuerza de las instituciones republicanas estaba en ser como Cincinato y dejar el poder cuando terminara su año. Cicerón, como bien lo saben todos, no tuvo ninguna participación en el asesinato de César ni tenía ningún motivo para considerarlo su amigo del alma, ¿acaso no fue él quien apoyó a Clodio para que se convirtiera en plebeyo y así pudiera desterrar a Cicerón?, traicionó al arpinate para librarse del principal opositor del “monstruo de las tres cabezas” y para vengarse de la negativa a integrarse al triunvirato siendo que Marco lo había librado de las acusaciones de Catón cuando lo implicó en la conjura materia del presente debate, ante la consternación de muchos que estaban seguros de su participación. César le perdonó al regreso de Farsalia como había perdonado a muchos, por hacerse popular y por diferenciarse en algo con Sila por lo tanto no era razón para creer que César era su amigo. Efectivamente se estimaban pero se trataban con mucha cautela. Por otro lado Cicerón no se alegró de la muerte de César, se alegró de la muerte del Dictador y más que eso celebraba la decisión tomada por los tiranicidas. 

27-05-02.De: Tulliola. Respuesta a Joaquín Acosta y Caesaris Puella. Parte IV. Cicerón, efectivamente, no ganó, como no han ganado muchos hombres buenos a lo largo de la historia, que no es una película de Hollywood, pero eso no lo hace un perdedor, a mi modo de ver, fue un triunfador porque defendió los ideales más nobles hasta su muerte y no era alguien que viviera a la sobra de nadie, porque él llegó hasta donde haya llegado, gracias a su talento y a su virtud. Si su plan hubiera sido ganar gloria poniéndose a la sombra de alguien, hubiera estado con el triunvirato, a todas luces omnipotente, o con César en la guerra civil, ya que él sabía muy bien qué tenía más posibilidades de ganar, es más se habría unido a Sila en lugar de defender a Sexto Roscio. No fue así, defendió sus ideales pero sabía que no lo podría lograr solo y buscó ayuda en Pompeyo pero ese gran militar envidioso no tuvo la inteligencia suficiente para darse cuenta de lo que hacía al darle alas a César. Cicerón no fue un militar porque aborrecía la guerra, el mismo decía que prefería la paz más injusta que la más justa de las guerras y lo demostró al actuar como mediador entre Pompeyo y César. Efectivamente y no saben cuanto me alegra que Cicerón no fuera un militar consumado, aunque durante su gobierno en Cilicia hubiera tenido una muy buena actuación con un ejército muy débil al grado de que sus soldados lo llamaron “imperator”. No buscó la gloria en la guerra en la que mueren tantos inocentes, ni pasando sobre los derechos de otros pueblos, su gloria la halló en la lucha constante por la libertad de su pueblo y su dignificación. 

27-05-02.De: Tulliola. Respuesta a Joaquín Acosta y Caesaris Puella. Parte V. ¿Qué mejoró la venida del nuevo régimen unipersonal de gobierno en Roma instaurado sabiamente por César y Cía.? Las provincias siguieron siendo saqueadas, el pueblo seguía siendo engañado, se siguieron cometiendo las mismas injusticias y seguía habiendo una oligarquía en la capital en la que participaban senadores, la única diferencia es que Roma ahora había un dios que había bajado directamente del olimpo para gobernarla y no había ni siquiera la posibilidad de una elección popular. Pompeyo, al dirigirse a la guerra tenía una causa conocida por todos, la del Senado, si era buena o no eso es discutible pero su objetivo era claro, mientras que los Cesaristas ¿Qué buscaban? ¿Alguna vez alguno de ellos lo dijo claramente? Están seguros de que era la causa de Mario y de Cinna, ¿Cuál era y a quién se lo dijeron? Estaban en contra de la oligarquía de los Optimates ¡O.K.!, YO TAMBIEN!!!!  Pero ¿Qué proponían? Los soldados de César estaban hartos de ser usados como carne de cañón ¿Y de qué los usaba César? en un futuro los soldados de , ¿en qué se convertirían según César? ¿Cómo se proponía defender “a las demás clases sociales”? No se puede gobernar una nación “legislando sobre las rodillas” y tomando decisiones sobre la marcha. Yo, estoy segura de lo que defiendo, tengo en mi poder cartas, libros, tratados, discursos que avalan  la manera de pensar de Cicerón, ¿Y ustedes? Suponen lo que no le gustaba a César, lo que no estaba bien y que era necesaria una reforma a la política de roma pero ¿Cuál proponía César? ¿Qué defienden? ¿Cuál es su causa? “Un sistema político organizado para irse a la guerra con los partos”, ¿Cómo? ¿Cuál, República o Monarquía? Exijo esas respuestas.

27-05-02.De: Tulliola. Respuesta a Joaquín Acosta y Caesaris Puella. Parte VI. No todo cambio ni en la vida ni en la política es para bien, cambiar por cambiar suele ser peor si no se tiene un proyecto claro con un orden, un plan, un Estadista no se limita a resolver los problemas actuales de su país también los de las generaciones futuras. De dónde sacan la visión supranacionalista de César, ¿De que volvió senadores a un puño de Galos y otros individuos menos indicados y le otorgó la ciudadanía a pueblos conquistados?, ¿No se debería, poniéndonos a suponer, al  número de compromisos que adquirió con el paso de los años y de las batallas?  Si su programa hubiera sido manifestado y éste hubiera sido encaminado a respetar la libertad del pueblo romano, de ese momento y del futuro, Yo lo apoyaría, pero no está del todo claro por lo tanto no puedo defender lo que no conozco. ¿Qué legó Cicerón a su pueblo?, ¿les parece poco su obra literaria (la mejor que Roma pudo conocer jamás), su calidad de vida tanto política como personal, su virtud, su consulado conseguido a pulmón? Dejó un ejemplo con su vida que si por lo menos la una tercera parte del mundo la siguiera otro gallo nos cantaría.

30-05-02.De: Caesaris Puella. Respuesta a Tulliola. Parte I. (Aquí llega Caesaris Puella, la valiente hondera balear, lanzando una pedrada a los argumentos de la heroica Tulliola). ¡Uyuyuy, mi querida Tulliola! Te he notado en tu último mucho más vehemente de lo acostumbrado en ti, de lo cual me alegro, y me hace pensar que si el bueno de "Garbancito" ha despertado instintos defensores en alguien tan noble como tú, algo bueno debe de tener. Me pillas en un momento agobiante por presiones laborales (ya sabes, los criminales nunca descansan), pero tu intervención me obliga a hacer una reflexión previa que, prometo, será desarrollada con posterioridad, en cuanto el tiempo me lo permita: ¿estás segura de que te refieres a Cicerón, o me estabas hablando de "Candy- Candy"? Te recuerdo que tu honrado Cicerón, cúlmen de virtudes, expoliaba (literalmente) a sus clientes, y ello pese a que, como tú bien sabes, en Roma estaba prohibido que los abogados cobraran estipendio alguno de sus clientes. En Roma la abogacía se ejercía gratuitamente, y el honrado y desinteresado de Marco Tulio se pasó dicha normativa por el arco del triunfo, sorteando los obstáculos legales mediante un fraude de ley: los clientes no le pagaban sus honorarios (por cierto, astronómicos), simplemente le hacían "donaciones" o decidían erigirlo en su único heredero en el testamento. ¡En pocos años, él, un hombre nuevo, amasó una fortuna, especializándose en colecconar villas, una de sus baratas debilidades!.

30-05-02.De: Caesaris Puella. Respuesta a Tulliola. Parte II. Es cierto que era un brillante orador, pero era aún un mejor "retocador": la gente pagaba por una actuación judicial que muchas veces no era tan brillante como cabía esperar, si bien, a posteriori, el brillante escritor Marco Tulio retocaba sus intervenciones, hasta el punto de que el escrito era un pálido reflejo de la intervención oral original, ¡y no era para eso que le pagaban indebidamente!. Por otro lado, me alegra ver que te esfuerzas en negar la evidencia de la connivencia de Cicerón con los "optimates", tal esfuerzo negatorio significa un reproche en tal actitud. Por cierto, respecto a mi "Pro Caesar", tergiversas mi afirmación respecto al "magister equitum", pues César jamás se habría aliado con Catilina, que era un chapucero, ni como magister equitum, ni como dictator, ni como comparsa, y creo que mis argumentos avalan sobradamente tal aseveración. Respecto al legado de Cicerón (dejando de lado que a mí no me parezca el mejor escritor en lengua latina, pese a que reconozco su gran calidad)... creo que no deberías tomarte tan en serio sus palabras, no sólo porque no siempre fue sincero con sus relatos, que tergiversaba y modificaba a su conveniencia, sino porque es muy fácil derramar bonitas palabras: lo difícil es efectuar bonitos actos, y los de Marco Tulio no siempre fueron bonitos actos, ni heroicos, ni coherentes. César también dejó un brillante legado escrito, y, si lo leyeras, verías reflejados no sólo muchos de sus pensamientos y acitutdes hacia la realidad que lo rodeaba, sino también un relato de actos valerosos, de nobleza, de amor hacia los suyos y de grandeza: la grandeza de Roma.

30-05-02.De: Caesaris Puella. Invitación a Tulliola y todo aquel que lo desee. (La hondera balear Caesaris Puella se toma un respiro a su apedreamiento -verbal- a las murallas Tulias y, mientras reflexiona comiendo una ensaimada -sí, ya sé que es anacrónico, pero ¡están tan buenas!- propone un giro al tema de debate). Ave, mi muy sinceramente querida adversaria! Si bien aún quedan muchas cosas por departir, pese a que nuestras opiniones ya han quedado bastante claras, me he dado cuenta de que, en nuestro sistemático despiece del paladín contrario (véase, César, en tu caso, Cicerón, en el mío), nos hemos olidado de un personaje oscuro... el "Darth Vader" de la Roma Republicana... CATÓN. Mucho le hemos reprochado los filocesarianos a Marco Tulio su sanguinaria, cruel e ilícita decisión, pero nos hemos olvidado de una cosa: el fue quien dió el remate final, pero realmente el principal instigador, el más acérrimo promotor fue Marco Porcio Catón (alias "Napión", alias "mala milk") con un vehemente, colérico e incendiario discurso. Y me gustaría saber, apreciada e instruida Tulliola, cuál es tu opinión al respecto: ¿cuáles crees que fueron los móviles impulsores de Catón?, ¿por qué crees que puso tanto empeño en la ejecución? ¿Simplemente por su proverbial "mala sangre", porque bastaba con que César manifestara una opinión, para que él se pusiera inmediatamente del bando contrario o porque creía que tenía razón? Me encanatría conocer tu punto de vista al respecto (y el de cualquier otro forista que lo desee). Nada más, me despido de ti enviándote una ensaimada con mi honda, para que disfrutes conmigo del ágape. Ave atque vale!.

05-06-02.De: Tulliola. Respuesta a Caesaris Puella. Parte I. Hola Caesaris!!!, espero que estés muy bien y que poco a poco vayan haciéndose menos agobiantes tus ocupaciones para que puedas escribir esa reflexión de la que hablas en tu participación pasada.  No, no me refiero  Candy-Candy cuando hablo de Cicerón, porque no dejo de admitir que tenía defectos, como cualquier ser humano, era vanidoso y a veces imprudente en sus comentarios pero a la hora de poner virtudes y fallas en la balanza, siempre se ha inclinado más hacia lo bueno.  Tienes razón, en Roma estaba prohibido que los abogados cobraran a sus clientes pero no estaba prohibido que recibieran regalos, es más, era una costumbre que los clientes les dieran presentes a sus abogados en agradecimiento. Si Marco recibía regalos grandes era porque por lo general, no era cualquier caso, cualquier cliente y sobre todo no era cualquier abogado, y si les hubiera insinuado que le dieran algo, me parece bien que una persona cobre por el trabajo que realiza, esa es una manera honrosa de ganarse el dinero, o que, ¿tu trabajas gratis? A propósito, hubo ocasiones en que ni siquiera eso aceptaba, tal es el caso de los Sicilianos, que cuando Cicerón los defendió de “la rata Verres”, le presentaron numerosos obsequios y no se aprovechó de ninguno de ellos, al contrario los devolvió para que fuera el pueblo quien se sirviera de ellos.  Cicerón no era pobre, pero no fue ni cuando era niño, venía de una familia acomodada de labradores, que tuvieron dinero suficiente como para procurarle la mejor educación, y aún así, y nunca se contó dentro de los más ricos de la ciudad. Entre sus “baratas” debilidades no solo estaba el comprar villas, también le gustaba llevarse a vivir a su casa a los más importantes sabios del momento, le fascinaba escribir, hacer cenas en su casa para conversar con sus múltiples y muy queridos amigos, era un excelente coleccionista de arte griego y también latino, le gustaba la música, la buena comida, estar con sus hijos (a los que adoraba), pero la más baladí de sus costumbres era escribir cartas a sus amigos, las cuales, por su gran calidad, aún están en las estanterías de libreros como el mío.

05-06-02.De: Tulliola. Respuesta a Caesaris Puella. Parte II. Caesaris Puella...... por lo que más quieras, no me hables de debilidades baratas, porque tu admirado César, tenía unas que en al menos en mi país son delito grave, mencionaré por ejemplo que cometer adulterio con las esposas de sus “amigos”parecía excitarle sobremanera, su  tendencia a exagerar en el arreglo personal, por ejemplo arrancarse el vello del cuerpo... (y a perder el de la cabeza), pagar precios exorbitantes por esclavos bellos y diestros ¿qué haría con ellos? No se, pero dice Suetonio que él mismo pedía que no se incluyeran esos gastos en sus libros de contabilidad porque le avergonzaba..... Eso sin mencionar los saqueos a los que, por pagar sus enormes deudas, sometió a ciudades que no le opusieron resistencia como Lusitania. En Galia destruyó templos y ciudades más por la riqueza que pudiera conseguir que por conquistar a los pueblos; muchas veces provocó él (inigualable militar) las guerras con adversarios que ningún peligro representaban para Roma con el fin de hallar solo dinero y gloria sobre los más débiles, para mí una guerra se justifica sólo si alguien te ataca, de lo contrario, si el rival no te ha atacado o está en desventaja, es lo más bajo en lo que se puede caer  y... Nicomedes, según eso, ser copero de un Rey en Asia era un honor (por el que no se pagaba nada y a César sí le pagaron) ... no soy   homofóbica pero la prostitución me parece más barata en un noble romano que en una de las “muchachas” de la Subura que tanto le gustaban al “divus”. Tal vez todo lo que acabo de decir sean mentiras pero entonces, si César cuando era pequeño no tenía ni en qué caerse muerto ¿de qué medios más legales que los de Cicerón sacó TANTO dinero?

05-06-02.De: Tulliola. Respuesta a Caesaris Puella. Parte III. Cicerón, retocaba sus discursos, porque es muy diferente leer un discurso que escucharlo, agregaba lo que había dicho y que no estaba en el que había preparado para el caso, le daba algunos retoques de elegancia y sí, también los adaptaba para dar un mensaje muy específico al que los leía. Pero eso no era asunto de sus clientes, lo que el hiciera con sus discursos era SU problema. El gusto por la literatura es de lo más subjetivo que existe, sin embargo, aunque Cicerón no te parezca el mejor, en cualquier libro de literatura latina que busques se le mencionará como el mejor orador y prosista que dio Roma y como el iniciador de la era dorada de la literatura latina.  Yo que tú tampoco me tomaría muy en serio las palabras de César porque está visto que la historia la escriben los vencedores y él escribió la suya propia poniéndole muuuucha imaginación a sus propias proezas, a demás, sus libros también eran una manera de legitimar su posición política así que también traían mensajillos subliminales por ahí. Cicerón hacía lo mismo, escribía libros para la posteridad y les incluía mensajes en clave para la situación en la que se encontraba Roma,  eso no es malo. La diferencia más grande que encuentro entre César y Cicerón a nivel literario es que César se centró en la historia de sus propios acontecimientos, descritos de forma inigualable, y Cicerón no, él escribió, a demás de libros de historia, tratados de filosofía, alta Política, Derecho Natural, sobre la amistad, la virtud, etc.. eso lo hace un escritor más completo. Marco Tulio no era perfecto pero si era el hombre más humanitario que se encontraba por aquellos entonces, sus errores se debían en parte a su naturaleza bondadosa por ejemplo: confiar en Pompeyo y en Octaviano.

05-06-02.De: Tulliola. Respuesta a Caesaris Puella. Parte IV. Respecto a Catón... era un hombre muy estrecho en su criterio, vicioso, hipócrita y algunas veces malvado, pero no se le puede negar que amaba a la República y que luchó por ella, ¿que opino de su participación en los debates de la conjuración? Catón expresó ese día el mejor de sus discursos, enardecido por los argumentos que daba César respecto a los conjurados, quizá tenía razones para pensar que César estaba involucrado, pero también lo hacía porque lo odiaba  ¿recuerdas la historia esa ridícula de Servilia la media hermana de Catón?. Ese fue su papel y punto. Yo no estoy de acuerdo contigo en que Catón haya sido el principal instigador de la decisión tomada por Cicerón, Catón rebatió de manera contundente los argumentos de César y terminó de hacer ver a los senadores la situación, pero la  conjura la descubrió Marco Tulio, las pruebas, los argumentos y la acusación la hizo él, nunca culpó a nadie de lo que pasó, hubiera sido muy fácil para el librarse de la acusación diciendo que el Senado (porque no hizo nada sin la aprobación del Senado) había tomado la decisión debido a que Catón los indujo, pero ese no hubiera sido Marco, el tomó en sus manos toda su responsabilidad y enfrentó sus consecuencias él solo porque sabía que había hecho lo correcto y que, por lo tanto, no era culpable de ningún delito. Sus enemigos querían reducirlo a un desterrado, un paria, después de haber salvado a su patria y  haber conseguido todas las magistraturas a pulso y comportándose de la manera más ejemplar. Bueno Caesaris Puella, me despido, espero tu respuesta a esta participación y a las preguntas que hice en la mía anterior. Gracias por la ensaimada, estuvo deliciosa!!!!

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