..LAS LEGIONES DE JULIO CÉSAR

 

LAS NUEVAS LEGIONES

Disposición Táctica

 

Las legiones de Julio César son el mejor ejército de toda la Historia, una verdadera máquina de picar carne enemiga que paseó sus estandartes desde Inglaterra a Egipto. Menos de 50.000 hombres que derrotaron a más de 3.000.000. En Historia, hablar de las legiones de Julio César es hablar de un ejército cuyos logros, hazañas y proezas más parecen obra de dioses que de hombres.

¿De dónde salió este formidable ejército en el que se inspiraron casi todos los demás a lo largo de la Historia?

 

A finales del siglo II a.C., Roma estaba metida de lleno en una larga y tediosa guerra en Numidia. Las continuas levas habían causado gran malestar en toda Italia, ya que los pueblos italianos, que aún no poseían la ciudadanía romana, no veían con buenos ojos embarcarse en guerras que tan sólo acarreaban beneficios tangibles para Roma, en la que muchos pueblos italianos veían una ciudad opresora, en lugar de una ciudad hermana, y con razón. Roma reclutaba sus ejércitos a partes iguales: ciudadanos romanos y ciudadanos italianos, pero los beneficios de las guerras eran sólo para Roma, por lo que el malestar era enorme. En aquella época, sólo podían ser soldados los inscritos en el censo de propietarios, ciudadanos que poseían una determinada renta y eran capaces de costearse su propio equipo militar. Además, los soldados no veían con buenos ojos embarcarse en largas campañas dejando sus propiedades, negocios y familias indefensos ante la rapiña de los especuladores. Muchos de ellos volvían para encontrarse con que sus bienes habían desaparecido.

Fue el veterano Cayo Mario, el cónsul encargado del reclutamiento, el que concibió la genial solución que habría de cambiar el panorama militar de la Historia radicalmente.

Mario creó un nuevo ejército profesional. Hasta entonces sólo podían ser soldados los miembros de los censos que poseían propiedades, por lo que los pobres del capite censi (censo por cabezas) que no podían pagarse su armadura no podían ser soldados. Pero Mario invirtió la situación. Abrió las puertas a los pobres que nada poseían, los miembros del capite censi, y que se atropellaron para alistarse. Estos nuevos soldados no esperaban el licenciamiento, sino seguir en el ejército hasta la vejez, ya que era ahora su profesión. La paga se aumentó para permitir que cada soldado comprara al ejército su equipo y armamento, que empezaron a fabricarse en serie y homogeneizados. Así, todos los legionarios llevarían el mismo equipo y armamento: casco de bronce de tipo montefortino, cota de malla de hierro, espada corta española o gladius hispaniensis, un pilum pesado y otro ligero y el gran escudo o scutum (en los siguientes capítulos se detalla este armamento).

Mario suprimió el enorme convoy de suministros que dificultaba y retrasaba la marcha de las legiones. A partir de entonces, cada legionario habría de cargar con todo su equipo: capote, mudas, instrumentos de cocina, raciones de campaña, herramientas para construir el campamento, etc. En total más de 30 kilos, por lo que se llamó a los nuevos legionarios "las mulas de Mario". Cada grupo de ocho legionarios o contubernium disponía de una mula que llevaba la tienda de campaña en la que dormían, el molino para hacer pan, etc. Gracias a estos cambios, las nuevas legiones podían marchar cómodamente 30 kilómetros cada día y construir un campamento fortificado donde pasar la noche. Las legiones de César llegaron a realizar marchas forzadas de más de 50 kilómetros en un día, lo que les confería una ventaja táctica sin igual. En una ocasión, César llegó a afirmar que las guerras se ganaban con los pies. Si contamos que sus hombres podían marchar hasta 50 Km. diarios y sus enemigos no llegaban ni a los 20 no nos parecerá tan exagerada esta afirmación.

Pero el cambio más importante que realizó Mario fue táctico. Mario fue, después de César el más grande táctico que ha dado Roma a la historia militar. Consciente de que las legiones de Roma debían estar preparadas para afrontar combates en franca inferioridad numérica contra pueblos como los germanos, modificó la disposición táctica con la cohorte como unidad táctica de la legión. Con la uniformidad en el equipo se abolieron los antiguos ordines de hastati, principes y triarii y  Mario fundió los manípulos para formar cohortes. Así, cada tres manípulos formaron una cohorte, un bloque sólido de seis centurias capaz de operar como unidad independiente dentro de la propia legión.

Cada legión (4.800 hombres) tenía diez cohortes. Cada cohorte (480 hombres) estaba formada por tres manípulos. Cada manípulo (160 hombres) constaba de dos centurias de 80 legionarios cada una mandados por un centurión.

La unidad básica del ejército de la República antes de la reforma de Mario era el manípulo, formado por dos centurias de 80 hombres cada una, 160 hombres en total.

En la imagen, un manípulo con sus dos centurias formadas una tras otra en orden de combate. Los centuriones se colocaban en la primera fila de la primera línea (esquina inferior izquierda). Ésta debió ser la disposición más habitual, un cuadrado de 10 hombres de frente por 8 de fondo.

Un manípulo formado con sus dos centurias. Los centuriones se colocaban a la derecha (mirando hacia el enemigo) en la primera línea. El centurión de la primera centuria es el jefe del manípulo y el de la segunda centuria está subordinado a él. Las imágenes del centurión y del legionario son del maestro Peter Connolly (Ed. Greenhill books). El hacer que dos figuras se conviertan en 160 es cosa entre el Photo Paint y yo.

Mucho se ha discutido sobre la distancia que había entre cada hombre en la formación. Lo más lógico es que fuera suficiente para permitir a cada legionario desenvolverse sin estorbos y a la vez evitar que las líneas se convirtieran en un "coladero de enemigos". Yo calculo que una distancia de 1 metro o incluso menos aún entre cada hombre es suficiente. Con cada legionario ocupando un espacio de 1 metro cuadrado para poder maniobrar con comodidad.

Así, cada centuria formaría un cuadrado de 20 metros de frente por 16 metros de fondo. Calculemos una distancia entre la centuria anterior y posterior de unos 8 metros y veremos que un manípulo tendría aproximadamente 20 metros de frente por unos 40 metros de fondo.

Cada cohorte tenía 6 centuriones jerarquizados según su antigüedad asistidos cada uno por un suboficial u optio, además, cada manípulo tenía un portaestandarte o signifer y un corneta o cornicem para transmitir las órdenes.

 leg_legion_cohorte_01.gif (22919 bytes)

El centurión más antiguo de la cohorte era el que la mandaba. La legión tenía sesenta centuriones, el centurión de más rango era el de la primera centuria del primer manípulo de la primera cohorte, llamado centurión primus pilus, y así sucesivamente, por lo que el centurión de menor rango era el de la segunda centuria del tercer manípulo de la décima cohorte. Para que éste último llegara a primus pilus tenía que ascender paso a paso en el escalafón. Como eran 10 cohortes las que formaban una legión, cada legión constaba de 4.800 hombres, en teoría. Sin embargo, César tuvo que combatir varias veces con legiones de 3.000 hombres o incluso menos, reforzando la primera línea en detrimento la segunda y tercera. Para ello, las centurias podían formar con doce hombres de frente y cinco de fondo, con lo que la línea se "alargaba" al perder profundidad.

leg_legionmanipulos_01.gif (54313 bytes)

A la izquierda un manípulo formado de 12 hombres de frente. A la derecha otro de 10 hombres de frente.

Tal flexibilidad, inédita en la historia militar hasta entonces, dio a las legiones romanas una capacidad de respuesta gigantesca. Los manípulos podían moldearse como la plastilina, alargándose o acortándose a voluntad para cubrir un mayor frente de combate o tener mayor profundidad o adaptarse a un terreno escabroso. La campaña de las Galias demuestró el formidable acierto táctico de Mario al crear las nuevas legiones como unidades táctica dotadas de una enorme flexibilidad operativa. Tal concepto daría a Roma la absoluta supremacía táctica durante siglos.

 

La legión se formaba en tres líneas, el famoso acies triplex, con las cohortes dispuestas en filas (en realidad desconocemos cómo se disponían las cohortes, pero en el capítulo siguiente te explico por qué yo creo que lo hacían así):

legion_10_persp.gif (39366 bytes)

Este es el aspecto de una legión completa, formada en orden de batalla con diez cohortes, con los huecos entre los treinta manípulos abiertos.

En combate, la línea en contacto con el enemigo cerraba los huecos al bajar las centurias traseras mientras las otras dos líneas permanecían en orden abierto para permitir cambiar las líneas y que la segunda relevara a la primera y la tercera a la segunda llegado el caso de esta forma:

leg_legion_persp_cerrada_01.gif (20712 bytes)

La legión en orden de batalla y lista para enfrentarse al enemigo. Contando, como hemos visto, que cada legionario necesitara 1 metro para desenvolverse manejando el escudo y la espada con comodidad, la legión formada tendría un frente de combate de unos 400 metros de longitud. Si era necesario comprimir ese frente sólo había que juntar filas.

Algunos autores defienden que los manípulos formaban en orden abierto en combate. Como se ve, es difícil que lo hicieran así, ya que en lugar de una legión sería un colador. Un ejército que lucha contra líneas sólidas de enemigos no puede dejar 9 huecos de 20 metros de anchura cada uno para que el enemigo penetre en sus líneas como por una autopista y pueda atacar a las unidades de retaguardia.

Cada legión podía "acoplarse" a otra fácilmente formando una línea de frente tan grande como legiones hubiera.

legiones_10_persp.gif (19432 bytes)

Este es el aspecto de tres legiones formando una línea de batalla perfectamente unificada. Como podeis ver, las legiones encajaban entre sí como las piezas de un puzzle.

El mando de un ejército formado por dos o más legiones estaba a cargo de un general. El mando de la legión lo ostentaba un legatus (legado). Seis jóvenes tribunos (cinco del orden ecuestre y uno del orden senatorial) formaban su estado mayor. Cada legión tenía un praefectus castrorum, que ocupaba el mando táctico de la legión en ausencia del legado, ya que los tribunos eran demasiado inexpertos para tal responsabilidad. El cargo de praefectus castrorum solía ser ocupado por un centurión que hubiera sido primus pilus. La columna vertebral de la legión eran sus 60 centuriones, El mejor cuerpo de oficiales de la historia de la guerra. Cada centurión estaba auxiliado por un optio o suboficial, un tesserarius encargado de la administración de la centuria, un signifer o portaestandarte de la centuria y un cornicen o corneta que transmitía las órdenes acústicas.

Mario les dio a las legiones un nuevo estandarte: un águila de plata que los supersticiosos legionarios veneraban como algo divino: la encarnación del poder sobrenatural y de la fuerza que les convertía en soldados superiores al resto. El águila era portada por el aquilifer, considerado el soldado más valiente de toda la legión. No había mayor deshonra para una legión que la pérdida en combate del águila sagrada.

 

DISPOSICIÓN TÁCTICA DE LA NUEVA LEGIÓN

 

leg_legion_d_01.gif (2663 bytes)

Orden de batalla de una legión de César. Cada color refleja una cohorte con sus tres manípulos de dos centurias cada uno. Entre los manípulos se deja un espacio para que lo ocupe la segunda centuria de cada manípulo. La línea de batalla estaría formada por nueve cohortes, ya que la décima cohorte se ocuparía de guardar el campamento o al mando de la legión.

leg_legion_d_02.gif (2602 bytes)

Si la décima cohorte tenía que ser insertada en la línea de batalla lo podía ser de esta sencilla manera para mantener la profundidad de tres líneas.

leg_legion_d_03.gif (2602 bytes)

El enemigo se acerca. Las centurias posteriores se mueven para ocupar el hueco.

leg_legion_d_05.gif (2484 bytes)

Así entraba en combate una legión romana, con un frente compacto de unos 500 metros de longitud. Las centurias posteriores de la primera línea han bajado cerrando los huecos para presentar una línea de combate compacta. Las líneas segunda y tercera esperan tras la primera en orden abierto para facilitar el reemplazo de líneas si es necesario.

La primera línea ha combatido hasta el límite y es necesario relevarla. Rápidamente, los manípulos de la primera línea vuelven a separarse creando huecos por los que bajan inmediatamente los manípulos de la segunda línea mientras la primera se retira.

leg_legion_d_06.gif (2513 bytes)

En condiciones tácticas ideales esta complicada operación podía completarse en tan sólo ¡40 segundos! lo que no daba tiempo al enemigo ni a darse cuenta de lo que estaba ocurriendo. Mientras, la primera línea se ha retirado detrás de la tercera línea y repone fuerzas preparada para volver a intervenir si fuera necesario. Si no consigue la victoria, la segunda línea se retirará de igual modo para que la tercera combata. Generalmente era muy raro que la tercera línea tuviera que intervenir. De hecho, César, que nunca contó con legiones completas, tuvo que sacrificar muchas veces esta línea para reforzar las dos primeras, como ocurrió en Farsalia.

Este sistema proporcionaba una flexibilidad como jamás ningún ejército había soñado hasta entonces. La guerra contra Pirro demostró que las legiones podían ser derrotadas, pero no destruidas y sólo el genio supremo de Aníbal consiguió aniquilar esta soberbia formación.

El momento cumbre de toda campaña es el combate. Tal y como refleja la magnífica Columna de Trajano, el 95% del trabajo de las legiones consistía en marchar, levantar campamentos, crear rutas, sudar, pasar frío, etc. Pero evidentemente, la batalla es el momento más espectacular de toda campaña.

Las legiones romanas que mandó César fueron diseñadas por Mario para enfrentarse a un enemigo numéricamente superior. En realidad, las legiones romanas, desde las reformas tras la guerra Latina (340-338 aC), fueron concebidas para combatir en inferioridad numérica y, lo que es más importante, para poder retirarse del campo de batalla ordenada y disciplinadamente sin ser destruidas. Esto significa que los romanos, a diferencia de otros pueblos, tenían una concepción de la guerra basada en la estrategia: para Roma la táctica siempre estaba subordinada a la estrategia. La batalla era la meta de una serie de etapas perfectamente delimitadas y de cuya ejecución dependía, en la mayoría de los casos, el éxito de la campaña.

En una batalla podían combatir una legión sola o varias, dependiendo de los efectivos. Generalmente se alineaban frente al enemigo en fila, una junto a otra "encajándose" como hemos visto más arriba, y si se daba el caso frecuente de contar con cohortes "sueltas", se las alineaba junto a las de las legiones como si fueran una extensión de éstas. El frente de combate de una legión completa era de unos 300 metros, pero este frente podía acortarse o alargarse a voluntad cambiando la disposición de los manípulos como se mueven las fichas en el juego de Damas, tal y como hemos visto anteriormente.

leg_legiones_disposicion_01.gif (3541 bytes)

Arriba vemos una legión al completo de efectivos, con las centurias dispuestas como hemos estudiado (8x10 hombres). Abajo, una legión que sólo cuenta con 3.600 hombres como las que tenía César en Farsalia: no sólo sus legiones tenían menos hombres que las de Pompeyo, sino que encima Pompeyo tenía más legiones que César y por tanto ocupaban una línea de batalla más larga. ¿Qué hacer? La increíble elasticidad de las legiones permitió a César solventar los dos problemas a la vez al disponer las centurias con 12 hombres de frente por 5 de fondo, con lo que no sólo alistaba cohortes en tres líneas, sino que además la legión se "estiraba" haciéndose más larga que una normal.

Esta elasticidad era la característica más sobresaliente de las legiones romanas, pero exigía un colosal entrenamiento y una disciplina de hierro para poder sacarle el necesario partido. Las posibilidades eran, como podemos observar, infinitas.

César en Farsalia tuvo tiempo de ver la disposición táctica de Pompeyo y alinear sus efectivos convenientemente, pero no siempre era así. Muchas veces los legionarios tenían que desplegarse rápidamente en plena marcha o eran atacados mientras construían el campamento. César tuvo que desembarcar en Britania con las playas ocupadas por el enemigo, y en ese momento todo dependió del valor personal, tal y como César refleja en los Comentarios de la Guerra de las Galias. Una vez tomada la playa y formadas las legiones en orden de batalla no hubo ya enemigo capaz de oponerse a esta formidable disposición táctica.

 

Los legionarios formaban el orden de batalla de las legiones como autómatas. El intenso entrenamiento y la disciplina conseguían que cada hombre supiera exactamente cuál era su puesto, aún dentro de la mayor confusión, pero César señala en los Comentarios que durante la batalla contra los nervios (ver CAMPAÑAS), si las unidades no conseguían enlazar se formaban allí donde fuera posible sin importar dentro de qué legión estuvieran. Esta elasticidad táctica, inédita en la historia militar hasta entonces, era una de las claves de la enorme superioridad romana

En combate, los legionarios cargaban contra el enemigo a la carrera. Al llegar a unos 15 metros de éste lanzaban los dos pila y sin dejar de correr desenvainaban la espada y arremetían contra las líneas enemigas. El impacto de una lluvia de pila lanzada de ese modo era terrorífico: las fabulosas jabalinas masacraban las líneas enemigas atravesando los escudos e inutilizándolos y creando una enorme confusión que era aprovechada por los legionarios para cargar con el gladius hispaniensis. El gran escudo oblongo protegía al legionario mientras la corta espada española esperaba su oportunidad. Cuando el enemigo alzaba su espada para atacar, el legionario paraba el golpe con el escudo mientras clavaba su espada en el costado del enemigo que para atacar había tenido que descubrir su flanco. La espada española sólo necesitaba ser clavada 5 centímetros para que la herida fuera mortal, con lo que la efectividad del ataque romano era letal.

 

Lo que acabamos de estudiar es el orden de batalla ideal de una legión con sus efectivos completos, pero debemos recordar que César tuvo que combatir con legiones que rondaban los 3.500 hombres e incluso menos, por lo que en muchas ocasiones se vió obligado a poner en juego otros sistemas tácticos que estudiaremos en capítulos siguientes.

 

EL COMBATE

La legión, unidad increiblemente elástica (no me cansaré de repetirlo porque es la clave de su superioridad), podía ser utilizada en combate de cien formas distintas. Si estaba completa, si no le faltaban unidades como manípulos o cohortes enteras, la forma más utilizada para presentar batalla era esta:

leg_legion_persp_combate_01.gif (33635 bytes)

Un ejército germano es interceptado por una legión romana, los germanos avanzan, según su costumbre, con toda la tribu: 30.000 en total, descontando niños, mujeres, ancianos y esclavos, unos 10.000 guerreros se aprestan para la lucha contra la legión romana. El legado al mando de la legión tiene completa información de los movimientos y efectivos germanos gracias a sus expertos exploradores. Por eso sabe que 10.000 guerreros bastan para crear un poderoso frente de lucha de gran grosor, pero no son suficientes para rodear la legión. El combate se decidirá a la manera clásica y él sólo tiene que seguir el reglamento. Las diez cohortes de la legión se hallan dispuestas en tres líneas con los huecos entre los manípulos abiertos. El enemigo se acerca. El legado alerta a los centuriones de los manípulos que cubren los flancos para que estén atentos, pero los veteranos oficiales saben perfectamente lo que deben hacer si los germanos tratan de rodear la formación romana. Todo se efectúa automáticamente. Todos saben qué lugar deben ocupar y lo que tienen que hacer mientras las ásperas vozarronas de los centuriones no dejan de gritar consejos a los legionarios que oyen continuamente la ronca pero tranquilizadora voz de sus oficiales.

-¡A ver si sois capaces de acabar con ellos antes de que los de la segunda línea tengan que venir a llevarse la gloria!

-¡Una ánfora de vino de Rodas al que mate al bárbaro más alto! ¡Id a por el más alto y dejadme a mí los que sólo os saquen la cabeza!

Y los legionarios, formados en filas perfectas, sienten el poder de Roma recorriéndoles las venas. Ven la marea de germanos correr hacia ellos desordenadamente, gritando de manera espeluznante y contemplan la línea que sus cuerpos forman sobre el suelo: lisa, llana, recta como trazada a pluma. Los germanos son más altos, son más fuertes, pero en los oídos romanos aún resuenan claras las palabras que antes de abandonar el campamento les dirigió su legado:

-Nosotros somos la civilización, camaradas, el orden, la belleza, el arte. Ahí delante hay bárbaros que sólo saben gritar y comer como los caballos. ¿Cuánto nos van a durar esos canallas? ¿Cuánto tardará nuestra águila en ser clavada en el centro de su campamento? ¡Roma es invencible porque vosotros estais aquí para defenderla! ¡A por ellos, camaradas!

Y los legionarios, con la vista clavada en el aquilifer que se adelanta blandiendo el águila sagrada gritan, cinco mil voces en una sola.

-¡¡¡¡A por ellos!!!!

Los gritos de los germanos son ensordecedores y retumban en los oídos de los legionarios que aguardan sin mover un músculo, con la segunda centuria de cada manípulo cerrando el hueco en la primera línea para formar un frente compacto, una verdadera muralla de hierro. De repente, los legionarios entrechocan fuertemente sus dos pila contra los escudos formando un trueno que ahoga los gritos germanos.

Es el aviso de la legión: Roma está aquí.

El centurión primus pilus, oficial jefe de la primera centuria del primer manípulo de la primera cohorte se adelanta unos pasos para que toda la línea pueda verle. Y todos le ven. Impasible. Erguido con la vista fija en la marea de germanos que se acerca atronadoramente, mientras sus condecoraciones ganadas en cien combates resplandecen al claro sol de la mañana. Y lentamente, ceremonialmente, desenfunda su espada española que bañada por el sol envía su destelleante reflejo, avisando que es portadora de muerte a la masa oscura de germanos que están ya a cincuenta metros. Y repentinamente, el brazo del centurión jefe de la legión desciende. Automáticamente, la primera línea lanza su grito de guerra.

-¡¡¡ROMA INVICTA EST!!!

Y se lanza a la carrera contra el enemigo, una carrera ordenada, mil veces ensayada para que ninguna unidad se adelante demasiado. A menos de veinte metros del enemigo, los legionarios de las primeras posiciones lanzan sus pila ligeros que se alzan silbando, portadores de muerte y destrucción. Cada pilum alcanza su objetivo en las primeras líneas germanas atravesando escudos de madera y carne. Pero antes de que los sorprendidos germanos se den cuenta de lo que ha ocurrido oyen el silbido de la segunda oleada: son los pila pesados que vuelan ya contra ellos. Instintivamente, los germanos alzan los escudos sobre sus cabezas para protegerse de aquella lluvia infernal, pero de nada vale. El pesado pilum, una auténtica obra maestra de la ingeniería armamentística de la época, atraviesa los escudos de madera como si fuesen de papel. Si el germano tiene suerte, el asta de hierro no le atraviesa, pero el pilum es algo más que una simple lanza arrojadiza. Mucho más. El remache que une el asta de hierro al mango de madera se quiebra con el impacto ambas partes se doblan como una bisagra impidiendo al germano que pueda utilizar el escudo. Las primeras líneas germanas han quedado frenadas, miles de guerreros han sido muertos, heridos o tratan desesperadamente de arrancar aquel infernal artilugio clavado de sus escudos. Y nada más lanzar el segundo pilum, los legionarios, a la carrera, han desenfundado su arma más letal, la fabulosa espada española y embisten a la masacrada línea germana...

Los legionarios atacan con el cuerpo encogido, el gran escudo en alto, protegiendo su cabeza y torso de las largas espadas germanas que se utilizan como mazas. Los impactos son terribles. Algunos legionarios sufren dislocaciones en el brazo que sostiene el escudo por la violencia del golpe, pero el escudo de capas de madera contrapeada forrado de fieltro y protegido por el reborde metálico consigue detener el corte de la espada germana que, aunque logra atravesar el reborde de bronce y clavarse en la madera, protege al legionario del ataque. Y entonces llega el momento del legionario, que se lanza hacia delante y clava su gladius hispaniensis en el cuerpo del germano. Su espada española, corta y ancha, perfectamente contrapesada para conseguir ser una auténtica prolongación de su brazo, se clava en la carne germana, atravesándola como si de mantequilla se tratara. Sobre miles de cadáveres germanos, la máquina de muerte y destrucción, esa verdadera máquina de picar carne que es la legión romana, avanza segando vidas y regando el suelo de sangre germana. La legión demuestra su poder táctico y su soberbia superioridad tecnológica sobre todos los ejérctitos de la Tierra. Y Roma, una vez más, invicta est.

 

La reforma de Mario convirtió a las nuevas legiones en auténticas "máquinas de picar carne". Su superioridad táctica permitió a Mario aplastar a los cimbrios y teutones, que superaban a los romanos 5 a 1 y a su sobrino César derrotar a ejércitos aún mayores. El máximo número de legiones que mandó César fue de 10, menos de 50.000 hombres. Que 50.000 legionarios derrotaran a 3.000.000 de enemigos sólo es explicable por dos motivos: La abrumadora superioridad táctica de las nuevas legiones y el soberbio mando del más grande general de toda la Historia.

 

En el siguiente capítulo EL PROBLEMA DE LA DISPOSICIÓN DE LAS COHORTES veremos a fondo la  cuestión de la alineación de las cohortes y los huecos entre unidades, cuestión que nos lleva quebrando la cabeza desde hace siglos pero que, a mi modesto entender, es más sencilla de lo que algunos quieren creer.

ÍNDICE