..LAS LEGIONES DE JULIO CÉSAR

 

LA LEGIÓN EN COMBATE

 

Durante la República, anteriormente a la reforma de Cayo Mario, normalmente se alistaban cuatro legiones cada año más un contingente similar de unidades aliadas italianas, cada dos de esas legiones y sus correspondientes unidades aliadas italianas formaban un ejército consular al mando de uno de los cónsules. Con ese ejército Roma conquistó Italia, pero para hacer frente a la amenaza púnica Roma tuvo que realizar un esfuerzo sobrehumano manteniendo muchas más legiones alistadas, incluso de esclavos armados con equipos celtas tuvo que echar mano Roma para alistar hombres tras las derrotas sufridas a manos de Aníbal.

Las posteriores derrotas romanas frente a los germanos, en especial la carnicería de Arausio, fueron el detonante para la creación del nuevo sistema de ejército profesional basado en legiones permanentes que ya había probado Cayo Mario en la campaña de Numidia. Lo que posibilitaría que Julio César medio siglo después conquistara las Galias tras ocho años de guerra, al no tener que depender del reclutamiento anual antiguo.

También cada general podía reclutar unidades auxiliares formadas por soldados profesionales que no tenían la ciudadanía romana, en un principio con sus propio armamento y equipo, como nuestros famosos honderos baleares, pero después todos con equipos homogéneos, dando lugar a los auxiliares del Imperio que formaban unidades de infantería, caballería o unidades de élite como arqueros. Mantener las legiones era sumamente caro para el erario romano (ver el capítulo QUÉ COSTABA MANTENER EL EJÉRCITO ROMANO), por lo que durante el Imperio éstas sólo eran empeñadas en combate si la primera línea de auxiliares era derrotada, bien en campaña, como en el caso de las campañas de Trajano o bien manteniendo servicio de guarnición en el limes, la frontera fortificada del Imperio.

En la época de las legiones de Julio César, la aportación de estos auxiliares estaba reducida a unidades mercenarias de élite como los honderos baleares, los arqueros cretenses o los jinetes germanos, por lo que el peso del combate también lo llevaban a cuestas las mulas de Mario.

 

Hay autores que aseguran que Mario ordenó tácticamente a sus legiones en dos filas de cinco cohortes cada una y que fue César el que introdujo el esquema de las tres filas. Esto es totalmente inexacto, ya que las legiones manipulares siempre combatieron formando el triplex acies o sistema de tres filas (princeps, hastati y triarii), y precisamente lo que necesitaba Mario frente a los cimbrios y Teutones era profundidad, por lo que la legión continuó combatiendo formada en tres líneas hasta principios del bajo Imperio en que se aplicó el esquema táctico de dos filas de cinco cohortes. Lo que sí hizo César fue modificar este esquema utilizando dos filas, tres o incluso cuatro cuando la ocasión lo requería, demostrando así la enorme flexibilidad del sistema de cohortes inventado por su tío Mario, ya que cada cohorte de 480 hombres era una especie de legión en miniatura. Una vez aclarado (más o menos...) en el capítulo anterior cómo se disponían las cohortes, vamos a ver cómo actuaba una legión en combate en los doscientos años que van de Mario a Trajano.

 

El sistema: ¿Orden abierto o cerrado?

A pesar de ser objeto de discusión durante siglos, no creo que haya lugar a la polémica. Veamos la siguiente ilustración, una legión formada con nueve cohortes en tres líneas más una cohorte de reserva, bien guardando el campamento, la impedimenta o protegiendo al mando de la legión:

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¿Se imagina alguien a una legión combatiendo de esta manera, en orden abierto sin cerrar los espacios entre cada manípulo?

Una formación así hubiera sido un coladero por el que hubiera pasado todo el ejército enemigo a través de los huecos de la primera línea, de la segunda o de la tercera. ¡Y aún hay quien opina que las cohortes formaban en bloques y combatían en este orden!.

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Como podemos ver, es racionalmente imposible que se combatiera de esta manera, por lo que la segunda centuria de cada manípulo bajaba a cubrir el espacio entre cada uno de los manípulos, formando así una línea de combate compacta tal y como vimos en los capítulos LAS NUEVAS LEGIONES y EL PROBLEMA DE LAS COHORTES.

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Ya sé que peco de pesado, pero vista la sarta de tonterías que se han escrito durante tantos siglos, no está de más repetirlo.

 

La mejor fuente de que disponemos para estudiar las legiones romanas posteriores a la reforma de Mario son los Comentarios de la Guerra de las Galias y los Comentarios de la Guerra Civil escritos por Julio César. Los motivos son evidentes: César, además de historiador, fue el comandante de dichas legiones, por lo que sabía de lo que estaba escribiendo. Para desentrañar el ejército romano tenemos a Polibio para las legiones manipulares y a César para las legiones marianas. Así pues, ya que de las legiones de César se trata, veamos cómo combatían las legiones.

 

Los efectivos

Una legión estaba formada por diez cohortes de 480 hombres cada una lo que nos da la cifra de 4.800 hombres en total, eso en teoría, ya que no parece que nunca las legiones de César estuvieran con sus cuadros completos, ni mucho menos. En Farsalia la media de efectivos por legión era de unos 3.000 hombres y a Alejandría se llevó dos legiones que entre ambas sumaban sólo 3.200 hombres, y sin embargo, lo que primaba de verdad no era el número sino la calidad de las tropas. En Farsalia, además de combatir con legiones incompletas, César tuvo que "estirarlas" literalmente para que su línea fuera igual de extensa que la de Pompeyo, que contaba con más del doble de efectivos. Esta circunstancia es de suma importancia ya que nos permite conocer cuál era la profundidad de hombres necesaria para afrontar un combate con garantías.

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Normalmente cada centuria formaba como un cuadro de 10 x 8 hombres. Como la segunda centuria de cada manípulo bajaba para cerrar el hueco, la profundidad de la línea de combate de la legión era de 8 hombres. Puesto que tres eran las líneas que una legión podía presentar, el frente de combate quedaba estructurado como una sucesión de líneas con 8 hombres de profundidad. Recordemos que en Cannas los manípulos formaron con su profundidad doblada, es decir, con 16 hombres; un experimento que costó a los romanos 50.000 muertos. Puesto que el secreto táctico de la legión no era otro que su flexibilidad, la línea de combate con 8 hombres de profundidad era la más racional y la que mejor se adaptaba a esa característica esencial. Pero si había que reducir la profundidad, esa misma flexibilidad operaba el milagro de permitir "adelgazar" las líneas, como en el caso de César en Farsalia "estirándolas". César se vio encorsetado por los escasos medios de que disponía, pero conociendo al tío Julio como le conocemos sabemos que jamás se dejaba dominar por las circunstancias, que sabía aprovecharse de todas ellas, incluso de las más adversas. Por ello podemos deducir que si estiró sus líneas fue dentro de los límites aceptables en cuanto a profundidad. ¿Cinco o incluso cuatro hombres? cuatro ya me parece peligroso, pero no dudo que la tercera línea de cohortes pudiera llegar a a tener centurias con esa cifra tan menguada. Como vimos en el capítulo LAS NUEVAS LEGIONES se podían desplegar líneas con centurias formadas con un orden de combate de a 12 hombres en en frente, entonces ¿dónde estaba el límite? Yo pienso que ningún general sensato se hubiera atrevido a entrar en combate con un frente de combate de una profundidad menor de cuatro hombres ¡y con cuatro se arriesgaba muchísimo!. Creo que cinco hombres de profundidad para situaciones de emergencia como la vivida por César en Farsalia es una buena cifra. César tenía en Farsalia 87 cohortes con un total de 23.000 legionarios nos da una media de 264 hombres por cohorte cuando lo normal era 480. 44 hombres por centuria cuando lo normal era 80. Es decir, los efectivos teóricos de la legión reducidos a la mitad, por lo que el frente de combate de César contaría con cinco hombres a lo sumo, quizás la primera línea fuera especialmente reforzada para la batalla, aunque según el propio César comenta, fue de la tercera línea de donde sacó todo lo que pudo, entre ello las ocho cohortes con las que atacó a la caballería pompeyana, por lo que la diferencia entre la primera y la segunda líneas no debía ser mayor de un hombre en su profundidad. Esta norma es también aplicable para las legiones del Alto Imperio, ya que el ligero aumento de efectivos no supuso cambio en la disposición en profundidad de sus líneas.

Como he repetido varias veces en toda la página web, el factor primordial de desequilibrio táctico no era la superioridad o incluso la igualdad numérica con el enemigo, sino la superioridad cualitativa. En resumen: los romanos eran menos pero mejores.

 

Las líneas

En las anteriores legiones manipulares la tercera línea estaba formada por los triarii, cuya función era meramente defensiva. En Cannas ni siquiera llegaron a participar en la batalla y fueron negligentemente dejados en el campamento. Con ello se desperdiciaba a un buen número de hombres. Mario convirtió las nuevas legiones en un arma 100% ofensiva armando a todos los legionarios con pila. Ahora la legión se estructuraba en cohortes que actuaban como puños golpeando al enemigo. Si Epaminondas y Pelópidas diseñaron la falange oblicua con un destacamento de mucha profundidad para romper la línea de combate enemiga, Mario perfeccionó ese sistema alcanzando la perfección. Ahora la legión podía combinar la potencia de la rígida falange oblicua con su propia flexibilidad permitiendo que una cohorte actuara como un elemento diferenciado en la formación, rompiendo la línea de combate enemiga y explotando esa ruptura.

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Una legión formada por nueve cohortes entra en combate con una fuerza enemiga.

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La cohorte de la izquierda ha roto el frente enemigo y avanza introduciéndose en él. Inmediatamente la cohorte de la segunda línea que cierra por detrás avanza para proteger una posible ruptura de flanco que dejaría desprotegida a la segunda cohorte de la primera línea.

Sencillamente fantástico. Como en un tablero moviendo fichas. Como en un ballet donde cada movimiento se sincroniza con otros cientos formando todos ellos un todo único. La reforma de Mario es sin duda una de las más importantes de la historia militar, una reforma genial que posibilitó las grandiosas victorias contra los cimbrios y teutones y que abrió el camino a Julio César años después. Con este sistema único las legiones romanas gozaron de una superioridad táctica jamás igualada en toda la Historia. Tal fue su eficacia que durante trescientos años no experimentó cambios, dando a Roma la superioridad táctica absoluta.

 

Tanto en su campaña contra los helvecios como contra Ariovisto el 58 aC las legiones de Julio César tuvieron que hacer frente a una maniobra envolvente de los bárbaros que aventajaban numéricamente a los romanos en gran proporción. En ambos casos fue la tercera línea la encargada de hacer frente a esta amenaza de la siguiente manera:

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En el gráfico de la izquierda vemos una legión en combate. Una fuerza enemiga se acerca por la izquierda flanqueándola para atacar su retaguardia. En el gráfico de la derecha vemos a las cohortes de la tercera línea desplegarse para conjurar la amenaza creando un nuevo frente de combate. Así fue como César venció las maniobras de flanqueo de los helvecios y de Ariovisto.

 

La disposición de las legiones

Las legiones podían desplegarse de cien maneras distintas, dependiendo del criterio de su general que debía contar con múltiples factores antes de tomar una decisión tan crucial. Veamos algunos ejemplos.

Julio César. 58 aC. Frente a la típica disposición en línea continua, César contra los helvecios en 58 aC desplegó a sus legiones en dos líneas con las cuatro legiones veteranas en la primera y las dos novatas flanqueadas por las tropas auxiliares en la segunda y el convoy de suministro detrás.

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Es evidente que la táctica empleada por Mario en Aquae Sextiae había sido perfectamente entendida por su sobrino que formó a sus legiones en un monte para impedir que los helvecios, que sobrepasaban en mucho a los romanos en número, pudieran flanquearles. Con este dispositivo tan poco ortodoxo, César batió a los helvecios y "sus muchachos", tras una fiera y reñisísima batalla, emprendieron la persecución ladera abajo. Entonces las dos legiones de reserva pasaron a formar los flancos de la línea de combate de las otras cuatro, lo que obligó a los helvecios a "estirar" su falange. Fue en este momento cuando una parte de ellos trataron de flanquear a las legiones, lo que provocó la reacción de la tercera línea de cohortes.

 

Tras el fin de la guerra civil que se desató con el asesinato de César, Augusto introdujo dos novedades en su ejército. La primera, más de orden administrativo, agrupaba cinco centurias dobles en la primera cohorte de cada legión, con la quinta centuria formada por los especialistas como artesanos, escribientes, etc. La segunda fue más importante porque se alistó a gran número de fuerzas auxiliares. Probablemente esto tuvo lugar tras la gran desmovilización efectuada a raíz de su victoria sobre Marco Antonio y Cleopatra. De ahora en adelante, las legiones estarían secundadas por un número similar de efectivos auxiliares, y fue en la dura campaña de Germania donde el nuevo sistema demostró su operatividad.

Germánico. 16 dC. Durante la campaña en Germania, Germánico, el competente general hijo del legendario Druso y hermano del futuro emperador Claudio, hubo de enfrentarse al traidor caudillo germano Arminio. La disposición de las tropas que hizo Germánico en esta batalla es un perfecto ejemplo del modelo táctico que habría de perdurarse al menos durante dos siglos más.

Las legiones operaban tácticamente de manera idéntica a como lo habían hecho con Mario cien años atrás. La novedad estribaba en la plena operatividad táctica de las unidades auxiliares que ya no eran un mero complemento de las legiones, sino parte integrante del esquema táctico en combate. Ahora la primera línea de combate estaba formada por las unidades auxiliares que ya no se limitaban a molestar al enemigo, sino que entraban en combate con él para frenarlo y ablandarlo. En un momento determinado, los auxiliares se retiraban y las legiones cargaban contra el enemigo. Esto hubiera sido impensable en Aquae Sextiae o en Farsalia (y eso que César ya utilizaba a sus auxiliares con una libertad que a Mario le hubiera dejado pasmado), pero Germánico pudo hacerlo. ¿Por qué?. Sencillamente porque las unidades auxiliares habían recibido entrenamiento para su nuevo cometido. Algo muy importante había cambiado en el esquema militar romano, y había cambiado para mejor.

Frente a los germanos, Germánico desplegó una primera línea de tropas auxiliares destinadas a fijar y ablandar al enemigo. Tras esta primera línea situó a sus cuatro legiones con la guardia pretoriana y él mismo en su centro, además formó una tercera línea tras él formada por cohortes de otras legiones en campaña llegadas para reforzarle. Conocedor del plan germano para enviar parte de sus fuerzas a través del bosque para flanquearle y atacar su retaguardia, Germánico situó en el bosque a toda su caballería para hacer frente a esta amenaza.

Obviamente, la tercera línea romana tenía como misión primordial evitar una maniobra de flanqueo. Las lecciones de César en la Guerra de las Galias estaban muy presentes en los buenos generales romanos que eran plenamente conscientes del peligro que se corría frente a una marea germana capaz de cualquier cosa. El planteamiento de Germánico es una versión del ideado por César contra los helvecios en el año 58 aC. Pero con la variación de la primera línea de auxiliares. ¡Ah, si César hubiera dispuesto de tropas así!. Pero en tiempos de César los auxiliares no se hallaban integrados en el esquema táctico romano como lo estaban en tiempos de Germánico.

 

Suetonio Paulino. 60 dC. Otra batalla muy distinta fue la librada por el gobernador de Britania Suetonio Paulino contra la caudillo Boudica en Britania. Paulino estaba en franca inferioridad numérica (1 legión con 5.000 hombres, 4.000 auxiliares y 1.200 jinetes contra más de 50.000 britanos armados con carros de guerra), pero desplegó sus escasas tropas magistralmente, aprovechando el terreno a su favor. Tan segura estaba Boudica de su victoria que, como era costumbre, irresponsablemente se llevó a decenas de miles de civiles a contemplar alegremente la batalla.

Paulino "encontró su Aquae Sextiae", es decir, encontró un lugar en el que disponer sus escasas fuerzas sin peligro de ser flanqueadas por la abrumadora superioridad numérica britana. Una ladera protegida por espesa vegetación donde esperó la acometida de los carros britanos. Los legionarios no tuvieron problemas para seguir el manual de César en Zela: aguantar la carga y atacar cuando se retiran. Los carros fueron destruidos y Boudica atacó con todos sus efectivos. Suetonio ordenó a sus tropas adoptar la formación de "cabeza de jabalí", es decir, formación en cuña, y atacar ladera abajo a los britanos. Las cuñas romanas cortaron la formación britana como un cuchillo al rojo corta un bloque de mantequilla. La caballería romana se utilizó para perseguir a los fugitivos. En total los romanos tuvieron 400 bajas y los britanos quedaron prácticamente exterminados. La belicosa Boudica acabó suicidándose con veneno.

 

Marco Ulpio Trajano. 101 dc. Mi compatriota Trajano, natural de Híspalis, cerca de la actual Sevilla, fue el más grande general del Imperio, consiguió llevarlo a su máxima expansión geográfica durante su reinado, venciendo a los germanos y conquistando Dacia y Partia. Y como buen general, siguió el manual de los buenos generales, es decir, hacer las cosas bien. Algo que parece sencillo pero ¡qué poquitos lo consiguen!

Durante la campaña dacia, Trajano, al frente de un impresionante ejército formado por 7 legiones, 41 cohortes de infantería auxiliar, 30 cohortes mixtas (infantería y caballería) y 18 alas de caballería con un total de 86.000 hombres inició en junio de 101 dC la aproximación final a Tapae, la ciudad dacia donde el rey Decébalo se había atrincherado. Éste contaba con unos 40.000 hombres, pero le reservaba a los romanos una sorpresa: una trampa al más puro estilo Aníbal.

Decébalo, que tan imprudentemente se había vanagloriado de poder vencer a Roma veía ahora como todo el poder de la Loba se le echaba encima. Había dejado que los bandidos asaltaran las fronteras romanas participando de su botín y haciendo caso omiso a las embajadas romanas que le pedían que cesaran los asaltos. Pero ahora la embajada ya no estaba formada por diplomáticos... sino por legiones.

La ruta principal de aproximación a Tapae se efectuaba a través de un estrecho valle por donde discurría el cauce seco del río Nera. Esta senda estaba flanqueada al este por los montes Semenic y al oeste por los montes Banatului, ambos cubiertos por frondosos bosques. Decébalo montó su emboscada formando frente a Tapae a sus 30.000 infantes dacios armados con los temibles espadones curvos y ocultando en el bosque a toda sus 10.000 jinetes dacios y sármatas y en los montes a los arqueros sármatas y los guerreros de las tribus montañesas para coger a Trajano en una trampa que de cerrarse sería mortal de necesidad. Era un ingenioso plan digno de un rey con buena cabeza táctica, pero había tres pequeños problemas en los que Decébalo no había pensado: 1- Trajano llevaba de soldado desde los dieciséis años. 2- era el mejor general que había dado Roma desde Julio César y 3- No tenía ni la más remota prisa por morir, y menos en Dacia.

Siguiendo ese manual nunca escrito de cómo deben hacerse las cosas bien, Trajano dividió a su ejército en dos cuerpos: el Primer Cuerpo bajo su mando con 4 legiones (I Auditrix, II Auditrix, III Flavia y VII Claudia), la Guardia Pretoriana (1 cohorte de infantería y 1 de caballería), 20 cohortes de infantería auxiliar, 30 cohortes mixtas y 8 alas de caballería con un total de 57.000 hombres y el Segundo Cuerpo al mando de Tercio Juliano con 3 legiones (I Italica, V Macedonia y XIII Gemina), 20 cohortes de infantería auxiliar y 10 alas de caballería con un total de 29.000 hombres. Si había algo que tenía claro Trajano es que no iba a dejarse coger en una encerrona. Enviados los exploradores por delante se descubrió a los 10.000 jinetes sármatas y dacios ocultos en los bosques del monte Semenic. Trajano ya había previsto una trampa así, por lo que había ordenado a Tercio Juliano que se aproximara a Tapae desde el este. Las tres legiones de Juliano se internaron en el bosque y atacaron a la caballería de Decébalo por la retaguardia mientras la caballería y las cohortes auxiliares romanas entraban en el bosque desde el sur y desde el norte para envolver a los dacios. Mientras tanto Decébalo atacaba a las cuatro legiones de Trajano con una ferocidad inusitada, pero la maniobra de los montes Banatului también había sido prevista por el emperador que había apostado 30 cohortes mixtas al mando de Lucio Licinio Jura para cubrir sus empinadas laderas y además había dejado 20 cohortes de infantería auxiliar como reserva táctica situadas de tal manera que pudieran acudir rápidamente a cualquiera de los tres frentes abiertos.

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Tapae hubiera podido convertirse en una segunda Cannas de no haber estado Trajano al mando. El emperador español siempre llevó la iniciativa aún cuando estaba dentro de una trampa: a cada maniobra de Decébalo tenía preparada una brillante contramaniobra. Vista la ferocidad del ataque de la infantería dacia, si los romanos no hubieran podido neutralizar las amenazas de los flancos aquel valle se hubiera convertido en una tumba para 80.000 romanos, pero la exploración y las oportunas contramedidas de Trajano impidieron a Decébalo atrapar a los romanos en aquella ratonera. La apuesta de Decébalo no era mala, como Aníbal, pensó en convertir la superioridad numérica en su principal baza táctica, pero eso sólo les ha salido bien a Alejandro, Aníbal, César o Napoleón. Un gran ejército que combate con un frente enemigo inferior en número tiene una desventaja: gran parte de sus hombres no entran en combate mientras los del ejército más pequeño sí. Así ocurrió en Cannas y en Farsalia, y si el comandante es lo bastante hábil para encontrar un punto de ruptura que impida al ejército grande reaccionar comprimiéndolo tiene la batalla ganada. Decébalo pudo haberlo logrado en Tapae, pero la habilidad de Trajano, su tremenda experiencia de combate y la profesionalidad de sus tropas dieron, una vez más, la victoria a Roma.

 

En todas estas batallas observamos una constante: la flexibilidad de empleo de las legiones. Esta flexibilidad sin parangón proporcionaba la superioridad táctica requerida para combatir en cualquier situación. La prueba de fuego de las nuevas legiones fueron las batallas de Aquae Sextiae y Vercellae, batallas en las que Mario derrotó a un fiero enemigo varias veces superior en número, prueba que se vería confirmada por las posteriores victorias de Sila o Lúculo y, por supuesto, por las de César, que con apenas 50.000 hombres en el mejor de los casos derrotó a más de 3.000.000 de enemigos. Este sistema posibilitará la conquista de Germania a finales del siglo I aC con las legiones llegando hasta el Elba, aunque el desastre del incompetente criminal Varo perdiendo tres legiones disuadiera a un timorato Augusto a proseguir la conquista. Y este sistema también consiguió vengar la derrota de Craso frente a los partos en Carras y llevar las águilas de las legiones de Trajano hasta su capital años después. Como se ve, las legiones al mando de generales competentes, por supuesto, eran soberbias máquinas bélicas. Las derrotas como Carras o Teutoburgo se debieron a generales incompetentes que no supieron aprovechar su potencial. En ambos casos las legiones no pudieron desplegarse y fueron forzadas a la derrota mientras marchaban, exactamente su punto débil por naturaleza. Algo así jamás le ocurriría a un Mario, un César, un Druso, un Germánico o un Trajano.

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