..LAS LEGIONES DE JULIO CÉSAR

 

LAS MARCHAS

 

Legionarios de César marchando, según una reconstrucción moderna.

César afirma en Los Comentarios de la Guerra de las Galias que las guerras se ganan con los pies antes que con la espada. Y tenía razón.

Las legiones de César poseen el récord absoluto de velocidad en campaña. El entrenamiento era duro, hasta conseguir que un legionario cargado con más de 30 kilos marchara hasta 50 kilómetros al día, pero la ventaja estratégica que posibilitaba era enorme. Los galos quedaban admirados al ver aparecer de repente legiones que suponían a cientos de kilómetros de allí y pensaban, con gran acierto, que el verdadero "secreto" de las victorias de César era la asombrosa movilidad de sus legiones. Esta movilidad se convirtió gracias a César en un factor táctico decisivo y gracias a él pudo unir a su ejército desperdigado por toda las Galias en la gran rebelión del 52 a.C. ante el asombro de los galos que de repente se encontraban con ejércitos que pocos días antes se hallaban a cientos de kilómetros de distancia.

Las legiones de César se movían a una velocidad casi doble que los ejércitos galos y hasta cuatro veces más rápido que los grandes ejércitos germanos.

Antes del alba, los legionarios eran despertados por el toque de diana. Desayunaban y esperaban el primer toque de corneta que les ordenaba levantar las tiendas. Al segundo toque de corneta, las tiendas y el equipo colectivo eran cargados en las mulas mientras la mitad de la legión levantaba las estacas de la empalizada y destruía los terraplenes y fosos que la tarde anterior habían excavado. Antes del tercer toque, un heraldo preguntaba por tres veces si estaban preparados para partir, a lo que los soldados respondían otras tantas veces "¡Estamos preparados!" y entonces comenzaban la marcha en silencio.

El ejército de César en la campaña del 52 a.C. en plena marcha tenía una longitud de más de veinte kilómetros. Los galos nunca se atrevieron a atacar a César en marcha porque temían, con razón, que si atacaban un frente tan extenso, las otras partes de la columna podrían rodearles.

Generalmente, el convoy con el equipo de asedio, artillería, etc. se situaba en medio de la línea, protegido por caballería.

Los ríos se vadeaban situando a la caballería en dos líneas paralelas mientras la infantería cruzaba por el medio. La primera línea frenaba así la fuerza de la corriente mientras la segunda recogía todo los objetos que eran arrastrados por el agua. Los legionarios cruzaban los ríos vadeables con todo el equipo sobre el escudo y sosteniendo éste sobre sus cabezas para que no se mojara.

Tengo que señalar que la descripción de Flavio Josefo sobre la marcha de Tito contra Jerusalén ha sido tomada por muchos como el método de marcha estándar del ejército romano no importa de qué siglo hablemos. A mi entender esto es un error tremendo. Las legiones de César, que operaron ¡¡¡unos ciento veinte años antes de Tito!!! tuvieron que tener un orden de marcha distinto por varias razones, dos de ellas primordiales: en primer lugar porque las legiones de César se movían mucho más rápido que las de Tito, en segundo lugar, entroncando con lo anterior, evidentemente el tren de suministros de César tendría que ser mucho más reducido que el de Tito. La descripción de Josefo comenta "el séquito del general", es evidente que nos imaginamos a César cruzando las Cevenas con un "séquito" detrás. Por ello, vuelvo a recordar que hablar de Roma es hablar de muchos siglos, y que no podemos generalizar, ya que la distancia entre unos hechos y otros puede ser de más de cien años, y en un siglo las cosas cambian mucho.

Pero dejemos que sea el propio César quien nos cuente cómo marcharon sus legiones durante la campaña contra los nervios:

...habiendo observado (los belgas) el orden de marcha de nuestro ejército durante aquellos días, se fueron de noche al campamento nervio y les explicaron que entre cada una de las legiones se interponía una gran cantidad de impedimenta, y que cuando llegara la primera legión al campamento y estando tan separadas las restantes, no habría ningún problema en atacarla mientras los legionarios estaban cargados todavía con el equipo. Comentarios de la Guerra de Las Galias. Libro II, capítulo XVII.

Gracias a esta descripción conocemos cómo marchaban las legiones cuando el enemigo aún estaba lejos, con cada legión seguida de su propio convoy de suministros, lo que es lo más lógico cuando el fin de la marcha es llegar a un lugar idóneo para establecer el campamento, ya que así cada legión tiene a mano sus bagajes fácilmente.

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Sin embargo, las cosas no salieron bien a los nervios, ya que César varió el orden de marcha y apareció ante ellos con las legiones en otro orden:

César, enviada por delante la caballería, seguía detrás con todas sus tropas; pero la disposición y el orden de marcha de su ejército era distinto del que los belgas le habían dicho a los nervios, pues, al estar aproximándose al enemigo, César, según acostumbraba, llevaba seis legiones sin impedimenta alguna. Tras ellas había colocado todo el equipo de su ejército y, detrás, las dos legiones que había reclutado recientemente cerraban la marcha y protegían los bagajes. Comentarios de la Guerra de Las Galias. Libro II, capítulo XIX.

Esto significa que había varios órdenes de marcha. Este orden cuando se marcha contra el enemigo aunque sin peligro inmediato (los nervios sorprendieron a César) permitía defender fácilmente el convoy de bagaje agrupado, ya que las legiones de la vanguardia y la retaguardia podían volverse con facilidad contra cualquiera que lo atacara.

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Conocemos otro orden de marcha que se utilizaba sólo en casos extremos, cuando el ejército tenía que marchar combatiendo a la vez. En este caso las legiones avanzaban desplegadas en orden de combate y el convoy de bagajes se situaba en los espacios entre las líneas:

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En su desafortunada campaña contra los partos, Craso, magnífico político y hombre de negocios, pero pésimo general, formó un cuadro hueco con sus legiones y el convoy de bagajes dentro del hueco. Esta formación era la misma que utilizaban los griegos en sus guerras, pero en el caso de Craso de nada le sirvió porque encerró a las legiones en su propia tumba.

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