..LAS LEGIONES DE JULIO CÉSAR

 

EL TRIUNFO

"Recuerda que no eres un dios"

 

El Triunfo romano era la apoteosis del vencedor. Lo concedía el Senado al general que lograba una victoria para Roma en la que perecieran más de 5.000 enemigos.

El Senado ya había escamoteado a César un triunfo conseguido en España. César hubo de renunciar al triunfo para poder presentarse a las elecciones, pero terminada la Guerra Civil, no tuvo más remedio que concederle 4 Triunfos, ya que César no quiso celebrar su victoria contra Pompeyo, al tratarse de una victoria conseguida sobre ciudadanos romanos.

El Triunfo era una ceremonia religiosa de carácter festivo cuya apoteosis se alcanzaba con el magnífico desfile a través de una Roma repleta de ciudadanos que vitoreaban a los héroes bajo miles de guirnaldas y adornos. A la cabeza desfilaban los magistrados en ejercicio y los senadores. Tras ellos, el botín capturado al enemigo a hombros de los legionarios junto con grandes pinturas y gigantescas maquetas de hasta cuatro pisos de altura representando con todo lujo de detalles los pormenores de la victoria. Los prisioneros de más alta alcurnia, que también eran transportados a hombros sobre plataformas junto con armaduras capturadas les seguían. Precedido por los lictores que portaban las fasces, Un carro de oro tirado por cuatro caballos blancos y conducido por un esclavo en el que iba el general victorioso vestido con túnica y toga púrpuras ribeteadas en oro, con las manos y el rostro pintados de rojo, sosteniendo en una mano un cetro de oro y en la otra una rama de olivo. A su espalda, otro esclavo sostenía sobre su cabeza una corona de laurel y le murmuraba continuamente al oído: "Recuerda que no eres un dios". Detrás desfilaba todo el ejército con sus oficiales al frente, todos llevando coronas de laurel en la cabeza.

En estas ocasiones los soldados cantaban canciones obscenas sobre sus generales, ya que estaba permitido. Los legionarios de César gritaban: "¡Romanos, encerrad en casa vuestras mujeres e hijas, que aquí vuelve el putero calvo!". Y César reía con toda Roma. Aunque sabemos que más de un general acabó la procesión con la cara más roja de la ira hacia sus hombres que de la pintura que llevaba encima.

Esta ilustración corresponde al triunfo de Tito un siglo después, pero la ceremonia no había variado y el recorrido era el mismo. En ella vemos el desfile atravesando el Foro Romano por la Via Sacra. En el centro destaca la enorme mole de la Basílica Julia, construida por Julio César y a la derecha el inicio de la cuesta al Capitolio, el Clivus Capitolinus. Ilustración por Peter Connolly (Ed. Greenhill books).

El desfile arrancaba en las puertas de Roma, atravesaba los dos circos repletos de gente y la Via Sacra del Foro (momento que plasma la ilustración). Allí, el cabecilla enemigo era separado para ser ejecutado ritualmente en el Tullianum, como sucedió con Vercingétorix. El general y los magistrados entonces remontaban la empinada cuesta hacia el Capitolio, la ciudadela sagrada de Roma donde esperaban. Cuando se confirmaba la ejecución de los sentenciados, el general sacrificaba los bueyes blancos sagrados a Iupiter Optimus Maximus y comenzaba la gran fiesta en toda Roma a costa del vencedor que debía pagarlo todo de su propio bolsillo. Una fiesta que podía prolongarse días y días, donde participaba toda Roma y que consistía en grandiosos banquetes al aire libre, festivales teatrales, juegos circenses, etc.

César celebró sus cuatro Triunfos a cual más espectacular. Días enteros de juegos gratuitos en los circos, banquetes al pueblo romano en los que gastó millones de sestercios, festivales, etc.

Tras el Triunfo, los legionarios eran licenciados. Los legionarios de César recibieron tierras, su parte del botín, esclavos y un generoso donativo personal del general. Tras 12 años de servicio, se convirtieron en civiles prósperos con la vida solucionada. Si bien, muchos de ellos, sobre todo los oficiales, tras el asesinato de César, volvieron a reengancharse en las legiones que habrían de vengar la muerte del hombre que los había convertido en el eje sobre el que giró la Historia.

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