..LAS LEGIONES DE JULIO CÉSAR

 

LAS CAMPAÑAS DE CÉSAR

 

Las campañas de Julio César son la piedra fundamental de la romanización del Occidente europeo al integrarlo en el Imperio Romano. Por ello, las campañas de César pusieron los cimientos de nuestra cultura.

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En el mapa podemos ver en color rojo el Imperio Romano en el momento en el que César es nombrado procónsul en 58 a.C. Y en color rosa las provincias que le correspondió gobernar y que formaban también parte del Imperio. En color púrpura "la Galia de los cabelleras largas" conquistada por César tras ocho años de guerra. Perfilados en rojo están los territorios que irán siendo conquistados por Roma durante los dos siglos posteriores hasta alcanzar su máxima extensión territorial con mi compatriota Trajano. Las flechas blancas señalan las campañas de César en España como propretor, las flechas amarillas las campañas en las Galias y las flechas verdes las campañas de la Guerra Civil.

César tuvo su primer mando de un ejército romano en España, actuando como propretor (61 a.C.), y fue también en España donde la acabó años después (45 a.C.). Como propretor fue el encargado de sofocar una serie de rebeliones desatadas entre los celtíberos, y lo hizo brillantemente, con una serie de ataques coordinados por tierra y por mar que le valieron la proclamación como Imperator por sus tropas, aunque el rencoroso Senado se negó a concederle el Triunfo argumentando "incompatibilidades técnicas con las fechas".

Como procónsul de Iliria y de la Galia Cisalpina, que eran provincias romanas, César hubo de contener casi sin medios dos gigantescas invasiones de helvecios y Germanos a los que venció de manera increíble con apenas un puñado de hombres, salvando así a Roma de un desastre seguro. César inmediatamente comprendió que Italia no estaría segura mientras las Galias habitadas por los cabelleras largas (Galia Comata) siguiera siendo un imposible puzzle de tribus unidas por una religión común y lenguas similares, pero políticamente fraccionadas y enfrentadas entre sí. De esta manera, los galos no podían hacer a las repetidas invasiones de tribus germánicas por el norte y el este, que no sólo ponían en peligro a la propia Galia, sino a Italia. El recuerdo de las derrotas sufridas a manos de cimbrios y teutones, derrotados in extremis por Mario y estas dos nuevas invasiones eficazmente destruidas por su sobrino César llevaron a éste a comprender que si la Galia no se convertía en una nación fuerte y unida por sí misma debería hacerlo bajo el poder de Roma. Algunas tribus galas apoyaron a César, pero otras no y se inició una guerra que habría de durar ocho años en los que César, con apenas 50.000 hombres derrotó a 3.000.000 de galos, muriendo 1.000.000 de ellos y siendo esclavizados otro millón. Estos sorprendentes datos que dejaron a toda Roma boquiabierta se explican fácilmente en la situación en la que se desarrolló la Guerra de las Galias: con innumerables ejércitos de galos enviados uno tras otro contra las legiones de César, como enviados al matadero, ya que la superioridad táctica de las legiones romanas, combinadas con el soberbio genio estratégico de César posibilitaron que apenas 50.000 hombres completaran en ocho años tan enorme tarea. Además, César hizo cuatro expediciones de castigo: dos a Britania (Inglaterra) y otras dos a Germania (Alemania). Desembarcó en Britania para castigar a los celtas britanos por su ayuda a los celtas galos y cruzó el Rhin para mantener alejados a los germanos de las Galias. La conquista de las Galias proporcionó la ansiada seguridad a Italia, extendiendo las fronteras de Roma hasta el Rhin y con ellas la cultura romana.

Sin embargo, la nobleza reaccionaria romana, agrupada en el Senado, temía a César al que consideraba un revolucionario peligroso por su apoyo al pueblo frente a los privilegios de la nobleza. Durante su consulado en 59 a.C. César había concedido la ciudadanía romana a los galos de la Galia Cisalpina, ya que para César un galo o un español si lo merecían debían ser ciudadanos romanos, cosa que al anquilosado y decrépito Senado le sonaba a herejía, por lo que tras atraerse a Pompeyo iniciaron una serie de ataques a la obra de César: despojaron de su ciudadanía a los galos cisalpinos, lo que significaba que los hombres de la legión V Alaudae, entre otros, que habían derramado su sangre por Roma ya no eran ciudadanos romanos, se anularon la mayoría de las disposiciones legales promulgadas durante el consulado de César. Así, un bisnieto de esclavos como Catón, un descendiente de galos como Pompeyo y un plebeyo rural como Cicerón pasaron a liderar a la nobleza romana contra César que era el noble de más alta alcurnia de toda Roma. Este contrasentido, este disparate sin par en la Historia es el resultado del desastre en el que la aristocracia romana se hallaba inmersa. Frente a los patricios, esos aristócratas que sólo pretendían continuar viviendo del cuento, César representaba el progreso y el futuro, los cambios sociales que abrirían la ciudadanía romana a todos los que la merecieran por sus esfuerzos y la igualdad de oportunidades entre los patricios y los plebeyos. Por eso el Senado de Roma odiaba a César, porque era un peligro para la supervivencia de sus privilegios de casta y por eso el Pueblo Romano apoyaba a César, porque en él veían no sólo al máximo defensor de sus derechos, sino al futuro de Roma.

Todo lo posible hizo el Senado para destruir a César: Para debilitar su ejército, en una maniobra amañada ordenaron a Pompeyo y a César que cada uno destinara una legión a Oriente, pero Pompeyo entregó la que le había prestado a César, así que éste se vio obligado a entregar dos legiones. Pero aún siguieron los aristócratas apretándole las clavijas hasta que Catón propuso que César fuera destituido, juzgado y condenado. Era ya demasiado, Roma se sumergía en el caos y la guerra civil ya era más una realidad que un temor. Como los tribunos del pueblo se opusieron a la locura del Senado, estos magistrados, que eran inviolables, fueron atacados salvando su vida de milagro y huyendo a encontrarse con César. Ya nada podía hacerse por preservar la paz contra la sed de sangre del Senado que pedía a gritos la guerra y el 13 de enero de 49 a.C. César cruzó el Rubicón iniciando así la tan deseada por el Senado guerra civil. César no quiso manchar sus manos con sangre romana y puso en libertad a todos los prisioneros del bando contrario que iban cayendo en sus manos, lo que hizo que toda Italia le abriera las puertas aclamándole como a un dios. Pompeyo, que contaba con una superioridad de 10 a 1 se asustó ante la reacción del pueblo, huyó a Grecia y allí César le derrotó en Farsalia. Las demás campañas destruyeron los restos pompeyanos en Asia, África y España y César regresó a Roma como general invicto tras 12 años de campaña continua en la que sus legiones habían peleado contra más de 3.000.000 de enemigos en tres continentes.  

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