..LAS LEGIONES DE JULIO CÉSAR

 

CÉSAR SE REBELA

 

A pesar de la conquista de las Galias, el acto de César más famoso es el cruce del Rubicón, el rio que servía de frontera entre Italia y la provincia de la Galia Cisalpina

Los senadores reaccionarios, aquellos que deseaban mantenerse como el motor de una Roma corrompida por sus privilegios, no tuvieron nada que temer mientras la oposición los populares, estuvo descabezada, pero César consiguió estructurarla gracias a la creación del Triunvirato César-Craso-Pompeyo. La muerte de Craso fue un golpe terrible para los populares, pero la alianza César-Pompeyo continuó gracias al matrimonio entre la hija de César, Julia, y Pompeyo. Pero la dulce Julia murió al dar a luz, llevándose a la tumba también a su hijo y a la alianza entre su padre y su esposo. La muerte de Julia deshizo el vínculo de sangre entre ambos hombres. Quedaba el vínculo del Honor, el pacto era sagrado para César porque testigos de él habían sido sus antepasados siguiendo las tradiciones inmemoriales de Roma, pero lo que para César era sagrado para Pompeyo, un arribista descendiente de galos, significaba bastante poco. Pompeyo, halagado por los senadores reaccionarios, no tuvo escrúpulos en cambiar de bando de nuevo y pasarse al lado de los que le despreciaban por su origen no romano.

Y entonces comenzaron a apretarle las clavijas a César. En el horizonte estaba la guerra civil, pero a ellos les importaba bien poco con tal de acabar con César. Sus intereses particulares estaban siempre por encima de los del Pueblo Romano.

César siempre respetó la legalidad hasta que no tuvo otra salida que violarla. Cuando a un hombre que se ha pasado ocho años combatiendo en las Galias por su patria se le ordena deponer el mando y regresar a Roma deshonrosamente, mientras el avinagrado Catón y demás personajes de similar calaña gritaban en el Senado que le encadenarían, le juzgarían y le desterrarían y algún senador les contestaba riendo que "eso sería si conseguía llegar vivo a Roma". "¡Entreguémosle a los germanos -gritaba Catón- ellos sabrán lo que tienen que hacer con él".

Se le está colocando entre la espada y la pared. Tras la muerte de Julia, Pompeyo ya no se sentía ligado a César y se sentía humillado por la gloria conseguida en las Galias que empequeñecía la suya, por lo que a la facción ultraconservadora del Senado no le resultó difícil atraérselo. Cuando el Senado le ordenó devolver la legión que Pompeyo le había prestado y enviarlas junto con otra de las suyas a Italia aceptó sin rechistar y se desprendió de dos legiones completas. Es evidente que un hombre que tiene pensado atacar Italia no iba a desprenderse de una parte importante de su ejército entregándoselo al enemigo. César acató su destitución y, con toda lógica, pidió garantías al Senado, tanto para él mismo como para toda su obra realizada, a lo que ese Senado respondió anulando todas las leyes promulgadas por César durante su consulado, entre ellas la concesión de la ciudadanía romana a los habitantes de la Galia Cisalpina.

¡Los hombres que habían combatido por Roma durante ocho terribles años ya no eran romanos!

Los tribunos de la plebe vetaron la orden y estuvieron a punto de ser linchados por los senadores. Huyeron a la Galia y se presentaron ante César con los vestidos rasgados y llenos de magulladuras. ¡Ellos, que eran intocables por ley! César trató de llegar a un acuerdo con Pompeyo, pero éste, acobardado, se negó a recibir al español Balbo, el agente de César en Roma. El Senado, envalentonado, ordenó que los legionarios galos fueran expulsados de las legiones de Roma y todo el ejército de César se volvió hacia su general, atónito ante tal trato vejatorio, esperando una respuesta.

¿Quién violaba la ley? ¿Qué podía hacer César? ¿Expulsar a "sus muchachos" de las legiones? y partir hacia Roma para ser asesinado en cualquier parada? ¿Conseguir llegar a Roma vivo para ser juzgado por los Catón y compañía y ser (como exigía Catón) entregado a los germanos?

César, evidentemente, hizo lo único que podía hacer: Cruzar el Rubicón. A un hombre se le pueden exigir muchas cosas, pero no que sea el mártir de un regimen corrompido y abyecto dirigido por incompetentes, resentidos y ladrones.

La campaña de Italia no fue tal. Cicerón, que militaba en el bando enemigo de César y trató infructuosamente de alistar un ejército contra él escribió maravillado "Las ciudades le abren sus puertas y le aclaman como a un dios". César cruzó el Rubicón con una sola legión mientras Pompeyo, que disponía de siete, se atemorizaba. Los romanos salían a los caminos a aclamar a aquellos hombres que habían cruzado el Rhin y el Canal de la Mancha por dos veces. Las mujeres alzaban a sus hijos para que pudieran tocarlos y los hombres contemplaban admirados la soberbia disciplina de aquellos hombres en cuyos escudos iban escritos nombres como Alesia o Avarico. Los caminos de Italia se tapizaron de flores para recibir a los héroes que habían derrotado a los helvecios, a los germanos, a los belgas, que habían cruzado el canal de la Mancha y el Rhin por dos veces. Los italianos, que ya gozaban de la ciudadanía romana pero que no olvidaban sus orígenes, veían en aquellos hombres la reacción contra la opresión del Senado, y en su líder a la encarnación de Mario. Los italianos, hartos ya de la corrupción del gobierno Roma, aplaudian a César como a un auténtico libertador.

Italia fue conquistada sin derramar una gota de sangre.

Las tropas que se enviaron contra César arrestaron a sus oficiales y desertaron uniéndose a él. César liberó a los oficiales y acogió a los que se le unían en lo que más que una invasión parecía un desfile de ciudad en ciudad en medio de aclamaciones y vítores.No hubo saqueos ni incendios ni pillaje. No hubo muertes. No hubo represalias. Los que se le oponían fueron liberados.

...Mal currículum para un presunto "tirano".

 

¿Cuáles fueron las causas que llevaron a Italia a echarse en brazos de César, el general que se había rebelado?

Tras la guerra Social (de socios), Italia, vencida por Roma, ganó en su derrota lo que había perdido en la guerra. El Senado victorioso comprendió que aún habiendo vencido, debía darle a los derrotados lo que pedían: la igualdad de todos los pueblos italianos con Roma. Así que se otorgó la ciudadanía romana a todos los habitantes de Italia. Era una mera cuestión práctica, ya que el Senado era consciente del gran esfuerzo que había sido necesario para la victoria y no olvidaba que de seguir así la cosa si volvía a aparecer un nuevo Aníbal y conseguía llegar a Italia toda ella se arrojaría en sus brazos contra la odiada Roma. Tal igualdad fue otorgada aunque dejaba mucho que desear y los italianos siguieron sintiendo resentimiento, ya que las heridas de una guerra son difíciles de cerrar, y si la guerra es cruel más aún.

  Además, de todos era conocido el ideario de César, su programa político popular y, sobre todo, lo que había hecho siendo cónsul. Por ello los italianos se echaron en sus brazos, esperanzados con el cambio, con el nuevo aire que aquel hombre traía consigo. Su clemencia, su negativa a tomar represalias con sus enemigos cautivó a la población y aquellas tierras en las que Pompeyo era el amo le recibieron con flores y vítores. Por eso Pompeyo huyó de Roma con todo su ejército ante las quince cohortes de César, por el temor a quedar encerrado en Roma, en medio de una población cada vez más hostil.

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