.LAS LEGIONES DE JULIO CÉSAR

 

Para Caesaris Puella, fiero y deslumbrante rayo mediterráneo cuyo fulgor cesarista es el faro de este capítulo.

 

Gracias a Patricia A.L. por lo mucho que me ha ayudado en la preparación de este capítulo, especialmente en el difícil asunto de toda la bibliografía que ha habido que consultar.

 

OCTAVIO "AUGUSTO" Y LA TRAICIÓN AL PROYECTO DE CÉSAR

El testamento de Julio César dejó como heredero de la parte principal de sus bienes materiales a su joven sobrino-nieto Octavio a quien además, adoptó como hijo. Las circunstancias convirtieron al joven no sólo en su heredero material, sino también político.

Pero ¿cumplió realmente Octavio la voluntad de César?

Sobradamente conocidos son los hechos que llevan a un joven desconocido a auparse como el Primer Hombre de Roma en una posición de monarca. Octavio, proclamado "Augusto" por el Senado en el año 27 dC se convierte así en el primer emperador de Roma, inaugurando una dinastía y un sistema de gobierno: el Principado. Aquí, modestamente, vamos a tratar de averiguar si el heredero siguió la línea marcada por César, si se desvió de ella, cómo y por qué.

El Senado, esa reunión de personajes que ya sólo sabían aplaudir al nuevo líder, le otorgó tantos honores que los que le dio a César parecen ridículos. Y lo principal fue la concesión el año 27 aC del título de "Augusto", con lo que le daba a Octavio un reconocimiento no sólo político, sino también religioso, convirtiéndolo en una especie de santo viviente.

Octavio era un tipo muy listo y se cuidó de reservarse todos los poderes de un rey pero sin corona. Vivía en su casa del Palatino, protegido por la Guardia Pretoriana creada por el Senado y no hacía ostentación de ninguna clase ni siquiera en el vestido, vistiendo la túnica y toga de senadores como uno más, aunque no era uno más. Oficialmente su situación era la del princeps, o primus inter pares: "el primero entre iguales", por eso llamamos a su régimen el Principado. Oficialmente él se limitaba a proponer al Senado leyes, pero prácticamente todos los senadores le debían el puesto, así que nunca vio ni una sola de sus "propuestas" rechazada o enmendada.

Octavio Augusto fue un buen gobernante, un gran gobernante que le dio al Imperio paz, estabilidad y prosperidad, y eso es algo que sus habitantes le agradecieron durante generaciones. Fue un hombre justo y cabal y eso es algo que nadie discute.

Pero Octavio no siguió los deseos de César en las cuestiones fundamentales, lo que equivale, simple, lisa y llanamente, a traicionar su memoria.

 

OCTAVIO Y LA MANIPULACIÓN DE LA HISTORIA

Octavio era realmente inteligente, sabía que siempre estaría mediatizado por la sombra de César, que siempre se le compararía con él y que en esa comparación nunca saldría bien parado, y por ello debía buscarse su propio camino. Inmediatamente se desprendió de la mayor parte del equipaje cesarista, dejando sólo lo concerniente a su legitimidad como heredero de César, que era la base de la legitimidad de su poder personal. Es innegable que era su heredero legítimo, gracias al testamento redactado y validado por César el 13 de septiembre de 45 aC, pero el comportamiento de Octavio durante el resto de su vida con respecto a este punto crucial nos lleva a pensar que, si bien la parte meramente material de su herencia, los dos tercios del total de los bienes de César, no fue puesta en duda, hubo otra parte que si lo fue, precisamente aquella que Augusto consideraba que le legitimaba para conseguir, y mantener, el poder en Roma. 

 Por ello, Octavio manipuló concienzudamente no sólo la memoria, sino incluso el legado de César, quedándose con lo que le interesaba para conseguir sus propios fines y eliminando el resto. Entre lo que eliminó no estaban sólo las reformas políticas, sino incluso obras literarias escritas por César, como narra Suetonio, que fueron retiradas de las bibliotecas y destruidas. Octavio se justificó argumentando que eran obras de escaso valor literario, escritas por un César aún inmaduro y que su lectura no contribuía a engrandecer la memoria del ya proclamado oficialmente dios. Que alguien se atreva a prohibir una obra literaria es algo monstruoso, pero en este asunto, evidentemente, hay algo mucho más importante.

¿Qué es lo que contenían esas obras de César que a Octavio le resultaba peligroso? La respuesta la tenemos en la manipulación de la Historia que auspició, una manipulación que tenía como fin concreto la legitimación de su posición de poder.

Así, manipulando la Historia, Octavio consiguió forjarse un mito falso, falso porque se basaba en mentiras, pero muy conveniente desde el punto de vista político, que era lo que a él le interesaba. Su aparato de propaganda fue el más eficiente que hasta entonces había visto la Historia, y debieron pasar veinte siglos hasta que la Humanidad viera otro de similar eficacia en la manipulación de la verdad. Sus apologetas, más numerosos que los legionarios que defendían las fronteras, no sólo mintieron sobre sus circunstancias personales, mintieron también falseando hechos, fechas y lugares, creándole a Octavio una aureola basada en falsedades. Que convirtieran sus colitis y fiebres en "el doloroso precio que había de pagar por sus sacrificios por la patria", incluso que sus marcas cutáneas de nacimiento, que afeaban su cuerpo, fueran convertidas en "señales divinas", en "marcas celestiales" que "demostraban" que Octavio era "el elegido", en el fondo era algo anecdótico. Todos los romanos creían en las señales y presagios, y cada cual las interpretaba a su antojo. Pero de ahí a convertir una mentira en una verdad oficial hay un peligroso camino ¡que fue incluso atajado!.

LA CORTE DE LOS "PALMEROS". Octavio se dedicó a manipular la Historia, ayudado por una entusiasta cohorte de escritores que se apresuraron a "acudir en auxilio del vencedor".

Asinio Polión siempre tuvo buen olfato para colocarse en el lado del vencedor. Se declaró partidario acérrimo de César y le acompañó en la campaña italiana y en la africana, esperando participar del botín. Pero no hubo botín, ya que César ni asesinó a sus enemigos ni les confiscó las propiedades ni les retiró de la vida pública. Y Polión, como Casio y tantos otros, se vieron defraudados y juraron venganza. Casio se vengó asesinando a César. La venganza de Asinio Polión fue aún más cobarde si cabe, ya que, una vez muerto César, se dedicó a escribir contra él desde el profundo resentimiento que sentía, elogiando a Octavio a la vez. Esta vez tuvo suerte, y Octavio le arrojó un puñado de migajas, lo que a Polión debió reconfortarle.

Tito Livio fue el historiador oficial del nuevo régimen. Por desgracia, la parte de su obra dedicada a César y la llegada de Octavio al poder se ha perdido, pero no nos es difícil intuir, si no el contenido, al menos si la línea argumental puesto que es la fuente fundamental de toda la historiografía romana posterior: César deja Roma hecha un desastre y entonces llega Octavio y lo arregla todo. Es decir, la línea oficial. Luciano Canfora comenta que le parece que Livio fue algo así como la gran fuente en la que bebieron las demás. Yo estoy completamente de acuerdo con él. De hecho, Livio fue la máxima autoridad historiográfica de la historia de Roma, a pesar de la evidente manipulación que hace de los acontecimientos, ya que Livio escribió su Ad Urbe condita como una "historia oficial" de Roma, bajo el patrocinio directo de Octavio. Es por eso que la manipulación histórica se reprodujo generación tras generación, llegando hasta Dión Casio, historiador del período de Septimio Severo, multiplicada.

Virgilio es el gran poeta oficial romano, una maravillosa pluma puesta al servicio de esa causa octaviana, ya completamente identificada con la causa de Roma, fundidas ambas en la persona de Octavio, convertido ya en "Augusto". Virgilio en su Eneida trató de darle a Roma un poema oficial sobre sus orígenes, y tomando la idea de la genealogía que hizo famosa César, con la afirmación de que la gens Julia descendía de Venus, escribió su poema a mayor gloria de Octavio, entroncándole en esa gens Julia de la que formaba parte de manera tangencial. Pero Octavio necesitaba ese respaldo a su genealogía puesto que su herencia había sido discutida. Como veremos seguidamente, el construirse una legitimidad fue una auténtica obsesión para él.

Nicolás de Damasco es el "palmero" por excelencia. A éste le da igual que lo que esté contando sea la mayor barbaridad, con tal de ser el primero en la adulación al jefe. Nicolás es la imagen del historiador vendido completamente a la causa.

Veleyo Patérculo era historiador de la corte de Tiberio, su servilismo es tan entusiasta que acaba siendo más tiberista que el propio Tiberio. Su obra tiene una idea fija: demostrar que Tiberio es un elegido por el destino y por los dioses para gobernar Roma, y puesto que la legitimidad de Tiberio estaba fundamentada en la legitimidad de Octavio, las funde ambas en una sola idea capital. La última frase de su obra, en la que pide a los dioses que protejan "a este régimen nuestro y al príncipe que lo gobierna" lo dice todo sobre la "objetividad" de este señor.

Ellos, y otros estómagos agradecidos, se pusieron inmediatamente a escribir, de manera entusiasta, exactamente aquello que Augusto quería leer. La intención siempre fue la misma: tratar de aumentar la gloria de Octavio rebajando la de César hasta su nivel. Muchos de ellos fueron extraordinarios escritores, pero puestos al servicio de una causa política que habría de prolongarse en sucesivas generaciones, desde el aplauso a Octavio hasta la entrega descarada con la causa optimate, el recuerdo de viejas glorias y la manipulación de la verdad, aunque sólo fuera dando criterio de certeza a chismorreos, como haría el gran gurú de la historiografía oligárquica, Tácito, años después. Tácito escribió durante el principado de Trajano, a principios del siglo II. El caso más importante desde el punto de vista historiográfico es el de Suetonio, secretario del emperador Adriano, sucesor de Trajano, que redactó su famosa biografía de los doce primeros césares con la idea de ensalzar a Adriano. No es de extrañar que las hazañas militares de los emperadores precedentes fueran tan menospreciadas por los apologetas de un hombre que prefería retozar con su amigo Antino a ocuparse de la estrategia de defensa del Imperio. ¡Qué diferencia con su predecesor Trajano!, el soldado que trató de seguir (y con bastante éxito) las pautas estratégicas de César. Pero ni Trajano ni César necesitaron construirse una corte de palmeros, aduladores y pelotas abraza-farolas para que les ensalzaran, aunque otros emperadores si, y toda esta deformación de la Historia para contentar al emperador de turno fue consecuencia de la política de Octavio y su interés en crearse su propia leyenda. Esa manipulación llegó multiplicada hasta Dión Casio, historiador griego amigo de Septimio Severo, a principios del siglo III, que se hace eco de toda estas manipulación y tranquilamente la explica. Tan arraigada había quedado ya.

La manipulación de la genealogía. La manipulación de Octavio comenzó por la parte más importante: su propia relación familiar con César. Octavio junior era hijo de Octavio senior, miembro del orden ecuestre y de Acia, que a su vez era hija de Marco Acio Balbo, esposo de Julia, hermana de César. Es decir, que Octavio era sobrino-nieto de César. Sin embargo, los apologetas, hábilmente motivados por el poder, no dudaron en acortar esta distancia familiar proclamando que Octavio era hijo de la hermana de César, un disparate que continuaría en el tiempo hasta Dión Casio, quien lo menciona convencido de que era cierto. A tal grado de manipulación se había llegado, lógico cuando las mentiras oficiales se convierten en verdades históricas. Veleyo, que escribe hacia el año 20 aC, también menciona que Octavio era sobrino materno de César y Nicolás de Damasco, otro contemporáneo, no dudó en afirmar rotundamente que Octavio era el pariente más cercano a César... Y todos ellos sabían perfectamente que eso era mentira.

De hecho, "el pariente más cercano" a César, prescindiendo de sobrinos-nietos y demás parientes lejanos, que había unos cuantos, fue su primo hermano Sexto César, amigo y eficaz colaborador desde los primeros tiempos en el Foro de Roma. Sexto César murió en Oriente justo cuando estalló la gran rebelión de los hijos de Pompeyo en España, y fue entonces cuando Octavio corrió a presentarse a César en España, lleno de entusiasmo por abrazar la causa del "tío Julio". Muerto Sexto ahora era su oportunidad. Qué molesta debió ser la memoria de Sexto para Octavio, ya que la historiografía oficial, o le ignora en un silencio que es todo un clamor, o le denigra como en el caso de Apiano. Muy molesta debió resultar al nuevo régimen la memoria de Sexto, heredero natural de César, a quien Octavio jamás perdonó que fuese un pariente más cercano sanguíneamente al nuevo dios que él mismo.

La manipulación de los Hechos. A partir de entonces, la manipulación de la Historia es tan evidente como eficaz. Octavio era "la segunda opción de César", sólo reconocida por la muerte de la primera, así que había que enterrar esa idea del "segundón". Y para ello, se inventó la famosa historia del vástago de palma que brota en medio del campo de batalla de Munda. Recordemos que las togas triunfales romanas estaban bordadas con dibujos en hilo de oro de palmas, ya que esta planta era sinónimo de victoria. ¡Qué casualidad!, que en plena victoria de César, el triunfo definitivo, los dioses dejaran de lado a César y a su ejército y se concentraran en enviar un mensaje a Octavio, que con todo descaro utiliza la gran victoria de César como simple vehículo para reivindicarse personalmente. Suetonio menciona este episodio como una señal de los dioses para demostrar que Octavio debía ser el heredero de César. Dión Casio llega más allá de la anécdota pura y establece que esta señal demostraba que el futuro de Roma estaba ya en manos de Octavio por voluntad divina. Esta historia del vástago de palma, refleja meticulosamente esa manipulación, esa "contaminación genética" de la historiografía imperial romana que llega hasta Dión Casio perfectamente estructurada. Salvo en el caso de la "leyenda negra" española, que ha tardado cinco siglos en ser desmontada precisamente por los historiadores británicos, herederos de los que la crearon, no hay en toda la Historia otro ejemplo más contumaz de manipulación histórica que se haya prolongado siglos y siglos en el tiempo como fue la creada por Octavio.

El antes mencionado Veleyo, tampoco duda en afirmar que Octavio formaba parte del estado mayor de César. Mentira tras mentira hasta construir la verdad oficial, porque lo cierto es que Octavio llegó a España ¡tres meses después de la batalla de Munda! y que por tanto, su aportación al "estado mayor" de César durante la campaña es una fantasía creada por estos "palmeros" del vástago de palma, es decir, por los que se pasaron la vida dando palmas en permanente aplauso al nuevo amo. Sin embargo, la manipulación estaba brillantemente conseguida y es muy probable que fuera Tito Livio el que dio cuerpo narrativo definitivo este episodio del vástago de palma, que tanto éxito tuvo en los historiadores posteriores, ya que Livio fue el historiador oficial del nuevo régimen y los demás tan sólo fueron meros segundones, navegando siempre a favor de la corriente.

Probablemente Octavio diría que César alardeaba de ser descendiente de Venus. Si, es cierto, pero César no había ido por ahí diciendo que, antes de nacer, había aconsejado a su tío Cayo Mario la estrategia a seguir contra los germanos, ni tampoco se inventó su participación en guerras en las que no estuvo ni necesitó fundamentar su gloria militar en vástagos de palma milagrosamente brotados. Él tenía Bibracte, el Rin, Britania, Alesia, Farsalia, Tapsos, Munda... realmente César nunca necesitó manipular los hechos... porque los hechos los había creado precisamente él con sus actos. Esa manipulación de los hechos tiene su punto culminante en Nicolás de Damasco quien construye su apología en torno a una idea fija: César "siempre" tuvo claro que su heredero sería Octavio.

Entonces... ¿por qué César le nombró heredero sólo tras la muerte de Sexto? Sumando una mentira tras otra, la historiografía del nuevo régimen consiguió presentar a Octavio no sólo como el heredero natural de César, sino también como un hombre predestinado por los dioses a llevar a cabo su tarea, una tarea que, obviamente, sólo podía desempeñar teniendo todo el poder en sus manos. Luego al final resultó que Octavio, gracias a esta hábil manipulación, consiguió un objetivo doblemente fantástico: por un lado presentarse como el heredero no sólo legítimo, sino también natural y conseguir que se aceptara que su misión estaba bendecida por los dioses, probada con todo tipo de señales sobrenaturales, lo que al final llevaba a pensar que oponerse a Octavio no sólo era oponerse a la memoria de César, sino también a los dioses, sencillamente porque Octavio era Roma.

Ni el megalómano Luis de Francia, el rey Sol, que proclamaba aquello de "el Estado soy yo", llegó a tanto. 

Pero las mentiras no se detuvieron ahí. Era necesario crearle al joven Octavio un pasado militar y también político, y para ello estaban estos apologetas o "palmeros", que tergiversaron los hechos para hacer ver que César había mandado a Octavio a Apolonia para "organizar" la expedición contra los partos. En el colmo de la manipulación histórica, Veleyo afirma que César pretendía tenerle en la campaña a su lado como "camarada", y Dión Casio asegura que Octavio combatió al lado de César y adquirió fama y honores por su arrojo... por su arrojo en viajar hasta España cuando la guerra ya había finalizado. Me viene a la memoria esa escena de la película "Gladiator", en la que Cómodo se presenta ante su padre, el emperador Marco Aurelio y le pregunta "¿Me he perdido la batalla?", a lo que el emperador contesta "Te has perdido la guerra". Pues eso, que para construirse un impecable servicio de armas se ve que algunos, en lugar de batallas sólo necesitaban las afiladas plumas de una cohorte de "historiadores palmeros", prestos a escribir lo que el jefe quería leer.

Así, la Historia fue manipulada para adaptarse a los deseos de Octavio, al que sólo interesaba César como vehículo transmisor de su herencia, una herencia que le había hecho a él el amo de Roma.

¿Por qué hizo Octavio esto?

Porque estaba mediatizado por la memoria de un hombre que era inmensamente más grande que él en todos los aspectos. Como ha demostrado Luciano Canfora en su obra "Julio César, un dictador democrático", Octavio se construyó una reputación militar falsa. Era evidente que jamás podría competir con el conquistador de las Galias, pero él se sintió obligado a establecer un paralelismo con César, ya que su herencia era por línea de adopción, y encima sanguínea y eso era muy importante en Roma. Octavio era un burócrata, no un soldado, por eso la "historiografía oficial" (es decir, menos Salustio, toda la demás) se dedicó a minimizar los éxitos militares de César, ya que Agusto pensaba que como él no podría nunca elevarse hasta su tío-abuelo, al menos podía intentar restarle méritos para hacer descender a César a su altura.

Más adelante estudiaremos las funestas consecuencias que esta actitud tuvo para la estrategia defensiva de Roma.

La manipulación de la imagen. Octavio tiene una importancia capital en el desarrollo del arte romano, ya que gracias a él se importó el modelo helenístico de retrato. El arte romano se había caracterizado por su realismo, el escultor plasmaba siempre exactamente lo que veía, los retratos romanos sorprenden por este realismo único en la historia del arte, un realismo que se basa en la tradición de las máscaras funerarias de cera, a partir de las que se copiaban los retratos, por lo que su fidelidad al modelo era única en el mundo. Con Octavio todo eso cambió, a partir de él los retratos de los emperadores siguieron un modelo estándar donde los rasgos eran idealizados, es decir, falseados. Menos mal que Vespasiano y Trajano se negaron a esta pantomima y no permitieron que los escultores crearan obras falsas. En el caso de Octavio, esta falsificación de la realidad llegó al extremo de pretender fabricarle una imagen que se adecuara a su posición. Evidentemente, el modelo era César, pero César era un soldado que se pasaba jornadas enteras cabalgando, que hacía duro ejercicio físico diariamente, y por ello su constitución era la de un atleta, a pesar de sus cincuenta y seis años años. Octavio odiaba el ejercicio físico, por lo que su constitución no era atlética, era delgado, y eso le ayudaba a ocultar sus carencias en este sentido, pero tenía complejo de bajito y por ello utilizaba alzas en los zapatos como señala Suetonio, el historiador mejor informado por su acceso a los archivos imperiales. De César sabemos que no le gustaba dormir porque consideraba el sueño una pérdida de tiempo, sin embargo, Octavio dormía mucho, cosa que no es mala, bendito el que puede hacerlo. Sin embargo, era algo que le molestaba que le reprocharan, y por ello se creó la leyenda del hombre que trabajaba prácticamente las veinticuatro horas del día, pero esto es algo que hemos visto con multitud de personajes históricos. Una auténtica estupidez, ya que lo que debe importar es que el trabajo se cumpla y no el tiempo que se dedica a hacerlo. Todos los historiadores romanos coinciden en describir a Julio César como un atleta, alto, musculoso, bien proporcionado, exactamente todo lo contrario de Octavio, quien debió sufrir mucho esta enorme diferencia física con el que oficialmente era su padre adoptivo. Cualquiera que lo viera y hubiera visto a César debía pensar que no corría por sus venas la misma sangre, un aspecto que no debía tener más importancia que la meramente anecdótica, pero que Octavio convirtió en un asunto personal con el que no cabía hacer ningún tipo de broma.

Como tan brillantemente sentenció Picard: "El análisis de las obras artísticas confirma el de los textos: Octavio creó su retrato físico con tanto cuidado como su retrato moral". En el caso de Octavio fue una creación realmente brillante, tanto en el aspecto físico como en el moral. César y Octavio tuvieron que soportar los ataques personales de sus enemigos políticos de la manera clásica en que se atacaba en Roma: por asuntos sexuales, que es exactamente lo mismo que ocurre hoy en día en EE.UU y en todas las sociedades donde la hipocresía moral cubre con su negra capa todos los aspectos de la vida. Con patético ridículo, a los optimates no se les ocurrió decir otra cosa que César había sido homosexual... mientras él se dedicaba a pasarse por la cama a las esposas, hermanas e hijas de sus adversarios, como no les salió bien, en el caso de Octavio cambiaron de táctica y entonces le acusaron de pederasta, llegando incluso a decir que era su esposa Livia la que le llevaba las niñas a la cama. Todas estas tonterías, propias de mentes enfermas, porque así de enferma estaba la oligarquía romana, son muy propias de aquella época. En el caso de Octavio es posible que tuviera sus deslices con otras señoras y que Livia hiciera la vista gorda, o también es posible que, mediatizado por la imagen del César al que sus soldados cantaban eso de "Romanos, encerrad a vuestras mujeres en casa porque aquí llega el putero calvo", se tratara de fabricarle una imagen de hombre más activo sexualmente de lo que era, que parece la explicación más verosímil.

La manipulación de la religión romana. Dentro de la manipulación de la Historia, debemos considerar la manipulación que Octavio hizo de la religión romana, ya que fue una manipulación de la tradición romana, y desde luego, la religión era la parte más antigua de esa tradición que se perdía en la noche de los tiempos.

El mismo título "Augusto" que le otorgó el Senado, le revestía de autoridad sacra, y la manipulación que hizo de la religión romana la convirtió en un mero cauce para servir, no ya los intereses del Estado, como había sido hasta entonces, sino los suyos propios. Por eso se explica el posterior auge en Roma de otras religiones, porque era tan descarada la manipulación que ya ni los mismos romanos se creían su propia religión.

 

LA TRAICIÓN EN EL PROGRAMA POLÍTICO

César quería construir un Imperio Universal, siguiendo la idea de Alejandro Magno, un imperio de ciudadanos libres donde todos tuvieran los mismos derechos. César, al igual que Alejandro, no creía en la supremacía de las razas, sino en la de las culturas, y pensaba que un celta podía ser igual de romano que él mismo. Era un pensamiento completamente revolucionario que le enfrentó a muerte con la casta oligárquica optimate, fundamentada en la pureza racial romana. Lo curioso de todo esto es que César, el aristócrata con más rancio abolengo de toda Roma, defendiera la integración y Catón, el descendiente de esclavos extranjeros; Pompeyo, el descendiente de celtas de Picenum o Cicerón, el descendiente de arpinenses, defendieran la segregación. Lo cual vuelve a demostrar ese viejo y sabio refrán castellano: "No hay peor inquisidor que el hereje converso".

Octavio, que en realidad era un miembro del orden ecuestre fascinado por la aureola  optimate, no continuó las reformas políticas de César y prefirió construirse un Senado a su medida tras participar en el asesinato de decenas de senadores. Las cruciales reformas que César comenzaba a organizar fueron dejadas de lado. 

Políticamente, el régimen de Augusto es un pastiche, entre el proyecto de César de la unificación de los poderes militares en una sola persona y la parodia de la restauración republicana. Con Octavio, el poder del Senado fue reducido a la nada, manteniendo las formas, pero con un Senado purgado a espada que se atropellaba por conceder al nuevo amo poderes y honores que hubieran hecho palidecer de vergüenza a César. La diferencia entre la escena de las Lupercales, con un ebrio Marco Antonio ofreciendo una corona a César y éste respondiendo aquello de "Llevádsela a Júpiter" y el número teatral en el que Octavio se echa a llorar implorando a los senadores que "le liberen del peso del poder", es la diferencia que hay entre un César que ha dicho lo que pretende y eso es lo que quiere y un Octavio que no quiere que nadie sepa lo que quiere, aunque ya lo tenga.

Vayamos a asuntos más concretos, si cabe. La misma raíz del régimen de Octavio hubiera repugnado a César. Éste, jamás tomó ningún tipo de represalia contra sus enemigos, a pesar de haber ganado una guerra civil. Ni tampoco censuró las obras de Catulo, que le insultaba. César jamás utilizó su poder para oprimir la libertad de nadie. Octavio comenzó su camino al poder asesinando a más de 3.000 personas. Prácticamente todo el Senado fue pasado a cuchillo, pero sus "palmeros" no hacen más que repetir que Octavio fue un hombre clemente... ¡menos mal! El régimen de Octavio no fue el régimen que César tenía en la cabeza, ni mucho menos, pero fue el que se construyó Octavio, y eso es algo que hay que diferenciar en honor a la Verdad.

El programa de creación de colonias de César fue retomado por Augusto, y al final se demostró que era, tal y como César había vaticinado, la piedra angular de la romanización del Imperio. Pero Octavio no compartía ese fin intelectual de César sobre el Imperio Universal, ya que para Octavio fue tan sólo el medio para aparcar a los veteranos de su ejército tras las guerras civiles. César presentó un proyecto de ley al Senado para ampliar la concesión de la ciudadanía romana a partir de las ciudades romanizadas, y de hecho, las colonias debían servir para ampliar esa marea romanizadora de unificación cultural. Pero ese proyecto fue abandonado por Augusto quien hizo todo lo contrario: restringir la concesión de la nacionalidad romana proyectada por César, y aún así, hay que admitir que desde luego fue mejor solución que la que la oligarquía optimate propugnaba, todo hay que decirlo.

Octavio fue un gran reformador, reconstruyó el estado romano adecuándolo a las necesidades concretas, y tuvo éxito, ya que era un hombre de gran inteligencia, un perfecto burócrata para emprender esas reformas que algunos indocumentados pretenden que eran las de César. Nada más falso. Octavio no siguió el programa de reformas propugnado por César, Octavio siguió su propio camino, una especie de "tercera vía", a caballo entre algunas ideas de César y las suyas propias, con la que trató de contentar a unos y a otros. No se trata de hacer una crítica generalizada, ya que la mayor parte de esas reformas de Octavio se demostraron muy acertadas, y aquí nadie discute su capacidad como administrador, que se reveló de grandísima categoría. Lo que señalo es simplemente que Octavio no siguió el programa de César. Tenía los mismos enemigos que su tío-abuelo, pero lo que hizo fue crearse una nueva clase oligárquica a su medida. Los optimates que vivieron bajo su principado no eran sino meros comparsas, actores pagados que cumplieron muy bien su papel de celosos republicanos, siempre prestos al halago y al aplauso. Y Octavio era perfectamente consciente de que en realidad lo que había montado era la farsa más grande de toda la Historia. Por eso cuando se sintió morir dijo aquello de "si creéis que he cumplido bien mi papel, aplaudidme". Pues si, lo hizo muy bien, realmente muy bien, aunque Tiberio tuvo que cargar con la primera rebelión de estos oligarcas que, muerto Octavio, pensaron que había llegado el momento de "recuperar las libertades"... es decir, de volver a mandar ellos, porque de las verdaderas libertades, de ésas, nadie se preocupaba en Roma desde hacía mucho tiempo.

 

LA TRAICIÓN EN LA ESTRATEGIA DE DEFENSA DEL IMPERIO

Cayo Julio César es el más grande soldado de la historia de Roma y, a mi parecer y al de muchos otros, el más grande soldado de toda la Historia de la Humanidad, al menos en ese podium en el que él y Alejandro Magno contemplan a todos los demás. Octavio, como soldado fue un fracaso completo, siempre que comenzaba una campaña le llegaban las colitis y las fiebres, quizá por un problema de ansiedad. Nadie se le imagina haciendo las cabalgadas épicas de César ni lazándose como él a la lucha espada en mano. En Filipos y Accio estuvo enfermo, y en uno y otro caso fueron otros los que le dieron la victoria. La situación en España le obligó a venir personalmente y se pasó la campaña cántabra encerrado en su tienda con jaquecas, colitis, fiebres, alergias y demás enfermedades. Evidentemente esto no lo cuentan sus apologetas, para los que Augusto era la encarnación de Marte, pero entre lo que se les escapa y lo que conocemos tenemos un perfil que, aunque incompleto, no deja en buen lugar a este "nuevo Marte".

Pero es que tampoco hay que ser Marte para ser un buen estratega. Los tiempos de un César lanzándose al combate a defender su causa a espadazos ya habían pasado. Octavio fue un gran emperador, en el sentido militar del término, creó un ejército completamente profesionalizado y tuvo el buen sentido de crear también unidades auxiliares que sirvieran bajo el mismo presupuesto táctico que las legiones romanas, un mérito que es suyo y nadie puede discutirle. Lo cierto es que dejó un Imperio militarmente consolidado, pero también es cierto que traicionó, y por puro egoísmo, la visión estratégica de César.

César tenía una idea clara: Roma debía defenderse allí donde estuvieran sus enemigos. Si los enemigos estaban en Germania él cruzaba el Rin. Así de claro. Y así de claro lo tuvo cuando diseñó la famosa campaña parta, donde el ataque a partia no era más que un pretexto para sojuzgar Germania, de donde César sabía que le vendrían todos los males a Roma... como así fue, en efecto. La estrategia de César era una estrategia activa basada en la defensa agresiva, que era lo que había salvado a Roma de los cimbrios, teutones, helvecios, y de los germanos de Ariovisto. No había que esperar de brazos cruzados a que el enemigo llegara ante Roma, si no que había que ir a buscarle a su misma casa. Y esta estrategia posibilitó las grandes victorias de César, creando el colchón protector de la provincia gala frente a la amenaza germana.

Pero Octavio no era un soldado, odiaba las campañas y sólo se sentía a gusto en su casa del Palatino en Roma, así que veía los asuntos militares como una molestia, una interrupción de su metódica y rutinaria vida de burócrata. Sus biógrafos nos cuentan dos detalles muy interesantes: que César le obligó a comenzar los ejercicios militares y que en cuanto se hizo con el poder los abandonó. A partir de entonces, los únicos ejercicios que hizo Octavio fueron los burocráticos. Por ello, tras la campaña de Cantabria, que tuvo que abandonar aquejado de colitis y agotamiento, no volvió a tomar parte en ninguna otra, dejando la guerra a sus generales, generales que fueron la mejor generación de soldados que Roma tendría en siglos, con Agripa, Tiberio, Druso, Germánico, etc. Sus biógrafos tienen un interés machacón en presentarnos a Octavio como un gran general participando en la conquista de las tierras fronterizas alpinas o de las márgenes del Danubio, pero lo cierto es que él no apareció por allí salvo para dejarse ver. Nunca fue un soldado, pero tuvo la inmensa suerte de poder contar con esa magnífica generación de generales que combatieron por él. Con esos hombres, Octavio podía haber continuado los planes de César, pero prefirió atrincherarse. La campaña de conquista de Germania, llevada a cabo sólo por la presión del ejército y la opinión pública, llevó hasta el Elba las águilas de Roma, pero cuando ya todo estaba ganado, el desastre de Teutoburgo le dio a Octavio la oportunidad de abandonar aquella guerra y encerrarse tras una frontera fortificada, el famoso limes, a esperar.

César supo ver la amenaza que Germania representaba para Roma, pero Octavio no, porque carecía de esa visión estratégica de su tío-abuelo. La organización del Imperio Romano fue excelente desde el punto de vista administrativo, para eso Octavio estaba especialmente dotado, pero la traición a la idea estratégica de César por comodidad personal tuvo malas consecuencias para Roma, ya que Germania fue un foco de problemas hasta el final, pero Octavio prefirió su comodidad personal.

 

De todo esto sacamos una idea: una cosa es el programa de César y otra muy distinta lo que hizo Octavio. Y esa diferencia debe permanecer clara, a pesar de la manipulación histórica que ha pretendido fusionar ambas.

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