..LAS LEGIONES DE JULIO CÉSAR

 

¿POR QUÉ CAYÓ ROMA?

LAS CAUSAS MILITARES

Actualizado el 18-09-01

 

La descomposición política y económica del Imperio trajo consigo la decadencia militar. Los godos o los hunos no eran más ni más fuertes que los cimbrios, los teutones, los helvecios o los germanos que derrotaron tan brillantemente Mario y César. ¿Qué hubiera ocurrido si Atila se hubiera encontrado en la Galia con César y sus legiones? Que nada hubiera podido salvar al huno de la catástrofe, porque las legiones de César tenían una superioridad táctica escalofriante sobre todos los ejércitos desde que nació la Humanidad hasta el inicio del uso táctico de la pólvora.

Ningún ejército hubiera podido enfrentarse a estas legiones, pero los ejércitos romanos que los bárbaros se encontraron en los dos últimos siglos del Imperio eran muy distintos de aquellos. Meras sombras de aquellas legiones que se enfrentaron con enemigos tremendamente superiores en número y sostuvieron a Roma frente a cualquier adversario por fuerte o grande que fuera. De igual modo, las legiones de Trajano siglo y medio después hubieran podido destrozar a cualquier enemigo. Para que un ejército funcione se necesita moral, adiestramiento, disciplina y buen mando, y aquellas legiones andaban sobradas de todo eso. Pero el ejército del Imperio sufrió una quiebra irrecuperable que le hizo perder su superioridad táctica. Esa quiebra no nació en el ejército, sino en la sociedad que lo sostenía y que dejó de sentirse segura dentro de las fronteras, una sociedad enfrentada, con una crisis económica galopante que la empobrecía sin remedio.

Augusto dio por finalizada la expansión del Imperio con la Pax Augusta. Las legiones, que hasta entonces habían estado permanentemente empeñadas en guerras de conquista, fueron acuarteladas en campamentos fronterizos y se iniciaron los primeros trabajos de lo que sería el limes, la línea de defensas fortificadas del Imperio. En ese momento, el ejército romano contaba con 30 legiones, unos 150.000 hombres más las fuerzas auxiliares que debían rondar los 100.000 hombres. En total no superarían los 250.000 hombres. Si consideramos la magnitud de lo que protegían es una cifra realmente baja de efectivos, pero era tal su soberbia superioridad táctica y estratégica que se bastaban y sobraban para cumplir eficazmente tan grandioso cometido. En esa primera época feliz del Imperio, la única amenaza seria la representaron los germanos que exterminaron el ejército del incompetente Quintilio Varo pero que fueron derrotados por Druso y por Tiberio sin mayores complicaciones. La segunda época feliz fue la protagonizada por Trajano, que después de vencer a los germanos y asegurar sus fronteras venció a los dacios y a los partos, llevando las águilas de Roma hasta el Océano Índico. Sólo su avanzada edad le impidió llegar a la India, donde ya temblaban de miedo ante aquel relámpago español. A su sucesor Adriano no le gustaban las campañas militares, así que se contentó con fortalecer las defensas del Imperio, en especial en Britania, donde construyó el famoso muro que separaba a los pictos (escoceses) del resto de la isla. La pérdida de la iniciativa estratégica convirtió a las legiones en instrumentos defensivos implicados en una guerra estática, pero pudieron demostrar su valía, una vez más bajo el mando de Marco Aurelio haciendo frente a una serie de invasiones que pusieron en grave peligro la seguridad de las fronteras. Poco después, el sistema imperial sufría un colapso gracias al canalla de Cómodo y el ejército se involucraba más y más en las luchas políticas.

La infección estalló finalmente a la muerte de Valeriano. El período de la anarquía militar convirtió a las legiones en elementos de fuerza en manos de los distintos aspirantes al trono, debilitando toda la estructura estratégica defensiva .

Las reformas de Diocleciano devolvieron la fortaleza a las fronteras de Roma. Se creó un "ejército móvil" que debía reforzar al ejército defensor de las fronteras allí donde fuera necesario. Diocleciano desarrolló el ejército móvil y consiguió reactivar la potencia del ejército romano plantando las águilas más allá de las fronteras y dejando un sólido legado a sus sucesores que éstos no tardaron en despilfarrar en querellas estúpidas arruinando la obra de Diocleciano. Éste había potenciado el carácter defensivo del ejército, sabiendo a la vez utilizar el potencial ofensivo para desgastar a sus enemigos como siglos antes, pero sus sucesores no eran ni la décima parte de enérgicos que este emperador balcánico y el carácter defensivo a ultranza se impuso sobre cualquier otro tipo de estrategia. La afirmación de César "mis legiones ganan las guerras con los pies" era ya agua pasada. La mayoría de los soldados romanos eran meros defensores de fortificaciones que sólo sabían eso: defender. Frente a esta defensa estática fácilmente desbordable por las masas enemigas el corazón del Imperio estaba indefenso, a expensas de la llegada del ejército móvil. Décadas más tarde se dio orden de fortificar todas las ciudades, con lo que se admitía oficialmente la muerte del concepto estratégico que había posibilitado las soberbias victorias romanas de siglos atrás y se reconocía implícitamente que el Imperio era vulnerable. Las cenizas de Escipión el Africano, de Mario, de César y de Trajano debieron revolverse histéricas ante tal estado de cosas.

Los relatos de la época nos hablan de las dificultades que tuvo Roma para mantener sus infraestructuras (algo parecido a lo que ocurre hoy en Rusia). Sin esta red de carreteras y puentes que comunicaban el Imperio, verdaderas arterias vitales, el ejército no podía desplazarse con rapidez, y en medio de una crisis galopante, el acopio de suministros ya no era ni la sombra de lo que sería en tiempos de Trajano. En este panorama sombrío hemos de recordar que Roma se hallaba en permanente estado de guerra con todos sus vecinos, y que por tanto hemos de ver este estado como un todo integrado en el que cambiaban los nombres de los enemigos pero se mantenía la presión. Antes fueron los partos, después los persas y así sucesivamente. César comprendió que con una defensa estática no podía mantener a raya a los bárbaros indefinidamente, por eso realizó las expediciones a Germania y a Britania, y por eso preparaba la guerra contra los partos cuando fue asesinado, porque frente a una presión así no basta defenderse, hay que buscar al enemigo y golpearle fuerte, destruir sus ciudades, sus campos, aniquilar su población, desangrarle a base de campañas ofensivas que reduzcan su potencial y aseguren la seguridad de las fronteras. Los muros, por muy altos que sean, siempre terminan por caer. El famoso ejército móvil de Constantino o comitatenses, un ejército situado en el norte de Italia que acudía allí donde las defensas eran rebasadas, era un ejército defensivo cuyo poder se basaba cada vez más en la caballería mientras la infantería, el alma del ejército romano, decaía en tácticas y armamento. Las tropas de las fronteras o limitanei se conviertieron en una espacie de policía fronteriza. Las acciones ofensivas de César o Trajano que habían proporcionado décadas de seguridad eran un recuerdo perdido entre las brumas de la leyenda. Según el historiador Zósimo, Constantino firmó la ruina del Imperio Romano en el plano militar. La discusión entre los historiadores es enorme: Gibbon le da la razón a Zósimo, Mommsen no, pero ni siquiera la obra de Mommsen es definitiva. Nuevas corrientes historiográficas como la encabezada por Arther Ferril retoman el argumento de Zósimo, recordemos que él es el más cercano en el tiempo a los hechos, argumento perfectamente lógico que tras muchos años de silencio vuelve a proclamar la evidencia del desmantelamiento del espíritu ofensivo de las legiones romanas. Por si esto no fuera suficiente, el ejército romano inició un proceso de barbarización.

El Imperio de la crisis ya no tenía (o creía no tenerlo...) ese potencial necesario para emprender tales acciones ofensivas, y toda su estrategia, con alguna excepción, se centró en la defensa a ultranza del territorio, lo que convirtió al Imperio en una zona cercada, asediada por todas partes. Esa idea de la defensa que transmitió Augusto (que no era un soldado), que hizo que Adriano (que no era un soldado) prefiriera construir su muro antes que enfrentarse a los pictos fue a la larga el cáncer de Roma. Tras la falsa seguridad que proporcionaban los muros Roma se echó a dormir... para siempre. El 22 de junio de 363 el emperador Juliano, que había invadido Persia en una campaña estúpidamante planificada, fue derrotado en Maranga, junto al rio Tigris. La derrota fue importante pero no acabó con el ejército que pudo replegarse hasta su punto de partida, aunque el efecto en la moral fue muy negativo. El 9 de agosto de 378 (exactamente en el 426 aniversario de la victoria de César en Farsalia), el emperador de Oriente, Valente, fue derrotado por los visigodos en Adrianópolis. Valente, seguro de alcanzar la victoria por sí solo, no quiso esperar la llegada inminente del ejército de Occidente y se lanzó al combate sufriendo una derrota completa: de los 60.000 hombres de su ejército murieron o fueron capturados unos 40.000. En 15 años, el ejército romano había sufrido dos grandes derrotas en las que además habían caído los dos emperadores al mando. Las causas de la derrota son claras en ambos casos: ineptitud de los emperadores. El efecto en la moral fue enorme, pero los efectos de la derrota fueron catastróficos ya que se abrieron las puertas del Imperio a los visigodos y a otros pueblos que aprovecharon la ocasión para "colarse" dentro. El Imperio había sido derrotado, pero no había sido vencido. Aún Roma era capaz de movilizar fuerzas suficientes para hacer frente a cualquier desafío, pero el enemigo ya estaba dentro.

¿Qué ocurrió para que se abrieran las puertas del ejército a los bárbaros? ¿Por qué se hizo algo así? A nosotros nos parece una idea descabellada, pero a los dirigentes de entonces les pareció una buena solución. Durante décadas el Ejército Español tuvo Tabores (batallones) de Regulares marroquíes como fuerzas de choque como César tuvo unidades de caballería germana y española o Trajano tuvo arqueros tracios, pero ¿os imagináis el Ejército Español compuesto en gran parte por marroquíes? ¿Os imagináis a la mitad de las legiones de César germanas? La decadencia político-económica debilitó tanto la estructura que muchos pueblos bárbaros, fronterizos con el limes les fue concedido el estatus de "federados". Así proporcionaban soldados que a Roma le salían mucho más baratos, pero que a la larga causaron la ruina del Imperio.

El primer problema serio lo tenemos en el cambio de equipo de la infantería. De la misma forma que la caballería se blindó con cada vez más pesadas armaduras (el cataphractae es el antecedente del caballero medieval), la infantería se desarmó poco a poco. ¿Por qué? Roma jamás tuvo una caballería propia de importancia, y tras la experiencia de la II Guerra Púnica prefirió dejar que se ocuparan de ello auxiliares como los remos, germanos, galos, españoles, etc. Roma tenía la mejor infantería de la Historia, y una infantería bien adiestrada y mandada puede derrotar a cualquier caballería, como demostró César en Farsalia. Sin embargo, el ejército romano comenzó a "barbarizarse" abandonando sus tácticas y adoptando las de sus enemigos, algo común cuando falta moral en un ejército. Así, se abandonó el pilum y se adoptó la lanza de carga, se abandonó el scutum y se reemplazó por un escudo ovalado plano más ligero e igual sucedió con el gladius hispaniensis, abandonado por la spatha larga germánica. Igualmente, la armadura sufrió un considerable declive al adoptarse yelmos de muy baja calidad, fruto de la incorporación de soldados en gran número (lo que conlleva mucha gente pero poco adiestrada y disciplinada). El historiador Vegecio nos cuenta que los legionarios no querían llevar coraza "porque era pesada y les molestaba" y recordaba los tiempos en que se construían campamentos cada tarde tras una marcha de treinta kilómetros. Aquellas armas que habían proporcionado a Roma la supremacía eran abandonadas por las de sus enemigos, precisamente aquellos a los que Roma había derrotado y mantenido fuera de sus fronteras durante siglos. Es como si hoy los marines norteamericanos abandonaran su equipo para vestirse de guerrilleros vietnamitas. El equipamiento germánico era mucho más barato y el Imperio estaba cada vez más colapsado económicamente.

El segundo problema, aún más grave que el primero, fue la paulatina pérdida de moral y disciplina que nunca se derrumbaron del todo, pero quedaron muy afectadas. La inclusión de contingentes bárbaros en el ejército llevó consigo la pérdida de la disciplina de hierro típica de las legiones. Es como si en una clase de niños de 12 años meten a niños de 8 y se unifica la educación. Consecuencia: los niños de 12 años tienen que adaptarse a los de 8. Pues eso fue lo que ocurrió. Si los germanos no levantan campamentos ¿por qué tenemos que levantarlos nosotros?, si los germanos no hacen esto o aquello ¿por qué tenmos que hacerlo nosotros?. El ejército de Mario, César o Trajano era un bloque de acero, pero el ejército romano de finales del siglo IV era ya un enfermo que agonizaba lentamente. Pero sin embargo, a pesar de su enfermedad mortal, el ejército romano siguió peleando rabiosamente contra sus enemigos seculares con una dignidad, un valor y una entrega que pone los pelos de punta. En Adrianópolis, el ejército romano fue vencido por los godos, pero continuó luchando hasta el anochecer, sin esperanza de victoria, pero firme y cohesionado hasta el final como dignos herederos de los legionarios de antaño. Aquellos hombres que se reunieron para proteger sus enseñas y combatieron rabiosamente hasta la aniquilación mantenían vivas las tradiciones de Zama, de Pidna, de Aquae Sextiae, de Vercellae o de Alesia. De aquellos hombres se hubiera enorgullecido César. No. El problema no estaba en los hombres, el problema estaba en todo lo que rodeaba a los hombres.

En 395 el Imperio fue oficialmente dividido (la división de facto ya existía desde hacía décadas) entre los dos hijos de Teodosio. En ese año, el ejército romano era un ejército aún lo suficientemente poderoso como para mantener fuera de sus fronteras a sus enemigos. Desde la derrota de Adrianópolis, algunos contingentes muy numerosos de bárbaros cristianizados, como los visigodos, habían ido penetrando en el Imperio, y aunque se habían asentado en tierras cedidas por los emperadores y sus guerreros servían en el ejército imperial, representaban una fuerza capaz de inclinar una balanza a un lado u otro. Gracias a la milagrosa conservación de la Notitia Dignitatum, un documento fechado en 395 que explica la organización del Imperio y que fue redactado para los hijos de Teodosio, conocemos bastante bien cómo era el ejército del Imperio el año en que las dos mitades se separaron para no volver a encontrarse jamás. Por la Notitia, y por otros documentos, sabemos que Occidente era militarmente más fuerte que Oriente y estaba menos expuesto a las invasiones. Entonces, ¿por qué fue Occidente el que se llevó todos los palos? La eterna pregunta cuya contestación más usada es el efecto de las intrigas de Oriente que "redireccionó" hábilmente sus problemas hacia Occidente a base de oro. No sabemos hasta qué punto esto fue cierto, pero lo que está claro es que Occidente, más fuerte por un lado, también era más débil por otro porque internamente aquello era un desastre que iba a explotar.

El año que fue dividido el Imperio éste tenía un ejército de unos 450.000 hombres, unos 60.000 de ellos eran tropas altamente especializadas en operaciones fluviales, comandos, tropas de choque, etc. 35 arsenales o fabricae repartidos por todo el Imperio se ocupaban de fabricar y suministrar armas y equipos a las tropas. El ejército se autoabastecía a partir de las tierras cercanas a los cuarteles que eran ya propiedad de los soldados y heredadas por sus hijos, ya que la profesión militar, como todas las demás, eran obligatoriamente hereditarias. El panorama que nos presenta la Notitia no es malo y presenta un ejército altamente especializado, pero hay un cáncer que mina silenciosamente a ese ejército: la barbarización que con Teodosio se acelerará irrevocablemente. Los visigodos, y otros bárbaros, siempre listos para ir a la guerra, fueron alistados en masa, lo que llevó parejo una drástica reducción de la disciplina y una barbarización de la táctica, con lo que los verdaderos cimientos de la potencia militar romana quedaron definitivamente tocados, así, la barbarización minó la esencia de la potencia militar romana. Teodosio nombró al visigodo Estilicón protector de su hijo Honorio destinado a ser emperador de Occidente. Estilicón fue el último gran general "romano". Protegió al canalla de Honorio (que luego habría de pagarle el favor ordenando despedazarle) y al Imperio, pero él mismo era parte del cáncer que se extendía ya a pasos agigantados. Otro caudillo visigodo, Alarico, se rebeló contra el gobierno y se inició lo que en realidad era una guerra civil visigoda que acabó con el poder real del gobierno Imperial. La amenaza contra Italia desguarneció las defensas en el Rin y el 31 de diciembre de 406 los vándalos, suevos y alanos cruzaron las fronteras penetrando en el Imperio. Estilicón no reaccionó porque estaba ocupado en Oriente contra Alarico (aquí debía haber primado la seguridad del Imperio frente a su querella personal, pero Estilicón, no lo olvidemos, no era romano) y centenares de miles de bárbaros camparon a sus anchas por la Galia. En 407 las tropas evacuaron Britania dejando a los romanos británicos a merced de los pictos, aquellos pictos a los que Adriano no había querido someter porque tenía cosas más urgentes que hacer (como charlar con sus astrólogos). En 410 Alarico saqueó Roma durante tres días. Por vez primera en ochocientos años, un ejército extranjero tomaba la ciudad de Rómulo mientras el emperador Honorio se divertía en Rávena con sus jovencitos. Pero lo peor estaba aún por llegar. A partir de entonces, la historia del Imperio es la historia de las luchas entre bárbaros que despedazan el Imperio. Entre 416 y 418, dos caudillos visigodos se enfrentaron en España arrasando el país, en 431 se perdió África.

Los hunos al mando de Atila invadieron la Galia. En 451 fueron vencidos en Châlons por el general bárbaro Aecio, al mando de un ejército bárbaro. Posteriormente Atila marchó sobre Roma pero se retiró y murió. En aquel momento la Galia y España estaban gobernadas por caudillos bárbaros y en Italia se hallaban los ejércitos del caudillo ostrogodo Odoacro, encargado de la seguridad de Roma. El enfermo daba ya las últimas boqueadas. La agonía finalizó cuando Rómulo Augústulo, el último emperador romano, fue depuesto por Odoacro en 476. Odoacro, que quizás aún no podía creerse que aquello sobre lo que gobernaba fuera un día la Roma de Julio César, le concedió a Rómulo Augústulo una pensión y le envió a vivir a una villa donde el último sucesor de Augusto se dedicó a cultivar vides y olivos. Sin duda fue una cruel ironía de la Historia que el último emperador de Roma llevara los nombres de su fundador y del primero de los emperadores. Además Odoacro envió las insignias imperiales a Constantinopla porque el Imperio Romano de Occidente había dejado de existir oficialmente.

En la práctica, hacía muchos años ya que había desaparecido.

 

La causa de la caída del Imperio Romano no fue una derrota militar, de igual modo ocurrió con la caída de la URSS. En ambos casos, dos derrotas militares aparentemente superables (Adrianópolis para Roma y Afganistán para la URSS) tuvieron consecuencias imprevisibles. Ninguna de las dos fue una derrota decisiva ni supuso una quiebra irreparable en el potencial bélico, pero generaron una serie de fuerzas que golpearon a un edificio demasiado viejo y mal cuidado para soportarlo.

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