..LAS LEGIONES DE JULIO CÉSAR

 

Para Sonia.

 

Quien haya pasado por Madrid de visita probablemente habrá acudido al Palacio Real, nuestro "Palacio de Oriente". Su imponente mole barroca, cuajada de columnas dóricas y estatuas de reyes ancestrales, esconde tesoros que dejan con la boca abierta: frescos, tapices, estatuas, vajillas o sus famosas colecciones de maquetas o de relojes, además de su armería, donde se guardan increíbles colecciones que datan de hace más de cinco siglos. Es verdaderamente un privilegio poder contemplar todas esas maravillas de otros tiempos y un orgullo que todo ello pertenezca a todos los españoles.

Sin embargo, cuando uno visita el Palacio de Oriente, ve también una extraña y bellísima ceremonia protagonizada por unos soldados vestidos con extraños ropajes de otros tiempos que ejecutan maniobras anacrónicas al compás de la música de su banda.

Es el cambio de guardia de la Guardia Real Española... poco que ver con lo que se supone que es la guerra moderna. Es difícil imaginar que detrás de esos bonitos uniformes azules, los quepis rígidos o los correajes de brillante cuero se encuentran hombres que forman parte de una de las unidades de elite del Ejército Español, profesionales capaces de desfilar a paso de marcha del siglo XVIII o de asaltar una nave en medio del mar. Pero lo que muy poca gente conoce es que esos hombres, y todos los que forman parte de las guardias reales de todo el mundo, son los herederos de una tradición que se remonta en más de dos mil años y cuyos ecos más antiguos nos llegaron precisamente de tierras españolas...

 

 

LA GUARDIA PRETORIANA: HISTORIA

 

La Guardia Pretoriana es sinónimo de muchas ideas, la mayoría de ellas con poco o ningún fundamento histórico. A través de los siglos nos ha llegado el nítido eco de un cuerpo militar de elite destinado a proteger a los emperadores romanos, un cuerpo que alcanzó en ciertas ocasiones tanto poder que fue decisivo en el alzamiento o la caída de emperadores y que tomó la costumbre de utilizar un equipo de gala anacrónico, con uniformes que eran vestigio de otros tiempos, tal y como hacen hoy en día todas las guardias reales del mundo.

La leyenda de la Guardia Pretoriana se ha alimentado vorazmente durante muchos siglos porque los cuerpos similares que hoy existen son herederos de ella. En realidad, fue lo que fue, y algunas veces, pocas veces, algo más. Pero en definitiva, la Guardia fue un cuerpo militar de elite destinado a la protección de la Familia Imperial que cuando entró en combate demostró una disciplina y capacidad militar admirables.

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Ilustración de Richard Hook (Ed. Osprey).

 

ORÍGENES DE LA GUARDIA PRETORIANA

La historia oficial de la Guardia Pretoriana comienza en los últimos años del siglo I aC y primeros del siglo I dC con Augusto, pero en realidad su historia real es mucho más antigua. El término Guardia Pretoriana significa "guardia del Pretorio", el pretorio era el lugar del campamento romano en el que se alzaba la tienda del comandante en jefe, de ahí su nombre. Durante la República, la escolta de los mandos del ejército estaba a cargo de los extraordinarii, una unidad especial seleccionada de entre las unidades de las legiones. La primera noticia convenientemente documentada que tenemos de una guardia personal creada ad hoc, especialmente para el caso, es la del año 146 aC en que Publio Cornelio Escipión Emiliano marcha hacia Numancia con su impresionante ejército y una cohorte formada por 500 amigos que formaban su escolta personal, puesto que acampaban junto al Pretorio, recibieron el nombre de Guardia Pretoriana. Aunque tras la guerra aquella unidad fue disuelta junto con el resto del ejército, a partir de entonces los comandantes romanos alistaron para sus campañas unidades especiales para su protección. Estas cohortes pretorianas no tenían distintivos especiales y las formaban o bien legionarios romanos o auxiliares. Julio César utilizó una unidad de españoles vinculados a el por la fides, el famoso juramento hispano. Precisamente fue la disolución de esta unidad lo que motivó que los canallas decidieran asesinarle cobardemente el 15 de marzo de 44 aC.

Iniciada por estos miserables la guerra civil y vengada la muerte de César, Octavio y Antonio conservaron sus cohortes pretorianas que según Apiano alcanzaban los 8.000 hombres, lo que nos da unas 16 cohortes, aunque en una época en la que había por el mundo decenas de legiones paseándose no resulta tan excesivo. Tras la victoria sobre Antonio, Octavio fusionó su ejército con el de Antonio en un acto simbólico que pretendía retomar la situación que dejó César, con un ejército unido y sin discordias.

En el año 13 aC Octavio, ya Augusto, emperador de Roma, reglamentó a la Guardia Pretoriana como unidad especial militar cuya función era la protección de la Familia Imperial. Entonces un legionario servía 16 años en las legiones, pero si cumplía servicio en la Guardia se rebajaba a 12 años. Según Tácito, en el año 5 dC fue cuando se adoptó definitivamente el servicio de 20 años en las legiones y 16 en la Guardia. Tras su victoria, Octavio, dueño del mundo, desmovilizó la mayor parte del gigantesco ejército que había tomado parte en las guerras civiles dejando operativas unas treinta legiones y reduciendo el número de cohortes pretorianas a nueve, según Tácito. Suetonio nos aclara que de ellas tan sólo tres estuvieron destinadas en los alrededores de Roma mientras las otras seis se repartían por Italia.

Es importante destacar que en esta época, Augusto no era un "emperador de Hollywood" ¡NI MUCHO MENOS! Augusto era el primus inter pares, el primero entre iguales, y sobre todo era el Imperator, es decir, el comandante en jefe del ejército (de ahí el término emperador). Pero absolutamente ningún distintivo especial le diferenciaba del resto de ciudadanos romanos. Augusto vivía en su casa del Palatino (casa que aún hoy podemos ver) y vestía su toga de ciudadano romano con su túnica mostrando su latus clavus púrpura de senador. Es posible que ni siquiera usara la toga praetexta de los magistrados en ejercicio si no ejercía una magistratura como el consulado (si no conoces todos estos términos o cómo se vestían los romanos ve al capítulo LOS ROMANOS EN LA ÉPOCA DE CÉSAR). Por ello los primeros emperadores fueron especialmente cuidadosos en no hacer absolutamente ninguna ostentación de símbolos regios, ya que Roma, al menos oficialmente, aún era una república. Así pues, como estaba prohibido que tropas romanas permanecieran dentro del pomerium o recinto sagrado de la ciudad, los guardias debían vestir de paisano, sin ninguna ostentación de su condición militar pero con el gladius bien dispuesto oculto bajo los pliegues de la toga tal como apuntan Marcial o Tácito. O sea, como cualquier servicio secreto de ahora. En realidad, si pudiéramos viajar en el tiempo y vivir una semana en Roma nos daríamos cuenta de lo parecidos que somos a ellos en muchas cosas. No en vano nuestra Civilización es heredera de Roma hasta aspectos realmente insospechados.

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Ilustración de Richard Hook (Ed. Osprey).

Excelente ilustración de Richard Hook donde podemos ver, a la izquierda a un guardia pretoriano de servicio frente a la puerta de la casa del emperador Claudio. Viste la toga de ciudadano romano, pero se ve que está perfectamente armado, ya que el pomo del gladius hispaniensis sobresale ligeramente de entre los pliegues. Además calza las famosas caligae, las sandalias militares que generalmente sólo usaban los soldados. En el centro el emperador Claudio con su latus clavus de púrpura y los calcei negros, ambos distintivos de su rango de senador y a la derecha un miembro del orden ecuestre.

Hasta el año 2 dC el mando de cada cohorte de la Guardia Pretoriana lo ostentó un tribuno del orden ecuestre, un caballero, pero en ese año Augusto unificó el mando en dos únicos tribunos, los prefectos pretorianos. El tribuno de servicio ese día acudía cada tarde a la hora octava a casa de Augusto para recibir del emperador en persona el santo y seña.

 

EL CASTRA PRAETORIA

En el año 23 dC, con Tiberio como emperador, se inauguró el campamento permanente de la Guardia Pretoriana, el Castra Praetoria, situado en las afueras de Roma, en la colina del Viminal. Los impresionantes muros de este campamento aún pueden verse en Roma, en concreto los lienzos de las partes norte, este y sur, que acabaron formando parte de las murallas de Aureliano siglos más tarde. El campamento de la Guardia ocupaba unas 17 hectáreas de superficie, aproximadamente dos tercios de la superficie de un campamento para una legión. Según este esquema tendría capacidad para unos 4.000 hombres, aunque los benditos arqueólogos han descubierto estructuras posteriores, ampliaciones de los barracones de dos pisos y alojamientos dentro de las propias murallas, por lo que no es descabellada la cifra de hasta 12.000 hombres en momentos de apuro. Las murallas originales de esta primera época eran de hormigón revestido de ladrillo y su altura era de unos 3,5 metros. Hoy en día podemos ver esta primera fase de construcción perfectamente delimitada con los vestigios de sus almenas, torres y puertas, tal y como se muestra en la fotografía.

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Uno de los lienzos de las murallas del Castra Praetoria. Podemos distinguir perfectamente las huellas de las distintas ampliaciones.

Se considera a Tiberio como un segundo fundador de la Guardia Pretoriana, por la construcción del campamento y la decisión de reunir en él a todos los guardias. Por ello, la Guardia Pretoriana utilizó a partir de entonces como símbolo distintivo el escorpión, que era el signo zodiacal de Tiberio.

Tras la guerra civil de 69 dC Vespasiano reparó las murallas que quedaron tal cual hasta que a principios del siglo III se aumentó la altura. En el año 271 dC Aureliano rodeó Roma con sus impresionantes murallas de ladrillo que aún pueden contemplarse, englobando el campamento de la Guardia en el perímetro defensivo, lo que obligó a aumentar la altura de sus muros y torres para igualarlos con los de la muralla. En 312 dC Constantino venció a Majencio en la batalla de Puente Milvio y tras la victoria la Guardia desapareció, con lo que el lado del campamento que no formaba parte de las murallas de Roma fue desmantelado.

A partir de ese momento la Guardia Pretoriana desapareció de la Historia como unidad homogénea e histórica y cada emperador creó su propio cuerpo de guardia personal, pero su leyenda, una leyenda con más de trescientos años de existencia, permaneció viva hasta nuestros días.

 

COHORTES

¿Cuántos pretorianos hubo?. Imposible de saber a ciencia exacta, ya que la Guardia existió durante más de trescientos años y sólo disponemos de datos muy concretos referidos a periodos de tiempo aún más concretos.

Sabemos que Augusto organizó nueve cohortes, unos 4.000 hombres, posteriormente aumentó el número a doce y el los últimos años de su vida designó tres de estas cohortes como cohortes urbanas destinadas a servicio de policía y protección civil de Roma (los famosos Vigiles), con lo que el número de cohortes pretorianas volvió a ser de nueve. Tácito menciona nueve cohortes cuando habla de la inauguración del castra praetoria el año 23, bajo el mando del prefecto Sejano. Durante el reinado de Calígula (37-41 dC) el número volvió a aumentarse a doce cohortes. En el año 69 dC Vitelio disolvió las unidades y formó dieciséis cohortes con hombres de su confianza y Vespasiano volvió a reducirlas a nueve, número que parece mágico en este caso, como podemos ver. El psicópata Domiciano (81-96 dC) aumentó en una cohorte el número que pasó a ser de diez y con diez cohortes permaneció la Guardia hasta que Constantino la disolvió.

Cada cohorte debía tener unos 480 hombres divididos en diez centurias, exactamente igual que en una legión, por lo que las cifras en cada época son de unos 4.500 hombres con Augusto, unos 8.000 con Vitelio, unos 5.000 con Vespasiano y probablemente unos 10.000 en adelante.

 

ORGANIZACIÓN

Puesto que la Guardia era una unidad militar, su organización era la misma que la de una legión, ya que también podía entrar en combate y debía acoplarse perfectamente al esquema militar romano.

Probablemente la proporción de caballería en la Guardia fuera de tres turmae (unidad de 30 jinetes) por cada cohorte durante el reinado de Augusto, de cinco durante el resto del siglo I dC y hasta de diez durante el siglo III dC. Los mejores jinetes se encuadraban en una centuria especial y formaban la unidad de elite de la Guardia, los speculatores augusti, que formaban la guardia próxima del emperador, su escudo personal, son los hombres que aparecen en la película Gladiator rodeando a Marco Aurelio en la primera toma en la que aparece.

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Ilustración de Richard Hook (Ed. Osprey).

La caballería de la Guardia Pretoriana, en los escudos y en el vexillum o estandarte que porta el jinete de la izquierda se observa el símbolo de la Guardia: el escorpión.

Suetonio nos habla de un distintivo especial, la caliga speculatoria, pero desconocemos su forma, probablemente sería una sandalia normal con algún adorno. Lo que sí sabemos es que formaban una unidad especial dentro de la Guardia, con sus propios instructores. Esta unidad estaba al mando de un centurio speculatorum.

Augusto, como ya se ha comentado, fijó el servicio en dieciséis años en lugar de los veinte de las legiones. Con lo que si un legionario conseguía el traslado a la Guardia y contaba con diez años de servicio en la legión sólo tenía que servir otros seis para ser licenciado. Augusto fijó en el año 27 aC que el sueldo de sus guardias fuera el doble que el de los legionarios y sabemos que en el año 14 dC un guardia cobraba tres veces más que un legionario, 720 denarios de plata anuales frente a 225 de un legionario, una diferencia que se mantuvo hasta el final de la Guardia y que no hacía demasiada gracia a los hombres de las legiones. Tiberio instituyó una mala costumbre: las gratificaciones. En el año 31 dC se descubrió y abortó un complot del prefecto de la Guardia Sejano y Tiberio, agradecido por la fidelidad de sus hombres, les regaló 1.000 denarios a cada guardia. Tras el asesinato de Calígula, la Guardia obligó al Senado a reconocer a Claudio emperador y éste les recompensó con un extra equivalente a cinco años de paga. Esta costumbre de hacer un "regalito" a los bravos muchachos se convirtió en una tradición, con lo que no es extraño que por cada puesto en la Guardia hubiera miles de candidatos.

Generalmente los pretorianos llegaban a la Guardia desde el servicio en las legiones. Tenían que estar muy recomendados, pasar unos exámenes, reconocimientos y pruebas físicas exhaustivas y servir como aspirante o probatus un tiempo antes de ser destinado como miles gregarius al servicio en una de las cohortes. Tras años de servicio podía convertirse en inmunis, o guardia especializado en tareas de oficina o técnicas, de allí ascendía a principalis, con salario doble, tesserarius o custodio del santo y seña, optio o segundo jefe de centuria o signifer, es decir, portaestandarte. cada uno de estos ascensos significaban incremento de sueldo y privilegios añadidos. Si eran realmente buenos se convertían en centuriones, el sueño de todo guardia. Sabemos que algunos miembros del orden ecuestre, los caballeros de Roma, renunciaron expresamente a su estatus para poder optar a este puesto, ya que los oficiales inferiores sólo podían ser plebeyos. Los tribunos pretorianos alcanzaban su rango desde abajo, pasando antes por todos los escalafones. Primero debía convertirse en centurión de la Guardia, después de un tiempo de servicio podía solicitar el traslado al ejército y servir en las legiones hasta alcanzar el rango de centurión primus pilus, tras ello volvía a Roma donde era nombrado tribuno de una cohorte urbana, los Vigiles, y finalmente podía ser tribuno de la Guardia ya como miembro del orden ecuestre, como caballero romano. Como se ve, el sistema estaba concebido para atraer a los mejores, a los más experimentados. Como el tribunado sólo duraba un año, una vez finalizado podía optar por retirarse o por continuar su carrera militar en las legiones ya como oficial superior.

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