...LAS LEGIONES DE JULIO CÉSAR

 

DE THEODOR MOMMSEN A COLLEEN McCULLOUGH

 

En 1856 el historiador alemán Theodor Mommsen publicó su HISTORIA DE ROMA en tres grandes volúmenes que abarcaban desde los orígenes de Roma hasta la instauración del Principado por Augusto. Esta fecha es una de las más grandes de la historiografía puesto que la obra de Mommsen fue, es y será por siempre jamás el referente total de toda la historiografía sobre Roma.

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La importancia de la obra de Mommsen es tan gigantesca como su calidad. En esos tres grandes volúmenes, publicados por partes en español por editorial TURNER, la Historia de Roma abría ¡por fin! sus puertas de una manera completamente desconocida. Descrita con racionalidad, utilizando todas las fuentes disponibles de manera crítica y cruzando las múltiples lagunas surgidas a base de puentes tendidos por su abrumadora lógica, esta obra se convirtió casi de inmediato en lo que es hoy en día, siglo y medio después: el icono de la historiografía. Su importancia fue de tal magnitud que en 1903 le fue concedido a Mommsen el premio Nobel de literatura, galardón que tan sólo dos historiadores poseen: el mismo Mommsen y sir Winston Churchill.

Nacido en 1817 en Garding, Silesia, Mommsen se graduó en Derecho ganando en 1848 una cátedra en la Universidad de Leipzig. De ideas democráticas, Mommsen siempre defendió la Libertad, hecho que le valió ser expulsado de la cátedra. Dedicado plenamente al estudio de la Historia, Mommsen ganó la cátedra de Historia Antigua de la Universidad de Berlín en 1858 ganándose el respeto de sus contemporáneos y alcanzando altos honores hasta su muerte en 1903.

La apabullante obra de Mommsen sufrió en el siglo XX la cruel descalificación de la historiografía basada en el materialismo histórico marxista que concebía la Historia como una mezquina herramienta de la política del GULAG, negando sus principios básicos y reduciéndolo todo a la "lucha de clases" que, entre otras cosas, se llevó a más de cien millones de seres humanos asesinados por los Lenin, Stalin, Mao, Pol-Pot, etc. Hoy, casi libres ya de esta lacra criminal, la historiografía regresa lentamente a sus orígenes: a contar los hechos investigándolos con ánimo crítico, pero sin esa vergonzosa contaminación política. La historiografía no necesita de "guías" ni marxistas ni nazis.

Mommsen no fue un historiador "objetivo" sencillamente porque la objetividad no existe. La "objetividad" es una bonita palabra inventada por algún idiota malintencionado. Hay miles y miles de obras escritas por miles y miles de autores, cada uno dice una cosa distinta pero todos ellos afirman a voz en grito ser "objetivos"... Patético. La verdadera Libertad no es que un autor "elegido por Dios y por algún interés menos divino de paso" nos ilustre con su objetiva antorcha. No. Eso se queda para el manual de objetividad del Dr. Goebbels y similares.

La verdadera Libertad es que cada uno podamos leer sin restricciones TODAS las opiniones de todos los que escriben y que nos quedemos con la explicación que más nos convenza.

Y Mommsen tomó partido. Tomó partido contra la oligarquía senatorial romana que convirtió Roma en un semillero de corrupción. Tomó partido a favor de las reformas de los Gracos y de Julio César en favor de las clases más humildes. Esta toma de partido "nada objetiva", esta denuncia histórica le sirvió ser tachado de "revolucionario" y de "demócrata" en sus días por la intelectualidad europea vendida a la "grandeza aristocrática" para, irónicamente, más tarde ser acusado de "burgués", "antirrevolucionario" y otras lindezas por los salvajes ideólogos del GULAG patrocinados por Lenin primero y Stalin después. Tampoco se libró Mommsen de las críticas de los discípulos de Goebbels. Los nazis le despreciaron porque se había opuesto a la política del canciller Bismarck que Mommsen consideraba un peligro para Europa. Realmente Herr Theodor fue un hombre peligroso para cualquier totalitarismo, lo que le engrandece, no sólo como historiador, sino también como persona.

 

Más de un siglo después de Mommsen, la escritora australiana Colleen McCullough publicó su famosa serie de novelas sobre el final de la República Romana: EL PRIMER HOMBRE DE ROMA, LA CORONA DE HIERBA, FAVORITOS DE LA FORTUNA, LAS MUJERES DE CÉSAR, CÉSAR y EL CABALLO DE CÉSAR.

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McCullough, nacida en 1937 en Wellington, es una de las más importantes novelistas del siglo XX con títulos como EL PÁJARO CANTA HASTA MORIR (llevado a la televisión con el título de "El pájaro espino") y la serie sobre Roma que nos ocupa es un auténtico modelo tanto en lo literario como en lo histórico. La segunda mitad del siglo XX vivió la eclosión de la "novela histórica", fenómeno que nos ha aportado muy buenos ratos gracias a lecturas realmente buenas. La base de la novela histórica es convertir un hecho histórico en un pasaje novelado con mayor o menor grado de fidelidad histórica. La grandiosa aportación de McCullough consiste en no salirse del guión establecido por el hecho histórico en sí para rellenar las lagunas o corregir presuntos errores a base de razonamientos lógicos, aplicando el mismo esquema de Mommsen.

Las novelas de McCullough son realmente extraordinarias por múltiples razones, pero me detengo especialmente en tres de ellas. En primer lugar narran la historia de Roma desde finales del siglo II aC hasta la instauración del Principado, sin duda la época más fascinante de la historia de Roma. En segundo lugar, la obra nos aporta una enorme cantidad de datos históricos tomados de todas las fuentes disponibles ¡arduo trabajo el de esta mujer incomparable!. Y en tercer lugar, McCullough no se conforma con "lo que hay", sino que con espíritu crítico revisa las fuentes y corrige presuntos errores como en el caso del proceso a Rabirio que la autora coloca después de la Conjuración de Catilina y no antes como dijo Cicerón, explicando su opinión y convenciéndonos a la gran mayoría de sus ávidos lectores, ya que cuando argumentos de tal peso se razonan debidamente, por mucho Cicerón que haya, la Verdad es la Verdad la diga Agamenón o la diga su porquero.

McCullough ha convertido sus novelas en obras de referencia histórica. Recuerdo que hace años solicité que las obras de Peter Connolly se incluyeran en la biblioteca de la Facultad de Historia de la Universidad Complutense para que todos los alumnos tuvieran acceso a ellas. "Son libritos para niños" me contestaron. Hoy en día las obras de Connolly son obras de referencia capital en cualquier universidad del mundo como lo serán las de McCullough (y yo para esto he demostrado tener ojo).

 

El historiador aún se enfrenta a muchos prejuicios, los mismos prejuicios que le hicieron reírse de Schliemann cuando descubrió Troya. Yo mismo he oído en clase a un "intrépido" profesor decir que Schliemann "no fue más que un aficionado". ¡Y eso lo dijo este "turista de los despachos" nada menos del hombre que descubrió Troya, Micenas y estuvo a punto de excavar Cnossos!. Mommsen también tuvo que enfrentarse a estos prejuicios ya que su obra no era "políticamente correcta", pero lo que de verdad debe importarnos de una obra no es quién la ha escrito, sino su calidad historiográfica. Los defensores de la república corrupta y degenerada pretenden descalificar a Mommsen ¡como si algo así fuera posible! porque critica a Cicerón y a sus amigos optimates, los explotadores del Pueblo Romano. Como no les gusta lo que Herr Theodor dice no dudan en pretender descalificar la mayor obra historiográfica de toda la Historia. Patético. Como patético es el intento de esos mismos "turistas" por descalificar la obra de McCullough diciendo que "sólo son novelas". Por supuesto que son novelas, y muy buenas. ¿Y eso qué tiene que ver?. Lo verdaderamente importante es que estas obras han abierto las puertas de este mundo fascinante a millones de personas en todo el mundo y que sus conclusiones son tan válidas como las de cualquier otro. El camino abierto por Mommsen ha sido seguido por miles de investigadores durante siglo y medio, y muchos más seguirán los pasos del Maestro absoluto de la historiografía, historiadores o novelistas como McCullough que seguirán trabajando para ofrecernos la Historia vista desde múltiples puntos de vista. Todos ellos válidos y todos ellos respetables.

Mommsen y McCullough son dos maneras distintas de escribir Historia. Nada tienen que ver y toda comparación entre sus obras es ridícula, pero ambos comparten una misma ilusión: compartir sus grandes conocimientos.

Precisamente ése es el objeto de esta página web y de mi esfuerzo: compartir contigo esos conocimientos.

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