LAS LEGIONES DE JULIO CÉSAR

 

LA RECREACIÓN HISTÓRICA: el equipo de combate de un legatus romano

 

Algunas veces hemos visto fotografías y documentales de gente que se viste como en épocas pasadas y recrean situaciones históricas concretas. Es la reconstrucción histórica, cada grupo de recreadores (en inglés reenactors), formado por amantes de la Historia, recrea una unidad concreta, bien la primera centuria del primer manípulo de la segunda cohorte de la Legión VII en el principado de Augusto o bien un regimiento de la Guerra de la Independencia de España, por ejemplo.

La diferencia entre recrear y disfrazarse es fundamental. Una cosa es ponerse una coraza de plástico pintada de purpurina y otra muy distinta ponerse una lorica real. Se recree la época romana o la II Guerra Mundial, cada pieza del uniforme y del equipo debe "ser de verdad". No valen las chapuzas, o uno se viste con un equipo reconstruido o con un disfraz de carnaval, aquí no hay puntos intermedios.

Mi maestro en el fascinante tema de la recreación histórica fue mi colega historiador José Manuel Rodríguez Gómez-Escobar "Eborense", autor del especial sobre los Visigodos de esta página web y webmáster de La batalla de Talavera (ver Enlaces).

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A la izquierda, Eborense recreando un infante del regimiento de Voluntarios de Madrid. A la derecha, yo recreando un legatus romano. Dos épocas muy distintas perfactamente recreadas.

 

MI EQUIPO

Aunque no pertenezco a ningún grupo de recreación histórica, yo mismo me he fabricado, gracias a la fundamental ayuda de mi madre, que se ha ocupado de la costura de las piezas, un equipo que reconstruye exactamente el usado en combate por los oficiales superiores durante la época de Julio César. Este equipo es una reconstrucción precisa y documentada de cómo fueron los originales hace 2.050 años. Mi equipo en concreto reconstruye el que llevaría un legatus (comandante de legión) romano durante la Guerra de las Galias.

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Existen muchos equipos de legionarios de distintas épocas, pero yo no había visto ninguno de un oficial superior, y por ello decidí fabricármelo, ya que había que trabajar duro, mejor conseguir algo único que no una copia de otro equipo.

Ficha técnica

Materiales empleados: Para conseguir una auténtica reconstrucción histórica del equipo, ha sido necesario emplear tan sólo los mismos materiales que utilizaron los romanos. Por tanto, nada de velcro, plástico ni cosas por el estilo, sólo piel, metal, tela, cartón y cola he podido utilizar. He de repetir que cuando se hace una reconstrucción, el equipo resultante debe ser de verdad.
Planos: Es inútil que me pidáis ni planos, ni patrones, ni moldes, ni nada por el estilo, porque no los he hecho. Cada pieza está fabricada de modo artesanal y en cada apartado se detalla convenientemente cómo se ha construido cada una de ellas. Si alguien desea fabricarse un equipo similar sólo tiene que seguir los pasos y, evidentemente, tener una gran experiencia en manualidades. Construir algo así es muy, muy difícil.
Coste: El equipo no está a la venta, y eso que las ofertas que en este tiempo he recibido son como para pensárselo, pero por el momento no considero venderlo. El coste neto del equipo, sin incluir la espada, ni el casco ni el escudo, ha sido en total de 150 Euros. Lo que dispararía su precio sería la mano de obra por la gran cantidad de horas que requiere.
Tiempo empleado: Aproximadamente 90 horas.

El equipo que he construido consta de las siguientes piezas:

TÚNICA: la túnica militar romana es una versión de la túnica civil, diferenciándose de ésta en que la militar es más corta, quedando por encima de las rodillas.

Mi túnica esta hecha de dos piezas, parte delantera y trasera, aunque también podía llevar las mangas cosidas, la típica túnica romana tenía las mangas cortas que llegaban hasta el codo. La túnica tradicional era de lana, de color natural, que es como el color crema claro, pero cada romano se las encargaba del material que más le gustara.

Cosida en ella se hallan las franjas anchas de púrpura o  latus clavus que identificaban al orden senatorial, ya que los legados se elegían entre los senadores.

BRACAE o pantalones: son los típicos romanos de montar, para evitar que las piernas se desollen contra el cuero de la silla. También son de lana.

El ceñidor o cinturón podía ser de piel con hebilla metálica o simplemente un cordón trenzado de lana tradicional como el que yo llevo.

Los zapatos son los típicos perones negros de piel que usaban los senadores.

PTERYGES: es una prenda de protección que podía ser de lino o de piel. Se llevaba encima de la túnica y constaba de un chaleco al que iban cosidas unas tiras o faldellines que protegían la parte alta de brazos y muslos. Era una buena protección contra los tajos de espada cortante y, con diferentes diseños, estuvo en uso desde los tiempos de los hoplitas griegos hasta la Edad Moderna, es decir, más de diecinueve siglos, lo que demuestra su eficacia.

Mi pteryges es de lino de color rojo, también podía ser de color blanco si era de tela o marrón o negro si era de piel. Los faldellines solían estar rematados con unos cordones de lana, aunque podían no llevar este adorno. En los hombros solía haber una única fila de faldellines y en la cintura dos filas superpuestas, bien del mismo tamaño o bien la exterior más corta que la interior.

No conservamos ninguna representación de cómo era el chaleco del pteryges. En algunas reconstrucciones modernas se abrocha en la espalda. Yo considero que esto es un error, ya que me parece más lógico que sea el oficial que lo lleva el que pueda ponérselo y quitárselo cuando quiera sin necesidad de ayuda. De hecho, corazas como la hamata y la segmentata se abrochaban siempre por delante, aunque para ponérselas se necesitara ayuda. Mi pteryges se abrocha por delante, con cuatro hebillas de latón dorado.

Los faldellines podían ser más cortos o más largos, más estrechos o más anchos, a gusto de cada cual. Yo he utilizado una medida que considero adecuada. Los flecos se añadieron en las piezas de tela como adorno, aunque hay pteryges romanos que no los llevan la mayoría sí. Encontrar este tipo de flecos de algodón fue sencillo, en cualquier mercería se venden, pero lo que no encontré fue el color que quería, así que los compré de color natural (crema claro) y los teñí con un tinte natural para tejidos, que también puede comprarse en las mercerías. En la imagen se aprecia el excelente corte conseguido y la posición de los flecos.

Una de las mayores virtudes del pteryges es su flexibilidad, el diseño de los faldellines en forma de tiras permite a brazos y piernas cualquier movimiento. La coraza de tela usada por los hoplitas griegos, la famosa linothorax, se fabricaba pegando capas de lino una a otra hasta lograr una camisa de un grosor de unos 0,3 a 0,5 cm. Esta protección se consideraba suficiente contra los tajos de las espadas. De la parte inferior de la coraza, en la cintura, sobresalían dos filas cortas de tiras de lino superpuestas que protegían en bajo vientre, a esa parte específica de la coraza los griegos la llamaban pteryges, un término que después pasó a denominar toda la prenda. Los soldados de la falange macedonia de Alejandro Magno a principios del siglo IV a.C. ya utilizaban pteryges largos de lino, que yo supongo que en un principio fueron un mero añadido a la coraza de hoplita de este mismo material. En realidad lo que se hizo fue alargar las tiras que protegían el bajo vientre para proteger también los muslos y añadirlas en los hombros. De hecho, las representaciones de soldados macedonios que conocemos parecen indicar precisamente esto y el propio Alejandro es representado vistiendo coraza de lino con pteryges durante la batalla de Isos, en el famoso mosaico hallado en Pompeya, copia de una pintura griega, que reproduce con absoluta fidelidad el equipamiento de macedonios y persas:

Alejandro Magno con su equipo de combate, cualquiera que conozca la personalidad del genio macedonio comprende que prefiriera la coraza de lino a la de metal, ya que lo que él buscaba era la flexibilidad y libertad de movimientos. Nótese el sistema de enganche de las hombreras al peto gracias a cordones independientes para cada hombrera. Como puede verse, su pteryges tenía dos filas superpuestas de tiras o faldellines para proteger el bajo vientre y los muslos y como adorno se habían añadido unos flecos.

A partir de ahí, se confeccionaron pteryges que incluían ya el chaleco de lino, diseñados específicamente para llevar debajo de las corazas metálicas, ya que esta protección conjunta es la mejor que se puede conseguir. Aunque el metal resulte perforado, puede lograr frenar el impacto lo suficiente para que el pteryges lo detenga o pueda amortiguar el golpe. Una coraza de metal sobre una más flexible de piel o de tela proporciona una extraordinaria protección, y este principio es el mismo que los diseñadores navales aplicaron a los blindajes de algunas de las naves que combatieron en la II Guerra Mundial. Tal fue su éxito que la prenda siguió usándose durante siglos como complemento ideal para usar debajo de la coraza, ya como una prenda aparte de ésta. El pteryges, tal y como yo lo he construido, estuvo en uso en Italia desde probablemente mediados del siglo IV a.C. puesto que la influencia griega en armamento era la predominante y lo seguiría siendo hasta que los romanos adoptaron la cota de malla de anillos de hierro o lorica hamata y la espada española o gladius hispaniensis. A pesar de ello, la influencia griega continuó condicionando el equipamiento de combate de los oficiales superiores que, a pesar de la barbarización del ejército romano en el siglo IV d.C., continuaron utilizando este equipo por dos motivos: porque a los oficiales de cualquier ejército les encantan las prendas arcaizantes ya que fortalecen el tradicionalismo y además porque era el equipo más eficaz que se conocía. Con el paso del tiempo su aspecto varió según las modas, pero su forma, chaleco con faldellines en hombros y cintura, permaneció inalterada. En la Edad Media se desarrollaron varios tipos de armaduras inspiradas en este eficaz concepto, añadiendo prendas acolchadas sobre las que se ponían las nuevas versiones del pteryges y encima de éste la coraza y otros elementos de la armadura como los protectores también metálicos de hombros y caderas. Puesto que la coraza más utilizada en la Edad Media fue la cota de malla, que podía proteger los brazos y los muslos, los faldellines desaparecieron y la prenda se convirtió en una especie de túnica de tela o piel, acolchada para proteger de los golpes y del propio peso de la armadura.

LORICA: Mi lorica o coraza la he construido de cuero, uniendo varias capas de distintos tipos de piel vacuno pegadas entre sí para formar una estructura resistente. Puesto que no tenía moldes ni patrones, construí una base pegando láminas de cartón piedra encoladas con sucesivas aplicaciones de cola blanca adaptándolas a la forma de mi torso hasta crear una coraza de cartón piedra, por cierto, de una gran solidez. Esta estructura fue la que me sirvió de molde y a la que fui pegando una tras otra capas de piel hasta conseguir una auténtica coraza de cuero. Lo cierto es que no esperaba el resultado que conseguí, ya que su resistencia me ha dejado impresionado. Baste señalar que para hacer los orificios de los remaches de los enganches tuve que comprar una broca especial para poder taladrarla y necesité una buena dosis de fuerza para conseguirlo. He tenido oportunidad de estudiar su resistencia comparándola con una coraza de hierro y la protección que ofrecen ambas es muy similar. No hay secreto, sencillamente es que la de hierro debe tener un grosor limitado por el peso, mientras que con la piel, al tener un peso mucho menor que el hierro, puede conseguirse un grosor mucho mayor, aumentando así proporcionalmente la protección, de la que esta coraza ofrece un magnífico nivel, ya que es prácticamente invulnerable a tajos o golpes de espada cortante del tipo galo-germano y muy eficaz contra armas punzantes como lanzas y flechas.

Bajo las hombreras he fijado una banda de escamas metálicas de color plateado.

El sistema de enganche de las hombreras, que forman parte del espaldar, al peto se realizaba mediante cordones. En ésta, los cordones son de cuero y se anudan a dos sujecciones de bronce atornilladas a hombreras y peto. En algunas corazas las sujecciones quedan más espaciadas, por lo que los cordones son más largos, esto es más vistoso, pero menos funcional, ya que cuanto más largo sea el cordón más peligro de ser cortado tiene. Para unir el peto y el espaldar he utilizado también cordones de cuero por simple funcionalidad.

Detalle de las sujecciones de las hombreras al peto mediante broches unidos con cordones de cuero blanco.

Anudado a la coraza está el lazo ritual de color escarlata, símbolo distintivo de los oficiales superiores y cuyo color indicaba su rango. Por las últimas pinturas descubiertas en Italia, sabemos que los tribunos militares lo llevaban de color blanco, y yo pienso que los legados (comandantes de legiones) de color escarlata y los generales (comandantes de ejército) de color púrpura, ya que los generales y los legados llevaban ambos el paludamentum o capa de color escarlata y, evidentemente, en algo debía diferenciarse un general de un legado. Los colores escarlata y púrpura se obtenían mediante procedimientos industriales. La púrpura se extraía de un molusco llamado múrex y la escarlata del jugo de un fruto:

leg_colores_purpura_01.gif (383 bytes) Púrpura                                leg_colores_escarlata_01.gif (383 bytes) Escarlata

Los oficiales llevaban la espada en el lado izquierdo, colgando de una bandolera de piel. En la imagen se ve que he colocado la bandolera de forma que pase por debajo de la hombrera derecha, así la espada queda firmemente sujeta, no puede perderse accidentalmente y además es mucho más cómodo. La espada se llevaba alta, con la empuñadura a la altura del pecho, así no estorbaba al montar a caballo, tal y como Alejandro la lleva en el mosaico de Pompeya.

La única concesión ornamental que he hecho en mi coraza son los cordones dorados que adornan el peto y que he fabricado con cuerda de esparto, encolada para darle rigidez y pintados en color oro. Los adornos de las corazas de piel también podían ser de metal y los había de muy variadas formas, los más conocidos son los medallones en forma de rostro humano o animal o simplemente rosetones que solían adornar la parte del pecho.

Como los oficiales romanos, incluidos los generales, tenían muchas probabilidades de tener que vérselas con sus enemigos a espadazo limpio, sus corazas de combate eran sencillas, reservándose las finamente repujadas que tanto aparecen en el arte a las celebraciones. No podemos imaginarnos a Julio César, que a lo largo de su carrera militar tuvo que combatir espada en mano en varias ocasiones, saliendo a combatir equipado con una coraza de oro repujado. Evidentemente lo haría con una sencilla, como la que llevaban todos sus oficiales, desde sus legados hasta sus tribunos. La coraza con la que César aparece en esta imagen es una típica coraza ornamental que César jamás llevó en combate porque esta coraza, al llegar hasta las caderas le imposibilitaría montar a caballo. Además, sus hombreras son muy pequeñas, un simple adorno. Sin embargo, a los romanos les encantaba ser representados con esta coraza griega por su porte elegante y podemos verla en multitud de obras de arte. Ésta, como la mayoría de las corazas que aparecen en los relieves y estatuas romanos son corazas ornamentales, lo que llamaríamos "de gala".

En la época de Julio César los legionarios usaban la lorica hamata, la coraza de cota de malla de hierro. Los centuriones utulizaban o bien la hamata o la squamata de escamas superpuestas, también de hierro. La coraza usada por los oficiales superiores era de tipo griego, consistente en peto y espaldar, con hombreras angulares. Este tipo de coraza era de tipo corto, ya que los oficiales superiores eran jinetes y la coraza no podía llegar más abajo del ombligo para permitir el movimiento de caderas. La coraza que aparece en el arte romano suele ser del tipo anatómico, fabricada de metal o de piel o tambien de metal forrada de piel para proteger el hierro de la oxidación.

Investigando relieves y esculturas he visto muchos modelos distintos de corazas romanas, aunque todas pertenecen al mismo tipo, con hombreras de forma angular cuyas medidas varían mucho de unos modelos a otros, aunque el diseño es prácticamente el mismo en todas: el típico diseño griego utilizado desde siglos antes en las linothorax, las corazas de lino de los hoplitas. De hecho, la lorica hamata de los legionarios tenía este mismo diseño, ya que es el que mejor protege los hombros, y no olvidemos que los romanos se enfrentaban a germanos y galos, cuyas espadas eran largas y se utilizaban al corte, blandiéndolas desde arriba y descargando el golpe hacia la cabeza o los hombros. Es por eso que la mayoría de las corazas tienen grandes hombreras desde la época de los hoplitas griegos, precisamente para aumentar la protección en esta zona. Las corazas de cota de malla que inventaron los celtas solían tener una esclavina que protegía los hombros, y los romanos, cuando adoptaron esta coraza, la fabricaron con grandes hombreras de tipo griego que multiplicaban por dos la protección en esta zona. en esta zona. En la época de la Guerra de las Galias, a mediados del siglo I a.C. muchas corazas celtas tenían ya este diseño griego de hombreras, lo que demuestra que era el que ofrecía una protección más adecuada. Las hombreras de mi coraza tienen un grosor de 0,5 cm. de piel. Para probar su resistencia, fabriqué un trozo aparte y lo golpeé repetidas veces, y con fuerza, con un hacha de acero que no consiguió penetrarlo. No hay filo de espada que pueda atravesar esta protección.

La forma más empleada era la de la coraza anatómica que reproducía los músculos del pecho y abdomen, aunque había numerosas variantes, como atestigua el arte. Una urna funeraria de alabastro de la época de las Guerras Púnicas (siglo III a.C.) y conservada en el Museo de Chiusi muestra a un oficial romano a caballo combatiendo contra tres galos, el oficial lleva un equipo de estética arcaizante, en el que destaca su yelmo frigio, pero lo que me ha llamado realmente la atención es la coraza, que en la mitad superior tiene escamas y en la inferior bandas claramente superpuestas. Esta curiosa e interesantísima mezcla entre una lorica squamata (coraza de escamas) y lo que parece ser un antecedente de la famosa lorica segmentata (coraza de placas superpuestas) nos da una idea de la multitud de diseños de corazas que existían, verdaderamente a gusto del consumidor. ¿Era realmente una coraza compuesta o simplemente estaba labrada en relieve dando esa forma? no podemos saberlo, pero yo me inclino por que realmente era una coraza compuesta de varios elementos, escamas y placas.

En el espectacular sarcófago de Pietralata, hoy en el maravilloso Museo de las Termas, observamos la figura de un oficial superior, reconocible por el lazo ritual anudado a su coraza, que combate también a caballo. Su coraza es una lorica squamata corta con hombreras griegas. Nos hacemos la misma pregunta ¿la coraza realmente es de escamas metálicas cosidas a un chaleco de lino o de piel, o simplemente es una coraza labrada con el relieve de las escamas?. Lo que sabemos con certeza es que la lorica squamata se utilizó durante toda la historia de Roma, y mucho antes y mucho después, no olvidemos que más de cuatro siglos antes de que se fundara Roma, egipcios e hititas ya la utilizaban. Para mí la cuestión aquí es saber si los oficiales superiores utilizaron la squamata en una versión adaptada como la que parece verse en este maravilloso relieve. Sabemos que en el siglo IV d.C. los oficiales de caballería llevaban una coraza de placas. ¿Puede ser la que representa el relieve su antepasado? así parece, que en efecto fue producto de una simple evolución, ya que fabricar la coraza de placas costaba menos, tanto en tiempo como en dinero, que la squamata.

Cierto es que el arte romano está lleno de convencionalismos, en la propia Columna Trajana los legionarios romanos aparecen todos con la lorica segmentata mientras que los auxiliares aparecen todos con la lorica hamata, pero esto se hizo para que los espectadores de la columna pudieran reconocer a unos y otros en la distancia. Hoy sabemos que había legionarios romanos que llevaban la hamata o la squamata mientras había auxiliares que llevaban la segmentata. Es decir, que como cada legionario o auxiliar se compraba su equipo, adquiría lo que más le gustaba o sencillamente lo que se podía permitir. Por ejemplo, en todas las representaciones conservadas los centuriones llevan la hamata o la squamata, nunca la segmentata, que se supone que era más eficaz que las otras dos, y yo no creo que los centuriones fueran tontos, ni mucho menos. Sencillamente es que, además de un sentido estético arcaizante que a todos los mandos les encanta, una coraza de cota de malla o de escamas con un buen pteryges debajo es una excelente protección y más cómoda y flexible que la pesada segmentata. De nuevo nos encontramos con la idea de Alejandro Magno de la importancia de la comodidad frente a otras consideraciones. Y como ellos sabían de esto mucho más que nosotros, debemos darlo por válido.

PALUDAMENTUM: La capa de los oficiales superiores tenía una función a la vez ornamental y práctica, gracias a ella sus hombres sabían en cualquier momento dónde se encontraban. Es de sobra conocido el famoso pasaje del libro VII de los Comentarios de la Guerra de las Galias en el que César describe cómo se lanzó a galope contra los galos que habían penetrado las fortificaciones romanas y todos sus hombres pudieron saber que llegaba el jefe gracias a su llamativo paludamentum escarlata.

El paludamentum tenía forma rectangular, las dos esquinas superiores se unían con un broche metálico y la forma clásica de llevarlo era con el broche sobre el hombro derecho (pero no sujeto a la coraza, sino suelto sobre ella) y recogido en el brazo izquierdo, cayendo la capa hasta la zona superior de las pantorrillas.

El color del paludamentum de un legatus era escarlata. Julio César lo llevaba del mismo color, por lo que yo supongo que lo que marcaba su rango era el lazo ritual que debía ser de púrpura, como he explicado anteriormente.

No fue hasta finales del siglo I d.C (casi siglo y medio después de César) que los emperadores comenzaron a utilizar el paludamentum de púrpura para distinguirse visualmente de sus legados y generales.

CASCO: El casco de los oficiales superiores romanos era el conocido como "yelmo ático", ese casco tan hollywoodiense que muchos historiadores se empeñan en pensar que nunca existió realmente. Hay una convención o norma entre los historiadores de la Antigüedad que es ceñirnos a lo que tenemos, a lo que podemos probar que existió. Esta convención tiene la ventaja de que nos hace trabajar sobre material real sacado de las excavaciones arqueológicas, pero a la vez tiene la desventaja de impedir la especulación. Aunque todos los relieves y estatuas representan a los oficiales superiores romanos con el casco ático, puesto que no hemos encontrado ninguno completo, oficialmente este yelmo "no existe". A pesar de que el doctor Robinson ha identificado partes de uno, son muchos los que opinan que su representación no es más que un convencionalismo artístico, es decir, que los escultores siempre, por norma, representaban a los oficiales superiores con este yelmo, pero que en realidad no existió.

Yo creo que el casco ático existió, no sólo porque el maestro Robinson haya identificado parte de uno, también porque si nos guiáramos estrictamente por el dogma de la convención aún estaríamos pensando que la lorica segmentata se la inventaron los artistas que esculpieron la Columna Trajana. No creo que de todo el equipo que aparece en la Columna, lo único que se hallan inventado sus autores sea este casco. Las normas y convenciones están bien, pero deben tener cabida también interpretaciones más flexibles.

Mi casco es un tipo Ático de estilo griego, de bronce con un penacho de plumas de avestruz de color escarlata. Obsérvese el acolchado que forra el interior de las carrilleras.

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Después de construir este equipo y probarlo durante horas y horas, me hace mucha gracia recordar esas películas en las que el romano está en su casa completamente equipado con pteryges y coraza como si llevarlos puestos fuera poco menos que llevar una chaqueta. No es posible imaginar a ningún oficial que no estuviera de servicio llevando el equipo a cuestas como quien lleva puesto un albornoz. Una armadura siempre es pesada e incómoda, y por muy bien realizada que esté siempre limita los movimientos. La mía me la he fabricado a medida, y a pesar de eso resulta complicado desenvolverse con ella, así que más vale no creerse esas películas en las que el galán romano acude a rondar a una bella dama completamente equipado y se tumba en el triclinio como si nada. Una cosa es una armadura de plástico pintado de purpurina y otra, muy distinta, una de verdad, fabricada para proteger de golpes de espadas, mazas e incluso hachas. Lo que me resulta admirable es la sensación de seguridad que ofrece el equipo una vez puesto, una sensación vital en hombres que tenían que combatir y que necesitaban sentirse protegidos. 

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Mi colega historiador y buen amigo José Sánchez Toledo y yo en la recreación de Segeda, en marzo de 2006. Obsérvese la diferencia entre nuestros escudos. El suyo es el típico scutum de infantería, de forma rectangular y curvado hacia dentro, mientras que el mío es un escudo de caballería, ovalado y plano.

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A la derecha nuestro colega historiador y buen amigo Eduardo Ordás recreando a un guerrero celtíbero.

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Mi panoplia ya completa (casi...) con una nueva coraza metálica a la que he añadido hombreras de cuero y un faldellín bajo el abdomen y grebas de caballería. La base y soporte son de madera con ruedas para facilitar la movilidad. La panoplia viste a un maniquí de fibra de vidrio capaz de soportar ese peso, aunque siempre es necesario fijarlo con correas al mástil del soporte para evitar accidentes.

Como vemos, la reconstrucción histórica es un elemento clave para estudiar la Historia. Gracias a ella hemos desmontado muchos mitos y convencionalismos que habían lastrado nuestro conocimiento de los hechos y es una herramienta fundamental para conocer éstos, como sucedieron y por qué.

Durante el mes largo que tardé en construir este equipo aprendí mucho sobre armaduras romanas, pero aún más he aprendido sobre los hombres que las llevaban, sobre cómo se sentían con ella puesta.

Y eso es lo verdaderamente importante.

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Y el 21 de marzo de 2009 se ha añadido un nuevo componente a la reconstrucción histórica en mi casa. La culpa la ha tenido el pequeño espartano de las fotos, de nombre Ricardicles, que desde que vimos la magnífica pelicula "300" se empeñó en tener su propia panoplia. Así que, a trabajar.

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La coraza de Ricardo es una linothorax griega que he fabricado con tres capas de moqueta de IKEA pegadas para darle la necesaria rigidez, exactamente tal y como se hacía en la época de las Guerras Médicas... aunque lo de ir a la tienda a por la moqueta ya hecha es más rápido y económico... La linothorax se corta en una pieza y hay que ir pegando las capas con cola de contacto. En todo esto ocuparemos un día de trabajo. Una vez construida sólo hay que "vestirla" pegando las tiras que aparecen en las imágenes y que se compran en tiendas de tapicería y mercerías. Los enganches son de bronce, comprados en una ferretería, aunque los tornillos que traen son demasiado largos y hay que comprar unos más cortos. En total esta coraza me ha llevado 3 días de trabajo y todos los materiales empleados han costado 85 euros. Obsérvese que la fabricación de una linothorax auténtica como ésta es muy sencilla, pero hay que tener mucho cuidado con las medidas y las formas, como por ejemplo la del espaldar del que nacen las hombreras y que se remata con la pieza que cubre la nuca.

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Lo próximo que tendré que hacerle será un buen hoplon o escudo de hoplita... pero eso será después de las notas, que ya se sabe lo dura que es la vida de un espartano...

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