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.INTRODUCCIÓN

 

Por José I. Lago

Amable lector, permíteme que te comente un par de cosas que considero de gran importancia.

Esta página web se titula "Las legiones de Julio César" porque es un estudio dedicado a las legiones con las que César desarrolló sus campañas. Dentro de esta web he publicado una serie de trabajos sobre la guerra en la Antiguedad: La guerra de Troya, Cartago y ahora Alejandro Magno, que son apéndices dentro del cuerpo principal de la web. Por ello son trabajos reducidos, aunque no por ello menos densos en lo referente a contenidos y valoraciones personales.

Al abordar el especial sobre Alejandro Magno he tenido que plantearme dos cosas fundamentales:

1- Puesto que este trabajo es un apéndice de la web principal, debía ser necesariamente reducido, por lo que he prescindido de toda la información que se puede leer en cualquier libro sobre el tema centrándome en los aspectos estratégicos y tácticos de la campaña. Conociendo como conozco a los que visitais esta web, no creo que os interese demasiado saber de qué color tenía Olimpia el cabello. Centenares de webs y libros hay para buscar esos detalles.

2- La directriz principal que marca todos mis trabajos: la claridad de exposición. Bastantes "ladrillos" he tenido que tragarme en la facultad de Historia para que encima tengáis vosotros que pasar por esa experiencia, la de leer algo que sólo el autor es capaz de comprender. A "Las legiones de Julio César" han acudido niños de seis años y ancianos de ochenta y tres. Nos han visitado personas a las que les cuesta mucho escribir dos líneas y nos han visitado catedráticos de universidades españolas, mexicanas, colombianas y argentinas. Y todos ellos, todos los que me han escrito sus impresiones sobre mi trabajo, coinciden en algo que para mí es una obsesión: la claridad de exposición. Este trabajo está construido para que todos puedan entenderlo porque es algo posible que sólo requiere esfuerzo por parte del autor y obligación de éste es esforzarse para hacer su trabajo comprensible a todo el mundo. Por ello he construido un especial sobre Alejandro que sigue la tónica de mis demás trabajos en Internet y que se caracteriza por su facilidad tanto textual como visual. Muchas webs hay para los que quieran sumergirse en kilómetros y kilómetros de datos. Mi propósito no es ese en un trabajo como este que en realidad no es más que un apéndice.

El fin de este especial no es reconstruir la vida de Alejandro en tiempo real, sino resumir su obra militar de manera amena y fácil.

Hay un problema añadido y es el de la reconstrucción ilustrada de las batallas. La mayoría de los historiadores que reconstruyen este tipo de batallas generan unos gráficos que nada tienen que ver con la realidad, ya que su esquema visual del orden de batalla está viciado por los esquemas de la Grecia Clásica, Roma y no digamos ya las batallas contemporáneas (en realidad son contados con los dedos de la mano los historiadores que se preocupan de dibujar sus propios gráficos o siquiera supervisarlos). Pero en el caso de Alejandro, las líneas de combate no se puede reducir a bloques de tropas, porque pensar que Gaugamela es como Cannas es no tener ni idea de historia militar. Por ello, para el lector acostumbrado a ver esquemas donde bloques rojos se enfrentan a bloques azules con un par de flechas señalando adelante y atrás, mis esquemas le parecerán "raros" con tantas líneas de tropas y situaciones tan poco ortodoxas tácticamente, pero la culpa de que Alejandro dispusiera así sus tropas no es mía. Es culpa de su genio militar. Espero que la explicación de las batallas sea clara y concisa de verdad. Vosotros sois los jueces.

Los historiadores antiguos como Arriano o Diodoro no se ponen de acuerdo en casi nada que tenga que ver con cifras, por eso he reconstruido las batallas aplicando un criterio militar lógico. Cada uno tenemos en la cabeza nuestros propios esquemas, datos y cifras.

Éstos son los míos.

Gracias por tu paciencia. Espero que te guste.

 

A partir del 29-10-2002 esta web tiene como co-autor a Joaquín Acosta, que con raras dosis de paciencia, habilidad y estilo ha construido un bloque sobre las campañas de Alejandro que considero lo mejor que se puede encontrar en Internet sobre el tema.

 

Por Joaquín Acosta

Dentro del foro de debate de esta Oikumene virtual, mi compatriota y hermano de armas Anaximandro, comentaba que esta web es toda una emoción para él. Creo comprender lo que siente. La historia es una dama hermosa y estupenda, que siempre aportará al que busca, a cambio de casi nada. Sólo exige un mínimo de esfuerzo y paciencia. La recompensa es grandiosa. Bien vale la pena la empresa. Bien vale la pena esta web.

Gracias a Alejandro Magno di con Historialago.com. Gracias al macedonio me atreví a participar en la construcción de este imperio virtual, en donde los participantes gozamos de libertad para forjar un mundo nuevo, en donde la norma de oro es no hacer a los demás lo que no queremos que nos hagan. En donde los que quieren, aportan lo que tienen, y en contraprestación reciben lo que los demás participantes han conquistado para contribuirle al resto. Un buen negocio. Una magnífica inversión.

El mundo real en el que vivo, es diferente a la antigüedad virtual a la que tú, quien me lees, y yo, pertenecemos. Vivo en Colombia, uno de los países más violentos del mundo. Un terruño hermoso, pero desgarrado por la absurda y maldita violencia, que tanta corrupción y miseria ha reportado a mi bella gente. Una situación que para muchos no tiene remedio. Para mí, en cambio, es motivo de esperanza, y de orgullo. ¿Por qué?

Por la historia. Esta bella dama, me ha enseñado que los pueblos forjan su destino, que cuando se está en el fondo, sólo queda un camino: ir hacia arriba. Que así como la grandeza precede a la decadencia, la crisis precede a la grandeza. Roma necesitó ser saqueada por los galos para ocupar su sitial en la historia, así como la Hélade fue desvalijada por los persas, para de esta manera aportarle al mundo un legado espiritual que probablemente no haya sido igualado hasta la presente fecha. Y así cada nación, cada pueblo, cada individuo ha salido adelante gracias a la necesidad de superar las dificultades. Ha sido este proceso el que sacó a la humanidad de las cuevas, y que hoy la tiene con la mirada clavada en Marte, como ya sabiamente lo anotó J. I. Lago.

Dentro de este proceso histórico, hubo un joven idealista e inexperto, que se atrevió a luchar por sus sueños. Sueños que implicaban alcanzar sólo lo que los dioses o semidioses habían obtenido. Fue lo suficientemente bárbaro como para atreverse a intentar lo que expertos y sabios consideraban imposible. Y lo más asombroso de todo, es que logró mucho más de lo inicialmente fantaseado. Mucho más.

Este joven lo logró a pesar de pertenecer a un país bárbaro, atrasado, desgarrado por los conflictos internos, y vendido a sus enemigos por la clase dirigente de aquel entonces. Lo consiguió a pesar de ser un mestizo, hijo de una extranjera despreciada y aborrecida por la mayoría del país.

Al lograr lo que en ese entonces era considerado imposible, sus asombrados contemporáneos, que presenciaron incrédulos sus prodigiosas hazañas, y los seres humanos posteriores padecieron una profunda crisis en relación con las creencias y escala de valores imperante en ese entonces. Un mundo llegaba a su fin, y otro nacía. La humanidad dejó de contemplar exclusivamente su ombligo. Las consecuencias de este fenómeno todavía se viven en la actualidad.

 Algunas personas contemporáneas a la realización de tales imposibles, incapaces de desprenderse de los tradicionales paradigmas, explicaron la ejecución de esas hazañas manifestando que no eran tan meritorias como parecían, que en realidad habían sido más bien fáciles de efectuar, y que su realización no implicaba virtud alguna, sino todo lo contrario. Tales afirmaciones han tenido eco hasta nuestros días.

Sin embargo, estas apreciaciones siguen constituyendo un sector minoritario en torno a la valoración de aquel joven soñador, que le enseñó a la humanidad que más de un imposible está en la mente, y no en la realidad. ¿Cuál es la razón?

Entre otros muchos motivos, porque a lo largo de la historia, numerosos individuos han tratado de emular a este joven pero pocos, muy pocos, han logrado algo verdaderamente trascendental. La mayoría de los que fracasaron, sostienen una y otra vez que aquel joven triunfó porque tuvo suerte.

Sin embargo, otro hombre tan soñador y ambicioso como Alejandro de Macedonia, consideraba que las hazañas del Magno fueron fruto del esfuerzo y tenacidad de aquel glorioso joven, y se atrevió a intentar sus propios sueños, y logró lo que los frustrados de aquella época consideraban imposible, y los contemporáneos llamamos imperio romano. Nuevamente los valores imperantes entraron en crisis, y los aferrados al pasado se dedicaron a denigrar de la memoria y obra de estos dos titanes.

La historia, la bella dama que tantas enseñanzas prodiga a los soñadores, también ha dado su veredicto. No mediante verborrea y hábiles discursos encaminados a demostrar que ciertos sueños son quiméricos. Las lecciones impartidas por esta hermosa señora han sido mediante hechos, obras y realidades: el imposible de la abolición de la esclavitud, segregación sexual o racial, de la conquista del mar, del aire, o del espacio, fueron en su momento paradigmas de sabios que consideran que fantasear es cosa de necios.

La historia ha demostrado que cuando se lucha con coraje, tenacidad, convicción y generosidad por un ideal, se logra más de un imposible, y la humanidad progresa, a pesar de las voces sabias y derrotistas.

Ésta es la historia del primer joven glorioso que se atrevió a luchar por sus ideales, y tuvo el coraje y tenacidad de hacer oídos sordos a las voces derrotistas de los sabios. Del joven que inspiró a lo largo de la historia a otros soñadores, hombres y mujeres de todas las razas que, siguiendo el principio de que el imposible está en la mente y no en el corazón, lograron que la humanidad progresara, y hoy tenga el horizonte en el infinito. Ésta es una de las muchas historias relativas a Alejandro de Macedonia, posteriormente bautizado por Clío “Magno”, Grande. Del hombre que le enseñó a la humanidad que la grandeza fue un mero sueño insensato, al principio. Sinceramente, espero que tal historia sea fiel a la tradición de claridad  propia de esta web, y contribuya a que miles de insensatos callen las voces sabias mediante la realización de hazañas que signifiquen progreso para TODA la humanidad, que bien se lo merece.

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