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EL FINAL MILITAR DE LA GRECIA CLÁSICA

 

El final de la Grecia Clásica es un hecho históricamente constatable, pero su datación es motivo de controversia ya que no hay un hecho claro que lo marque. Que cada cual saque sus propias conclusiones porque esto es una discusión bizantina. Sin embargo, militarmente la cosa es más fácil ya que hay un hecho histórico que marca el inicio de ese final y es la larga guerra del Peloponeso que finaliza con la derrota de Atenas y el agotamiento de Esparta, incapaz, por el agarrotamiento de su estructura estatal, de adaptarse a las innovaciones tácticas que comienzan a surgir y que supondran el fin del dominio táctico del hoplita, el infante pesado griego. En Leuctra, en 371 a.C. el ejército de Tebas al mando de dos genios tácticos como Pelópidas y Epaminondas, derrotará al espartano merced a dos innovaciones geniales: la falange oblícua y la concentración de caballería. Esta táctica se apoyaba en una falange de infantería pesada de 50 hombres de profundidad que iniciaba la carga contra el extremo de la línea enemiga rompiéndola mientras el resto de la línea propa, más retrasada, no entraba en combate hasta que se hubiera sucedido la ruptura, pero impedía que la falange fuera atacada por el flanco derecho. En el flanco libre de la falange, el izquierdo, la gran concentración de caballería pesada impedía el flanqueo y además limpiaba el camino de la falange de infantería ligera y caballería enemigas.

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En Leuctra los 6.500 infantes pesados, 1.000 infantes ligeros y 3.000 jinetes tebanos derrotaron a los 10.000 hoplitas, 1.000 infantes ligeros y 1.000 jinetes espartanos en uno de esos momentos claves de la historia miliatar en el que se ve claramente que ya nada va a volver a ser como antes. La superioridad numérica ya no era un factor desequilibrante en combate, sino todo lo contrario. La nueva táctica era tan insultantemente sencilla que sólo una mente genial podía haberla concebido. En 362 a.C. en Mantinea volvieron a encontrarse Epaminondas y los espartanos, ahora aliados con Atenas, con idéntico resultado: una brillante victoria de Tebas que desplazaba a Esparta y Atenas del liderazgo griego. En la paz que siguió a aquel cambio de mando en Grecia llegaron a Tebas numerosos hijos de nobles enviados como lujosos rehenes.

Uno de ellos era el joven hijo del rey de Macedonia que pasó su dorado retiro tebano mostrando un gran interés por las nuevas tácticas.

Su nombre: Filipo.

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