.

.leg_link_alejandro_redu_01.gif (7843 bytes)

EL SITIO DE TIRO

 

Tras Isos Alejandro no prosiguió la embestida hacia el corazón de Persia, sino que utilizó su gran sentido estratégico (salvo Julio César nadie en la Historia ha demostrado una capacidad estratégica como el macedonio) bajando la costa mediterránea para asegurarse su retaguardia antes de proceder al siguiente embite. sabía que tras Gránico e Isos Darío tardaría en volver a armar un ejército capaz de enfrentársele y aprovechó el respiro para dejar la trastienda bien ordenada. La marcha de Alejandro por la costa oriental del Mediterráneo fue un paseo. Las ciudades le abrían sus puertas aclamándole como a un liberador. No tenían otro remedio, ya que detrás de Alejandro venía su formidable ejército, pero probablemente pensaban que mejor como amo un macedonio que creía que era griego que un persa, lo cual tiene su lógica. Aunque la lógica no puede (ni debe) aplicarse contra un ejército como el que seguía al joven rey.

Sin embargo hubo una excepción: Tiro, la ciudad fenicia de pasado tan glorioso, se negó a abrirle sus puertas basándose en la misma idea de invulnerabilidad que tuvieron los galos en Avarico ante César... Y el resultado siempre es el mismo: cuando se trata de genios de nada valen los muros, los fosos ¡ni aún los mares! Porque la moderna ciudad de Tiro había sido construida en la isla que se alzaba en el mar frente a la milenaria ciudad vieja. Los tirios debieron pensar que con aquel inmenso foso natural, las sólidas murallas que circunvalaban las dos islas unidas artificialmente y su poderosa flota bien segura en los dos magníficos puertos naturales de la isla, ni Alejandro ni nadie podría imponerles su nuevo orden. La verdad es que si tuviéramos que imaginar una fortaleza inexpugnable todos imaginaríamos Tiro.

leg_alex_bat_tiro_02.gif (10979 bytes)

Pero posiciones inexpugnables nunca jamás han existido en la Historia: Jericó, Troya, Micenas, Tiro, Numancia, Siracusa,Cartago, Avarico, Masada... Todas han caído una tras otra, y si bien Tiro era la más formidable fortaleza del mundo en aquellos tiempos, una nueva ciencia había nacido para acudir en ayuda de los generales: la poliorcética, que es el arte del asalto a fortificaciones. En los siguientes dos siglos la Historia iba a ser testigo de un rosario de asedios, y contraasedios, de grandiosas fortificaciones que sobrecogen y del perfeccionamiento de los métodos para convertirlas en escombros una tras otra. Alejandro llevaba en su ejército a un nutrido cuerpo de ingenieros en cuyas bolsas de cuero impermeabilizado se escondían como tesoros los planos de nuevas máquinas de guerra capaces de sortear cualquier obra del hombre por grandiosa que ésta fuera. Corría el mes de enero de 332 a.C.

Alejandro poseía el dominio absoluto en tierra, pero no así en el mar, ya que la flota de Tiro estaba mucho mejor adiestrada que la que apoyaba al macedonio, con lo que el bloqueo de la isla sería una tarea muy dura y no se podría asegurar la estanqueidad del cierre, ya que las naves tirias podrían seguir trayendo suministros de Cartago, la antigua colonia tiria convertida ya en una gran urbe. Por eso decidió terminar el asunto por las bravas construyendo un muelle artificial que partiendo de la ciudad antigua llegara a las murallas de la nueva y que permitieran a sus máquinas de guerra abrir brecha en ellas para el asalto final. La cosa sobre el papel parece fácil, pero estuvo a punto de costarle un serio disgusto al macedonio.

Inmediatamente los ingenieros macedonios se pusieron manos a la obra levantando un muelle a base de troncos clavados en el fango del fondo que formaban dos líneas en medio de las cuales se arrojaban piedras para formar un dique sólido. La distancia que separaba la isla de tierra firme era de unos 500 metros, por lo que la obra no era excesivamente complicada (era lo que medía el puente de César sobre el Rin), pero con una flota enemiga acosando las obras, la cosa era distinta. Los tirios no se quedaron cruzados de brazos viendo lo que ocurría e iniciaron una serie de incursiones de sus naves para atacar a los que construían el muelle causando buen número de bajas y retrasando los trabajos. Alejandro ordenó construir dos torres en el extremo del muelle de madera cubiertas con pieles crudas para protegerlas del fuego y montó su artillería de catapultas y balistas sobre ellas para responder a los disparos de los la artillería tiria de las murallas. La incursión más audaz tuvo lugar cuando dos trirremes remolcaron una nave de carga repleta de materiales inflamables como téas, brea, azufre, etc. con un ingenioso dispositivo de calderas llenas de aceite colgando de las vergas y lastrada en popa para que su proa se alzara, hasta hacerla chocar empotrándola contra el extremo del muelle e incendiándola después. Las paredes del dique se incendiaron y la parte final se desplomó en el agua, pero además ardieron sin remedio buena parte de los equipos de los ingenieros y las dos torres mientras botes pequeños desembarcaban grupos de asalto tirios que con gran osadía y desprecio de sus vidas consiguieron prender fuego a todo lo que había sobre el muelle en medio de un incendio que duró un día entero. Alejandro entonces, demostrando una virtud hasta entonces desconocida en él como era la paciencia, ordenó que el muelle fuera ensanchado y protegido con mayor número de torres y piezas de artillería mientras él mismo viajaba a Sidón escoltado por sus hipaspistas y agrianos para pedir a los fenicios que no le eran hostiles que le dejaran su flota, ya que sabía que si no lograba encerrar a la tiria en los puertos, nunca tomaría la ciudad. Así, al mando de una gran flota de unas 300 naves, volvió a Tiro para preparar el asalto final.

Cuando los tirios salieron de los puertos, la flota de Alejandro se desplegó en toda su fuerza mostrando su superioridad numérica, pero los tirios, que no habían olvidado la lección de Salamina, emularon a su verdugo Temístocles y se replegaron a las bocas de los puertos concentrándose en aguas cerradas donde la superioridad numérica era inútil, pero al menos Alejandro había conseguido bloquearlos. En un combate posterior las naves de Alejandro derrotaron sorpresivamente a las tirias impidiéndolas salir de los puertos, con lo que la flota del macedonio quedó dueña de toda la costa. Con el muelle terminado en julio de 332 a.C., los macedonios comenzaron a asaltar la isla por varios puntos a la vez machacando sus defensas con los proyectiles de su artillería.

Tiro tenía un punto débil al sur de la isla de Melkart (el Hércules fenicio) que los ingenieros macedonios descubrieron pronto.

leg_alex_bat_tiro_01.gif (12450 bytes)

Protegidos por múltiples ataques de diversión, los ingenieros macedonios consiguieron abrir una brecha en las murallas que no pudo ser explotada tácticamente al ser rechazados los grupos de asalto por los defensores tirios. Tras tres días de tormenta que impidieron la acción, los macedonios reanudaron el ataque al mando de Admeto y Coeno que consiguieron llevar a sus hombres dentro de las defensas. Tiro había caído, pero sus defensorees continuaron combatiendo con increíble energía. Alejandro en persona consiguió tomar otra porción de muralla escalándola en un ataque masivo que pronto consiguió tomar las dos torres que flanqueaban la posición, con lo que la muralla quedó a su merced y se inició el asalto coordinado de la ciudad. 8.000 tirios fueron muertos por los enfurecidos macedonios que masacraron a varios grupos de supervivientes. Las fuerzas de Alejandro perdieron 400 hombres en el asalto. Entre ellos estaba el héroe Admeto, que había sido el primero en llegar a las almenas y había caído valientemente defendiendo la posición. Los supervivientes se refugiaron en el templo de Melkart, entre ellos una embajada oficial de Cartago y buen número de peregrinos cartagineses que se encontraban allí para celebrar un festival religioso y a los que Alejandro protegió de la furia de sus soldados que saqueaban la ciudad. 30.000 tirios fueron vendidos como esclavos y la ciudad fue completamente arrasada. Era un aviso de lo que ocurría si no se aceptaba la nueva realidad. Un aviso que nadie olvidaría en muchos años.

ÍNDICE Alejandro