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LA BATALLA DE ISOS

 

La batalla de Isos (333 a. C.) representó el intento de Darío de derrotar a Alejandro utilizando la táctica preferida del macedonio: el ataque de ruptura de la caballería, algo que sobre el papel parece fácil pero que exigía una serie de condiciones de las que el ejército persa carecía. Isos fue una batalla meditada por el lado persa, lejos del apresuramiento del Gránico, y desde luego, su planteamiento táctico fue mucho mejor estudiado. Para tratarse de un ejército persa la batalla fue muy bien planteada, pero tenía lagunas que un genio como Alejandro descubriría al primer vistazo y utilizaría en su propio beneficio.

Darío ordenó una gran leva de 50.000 hombres para cubrir puestos en su infantería ligera, pero como dijo César al cruzar el Rubicón, lo importante no es la cantidad de las tropas, sino su calidad, y contra profesionales de la guerra curtidos como las tropas de Alejandro no pueden armarse tropas de leva recién sacadas de su terruño.

La idea de la ruptura fue, sin duda, del griego Timondas, verdadero estratego del ejército persa en el combate. Y para una batalla entre ejércitos griegos era una magnífica táctica, pero los persas se lo jugaban todo a que su caballería rompiera las líneas macedonias, ya que el papel de la infantería pesada persa era meramente estático. Algo comprensible ya que Timondas no quería arriesgar y yo pienso que no tenía demasiada confianza en los cardaces asiáticos como fuerza de choque. Pero cuando se tiene una superioridad de infantes pesados tan pequeña como la que tenían los persas, la hipótesis de que volviera a suceder lo que sucedió en el Gránico con los macedonios cruzando el río y atacando era demasiado evidente para dejarla aparcada como hizo, aunque bien mirado no podía hacer otra cosa, ya que pensar en maniobras envolventes con esa clase de tropas es, creedme amigos, una fantasía de mente alucinada. Pensar que los persas podían haber hecho en Isos lo que los romanos hicieron en Cinoscéfalos es no tener ni idea de historia militar. Timondas hizo lo que pudo, que fue mucho, pero cuando el rival es Alejandro Magno... de poco sirve hacerlo.

... Y cuando el amo es Darío de menos aún. Duante la batalla, Alejandro estaba rodeado de sus "compañeros" que eran la élite de la caballería de combate macedonia. ¿Y Darío? ¿Dónde estaba Darío? Pues detrás de Timondas, bien rodeado de unos 1.000 jinetes persas que se pasaron toda la batalla cruzados de brazos protegiendo a su rey. Esta fuerza, que hubiera podido flanquear a la caballería macedonia atacando a las tropas ligeras, permaneció cuidando a su rey y protegiéndole en su huída sin intervenir en la batalla.

Alejandro:

40.800 .          ISOS           .

Persas:

101/108.000
Caballería
"Compañeros": 2.100 Nobles persas: 3.000
Prodomoi: 600 Otros: 8/10.000
Tesalios: 2.100
Griegos: 750
Paeonia: 300

5.800

11/13.000
Infantería pesada
Falangistas: 12.000 Griegos: 8/10.000
Hoplitas: 7.000 Cardaces: 20.000
Hipaspistas: 3.000
22.000 28/30.000
Infantería ligera
Tracios: 6.000 Ejército: 12/15.000
Griegos: 5.000 :Levas: 50.000
Ilirios: 1.000
Cretenses: 1.000
13.000 62/65.000

Darío ordenó sus tropas en línea tras el río Pínaro, en el golfo de Isos. El centro estaba formado por la falange de mercenarios griegos al mando de Timondas, las alas de esta falange las formaban sendas líneas de infantería pesada (cardaces) asiática armada con equipo helénico y el sus flancos se situaban grandes concentraciones de caballería pesada que, precedidas por infantería ligera, habían cruzado el río para tratar de atraer a la caballería macedonia a su trampa.

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Esta trampa, bien ideada, consistía en el rápido transvase de la caballería pesada del flanco izquierdo persa al derecho, con lo que éste, al mando de Nabarzanes, tendría, en teoría, la suficiente fuerza para romper a la caballería griega y flanquear a la falange que formaba la línea de ataque central de Alejandro. El plan era bueno, pero para que la táctica funcione no basta con tener una buena idea: además hay que contar con la rapidez de ejecución y, sobre todo, con la disciplina de las tropas propias. La rapidez de ejecución era la norma de fábrica de Alejandro y en aquel momento no había ningún ejército ni remotamente tan disciplinado como el suyo.

Pero la verdadera clave de Isos no era militar, sino geográfica. Para impedir que la caballería macedonia envolviera el ala derecha persa, toda la línea de Darío se había situado perpendicular al golfo, con lo que su maniobra envolvente tendría que abrirse camino a través de un estrecho corredor entre el agua y la falange. Evidentemente, cuando se trata de llevar a cabo una maniobra envolvente por un flanco, lo primero que hay que asegurarse es que ese flanco esté lo más despejado posible para poder maniobrar en profundidad. Pero es muy probable que Darío quisiera asegurar y su mayor ventaja se convirtió en su talón de Aquiles.

Alejandro había formado a sus tropas con una débil ala izquierda de caballería griega que debió hacerse relamer de gusto a Nabarzanes. Pero en cuanto el macedonio fue informado de la súbita "desaparición" de la caballería persa pesada pero no de la ligera que trataba de cubrir sus huecos, supo exactamente lo que estaba pasando (por algo era un genio) y ordenó a su caballería tesaliana que cabalgara rápidamente por detrás de sus propias líneas hasta su flanco izquierdo para apoyar a los jinetes griegos.

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Los grandes genios de la historia militar, los Alejandro, César y Napoleón supieron leer la disposición de tropas enemigas como si de un anuncio luminoso se tratara, descubriendo el punto fuerte de su oponente y convirtiéndolo en su punto débil. Darío quería una batalla de ruptura y Alejandro decidió dársela, aunque el riesgo era enorme para sus fuerzas.

El presupuesto táctico de Darío era la ruptura del ala macedonia y el envolvimiento posterior de la falange mientras el río y sus tropas pesadas mantenían la posición. Para ello trató de crear una distracción ordenando a su flanco izquierdo compuesto de caballería e infantería ligeras que atacaran el flanco macedonio separándose de la vertical de combate. Fue un gran error, ya que estas tropas se separaron mucho de la línea persa dejando un gran hueco que sería aprovechado por la caballería macedonia encabezada por Alejandro para cruzar tranquilamente y flanquear a la infantería persa atacándola por la espalda mientras toda el ala izquierda persa se retiraba acosada por la caballería ligera macedonia. El ala izquierda persa podía haber ganado la batalla, pero no fue capaz de romper la formación macedonia que aguantó hasta que llegó Alejandro. aún así, el peligro persistía y Darío aún podía vencer.

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Con la caballería pesada persa contenida en el ala izquierda macedonia, Parmenio estaba en evidente peligro ya que no podía maniobrar más que hacia delante. Pero la disciplina macedonia fue fundamental para mantener el orden de batalla aunque fuera peligroso y aguantar a pie firme. Las tropas ligeras macedonias flanquearon a los persas creando una almohadilla que protegió el débil flanco de la falange permitiendo a ésta reponerse de la enorme presión a la que había estado sometida y aprovechar la situación para cruzar el río, embistiendo el ala derecha persa y arrollándola, con lo que la caballería persa quedó atrapada, sin capacidad de maniobra y con riesgo de quedar cercada y emprendió la huída acosada por los jinetes de Alejandro y sus infantes ligeros. Darío huyó a galope protegido por su guardia mientras todas las tropas ligeras persas, esos 50.000 hombres de leva, huían a la carrera y la caballería macedonia del flanco derecho liderada por Alejandro masacraba la retaguardia persa. En ese momento, la parte central de la infantería ligera macedonia ni siquiera había intervenido en las últimas fases del combate.

Alejandro había conseguido una brillante victoria destruyendo las importantes reservas de infantería pesada persa cuidadosamente alistadas. El secreto de la táctica de Epaminondas y Pelópidas era la concentración de fuerzas en un punto para romper las líneas enemigas, pero esta fuerza de ruptura no era más que la palanca que ponía en marcha el resto de resortes del ejército. Con la infantería pesada persa estática y la masa de infantes ligeros detrás de las líneas, la táctica de Timondas no pudo mover los resortes porque, sencillamente, no estaban donde debían estar. Bloqueados por el golfo, las maniobras de la caballería persa fueron estériles.

Algunos autores conceden mucha importancia a la huída de Darío, como si en algo hubiera influido en el desarrollo de la batalla. Preguntáos esto: ¿Cuándo perdieron los persas en Isos? ¿Cuándo huyó Darío? ¿O cuándo la caballería macedonia contuvo y retuvo a la persa? La huída del rey es muy pintona literariamente hablando y da para mucha épica florida, pero tácticamente no tuvo mayores repercusiones. La falta de visión de los persas al no darse cuenta de que si mantenían y reforzaban la presión sobre Parmenio la victoria les estaba asegurada fue fatal para sus planes. El pobre Darío carga con más responsabilidades de las que le correspondieron realmente: tan sólo era un rey marioneta que mejor hubiera hecho quedándose en su palacio con sus eunucos.

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