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REPASO A LA ESTRATEGIA POLÍTICA DE ALEJANDRO

 

Para desgracia del joven rey macedonio, la estrategia de Alejandro ha sido sistemáticamente subestimada por aquellos que han formado parte del coro de pelotas, tiralevitas y chupatintas que desde hace más de 2.300 años llevan cantando la "genialidad" del macedonio sin pararse a pensar en lo que le hizo verdaderamente genial. No es extraño, un joven monarca con una madre loca que probablemente asesinara a su padre y que se va a hacer turismo hasta la India arrasando de paso el imperio más grande que existía sobre la faz de la Tierra para morir poco después medio loco él también en la plenitud de su vida y dejando su herencia a una banda de rufianes que se la reparten a espadazos, es algo que da que hablar. Lo que en periodismo se llama "una buena historia".

Pero al margen de sus genialidades y de sus rarezas, de sus impulsos algunos de ellos homicidas, de su nada pacífica vida y su legendaria muerte, Alejandro ha sido uno de los más grandes estrategas de la Historia, si bien en su caso la política se mezcle con su obra militar para enrrarecer el juicio sobre sus logros. En su caso, la sombra de Julio César es demasiado alargada y demasiado fuerte, tanto que en muchas ocasiones, demasiadas, se ha medido con el mismo rasero al macedonio y al romano y en esa carrera gana de calle el romano porque no es una carrera justa. Yo, que soy cesariano a ultranza, quiero aquí salir en defensa del macedonio y tratar de explicarte, amable lector que me soportas, por qué no se debe juzgar a uno y a otro por el mismo rasero.

"Alejandro fracasó en su intento de construir un imperio mientras César lo consiguió aún después de muerto". Es cierto. César es el creador del Imperio Romano salido de las turbias cenizas de una República envilecida y corrompida por los oligarcas que decían sostenerla. Y Alejandro conquistó el territorio, pero no consiguió unificarlo. El talento político de César es inmenso, pero el de Alejandro es inédito. No sabemos lo que hubiera hecho para crear su sueño de un imperio universal y todo cuanto hablemos sobre ese tema son sólo especulaciones. Por eso César es César y Alejandro es Alejandro, y si las comparaciones resultan odiosas, en este caso aún más, porque Alejandro murió con la parte más fácil, la conquista ¡casi nada! hecha, pero faltando la segunda parte, la fundamental. La Fortuna, la dama que tantas veces le otorgó sus preciados favores, le abandonó precisamente cuando iba a iniciarla.

Lo que sí sabemos es que Alejandro tenía en mente la idea de un "imperio universal", una idea personal. ¿La inventó él? No lo sabemos, pero desde luego fue el primero que la puso en práctica. Alejandro pensaba en un imperio en el que un ideal común sustituyera a la dominación usual hasta entonces. Ese principio fue después seguido por César que triunfó porque tenía detrás de él a Roma, no lo olvidemos. Si César era Roma, Alejandro estaba muy lejos de ser Grecia, por la sencilla razón de que Grecia como unidad política no existía. Su idea del imperio universal chocó abiertamente con los ideales griegos que decía defender, y también chocó con los de sus macedonios. Alejandro, para cumplir su sueño de unificar el mundo, debía montar a lomos de un caballo griego y otro persa a la vez, algo inverosímil a lo que se opusieron desde Aristóteles hasta sus generales macedonios. Su fracaso era un fracaso anunciado porque nadie salvo él lo creyó posible. Alejandro se adelantó a su era en siglos. Su idea, retomada después por Roma (conquista militar-pacificación-integración), triunfaría finalmente, pero Roma era un bloque político-económico-militar, nada que ver con lo que Alejandro tenía detrás, que era muy poco, por no decir nada. Ni Macedonia era un estado capaz de asumir su herencia ni Grecia existía como unidad política, por lo que la desintegración no fue más que la consecuencia lógica de su muerte.

Alejandro demostró que iba en serio en su proyecto universal ordenando a sus oficiales casarse con mujeres de la nobleza persa y él mismo dio ejemplo casándose con una princesa llamada Roxana, lo que a los macedonios no les hizo ni pizca de gracia y a los griegos les sentó fatal, pero lo que acabó de fastidiar el asunto fue el cambio de carácter de Alejandro que tras volver de la India comenzó a comportarse como un dios, exigiendo que se tratase como a tal. Clito, su mejor amigo y que le había salvado la vida en el Gránico, se negó a postrarse ante él y Alejandro lo asesinó delante de todos sus oficiales atravesándole con su espada. Los griegos asentían diciendo "ya lo dijimos, este tipo es un bárbaro" y los macedonios se mordían los labios pensando que todo aquello había llegado demasiado lejos. Uno tras otro, los generales macedonios comenzaron a ser acusados de conjuras y conspiraciones y ejecutados públicamente o envenenados en su habitación. El propio Parmenio, el mejor general de Alejandro sufrió esta suerte y el sobrino de Aristóteles, muertos como muchos otros en medio de un clima de sospechas, conjuras y confabulaciones, muchas de ellas sólo rumores de sobremesa, pero que encontraron eco en los oídos de un joven triunfador al que su madre había inculcado el germen de la locura haciéndole creerse un dios viviente. Lo de Egipto adorándole como a Amón vivo había hecho gracia, pero esto ya había llegado demasiado lejos y podemos suponer que era cuestión de poco tiempo que, o sus altos oficiales le mataran a él o que él los matara a todos. Y Alejandro murió, probablemente a consecuencia de unas fiebres ¿paludismo? contraídas en un pantano. Lo cierto es que, muriera como muriera, su muerte fue un verdadero alivio para todos los que estaban junto a él.

¿Qué dejó Alejandro al morir?

Una herencia inmensa, el mayor imperio conquistado hasta entonces. Centenares de naciones, miles de ciudades mayores o menores sometidas a la autoridad del macedonio. Sólo contemplar el mapa de sus conquistas pone los pelos de punta.

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Pero nada más que eso. No tuvo tiempo para hacer nada más que conquistar el territorio. ¿Hubiera triunfado su sueño? esa pregunta se la han hecho millones de personas desde su muerte, pero Alejandro, que murió medio loco, tuvo la suficiente inteligencia para darse cuenta de que integrar las culturas orientales con las occidentales (en realidad Grecia sólo, porque Roma en ese momento no era más que una pequeña ciudad de ladrillo perdida en medio de Italia) significaba engrandecer el Mundo. Algo que Roma estuvo a punto de conseguir, que permaneció aletargado y que la expansión musulmana deshizo definitivamente. De todas formas, el legado de Alejandro sería recogido por Roma trescientos años después, y ese legado serviría de modelo no sólo a Roma, sino a cualquier civilización surgida desde entonces alimentando la imaginación de millones de personas a lo largo de miles de años. ése es el verdadero legado de Alejandro III de Macedonia, un legado imperecedero como lo es su recuerdo.

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