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¿CÓMO VENCIERON LAS LEGIONES ROMANAS A LA FALANGE MACEDONIA?

 

Durante toda la Antigüedad, generación tras generación se hizo esta pregunta ¿qué hubiera ocurrido si Roma y Alejandro se hubieran enfrentado?

Pero no es una pregunta válida históricamente. La Roma de tiempos de Alejandro no era más que una pequeña ciudad de ladrillo que pugnaba con sus vecinos del Lacio. En tiempos de Alejandro, si hubiéramos viajado a Roma, nos habría resultado imposible imaginarnos, ni aún en el más fantástico de los sueños, que aquella ciudad del tercer mundo sería un día la capital del Mundo. Evidentemente, Alejandro no hubiera tenido ningún problema en borrar de la faz de la tierra a su ejército con un suspiro, no sólo porque su sistema táctico era mejor, sino porque el macedonio era un genio.

Sin embargo, años después de la muerte de Alejandro las legiones romanas ya se habían ya enfrentado a la falange macedonia durante la incursión de Pirro, rey del Épiro. La falange venció a la legión, pero no la derrotó completamente, ya que las legiones, en dos ocasiones, una vez derrotadas, se retiraron del campo de batalla disciplinadamente tras haber infligido al enemigo gran número de pérdidas. Es por ello que se habla de una "victoria pírrica" cuando se alude a una victoria que causa al vencedor tal daño que no puede sacar partido de ella. Ésta fue la primera noticia que "el mundo civilizado" tuvo de esa tal Roma, y no dejó de sorprender que un ejército de una ciudad casi desconocida hubiera resistido nada menos que a Pirro, que en aquel momento estaba considerado como el mejor general de su tiempo.

Sin embargo, la verdadera confrontación con la falange macedonia no llegaría hasta el 22 de junio de 168 aC, ya que los ejércitos cartagineses estaban compuestos, en su mayor parte por tropas mercenarias y la falange era sólo una parte del total. Ese día de junio de 168 aC el ejército consular romano de Emilio Paulo (2 legiones romanas más dos unidades italianas aliadas) con unos 20.000 infantes, 2.500 jinetes y 34 elefantes (los elefantes ponían una nota exótica, porque para otra cosa no servían) se enfrentó a la falange del rey Perseo en Pidna, junto al monte Olimpo.

El formidable bloque de la falange creada por Filipo de Macedonia siglos atrás proyectaba su frente erizado de picas contra la línea de batalla romana con las dos legiones en el centro flanqueadas por los dos contingentes italianos aliados. La táctica a seguir por la falange estaba clara: avanzaría contra los romanos como un erizo, pero Emilio Paulo ya había dispuesto lo que había que hacer esa mañana. La falange avanzaba, pero el terreno era desigual y el avance creó huecos que hicieron relamerse de gusto a los centuriones romanos. Los hombres de Emilio Paulo lanzaron sus pila como siempre, pero inmediatamente después, la legión se descompuso en múltiples filas de a uno que se metieron por entre los huecos que dejaban las sarissas macedonias.

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En ese momento los centuriones tomaron el mando táctico de la legión encabezando las hileras de romanos que se introducían dentro de la misma falange por todas partes y que asaltaban los flancos desprotegidos. Los romanos, armados con la formidable espada española corta, masacraron a los piqueros macedonios que no podían hacer nada con las manos ocupadas en sostener la enorme lanza de acometida y el escudo.

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Otra soberbia ilustración del maestro Peter Connolly (Ed. Greenhill books) sobre la batalla de Pidna.

Fue una auténtica masacre. Los hombres de Emilio Paulo despedazaron por completo a los macedonios. Murieron cien romanos y más de veinte mil macedonios. Y tal desproporción fue posible porque aquello no fue una batalla, sino una matanza en la que los orgullosos macedonios quedaron despedazados, atrapados en su propia falange que ya había quedado irremediablemente obsoleta como unidad táctica. Aquella mañana en Pidna la legión romana demostró su soberbia superioridad táctica contra cualquier otra unidad. Su elasticidad, su flexibilidad, su capacidad para actuar en bloque o dividida en cien unidades que aguijoneaban al enemigo para después volver a unirse en un bloque compacto, decidieron la batalla lanzando a la falange creada por Filipo de Macedonia al baúl de los recuerdos.

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