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LOS EJÉRCITOS

 

El ejército cartaginés de las guerras Púnicas se basaba en el ejército de Alejandro Magno, pero casi un siglo después de Alejandro. La falange macedonia que un siglo antes había revolucionado el arte de la guerra seguía estando en uso en todo el mundo helenístico y también en Cartago.

Roma, sin embargo, no había utilizado nunca tal sistema de combate. Roma había apostado por una unidad táctica llamada legión. Una unidad extraordinariamente flexible, nacida de la necesidad romana de obtener victorias indiscutibles frente a sus numerosos enemigos. Los romanos llevaban en guerra casi continua siglos y eso no sólo había endurecido extraordinariamente su carácter como nación, sino que les había permitido llegar a una organización militar que, aunque desconocida en el "mundo civilizado", era enormemente superior a la falange macedonia

Cada legión estaba dividida en 60 centurias de 80 hombres cada una. Cada dos centurias formaban un manípulo, con lo que una legión estaba formada por 30 manípulos de 160 legionarios cada uno. Esto, más las tropas ligeras y 300 soldados de caballería divididos en 10 turmae de 30 jinetes cada una nos dan la cifra de unos 5.500 hombres por cada legión. El número de legiones alistadas variaba según la necesidad y además, las ciudades italianas tenían la obligación de aportar por cada legión romana un contingente de tropas similar. En Roma gobernaban cada año dos cónsules que podían alistar normalmente cada uno dos legiones más dos contingentes aliados, con lo que un ejército romano "normal" constaba de unos 22.000 hombres. La mitad de ellos romanos, la otra mitad de las ciudades "aliadas" italianas que más bien eran ciudades sometidas a Roma manu militari.

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Ilustración de Richard Hook (Ed. Osprey) que representa a un velite (1), un principe (2) y un triarii (3).

Frente a cada legión formaban una línea los velites o soldados ligeros armados sólo con escudo y jabalinas. Tras ellos la primera línea de 10 manípulos de hastati armados con el escudo pesado o scutum, yelmo de bronce, espada de hierro del tipo griego, jabalina pesada o pilum y protección corporal consistente en una greba de bronce para la pierna derecha y un peto cuadrado de bronce de poco más de un palomo cuadrado que protegía el pecho. Tras los hastati se alineaban los 10 manípulos de principes, armados de igual forma, aunque algunos de ellos se protegieran con una coraza de cota de malla (los que podían permitirse el lujo). Y tras ellos los 10 manípulos de triarii, las reservas de la legión que sólo entraban en combate si la situación era desesperada. Su misión consistía en cubrir la retirada y eran los combatientes de mayor edad. Casi todos ellos se protegían con cotas de malla y en lugar del pilum llevaban una lanza. Durante la batalla permanecían arrodillados, protegiéndose con sus escudos.

Estos son los ejércitos que se enfrentaron en las guerras Púnicas. Sin embargo, Cartago tenía un punto débil, un verdadero talón de Aquiles, ya que la mayoría de sus tropas estaban compuestas por contingentes mercenarios contratados a lo largo y ancho del mundo. Parece que en Cartago no existía una auténtica conciencia de Defensa Nacional, y la mayoría de los ciudadanos creía que ese era un asunto del que únicamente debían ocuparse los soldados contratados para ello. Al enfrentarse a una Roma cuyos ciudadanos eran todos sin excepción soldados desde que cumplían los 16 años, esto se reveló como un problema enorme. Estos soldados profesionales púnicos integraban la falange macedónica armada con la sarissa o lanza de 6 metros de longitud. Los falangistas formaban un bloque compacto con las cinco primeras filas de lanzas asomando al frente mientras las demás filas las mantenían en alto para parar los proyectiles lanzados.

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La ilustración de Peter Connolly (Ed. Greenhill books) muestra un syntagma, la unidad táctica más pequeña de la falange compuesto de 256 hombres alineados en 16 filas o lochoi de 16 hombres cada una. La falange ideal constaba de 64 syntagma agrupados en dos alas o keras mandadas cada una por un tetrarca. La falange completa estaba mandada por un estratego y la formaban unos 16.000 hombres.

El sistema desarrollado por Filipo de Macedonia había revolucionado el arte de la guerra, y su hijo Alejandro Magno lo llevó a la cumbre táctica, pero en la época de la I guerra Púnica, Roma se había enfrentado con la falange de Pirro y, aunque había sido derrotada en las dos batallas que se desarrollaron, había ganado la guerra, demostrando con ello que la legión era muy capaz de enfrentarse a la falange. Estos soldados profesionales eran mestizos libio-fenicios y su número podría ser de unos 20.000, ya que esta es la capacidad aproximada que podían tener los alojamientos encontrados en las murallas de Cartago.

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En este modelo de falangista púnico que he construido podemos observar las características específicas del infante: la armadura es macedonia, con el escudo de unos 60 cm de diámetro, grebas de bronce en ambas piernas, espada griega, yelmo helenístico de bronce esmaltado y adornado con plumas, coraza de lino griega reforzada con láminas de bronce en el abdomen, pteriges o faldellín de tiras de cuero para proteger el vientre y la sarissa que debía manejarse con las dos manos, por lo que el escudo cuelga de una correa alrededor del cuello. La coraza de lino era barata y sencilla de fabricar, ya que constaba de una camisa con hombreras, todo de una sola pieza, formado por varias capas de lino pegadas hasta adquirir el grosor deseado. Era ligera y protegía contra los cortes. Sin embargo, la cota de malla de anillos de hierro que llevaban parte de los legionarios romanos eran mucho mejor aunque pesara 15 kilos, por lo que los falangistas de Aníbal se armaron con las cotas que arrebataron a los legionarios tras sus victorias. En Cannas, casi todos los falangistas púnicos vestían la cota de malla romana.

Además de los púnicos había tropas mercenarias que formaban el grueso del ejército cartaginés. Eran celtas, españoles, ligures, griegos y norteafricanos, cada uno con sus sistemas de combate propios, todos ellos bajo el mando de oficiales púnicos que necesitaban de intérpretes para transmitir sus órdenes. Comparado con el bloque nacional formado por los romanos, el ejército púnico era una auténtica torre de Babel, pero Aníbal, con un ejército formado por celtas, españoles y africanos consiguió enormes triunfos frente a la homogeneidad romana, manteniéndose unidos durante 15 años en Italia sin amotinarse ni una sola vez.

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En estas magníficas ilustraciones de Angus McBride (Ed. Osprey) podemos observar a la izquierda un grupo de guerreros españoles reconstruidos según las imágenes del famoso jarrón de Liria. Sus armaduras indican que se trataba de tropas de élite. A la derecha dos honderos baleares disparando sus mortíferos proyectiles. Habilísimos lanzadores, solían llevar tres o cuatro hondas, cada una adecuada para lograr un alcance.

Pero la imagen más familiar históricamente hablando del guerrero español sea esta:

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El guerrero ibero por antonomasia que los historiadores antiguos describen vestido con una túnica corta ribeteada en rojo, con un escudo celta, una lanza, un yelmo de cuero y la famosa falcata, una estilizada variación del mortífero gladius hispaniensis o espada corta española que sería adoptada por Roma tras la II guerra Púnica para equipar a todos sus legionarios.

El 40% de los soldados que combatieron junto a Aníbal eran celtas. Los romanos los llamaban galos y habitaban las actuales Francia y Bélgica.

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Los galos se armaban con su típico escudo ovalado plano, una gran lanza, espada de corte larga, yelmo de hierro y algunos con la cota de malla que ellos inventaron. Otros preferían combatir casi desnudos para demostrar su valor. La ilustración es de Peter Connolly (Ed. Greenhill books).

El elemento táctico determinante de la II guerra Púnica fue la caballería. Concretamente los jinetes númidas norteafricanos que combatieron primero con Aníbal y después con Roma.

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Estos jinetes eran una auténtica prolongación humana de sus caballos. Montaban a pelo, sin silla y con una cuerda alrededor del cuello del caballo como riendas. se armaban con un escudo de mimbre y varias jabalinas y formaron la caballería más temida del mundo por su legendaria destreza, disciplina y valor en combate. Ellos fueron los que destrozaron a la caballería pesada romana en Cannas y los que le dieron la victoria a Escipión El Africano en Zama. Peter Connolly (Ed. Greenhill books).

Los oficiales romanos y púnicos vestían de igual manera. Ambos usaban la armadura helenística con coraza musculada bajo la que llevaban una camisa de cuero con pteriges, grebas y yelmo.

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Estos oficiales son romanos, pero igual podrían ser púnicos. La ilustración es de Richard Hook (Ed. Osprey).

 

Si te han gustado los modelos que construyo, puedes verlos todos en:

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