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LA ESPAÑA PROTOHISTÓRICA

 

La protohistoria es el estadio en el que un pueblo no tiene historiografía propia pero está documentado por historiografía ajena. En el caso de España por las fuentes primero fenicias y después griegas. El mapa de la protohistoria de España es similar al de la Italia o la Galia protohistóricas: una sociedad agrupada en torno a unidades tribales que habitaban espacios geográficos concretos con economías basadas en la agricultura, la ganadería y el comercio tanto entre las distintas tribus como con los mercaderes extranjeros.

España es una unidad geográfica. La Península Ibérica fue vista por fenicios, griegos y romanos como una unidad, y los habitantes de la España protohistórica, llamada por los griegos y púnicos Iberia y por los romanos Hispania, si bien no tenían conciencia de una unidad política más allá de la meramente geográfica, sí se sentían parte integrante de un destino común, exactamente igual que les ocurría a los galos, exactamente igual que les ocurrió a los griegos. Sentimiento que no tuvieron los italianos hasta que ya era demasiado tarde y la loba romana les había engullido. Es por esa razón que ningún pueblo galo, hispano o griego tuvo jamás el dominio absoluto sobre el conjunto del territorio "nacional", algo que no ocurrió en Italia.

Ese sentimiento no era lo que hoy llamaríamos un "sentimiento nacional", ya que éste es muy posterior. España es la primera nación unificada de la Europa moderna y ello sólo se consiguió a finales del siglo XV dC. Cierto es que España fue una unidad política durante el Imperio Romano y plenamente independiente durante el Reino Visigodo, pero a la invasión musulmana se sucedieron una serie de reinos que dividieron a los cristianos: Asturiano-Leonés, Castellano, Navarro, Aragonés y Portugués. Los grandes hombres de la Reconquista como Rodrigo Díaz de Vivar "el Cid", Jaime I "el Conquistador" o Fernando "el Santo" tenían conciencia de estar trabajando para una España común y de ello dejaron constancia en los escritos de sus contemporáneos, pero sabían que aún habría de recorrerse un largo camino que felizmente llevaron a  término los Reyes Católicos en 1492. El largo camino de una nación que ha soportado duras pruebas y que aún soportará otras más, pero que no será interrumpido por minorías criminales que, a falta de historia propia se la inventan y como nadie se la cree tratan de imponerla a sangre y fuego. El camino emprendido por don Pelayo en Covadonga y materializado por los Reyes Católicos es un camino definitivamente asentado dentro de una Europa de naciones que se construye desde cada nación y no desde los localismos ridículos inventados hace pocos años por psicópatas racistas desde el odio y la envidia y que sólo sirven para tratar de justificar crímenes injustificables.

Pero los habitantes de la España protohistórica estaban muy lejos de ese sentimiento. En el año 1.100 aC una expedición fenicia fundó la ciudad de Gádir, la Gades romana, nuestra Cádiz, que por ello es la ciudad habitada actualmente más antigua de toda Europa. La fecha de la fundación está documentada por varias fuentes fiables fenicias, griegas y romanas que, año arriba, año abajo coinciden (ojalá tuviéramos la misma seguridad siempre). Gádir fue fundada en una isla de un kilómetro y medio de longitud de fácil defensa y con pozos de agua potable y tierra cultivable, como una colonia fenicia cercana al reino de Tartessos. Este reino de Tartessos aún está enterrado y necesitaría de otro Schliemann para ser devuelto a la luz, ha dejado muchos rastros de su arte, su comercio... La legendaria Tarsis, buscada con más corazón que cabeza por románticos arqueólogos, sólo espera el golpe afortunado de la piqueta que la desentierre de una vez, y ése es el reto de los arqueólogos.

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El impresionante aparejo de las murallas de Ibros, en Jaén. Una de las muestras de arquitectura tartésica mejor conservadas.

¿Es ésta la Tarsis del bíiblico libro de los Reyes la misma con la que Salomón mantuvo contactos comerciales? Sabemos que Hiram, rey de Tiro, era amigo y socio de Salomón y es posible que los comerciantes israelitas llegaran a Tartessos en las naves fenicias. Lo cierto es que el mundo era mucho más accesible marítimamente hablando de lo que nuestra soberbia moderna nos deja ver y que cosas que nos parecen "increíbles" no eran más que normales entonces. Recordemos que cuando Salomón reinaba en Judea, Gádir ya llevaba fundada más de medio siglo... Los fenicios, hábiles mercaderes, fundaron Gádir para que sirviera de puente entre las materias primas que Tartessos ofrecía a cambio de manufacturas y las metrópolis fenicias donde el oro y la plata tartésicas pronto llegó en abundancia. La época posterior a la caída de Troya y el colapso provocado por los Pueblos del Mar (Ver el especial sobre La Guerra de Troya) es una época donde el mar Mediterráneo, al que los romanos llamarán Mare Nostrum (mar nuestro), se les queda pequeño a los mercaderes-marinos fenicios, los Señores de la Mar que cruzan las Columnas de Hércules (el estrecho de Gibraltar) como nosotros la puerta de nuestra casa, y cuyos descendientes siglos después costearán España llegando hasta las Islas Británicas por el norte, descubrirán unas Islas Canarias pobladas por hombres blancos por el sur... y ya puestos ¡recorrerán todo el litoral africano circunnavegándolo! en una hazaña que pone los pelos de punta y nos hace estremecernos de emoción imaginándonos a aquellos indómitos mercaderes-marinos a bordo de sus frágiles pero soberbias naves contemplando las costas africanas, trazando mapas, recogiendo plantas y animales extraños... haciendo grande a la Humanidad, llegando a donde nadie ha llegado jamás. Pues el inicio de todo aquello fue Gádir, una Gádir que crece y crece, expandiendo su influencia hasta chocar con Tartessos, dejándonos los ecos milenarios de una guerra en la que una flota de Tarsis estuvo a punto de tomar la isla fortificada que resistió el embate.

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La obra maestra de la orfebrería de Tartessos es el tesoro de la Aliseda, en Cáceres. En la imagen un colgante de oro, quizás la pieza más bella de todas.  Las piezas que componen este tesoro fueron halladas en 1920 y se considera que fue realizado por orfebres tartésicos en el siglo VI aC. El tesoro de la Aliseda es uno de los más valiosos del mundo por su perfección artísitica.

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Vaso hallado en Alicante, decorado con motivos geométricos y aves.

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La obra maestra de la escultura ibera: la Dama de Elche.

Tras los pasos de los fenicios llegarán en el siglo VIII aC los griegos, cuyas primeras expediciones, arribadas a las costas andaluzas, tendrán que cambiar el lastre de piedra de sus naves por lingotes de plata e incluso fundir anclas de plata para poder llevarse la mayor cantidad posible de este metal, que abundaba tan generosamente allí. Fueron los griegos los que nos dieron nuestro primer nombre: Iberia y por ello llamaron a sus habitantes "los Iberos" (puede decirse tanto iberos como íberos). Por Iberos entendemos a todos los habitantes de la península Ibérica, pero aunque estaban juntos no estaban, ni mucho menos, revueltos.

Los Iberos estaban fuertemente marcados por las características geográficas de la Península Ibérica, al igual que hoy lo estamos sus descendientes. La Península es un espacio geográfico propio del subcontinente europeo. Tan sólo se comunica con el resto de Europa por una franja ocupada salvo en el litoral por una gran cadena montañosa, Los Pirineos. Por ello, el contacto con el resto de Europa es difícil, ya que sólo hay dos pasos terrestres y ello propicia el aislamiento secular al que hemos estado sometidos los españoles. Ese aislamiento provoca, en cambio, un efecto contrario interno, ya que sus habitantes son mucho más dados al intercambio dentro de la Península, creándose relaciones mucho más extensas entre ellos debido a la dificultad de mantenerlas con los demás.

Este continuo roce sirvió como elemento unificador, por ello griegos, púnicos y romanos, percibieron España como una unidad (Hoy en mi país hay unos cuantos imbéciles que se creen ser más listos que los griegos, los púnicos y los romanos, y que a falta de una historia que "demuestre" sus tonterías racistas, no dudan en inventársela... sería gracioso si no hubiera mil muertos de por medio...).

Para evitar roces con los fenicios, los griegos se dedicaron al litoral este, donde los focenses fundaron la ciudad de Emporion, nuestra Ampurias. La presencia griega en España se funde con la fenicia, manteniendo a una península muy alejada geográficamente del "mundo civilizado" en constante contacto con las corrientes históricas, algo que será determinante en el devenir de nuestra nación. La decadencia de las ciudades fenicias se nota, pero su relevo lo toma Cartago, una colonia convertida en metrópoli que a partir del siglo VI aC tomará el relevo del impulso fenicio en España gracias a que en la segunda mitad de ese siglo una flota combinada etrusco-cartaginesa frenó las ambiciones griegas en la batalla de Alalia de 535 aC, frenando de paso la expansión comercial griega en España, que a partir de entonces queda como terreno exclusivo púnico. Pero Cartago cree que el mundo es ya suyo y debe ser devuelta a la dura realidad. Un ejército cartaginés que trata de conquistar Sicilia será derrotado en la batalla de Hímera por los griegos. Éstos quedarán impresionados por un contingente de soldados del ejército cartaginés que, en medio del desastre y con la mayoría del ejército en desbandada, combatirá con férrea disciplina, manteniendo su posición hasta la muerte.

Son los españoles.

Tenemos aquí la primera noticia histórica de una fuerza militar española. No será la última.

Bajo el impulso cartaginés Gádir se desarrollará extendiendo su área de influencia por todo el sur español. Se fundarán nuevas localidades o se "asimilarán" las griegas existentes. En aquella época Gádir controla el monopolio exclusivo del Garón (la salazón tan apreciada en Atenas) que se consume en todo el Mediterráneo, y también el de la púrpura en el Mediterráneo occidental. Gádir tiene el monopolio de la pesca y de las conservas, y será en esta época de expansión pesquera cuando se descubran las Canarias, las Azores y el cartaginés Hannón circunnavegue África. Como se puede ver, nuestros pescadores gaditanos tienen unos ancestros para poner los pelos de punta. Los cartagineses introdujeron en España sus avanzadísimos sistemas de regadío que aún podemos ver en nuestro Levante y ante los que el autor de esta página web no puede evitar emocionarse conociendo sus milenarios orígenes. Con su típica mente púnica (que diría un romano), los cartagineses "parcelaron" el sureste peninsular dedicando cada zona a una producción distinta, como los famosos campos de esparto de lo que después sería Cartagena y que proveían de cordelería a medio mundo. Sin embargo, la principal fuente de riqueza era la minería: oro, plata, cobre y estaño en tales cantidades que convirtieron a España en el país con mayores riquezas minerales del mundo antiguo, un auténtico tesoro que pronto entraría en disputa entre dos colosos.

España en aquellos tiempos de esplendor cartaginés estaba poblada por una variedad de tribus de origen tanto autóctono como celta, por lo que nuestra cultura es llamada "celtíbera". Las tribus celtas venían bajando a través de los pasos pirenaicos desde siglos atrás. España era ( y sigue siendo) muy grande y estaba (y sigue estando) poco poblada, por lo que sin demasiadas complicaciones los recién llegados, que ya habitaban las actuales islas Británicas, Francia, Bélgica, Luxemburgo, el norte de Italia, parte de los Balcanes y Grecia y habían llegado hasta Turquía, se acomodaron en nuestra península con forma de Piel de Toro fusionándose perfectamente con su entorno, que diría un cursi.

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Mapa de la España protohistórica. En rojo Gádir y Emporion, en negro el reino de Tartessos, en verde las tribus iberas y el malva las tribus célticas.

España encara así el siglo III aC sin saber que está a punto de dar un paso trascendental. El paso de la protohistoria a la Historia la dará España de manera traumática, en medio de la terrible lucha entre dos gigantescos colosos cuya suerte decidirá la historia de Occidente.

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