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LEYENDA Y REALIDAD: HOMERO Y SCHLIEMANN

 

La epopeya de la guerra de Troya tiene dos nombres propios que sobresalen más aún que los de sus protagonistas: Homero y Heinrich Schliemann.

Homero, el más grande poeta de todos los tiempos, recopiló hacia el siglo VIII a.C. los relatos de una tradición oral que cantaba las gestas de una guerra que enfrentó a la ciudad de Troya con una coalición de estados griegos. Una guerra que había ocurrido cinco siglos antes y que fue la última gesta de una civilización poderosa cuyo rastro desaparecería de la Historia poco después hasta que hace poco más de un siglo fue vuelto a encontrar. Así, durante casi 3.000 años, de aquella fabulosa civilización que destruyó Troya sólo quedó la leyenda transmitida por Homero en sus obras La Ilíada y La Odisea, por lo que la guerra, e incluso la propia existencia de Troya fue tomada como una leyenda irreal, una "fantasía de Homero".

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Homero

Una fantasía que contaba como una gran coalición de estados griegos, encabezados por Agamenón, rey de la poderosa Micenas que da nombre a toda la Cultura Micénica, emprendieron una expedición para conquistar Troya, la poderosa y rica ciudad que guardaba el paso de los Dardanelos en la actual costa turca. La guerra duró 10 años y al final Troya fue conquistada, saqueada y destruida por estos reyes micénicos a los que Homero llama "aqueos". Homero describió Troya y describió a sus enemigos micénicos con toda precisión. El fin de Troya y el fin del mundo micénico poco después enterraron a estas fabulosas civilizaciones bajo toneladas de tierra y olvido.

En 1870 un comerciante alemán que creía en ciegamente en Homero invirtió parte de su cuantiosa fortuna en demostrar que la guerra de Troya no era la fantasía de un poeta. Tras muchos esfuerzos, Heinrich Schliemann había pasado de ser un dependiente de almacén a ser un rico comerciante que hablaba ocho idiomas y se sabía la Ilíada de memoria. Durante toda su vida soñó con demostrar que el poema de Homero estaba inspirado en un hecho real y ahora, por fin, había logrado el dinero suficiente y el tiempo libre que necesitaba para viajar a Turquía. Allí exploró la costa de los dardanelos con la Ilíada en la mano, siguiendo fielmente las indicaciones que dio Homero sobre el emplazamiento de la ciudad y dedujo que ésta sólo podía hallarse en la colina de Hissarlik. Schliemann compró dicha colina y comenzó a excavar.

La gente se reía de él. Sobre todo los "arqueólogos de verdad", esos sesudos señores tan académicos que despreciaban a aquel rico comerciante arribista ¡que se creía que Troya había existido!. Y continuaron riéndose hasta que de las risas pasaron a la estupefacción al contemplar como aquel tendero alemán había conseguido cambiar el curso del estudio de la Historia descubriendo y desenterrando las imponentes ruinas de Troya. Después viajó a Grecia donde desenterró Micenas, Tirinto y otros lugares considerados hasta entonces "fantasías de Homero", y sólo su muerte en 1890 le impidió descubrir y desenterrar Cnossos en Creta. Con lo que también hubiera rescatado del olvido a la Civilización Minoica. ¡No estaba mal para un tendero!

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Heinrich Schliemann, el tendero alemán que cambió el curso del estudio de la Historia.

El "tendero metido a arqueólogo" había puesto patas arriba la Historia de la Humanidad. Homero había cantado un hecho histórico. Cuando estudié en la facultad de Historia aún había ciertos profesores de Antigua y Arqueología que se jactaban de que "A pesar de sus descubrimientos Schliemann no tenía los conocimientos adecuados porque no era universitario". Cierto es que cometió errores al datar las fechas, pero ¿quién puede aún dudar de la gigantesca aportación de este hombre al conocimiento de la Historia? Gracias a él conocemos Troya, el Mundo Micénico y el Mundo Minoico, las verdaderas raíces de nuestra cultura europea. Mucho es lo que todos le debemos a este tendero alemán, a este bendito iluminado que nos ha hecho un regalo tan inmensamente maravilloso. Gracias a sus indicaciones, sir Arthur Evans pudo completar el maravilloso cuadro descubriendo y desenterrando el palacio de Cnossos en Creta, con lo que salió a la luz, ¡tras 5.000 años! la fascinante Civilización Minoica, que junto a la Micénica conforman las primeras civilizaciones europeas.

 

LOS HECHOS

Sin embargo, la obra de Homero, como toda obra literaria, no es estrictamente "histórica" en sus detalles, ya que, si bien se apoya en un hecho real, es evidente que la historia de la guerra está enormemente adornada por un montón de dioses que se pasean ayudando a unos y otros e interviniendo directamente en la lucha y personajes que, como Odiseo (nuestro Ulises), Helena y demás son hoy fruto de acalorado debate sobre si son personajes históricos o "extras" añadidos por Homero para darle más color a la obra. Sea como fuere, el trasfondo que cuenta y canta Homero es real. Existió una ciudad llamada Troya, existió una cultura griega micénica, y existió una guerra. Puede que la causa de la guerra no fuera que la princesa griega Helena dejara plantado a su marido el rey Menelao, hermano del gran rey Agamenón y se fugara con Paris a Troya. Lo más probable al 99,9999999% de acierto es que los griegos se cansaran del monopolio comercial que ejercía Troya en el único acceso posible al mar Negro y decidieran solventar esa cuestión comercial a hachazos.

Homero cuenta que los griegos liderados por Agamenón, el rey de Micenas, el más poderoso estado griego, embarcaron en mil naves llevando a 100.000 hombres ante los inexpugnables muros de Troya. El sitio de la ciudad duró diez terribles años y al final Troya fue conquistada, saqueada y destruida por los griegos micénicos. Sin embargo, el triunfo fue muy amargo, ya que Homero cuenta las grandes penalidades que hubieron de sufrir los griegos, hambre, peste, miles y miles de bajas y conflictos entre los reyes aliados. En La Odisea se relatan los viajes del rey Odiseo de Ítaca (nuestro Ulises) que tardó otros diez años en regresar a su isla para encontrarse con una rebelión de nobles dispuestos a casarse con su mujer y quedarse el reino por las bravas. El propio final de Agamenón, muerto a hachazos por su mujer Clitemnestra y su amante Egisto, indican las terribles perturbaciones que siguieron a la caída de Troya y que serían el inicio de la terrible hecatombe que asolaría poco depués Grecia, todo el Asia menor y Egipto.

Es muy probable que los griegos no sitiaran Troya durante diez años, sino que durante ese tiempo, descargaran una serie de golpes navales contra el comercio y los abastecimientos troyanos, como se intuye de ciertos pasajes de Homero. Ataques masivos contra ciudades aliadas, factorías, colonias y asentamientos troyanos a lo largo de la costa que debilitarían a Troya hasta no poder soportar un ataque final combinado. El fin de Troya supuso grandes riquezas a los griegos micénicos que ahora controlaban el paso de los Dardanelos.

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Ilustración por Peter Connolly

Y sin embargo, vencedores de la guerra y ricos, los estados micénicos griegos sucumbirían poco después en una hecatombe aún no explicada en la que caerían arrasados uno a uno los estados micénicos de la que sólo se libraría Atenas. Hecatombe que continuaría arrasando todo el Asia Menor destruyendo la civilización hitita o las ciudades de la costa siria. En Grecia comenzó una "Edad Oscura" en la que la gente volvió a vivir en cuevas y que no podemos considerar una vuelta absoluta a la Prehistoria sólo porque logró conservarse la cerámica, ¡pero incluso la escritura desapareció!. Allí donde antes reinaba la prosperidad micénica ahora ya no quedaba nada: ni edificios ni seres. Era como si alguien hubiera borrado de un plumazo todo resto de civilización en toda la zona que muestra el mapa de arriba. Sólo una nación sobrevivió a la hecatombe: Egipto, que logró resistir aún a costa de quedar maltrecha para siempre. Nunca se recuperaría su anterior grandeza, pero al menos logró sobrevivir.

Es por ello que Homero ensalza tanto la Edad Micénica que los griegos que acababan de dejar la terrible Edad Oscura veían como el paraíso perdido. Analizaremos las causas de esta enigmática hecatombe en el capítulo sobre Los Pueblos del Mar. Esta cadena de destrucciones supone el mayor enigma de toda la Historia de la Humanidad y en su resolución están empeñados miles de historiadores desde hace decenas de años.

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