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EL MUNDO MICÉNICO

 

El Mundo Micénico es un mundo enormemente atractivo y aún más enigmático que, oculto tras un silencio de más de 3.000 años, se nos muestra hoy con todo su esplendor. La Civilización Micénica continúa la Historia de Grecia allí donde la comenzó la Cultura de las islas Cícladas en el mar Egeo con su maravilloso arte.

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El famoso "Arpista de Keros". Mármol. Hacia el 2000 a.C. La perfección de sus líneas esquematizadas y la abstracción de sus 22,5 cm. de altura es insultantemente genial. El modelo artístico cicládico ha sido repetido hasta la saciedad por esos "artistas" modernos que sólo saben despreciar lo anterior o copiarlo ante la falta de ideas y de vergüenza que parece asolar el panorama artístico de nuestros días.

La Civilización Minoica de Creta data de hace 5.000 años. Schliemann no pudo descubrirla debido a su muerte pero lo hizo sir Arthur Evans en 1900 siguiendo sus indicaciones al excavar el gigantesco palacio de Cnossos, en el que según la leyenda reinó el poderoso Minos, de ahí el término "minoico". Cnossos fue el principal palacio de la isla, que estaba repartida en pequeños estados. Creta ejerció la primera talasocracia (dominio del mar) de la Historia y con ella dominó el comercio con Asia Menor y Egipto. Los palacios minoicos no tienen murallas, lo que demuestra que existía entre ellos una convivencia pacífica y armoniosa. Mientras toda Europa estaba sumida en la Prehistoria, los palacios de Creta tenían cuartos de baño, alcantarillas, almacenes, templos... Su arte es, según mi criterio, el más puro y maravilloso que civilización alguna ha dado a la Humanidad.

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Reconstrucción de la fachada del patio occidental del palacio de Cnossos. La arquitectura minoica es la primera arquitectura de Europa y es una maravillosa combinación de funcionalidad y estética. En el palacio hay edificios de hasta cinco pisos de altura. El crecimiento del palacio se hizo añadiendo edificios uno tras otro, por lo que su planta es un auténtico laberinto de edificaciones. Los griegos de la Edad Clásica vieron las pinturas sobre los festejos con toros que llenan el palacio y la laberíntica planta de éste y así nació la leyenda del Minotauro encerrado en el laberinto. Como estamos viendo, todas las leyendas tienen una explicación racional. Sólo hay que buscarla.

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Fotografía de uno de los patios de los miradores del ala oriental de Cnosos tal y como se halla conservado hoy en día gracias a la magnífica restauración de Evans. Gracias a estos ingeniosos patios la luz natural llegaba a cada rincón del palacio mientras los pórticos con columnas creaban zonas de sombra que mantenían una buena temperatura en verano.

La Civilización Minoica era un paraíso envidiado por todos sus vecinos, pero su poderosa flota impedía cualquier aventura invasora. Creta no necesitaba murallas de piedra porque las tenía de madera, ancladas en sus playas. Pero nada es eterno. Una catástrofe natural, la mayor que ha asolado Europa jamás, hizo explotar el volcán de la isla de Thera. El sonido de la explosión dio varias veces la vuelta a la Tierra y la mayor parte de la isla se hundió en el mar. El maremoto resultante recorrió todo el Mediterráneo hasta salir al Atlántico por el estrecho de Gibraltar, pero la cercana Creta fue la que más daños sufrio. Creta es una isla alta, con montes y elevaciones sobre los que se construyeron los palacios. Éstos sobrevivieron al desastre, pero su flota no. Fue aplastada contra la isla que defendía dejando a aquel paraíso indefenso. La destrucción de la isla de Thera dio lugar a la leyenda de La Atlántida recogida por Platón de la isla que se hunde en el mar. Indefensa, Creta fue invadida por guerreros procedentes de Grecia: Los micénicos.

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A la izquierda una pintura mural de Tirinto que muestra dos guerreros micénicos de caza. La zona más oscura es lo que queda de la pintura, la más clara lo que se ha reconstruido. A la derecha un fresco minoico de Cnossos que muestra a un rey-sacerdote. Como vemos, los micénicos copiaron el maravilloso estilo artístico minoico, pero sin llegar a la perfección estilística cretense. Mientras los motivos artísticos minoicos son cotidianos, los micénicos están basados en la vida militar.

De la misma forma que en la Antigüedad existió "Una Roma" pero no "Una Grecia", sino "Los Griegos", No existió una "Grecia Micénica", sino "Los Griegos Micénicos". Efectivamente, los griegos micénicos, aunque no tenían una idea nacional única formaban una confederación de estados unidos por su cultura común: hablaban griego, escribían en Lineal B, adoraban a los mismos dioses y se sentían parte de una cultura común. La Civilización Micénica toma su nombre del más poderoso estado de Grecia: Micenas, situado en la llanura de Argos y cuyo centro político era la famosa ciudadela cuyos restos hoy podemos admirar y que era el centro de una compleja red burocrática que controlaba la economía y la política. Micenas, al igual que las demás ciudadelas micénicas, no era realmente una ciudad, sino un palacio fortificado que incluía centros administrativos, templos, etc. Esta fabulosa civilización permaneció oculta tras su desaparición hasta que Schliemann desenterró Micenas, Tirinto y demás lugares legendarios.

La Micenas de Agamenón era una ciudadela construida en un saliente rocoso que domina la llanura de Argos. La ciudadela estaba protegida por formidables murallas de gigantescas piedras que los griegos de la Edad Clásica llamaron "murallas ciclópeas" por creer que sólo los cíclopes podían haber sido capaces de levantar tamaña obra. Las murallas medían de 5,5 a 7,5 metros de espesor y 12 metros de altura. Como en el caso de Troya, las almenas eran de ladrillo. En la parte inferior de la ilustración vemos la famosa Puerta de los Leones, magníficamente conservada hoy en día, bajo cuyo dintel de 18 toneladas aún pasan millares de visitantes cada año y el bastión levantado a su derecha que la protegía (un bastión es una prolongación de la muralla, si tiene mayor altura que ésta entonces es una torre). A la derecha de la puerta se halla el círculo de tumbas donde Schliemann halló las famosas máscaras de oro con que se recubría el rostro de los reyes al enterrarlos.  En el centro se halla la gran mole del palacio real cuyo centro es el megaron o salón del trono columnado donde se encuentra la eschara u hogar circular donde ardía siempre el fuego cuyo humo vemos salir de dos chimeneas situadas en el techo del megaron en la ilustración de abajo.

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Reconstrucción de Micenas en la época de la guerra de Troya por Peter Connolly.

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Micenas hoy. A la izquierda vista aérea de Micenas. A la derecha la famosa Puerta de los Leones. La piedra del dintel pesa 18 toneladas y sobre ella hay un triángulo de descarga ingeniosamente tapado con la losa del famoso relieve de los leones adorando el altar sobre el que se alza la columna.

Cada ciudadela controlaba un territorio que se gobernaba y administraba desde el palacio. . No eran territorios extensos (desde Tirinto pueden verse las luces que se encienden en Micenas) pero sí muy bien administrados. Si pensamos en nuestros nobles medievales en sus castillos nos será más fácil entender a los reyes micénicos y sus ciudadelas. Según Homero (y como hemos visto no quedan muchas razones para no creer lo que cuenta) los reyes micénicos debían una especie de vasallaje al soberano de Micenas, el rey más poderoso del Mundo Micénico. Homero llama a Micenas "la rica en oro", y los tesoros hallados en las tumbas del círculo interior demuestran que, una vez más, nuestro poeta favorito sabía perfectamente de lo que hablaba.

El arte micénico es una adaptación del arte minoico de la misma forma que el arte romano es una adaptación del arte griego clásico y helenístico. Roma y Micenas tienen en común que conquistaron civilizaciones mucho más avanzadas que la suya, y por ello se apresuraron a copiar lo superior (que quitando lo militar era todo lo demás). Los griegos micénicos copiaron la arquitectura minoica encerrándola tras sus ciclópeos muros. Copiaron la pintura cretense aunque no fueron capaces de darle, ni de lejos, esa frescura típicamente minoica que nos enamora a los estudiosos del arte. En la cerámica podemos verlo en las famosas ánforas en las que hay pintado un pulpo. El tema del pulpo es muy popular en el arte cretense, pero mientras en las ánforas minoicas el pulpo se halla suspendido en el agua flotando libremente, en el arte micénico está como posando para un fotomatón, rígido y plano.

En la sociedad micénica la mujer tiene un papel muchísimo más destacado que en la Grecia Clásica (lo que no es nada difícil). Y la influencia minoica también es aquí evidente.

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Fresco de Tirinto que muestra a una mujer micénica. La influencia minoica es más que evidente, tanto en el estilo artístico como en los ropajes, típicamente cretenses. Falda de varias piezas con flecos de colores, corpiño ajustado de mangas cortas que dejan el pecho al descubierto y cabellos largos y ondulados.

Cada rey contaba con una serie de nobles que eran los propietarios de las tierras. La relación entre rey y nobles era a menudo muy tormentosa. La realeza era hereditaria más o menos, porque aquí parece que si alguno se "ponía de rey" y convencía a los demás era el nuevo rey, sin más. Para conocer más sobre este tema recomiendo la lectura de la maravillosa obra "El mundo de Odiseo" de M. I. Finley.

Además de la tierra, el Mundo Micénico era un mundo comercial. La influencia de los micénicos se extendía por toda la costa del Asia menor, pero esto ya es tema del siguiente capítulo.

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