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SOBRE LA LIBERTAD, LA DEMOCRACIA Y EL IMPERIALISMO
Hay
que pronunciarse con moderación y circunspección sobre personajes tan grandes, por miedo
a condenar, como sucede muy a menudo con lo que no se entiende.
Quintiliano
Para que un
juicio, histórico inclusive, sea justo y no arbitrario, debe respetar una serie de normas
y principios de análisis, parámetros o puntos de referencia que enmarquen el veredicto
sobre determinado acontecimiento y/o personaje. Un verdadero juicio debe ser algo más que
la imposición de gustos y preferencias. Tal veredicto debe respetar y ser acorde con una
serie de verdades sabidas y comprobadas por diferentes ciencias, disciplinas y saberes.
Tal es el caso de
tener en cuenta las circunstancias propias de la vida y obra de los diferentes personajes
históricos, de manera integral, es decir, tanto en lo que les favorece como en lo que les
perjudique, así las conclusiones a las que se lleguen sean dolorosas. Así, es racional y
adecuado reconocer que Alejandro nunca obró como San Francisco de Asís, y que jamás
repartió sus riquezas entre los más pobres, ni se retiró del mundo para meditar sobre
sus pecados. Sólo que es igualmente necesario aclarar que las circunstancias de Alejandro
no eran como las de San Francisco, ni como las de sus detractores, quienes tampoco han
regalado el fruto de su trabajo desinteresadamente.
Alejandro no
escogió el mundo en el que le tocó vivir. No fue él quien se inventó la monarquía
electiva que imperaba en Macedonia, de la misma manera que Demóstenes jamás redimió a
los esclavos de su época, ni mejoró la situación social de la mujer en la antigüedad,
ni satisfizo las necesidades de los pobres e indigentes de su tiempo, ni siquiera en
Atenas. Alejandro recibió la enemistad política de Demóstenes por el mero hecho de ser
hijo de Filipo. Y el gran pecado de Filipo fue el de acabar con la indignante situación
en la que vivían los macedonios gracias a la facción dominante en Atenas y Persia. Un
rey de Macedonia tenía el sagrado deber de conducir a los macedonios a la victoria, no el
de flajelarse la espalda en ayunas mientras permitía que los enemigos de los macedonios
les esclavizaran.
En cuanto a
Atenas, la gloriosa y sacrosanta creadora de la democracia, es necesario reconocer que se
trata de la patria de Solón, Clístenes, Arístides el Justo y Pericles. No obstante, no
hay que olvidar que la ciudad luz, el bastión de la libertad contra la tiranía y la
maldad magistralmente descrito por Demóstenes, es la misma polis que condenó a muerte a
Sócrates. La que injurió a Fidias, y proscribió a Anaxágoras o Aristóteles. La que
renegó de Milcíades, Temístocles (gracias al propio Arístides) y Tucídides. La
que pretendió conquistar Sicilia, y al fracasar condenó a Alcibíades en oscuras
circunstancias. La que entregó a los helenos de Asia al emperador de Persia por un
gigantesco puñado de monedas. Por qué? Por que Atenas no es tan democrática como
podría considerarlo un ciudadano democrático de la edad contemporánea.
En el tomo I de la
laureada obra de Arnold Hauser Historia Social de la Literatura y del Arte, se
aclara:
Comparada
con los despostismos orientales, la Atenas del siglo V (aC) puede considerarse
democrática; pero al lado de las democracias modernas, resulta una verdadera ciudadela de
la aristocracia. Atenas era gobernada en nombre de los ciudadanos, pero por el espíritu
de la nobleza. Las victorias y las conquistas políticas de la democracia fueron logradas
en su mayor parte por hombres de origen aristocrático: Milcíades, Temístocles,
Pericles, son hijos de familias de la vieja nobleza... El progreso consite a
lo sumo en que, en lugar de la aristocracia de nacimiento, aparece una aristocracia del
dinero y en que el Estado nobiliario organizado según el criterio de las estirpes es
sustituido por un estado plutocrático fundamentado sobre las rentas. Atenas es, además,
una democracia imperalista; hace una política belicista, cuyas ventajas disfrutan sus
ciudadanos libres y sus capitalistas, a costa de los esclavos y de las clases excluidas de
los beneficios de la guerra. En el mejor de los casos, los progresos de la democracia
significan una ampliación de la clase de los rentistas.
Las apariencias
engañan, y la historiografía debe tener en cuenta esta realidad a la hora de comprender
mejor el pasado. De ahí que la democrática Atenas pactase con los reyes persas, e
imitara los métodos de los déspotas orientales a la hora de asumir su política
exterior, lo cual redundó en perjuicio del mundo helénico. Tal realidad fue comprendida
desde esa misma época, y desde el interior mismo del mundo ateniense. Isócrates,
renombrado catedrático de Atenas, uno de tantos griegos conscientes de la triste realidad
de su época, le escribió a Filipo solicitándole que uniera a los griegos y adelantara
una cruzada panhelénica contra los persas; este pensador soñaba con delimitar en
Asia un territorio tan grande como sea posible y cortarla en dos, desde la Cilicia hasta
Sinope... fundar ciudades en esas tierras y establecer allí a los soldados y mercenarios
vagabundos de la Hélade. Semejante sueño, quimérico para la mayoría de
individuos de aquel entonces, se refería a la mitad occidental del Asia menor (Turquía
actual). Y Alejandro llegaría hasta la India. Por otra parte, el mismísimo Aristóteles
en su Política, define al buen rey como el monarca que adquiere nuevos
territorios para el pueblo.
Tales eran los
ideales del mundo en que vivió Alejandro. Y es de acuerdo a estos como debe evaluarse el
reinado del macedonio. Los personajes históricos son seres humanos, con sus propias
necesidades y limitaciones. Es injusto pretender que un miembro de la especie humana
adivine cuáles van a ser los valores imperantes de un futuro que ha de verificarse unos
dos mil quinientos años después. Alejandro acostumbraba oír con una oreja las
acusaciones, pero reservaba la otra para escuchar la defensa del acusado. Es un principio
que sigue teniendo vigencia en nuestros días, y es por esto que es un error evidente
analizar a tal o cual protagonista o acontecimiento de la historia bajo la óptica de sus
enemigos políticos exclusivamente. Tal planteamiento es igualmente aplicable para
encuadrar la obra de Aníbal, Escipión, César y demás personajes históricos.
Así pues, no es
bajo las consideraciones del mundo actual como debe evaluarse acontecimientos del pasado.
La evolución histórica y social de la especie humana es tan compleja y polifacética,
que no sólo es inadecuado hacer reduccionismos maniqueos, sino también evaluar el
devenir histórico en función de las estructuras políticas imperantes en nuestros días.
Los personajes de la antigüedad no deben dividirse entre amigos y enemigos de la
democracia de hoy, ni nada por el estilo. A pesar de las notas comunes, cada época
histórica tiene sus propias circunstancias.
En el mundo en que
le tocó vivir a Alejandro, los griegos estaban asfixiados por la alianza imperante entre
atenienses y persas, pues no hay que confundir la época de las guerras médicas, con la
posterior a las nefastas guerras del peloponeso, las cuales iniciaron la decadencia del
poderío helénico, e implicaron un renacer del imperio persa. Tal situación de
cosas fue trastocada por Alejandro, para beneficio de ambos mundos, tanto el
occidental como el oriental. Que sea Faure, el mismo que desconfía del propio Arriano
quien lo reconozca, resulta más que diciente:
...
el verdadero enemigo de la Liga Helénica, y no solamente para su conductor, el hegemón
Filipo, sino también después para su hijo y sus compañeros macedonios, no es ni Darío
ni siquiera el imperio persa: el verdadero enemigo lo forman los comerciantes de Fenicia,
los negociantes, los traficantes, los marinos fenicios, dueños de todos los puertos...
desde el golfo de Alejandreta hasta Egipto, dueños, con Cartago, del mar Tirreno, de
Cerdeña y de España.
Desde
hacía posiblemente mil años, entre griegos y fenicios guerra militar y competencia
comercial iban a la par... La victoria de Salamina, en el otoño del 480 a. De C., no
afectó prácticamente nada el potencial militar de los persas, pues sólo había
consistido en un enfrentamiento naval entre una escuadra fenicia y un centenar de
trirremes atenienses...
Alejandro
encaró la anterior problemática con el mismo genio y grandeza de estadista con el que
deslumbró al mundo entero. El acierto económico de las medidas del macedonio nos lo
indica Estrabón, quien en su Geografía (XVII, 1, 7), registra a propósito
de Alejandría:
...
el único lugar de todo Egipto situado igualmente bien para el comercio marino, por la
excelencia de su puerto, y para el comercio interior, porque el río permite transportar
hasta allí fácilmente todas las mercancías, reuniéndolas en el mayor mercado de
la tierra habitada.
Pero el legado
social de Alejandro se refleja igualmente en los aspectos político e ideológico, no
sólo en el económico. La obra de Hauser, cuya temática es igualmente universal y lo
más indicativo de todo, de corte eminentemente sociológico, reconoce:
En la
época helenística, esto es, en los trescientos años que siguen a Alejandro Magno, el
centro de gravedad de la evolución se traslada por completo desde Grecia al Oriente. Los
influjos, empero, son mutuos, y nos encontramos -por primera vez en la historia de la
humanidad- con una cultura mixta verdaderamente internacional. Esta nivelación de las
culturas nacionales es lo que da primordialmente a la época helenística su carácter
eminentemente moderno... A pesar de las diferencias siempre crecientes de fortuna... se
lleva a cabo una cierta nivelación social, que pone fin a los privilegios de
nacimiento... La antigua aristocracia, por su afán de distinguirse y aislarse, de
mantener la pureza de su raza y de su cultura tradicional, no resulta en absoluto adecuada
para la organización y administración de tal imperio... El racionalismo, al que ahora el
Estado valora más que ninguna otra cosa, adquiere validez en todos los campos de la vida
cultural: no sólo en la nivelación de razas y de las clases, no sólo en la abolición
de todas las tradiciones que estorban a la libertad de concurrencia económica, sino
también en la organización supranacional de la actividad científica y artística, en
aquel commercium litteratum et artium que une, en una gran comunidad de trabajo, a los
literatos y sabios de todo el mundo civilizado, crea instituciones centrales de
investigación, museos y bibliotecas, y pone en vigor, también en el terreno del
espíritu, los principios de la división del trabajo... También la producción
intelectual se basa ahora no en postura éticas y afectivas, sino en la competencia y en
el rendimiento.
Esta es una
realidad que los moralistas no tuvieron en cuenta a la hora de condenar el legado
político del conquistador macedonio. Arriano por el contrario, al crecer y vivir en el
mundo forjado por Alejandro y mantenido por Roma, vivió en carne propia el progreso
descrito en la cita de Hauser. Otra razón más para reconocer el mérito y acierto de la
obra de Arriano.
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