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ANÍBAL VERSUS ESCIPIÓN
El objeto principal de este ensayo es
desmontar algunos mitos sobre Aníbal Barca, hijo de Amílcar, cuyo genio militar, que,
indudablemente, poseía, pienso que se ha exagerado mucho en perjuicio de su vencedor,
Escipión. Vamos a intentar desmenuzar, a la luz de los hechos que nos relatan los
historiadores clásicos, los méritos tácticos y estratégicos de uno y de otro.
Para empezar, una de las "grandes hazañas" de Aníbal: el paso de los Alpes.
Salir de Cartagena con un ejército de cien mil hombres (90.000 infantes y 12.000 jinetes,
dicen las fuentes) y llegar a Italia con menos de un tercio del mismo (unos 27.000) es
algo que está al alcance, no ya de cualquier mediocre general, sino hasta del propio
"Sargento Arensibia" (ya sabéis, el chusquero aquél cachondo de las
historietas de "El Jueves"). El mérito de un auténtico general hubiera sido
realizar la invasión con su ejército intacto, o casi intacto.
Grandes aciertos tácticos tuvo en suelo italiano, es cierto, pero no lo es que saliera de
allí invicto. "Ganó todas la batallas pero perdió la guerra", dicen algunos
historiadores. Nada más falso. El cónsul Marco Claudio Marcelo, llamado por Tito Livio
"la espada de Roma" -remito al lector a mi artículo sobre hechos de armas de
los Extraordinarii, en el anterior número de esta revista- le puso "los pavos a la
sombra", como decimos en Cartagena, en varias ocasiones, por no hablar de lo canutas
que se las hizo pasar Quinto Fabio Máximo ("el escudo de Roma", según el mismo
autor). Pero como no fueron derrotas tan contundentes como la de Cannas (tampoco lo del
Tesino fue mucho más que una escaramuza de caballería) los historiadores suelen
olvidarlo.
Por cierto... ¿Ganó Aníbal la batalla de Cannas? Yo creo que, en realidad, la perdió
Terencio Varrón, que no es lo mismo aunque lo parezca. Alli desplegó el púnico una
brillantísima táctica, aprovechando los tremendos errores de Varrón, pero, ante un
general poco más que mediano, con una superioridad de dos a uno como aquélla, Aníbal
hubiera sucumbido... Bueno, en realidad pienso que no se hubiera atrevido a presentar
batalla, por que tonto, lo que se dice tonto, tampoco era el africano.
Estábamos hablando de la dimensión táctica del general Aníbal... Comentemos un poco
por encima su dimensión estratégica. Volviendo a la invasión de Italia, ¿a qué
estratega se le ocurre invadir Italia, con sus bases logísticas en Cartagena y Cartago,
sin poseer el dominio del mar? Algunos ilustres historiógrafos contemporáneos sostienen
que la desesperada maniobra estratégica de Aníbal era la única posible, y que estuvo a
punto de salirle bien. Craso error. Ni "estuvo a punto de salirle bien"
-recordemos que, tras el desastre de Cannas, viéndose dueño virtual de Italia, Aníbal
se ve incapaz de lanzarse al asalto de Roma- ni era "la única posible". ¿Qué
podía haber hecho Aníbal, si el Senado de Cartago le negaba el apoyo naval que
necesitaba? Bueno, esto no es del todo cierto, pues el Barca recibió refuerzos de
Cartago, tanto en Hispania como en Italia, y de hecho uno de sus grandes fracasos fue no
poder conquistar un puerto en suelo italiano donde recibir aprovisionamientos, si bien es
verdad que los Cartagineses eran escépticos con respecto a la empresa italiana de
Aníbal, pero nunca fueron remisos a enviar apoyos a Hispania, donde tenían sus intereses
comerciales.
¿Qué podía haber hecho Aníbal, decíamos? Pues, sencillamente, lo que hizo su rival
Escipión. El joven Cornelio tampoco lo tuvo fácil en su patria. Mientras en el Senado,
la facción de los Fabios se empeñaba en defender a toda costa el suelo italiano -que era
lo que quería Aníbal, desgastarles en su terreno- la familia Cornelia era de la opinión
de que la mejor defensa era un buen ataque, y que había que llevar la guerra a Hispania,
primero, y a África después. Los hechos demostraron que los Cornelios tenían razón. En
este empeño murieron su padre y su tío, en Hispania, tras poner en serios apuros a los
púnicos, y en este empeño triunfó, por fin, el joven Escipión. Si Aníbal fue elegido
estratega por sus soldados, con el visto bueno a posteriori y con retiencias del estado
cartaginés, Escipión tuvo que echar mano de toda su habilidad política para que
conseguir que, con la oposición del Senado e inconstitucionalmente, sin haber escalado
los pasos previos del "cursus honorum", sin haber sido pretor ni cónsul, ni
tener la edad para ello, la asamblea del pueblo -aún se discute si fueron los comicios
centuriados o la asamblea de las tribus, T.Momsem se decanta por los primeros- le otorgara
el "imperium proconsularis" que le capacitaba, excepcionalmente y sin
precedentes, para ponerse al frente de un ejército de 25.000 hombres con el que invadir
Hispania. Pero el Senado, que pese a tener que tragarse la decisión del pueblo, aún
conservaba sus competencias en cuanto a política exterior, le encomienda a nuestro joven
general guarnecer la línea del Ebro para que Aníbal no pueda recibir refuerzos. El genio
estratégico de nuestro personaje no se limita a cumplir escuetamente estas órdenes, sino
que, tras dejar unas guarniciones vigilando los pasos del gran río, decide golpear al
enemigo en el corazón de su imperio colonial: Cartagena.
El resto ya lo conocemos, pero da buena muestra de la genialidad estratégica de Escipión
su arenga a las legiones frente a las murallas de Cartagena. "Capta Carthaginem,
capta Hispaniam". Conquistada Cartagena, conquistada España, porque en ella tiene el
enemigo los rehenes que le aseguran la fidelidad de las tribus ibéricas, las minas de
plata con la que paga a sus mercenarios, el mejor puerto para sus naves, sus astilleros y
almacenes de víveres y pertrechos de guerra y, en fin, todo el material de guerra
necesario para asediar Roma. Estoy firmemente convencido de que, con la toma de Cartagena,
se salvó Roma, pese a que quedaban aún varios años de guerra. Pero la suerte de Cartago
estaba echada.
Esta "marcha relámpago" de las legiones de Escipión sobre Cartagena, también
merece otro comentario. Polibio dice que, a marchas forzadas, sabiendo que había en la
península tres ejércitos púnicos, en conjunto muy superiores al suyo, pero a varios
días de distancia, Escipión se plantó en Cartagena, desde las orillas del Ebro, en
siete días. La mayor parte de los historiadores modernos discuten esta cifra y dicen que
es imposible salvar esta distancia en siete días. Yo he echado mis cuentas y me sale que
tendrían que haber recorrido unos 65 kilómetros diarios. Sabemos que las legiones
romanas de dos siglos después, con Cayo Mario y su sobrino César -los llamados
"mulos marianos"- en las que cada soldado cargaba con su impedimenta personal y
parte de la colectiva (de treinta a cuarenta kilos) recorrían normalmente unos 25 km.
diarios y, a marchas forzadas, hasta cincuenta. Si, como dice el propio Polibio, Escipión
ordenó que la flota de Cayo Lelio les acompañara por la costa, siguiendo un rumbo
paralelo y acomodando su andar al paso de las legiones, y es de suponer que llevando lo
más pesado de la impedimenta, ¿No es realmente posible que un ejército de hombres
acostumbrados a andar, y poco menos que con las manos en los bolsillos y la impedimenta
mínima, consiguieran una media en siete días de 65 kilómetros diarios? La verdad es
que, de ser cierto, y yo así lo creo, no deja de ser una hazaña, pero en ningún modo un
imposible. Y además, ¿por qué no hemos de creernos esto y sin embargo todo el mundo
acepta que Aníbal cruzó las nieves y los hielos de los glaciares alpinos montado en
elefante? Un poco de seriedad, por favor, señores historiadores.
También se suele decir, en tono despectivo respecto a Escipión, que aprendió sus
tácticas de guerra copiando las de Aníbal. Esto sólo en parte es cierto, pero aun en
ese caso, no es para mí sino un mérito más a añadir a los de Escipión. Porque Aníbal
también tomó como modelos a los grandes estrategas de la antigüedad (Pirro, Alejandro,
etc.) de boca de sus maestros y preceptores y, sobre todo, a su padre Amílcar, con el que
compartió las fatigas de la vida militar desde su más tierna infancia. Pero en el caso
de Escipión, esas supuestas "lecciones" de Aníbal las tomó en el aula más
difícil: el campo de batalla. Y allí no valía levantar la mano y decir: "Señor
profesor, puede Vd. hacer el favor de repetir, que no he entendido la lección". Por
otra parte, tanto en el Tesino como en Cannas, Escipión se enfentó a Aníbal como
oficial subalterno, no como comandante en jefe. Esta ocasión sólo se dio en Zama, y
allí el romano se impuso netamente. Aun se volvieron a encontrar en la batalla de
Magnesia, esta vez Escipión como legado de su hermano Lucio y Aníbal como asesor militar
del rey Antíoco. También ganaron los romanos.
Para terminar, hablemos un poco de Zama. De Zama se han dicho muchas tonterías, a saber:
a) Escipión ganó porque Aníbal alineaba un ejército de reclutas de escasa calidad y
fiabilidad.
b) Escipión ganó porque tenía una superioridad aplastante en caballería, que era el
arma que daba a Aníbal sus victorias.
c) Pero, pese a todo, Aníbal era mucho mejor general que Escipión, y perdió por un
cúmulo de circunstancias adversas.
Vamos a desmontar punto por punto estas falacias:
a) Si bien es cierto que Aníbal alineó a lo peor de Carthago,
reclutado deprisa y corriendo, no lo es menos que también contaba con su vieja guardia,
sus veteranos de Italia, curtidos y experimentados soldados que, según se dice, no
habían conocido la derrota. Escipión sí que alinea un ejército de reclutas inexpertos
de la ya muy mermada demográficamente Italia, y las únicas tropas veteranas con las que
cuenta son dos legiones formadas con supervivientes del desastre de Cannas, tropas
humilladas y desmoralizadas que habían pasado varios años "arrestadas" en
Sicilia.
b) ¿Superioridad en caballería? Y los ochenta elefantes con que contaba Aníbal, ¿eran
de infantería, o de intendencia? Por aquel entonces se decía que un elefante era capaz
de desorganizar un ejército. Ochenta tenían, por fuerza, que destruirlo. Pero la
genialidad táctica de Escipión supo neutralizar esta amenaza abriendo el despliegue de
los manípulos para que la carga de los paquidermos se perdiera entre ellos, siendo
alanceados por sus legionarios, mientras que el estruendo de las trompetas romanas,
asustó a muchos de ellos, que se volvieron contra el propio ejército cartaginés.
Escipión contaba, eso sí, con más caballos. Elefantes contra caballos. Lo que hoy
llamaríamos una "división acorazada" frente a "blindados ligeros".
Pero este superior número de caballos por parte romana, nos lleva al tercer punto:
c) Escipión consigue el apoyo de la caballería númida, que muchos
consideran decisivo en la resolución de la batalla, pese a que, como hemos visto,
intervienen otros muchos factores, por su habilidad diplomática al atraerse la alianza
del rey númida Massinisa, como tiempo atrás consiguiera la alianza de muchas tribus
ibéricas por su magnanimidad con prisioneros y rehenes, que no era otra cosa que aguda
visión política y diplomática. El carisma de Escipión (cualidad de la que tampoco
carecía su rival, seamos justos) y su habilidad política le granjean, no solo la
adoración de sus soldados, sino el apoyo del pueblo romano con el que consigue soslayar
la ley y la oposición de las oligarquías senatoriales consiguiendo un mandato a todas
luces inconstitucional y excepcional, como hemos visto, pero providencial para la
salvación de Roma. Su visión estratégica le lleva a excederse en el cumplimiento de su
deber (defender el Ebro) dando el salto hasta Cartagena, decisión vital, como sabemos. Su
habilidad táctica le lleva a vencer a cuantos ejércitos Cartagineses se le enfrentan sin
ser jamás derrotado, venciendo incluso al propio Aníbal en la única ocasión en que se
encuentran en el campo de batalla, ambos como generales en jefe y con fuerzas, insisto,
equilibradas. Ahí tenemos a Escipión, el político, el diplomático, el estratega, el
táctico. En suma, el vencedor de Aníbal por sobrados méritos propios. ¿Qué quién fue
mejor general? Responde tú, amigo lector, a esta pregunta.
En Carthago-Nova, en el día sexto de los idus de junio del año
MMDCCLIV de la fundación de Roma.
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