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.INTRODUCCIÓN

 

Por José I. Lago

¡Los bárbaros!

Los causantes de la ruina de Roma, de la destrucción de la Civilización, de pillajes y caos sin medida. Así se nos han presentado durante siglos y siglos a los pueblos que destruyeron el Imperio Romano de Occidente, ya que el de Oriente continuó su existencia hasta el año 1.453.

¿Quiénes eran estos barbaros?

La palabra "bárbaro" significa "extranjero" en latín, pero tal debió ser el poso que quedó en los habitantes del Imperio que a su primitivo significado se le añadió otro mucho más terrorífico.

El principal peligro del Imperio Romano venía de su larguísima frontera septentrional, formada por los cursos de los ríos Rin y Danubio, ya que en el sur, en África y en el Este, el peligro no fue realmente grave comparado con el que se gestaba más allá de las fronteras fortificadas bañadas por estos dos caudalosos ríos centroeuropeos.

Los "bárbaros" más conocidos son los germanos, que habitaban lo que hoy es Alemania, Austria, parte de Suiza y se extendían hacia el Este. En realidad, salvo los hunos y pocos más, los romanos consideraron a todos los "enemigos europeos" como germanos, ya que, o bien lo eran realmente, o bien, como en el caso de los godos, habían pasado tanto tiempo entre ellos que se habían germanizado. Los germanos eran una raza formada por multitud de tribus que, o bien se dedicaban a matarse entre sí o bien a crearle problemas a Roma. Tras aquellas fronteras fortificadas los germanos sabían que existía un paraíso de orden y cultura, de enorme riqueza y extensión, mientras ellos vivían en sus selvas boscosas o sus macizos montañosos. Y evidentemente, a los germanos les gustaba la idea de entrar en el Imperio, idea que a los romanos no les hacía la menor gracia, ya que aquella entrada sólo sería el vehículo de su destrucción, y por eso Roma había fortificado las fronteras y colocado allí a sus legiones, para impedir la invasión que los germanos intentaban una y otra vez, incansablemente.

Sin embargo, a lo que temían realmente los romanos no era a una razzia o expedición de saqueo que podía cruzar las fronteras, saquear un par de aldeas y volverse con el botín a su selva. Lo que verdaderamente temían los romanos era una invasión masiva, una migración de naciones enteras que desbordara las fronteras.

La primera gran migración conocida por Roma fue la de los cimbrios, teutones y otros más que reunió a más de 800.000 personas que desde el Quersoneso Címbrico (la actual península de Dinamarca) habían llegado a las puertas de Italia arrasando todo a su paso. Aquella aventura costó a Roma las espantosas derrotas de Noreia (113 aC) y Arausio (105 aC) que causaron casi 100.000 muertos entre legionarios romanos y aliados italianos. Sólo el genio militar de Cayo Mario consiguió frenar a los invasores en las brillantes batallas de Aquae Sextiae (102 aC) y Vercellae (101 aC) exterminando a los invasores y consiguiendo salvar a Roma y a la Civilización del desastre.

El sobrino de Cayo Mario, un procónsul llamado Cayo Julio César, llegó a la provincia que el Senado le había asignado para gobernar, la Galia Cisalpina, justo cuando 368.000 helvecios, habitantes de la actual Suiza y alrededores se preparaban para lanzarse a depredar las Galias. Tras vencerlos (58 aC) y enviar a los supervivientes de regreso a su hogar, César supo que las Galias estaban siendo utilizadas como cabeza de puente de una invasión germana que ya tenía a 150.000 germanos allí. Y allí fue César y allí se quedaron la inmensa mayoría de esos germanos que sirvieron de abono para la próxima cosecha.

Aquella campaña impresionó tanto a César que decidió que si los galos no eran capaces de defender su tierra de los germanos tendría que hacerlo Roma por ellos, y César conquistó las Galias y llevó las fronteras de Roma hasta el Rin. El asesinato de César impidió a Roma conquistar Germania y establecer un colchón de seguridad más amplio, y así se quedó la frontera. A pesar de los esfuerzos de Druso que llegó en una soberbia campaña ¡hasta el Elba!, la derrota del inútil de varo en Teutoburgo sirvió de excusa a Augusto para retirarse de Germania. Mala estrategia aquella que dejó hipotecado el futuro del Imperio durante siglos y que al final causaría su ruina, ya que poco después, por el siglo I dC, los habitantes de la zona sur de la actual Suecia, lo que llamaban Götaland, cruzaron el Báltico y se establecieron en el norte de la actual Polonia.

Eran los Godos.

Y entonces ellos no lo sabían, pero la estrategia pasiva de Augusto, continuada después por los sucesivos emperadores romanos con respecto a Germania serviría para que ellos pudieran asentarse tranquilamente allí, hasta que a principios del siglo III se instalaron a orillas del mar Negro, en la zona de Crimea, de donde fueron expulsados por los temibles Hunos. Para entonces los godos se habían desgajado en dos naciones: los Visigodos y los Ostrogodos. Cuando le pidieron permiso al emperador Valente, un auténtico inútil, para cruzar la frontera del Imperio Romano el inútil se lo dio, y la cosa acabó en el año 378 con el ejército romano de Occidente exterminado en Adrianópolis, el inútil de Valente muerto y los godos campando a sus anchas por el Imperio.

Cuando el rey ostrogodo Odoacro se proclamó rey de Italia deponiendo al último emperador romano, Rómulo Augústulo, enviándole a una lujosa villa con una pensión y devolviendo las enseñas imperiales a Bizancio, capital del Imperio Romano de Oriente, en el año 476, los visigodos ya se habían asentado en España y formado un reino que habría de existir hasta que en 711 la invasión musulmana lo destruyó. Fue el primer reino genuinamente español, germen de lo que sería la nación española. En ese nuevo reino convivieron los hispano-romanos y los visigodos aunque nunca llegaron a fusionarse. El Reino Visigodo de España se hundió en 711 por problemas internos y traiciones, un ejército musulmán invadió España justo cuando los visigodos acababan de salir de una nueva guerra civil. Para plantar cara a los musulmanes el rey vencedor, don Rodrigo, tuvo que contar con los vencidos pero en plena batalla de Guadalete éstos se pasaron a las filas del invasor. El ejército de don Rodrigo fue vencido por los musulmanes y toda la península, a excepción de Asturias, quedó bajo dominio mahometano. La población hispano-romana ni supo ni pudo reaccionar mientras destacados elementos de la sociedad como algunos clérigos de importancia y buena parte de la comunidad judía se ponían de parte del invasor.

Pero no todo se vino abajo tan fácilmente como la mayoría de los historiadores creen.

Ni mucho menos.

Varios nobles visigodos escaparon a Asturias, la única zona libre y uno de ellos, un oficial de don Rodrigo llamado Pelayo, consiguió derrotar el 22 de julio de 722 a una expedición de conquista musulmana en la épica batalla-trampa de Covadonga, salvando a Asturias del dominio musulmán. Don Pelayo fue elegido rey y así se conseguirá la creación de un pequeño pero férreo núcleo de resistencia al invasor mahometano que tras ¡ochocientos años! de durísima lucha consiguió, en 1.492, expulsar de España a los últimos invasores musulmanes.

¡Casi nada!, aunque para entonces "visigodos" ya no quedaban, puesto que la conquista musulmana impulsó la necesidad de un cambio rápido en absolutamente todo el pensamiento tanto militar como social, económico y político y las estructuras visigodas fueron sustituidas por otras más adecuadas a la nueva realidad. Pero fueron visigodos los que allí resistieron, conscientes de que su mundo había muerto y creando uno nuevo a la vez que luchando por su existencia. Gracias a ello, gracias a esa conjunción de mantener lo mejor (el carácter guerrero) y desechar lo peor (todo lo demás), la población española no se rindió a la invasión musulmana, permaneció mayoritariamente fiel a su religión cristiana a pesar de las persecuciones a que fue sometida y permaneció fiel a su ideal de nación libre e independiente, nuestra bandera desde los tiempos de los Iberos. Y por ello hoy España es una nación libre, democrática e integrada en el mundo Occidental, el Mundo Libre y no la finca de un sultán.

Los visigodos fueron los responsables de la pérdida de España, primero por no comprender el gravísimo peligro que amenazaba desde el sur, segundo porque ni supieron ni quisieron fundirse con la población hispano-romana y tercero porque con sus luchas internas comprometieron la seguridad de la nación.

Pero al menos lo mejor de ellos, aún perdiendo toda su identidad como pueblo, consiguió salvar la parte fundamental de la cultura española y dejar el terreno preparado para que España consiguiera al fin su Libertad e Independencia.

Por ello creo que merecen este pequeño homenaje.

 

El presente trabajo es obra de mi buen amigo José Manuel Rodríguez Gómez-Escobar, más conocido como Eborense, habitual participante de nuestro Foro de Debate y autor de las páginas web LA BATALLA DE TALAVERA y VOLUNTARIOS DE MADRID, además de varios artículos especializados en temas navales que puedes leer en mi página ACERO Y VAPOR. Sinceramente creo que es un magnífico trabajo que enlaza perfectamente con el propósito de esta página web, espero que lo disfrutéis, que de eso se trata.

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