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.2.- Orígenes históricos del pueblo godo.
El pueblo godo tiene su origen histórico
en las tierras del Sur de lo que hoy es Suecia. Los godos eran un pueblo indoeuropeo, de
tronco nórdico. Su lengua, hasta donde se sabe de ella, entronca con el germano antiguo y
posiblemente tuviera la misma raíz. No se sabe con certeza en qué época los godos se
diferenciaron de otros pueblos nórdicos vecinos de ellos, tales como gépidos, jutos,
etc. Por ello no es posible trazar con total exactitud las raíces de los godos hasta su
primer origen.
Lo que sí es cierto es que los godos
entran en la historia cuando autores romanos los mencionan como habitantes de las costas
bálticas de los que hoy es Alemania y Polonia ya en el siglo I d.C. Su migración desde
Escandinavia no puede ser datada con precisión aunque se suele aceptar la primera mitad
de ese siglo como fecha aproximada.
A lo largo de casi dos siglos los godos
van emigrando hacia el Sureste hasta establecerse, en la primera mitad del siglo III d.C.,
en las orillas del Mar Negro, al Este del río Dniester, en lo que hoy son Moldavia y
Ucrania.
Ese rincón de Europa debió ser entonces
muy concurrido, pues allí se encuentran sármatas, vándalos, alanos, restos de los
escitas, y presionando desde el Este, comienzan a hacer su aparición los hunos. Esta
amalgama de pueblos, escasamente civilizados, a menudo en guerra los unos contra los
otros, que habitaban el territorio de la actual Ucrania, sobrevivía a base de hacer
incursiones dentro de la Dacia que ya no era una provincia romana sino un territorio
fronterizo abierto a cualquier pillaje.
Hasta el momento de asentarse en las
costas del Mar Negro los godos tenían una estructura social muy similar a la de otros
pueblos seminómadas. Todos los hombres adultos eran por definición hombres libres y
guerreros. Se agrupaban según estructuras clánicas (esto es, se agrupaban familias con
otras con las que compartieran vínculos de consanguinidad), en las que un grupo reducido
de caciques eran los jefes del clan a efectos de impartir justicia y repartir las tareas.
Sin embargo estos jefes no tenían poder ejecutivo, que quedaba reservado a la asamblea de
hombres libres del pueblo godo, que en ocasiones de especial peligro o guerra nombraba a
un líder que los condujera, líderes que los romanos llamaron reyes en sus
crónicas. El godo normal vivía de la tierra, cultivándola junto con su familia más
cercana. Sólo en tiempos de guerra tomaba las armas, lo que era derecho y deber de todo
godo adulto. En consecuencia todos los hombres eran campesinos-soldados y hombres libres
orgullosos de serlo.
Esta cualidad de nación en armas o de pueblo guerrero sería precisamente la cualidad que les haría valiosos a los ojos del Imperio según el Imperio iba siendo progresivamente incapaz de mantener la seguridad y el orden en sus fronteras. Lo malo es que con ello el Imperio se acostumbraría (como veremos) a que los bárbaros fueran la solución militar para todos sus problemas.