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.3.- Los godos y el Imperio Romano. La frontera del Danubio.

Dacia pone en contacto a los godos (y sus confederados) con el Imperio Romano al hacerlos vecinos. 

El contacto se acentuó cuando los godos, a partir del año 240, cruzan en varias ocasiones el Danubio para pillar en tierras imperiales, en Moesia y Tracia. A la vez los godos van asentándose en Dacia, donde explotan las riquezas minerales que luego exportan al Imperio. 

Esta situación provoca un cambio radical en la economía y en la sociedad de los godos, que pasan de ser un pueblo seminómada en el que todos los hombres libres tienen los mismos derechos ante sus caudillos, y en el que todos los hombres son guerreros en potencia, a una economía agrícola en la que existen varias castas especializadas. Por un lado aparecen campesinos que quedan liberados, a cambio de cultivar las tierras, de la obligación de guerrear. Aparece una casta de guerreros profesionales, y aparece una aristocracia goda que en un primer momento basa su riqueza y su poder en las ganancias del comercio con el Imperio. Este cambio a una economía agrícola (con la excepción de la aristocracia, como queda dicho) es fundamental porque a partir de ese momento la política de los godos como pueblo es encontrar tierras fértiles en las que poder asentarse. Este proceso de transformación económica y social se da en todo el territorio ocupado por los godos, pero de forma más acentuada en los godos del Oeste, al calor de la tranquilidad del “limes”, mientras que sus primos del Este tienen su retaguardia abierta a incursiones de escitas o hunos. 

La potencia militar de los godos se incrementa porque de sus vecinos reciben varios adelantos tecnológicos: la equitación, los estribos, el arco, y las tácticas de caballería armada con arcos. Con estos avances más la incipiente riqueza del comercio con el Imperio los godos se transforman en una potencia entre los pueblos de su entorno, y por ello, en un problema cada vez mayor para el Imperio. 

La penetración en Dacia acentúa la diferencia entre las dos ramas de los godos, los visigodos (o “godos del Oeste”), habitantes de la Dacia, y los ostrogodos (o “godos del Este”), separados de los anteriores por el río Dniester. 

No se sabe a ciencia cierta hasta donde llega esta distinción entre visigodos y ostrogodos. Ciertamente, ambos grupos seguían hablando la misma lengua, tenían las mismas leyes orales, y si existe una diferencia en su estructura social se debe a la diferente situación política de sus asentamientos: estable en el Oeste, donde no hay riesgo de ataques; inestable al Este, donde pueblos aún más bárbaros que los godos pillan lo que pueden. 

Mi particular punto de vista es que cuando el Dniester pasó a ser frontera de las dos “provincias” godas, una al Oeste y otra al Este, en cada una de ellas los hombres libres se agruparon en torno a un número limitado de clanes o caudillos clánicos que eran los que los guiaban y mandaban, por la natural tendencia humana a confiar en el que uno conoce y está cerca y desconfiar del que vive lejos y además no es pariente tuyo. 

La importancia de los godos en la economía de la zona, y por supuesto, la importancia de su potencia militar, que era un peligro en potencia para la frontera del Danubio, llevó al emperador Aureliano (ese emperador que se proclamó nada menos que “deus et dominus natus”, esto es, “nacido dios y señor”) reconocer legalmente el asentamiento godo en Dacia, en el año 270. De este modo, el Imperio reconocía a los godos como nación vecina y amiga... de momento, pues las incursiones godas al otro lado del Danubio, aunque menores, siguieron, no obstante lo que dijeran los tratados.

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