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12.- El reino de Toledo. De Liuva a Recesvinto.

El hijo de Recaredo, Liuva II, fue elevado al trono por los fieles de su padre. Pero antes de un año una revuelta palaciega le privó del trono. La revuelta estaba organizada por los mismos “nacionalistas” que en 588 habían pretendido echar del trono a su padre. Uno de estos nobles, Viterico, fue nombrado rey. 

El nuevo rey no abjuró del catolicismo (fue uno de los nobles que en 589 firmó una profesión de fe católica), ni hizo volver a los godos al arrianismo. Eso da prueba de lo sólido que había sido el III Concilio de Toledo. Sin embargo, Viterico permitió que parte de la nobleza volviera en secreto (esto es, de una manera no pública) al arrianismo. En este sentido Viterico significa la reacción de los godos más apegados a la tradición goda. Pese a ello este rey marca un punto de inflexión. En lo sucesivo los católicos ya no estarían excluidos de la sucesión al trono. 

Lo más señalado del nuevo rey fue que intentó una alianza con los burgundios que le sirviera de contrapeso a la amenaza de los francos, pero esta alianza no llegó a concluirse. Como respuesta trató de empujar a los lombardos que ocupaban el Norte de Italia a una guerra contra los burgundios, pero el plan también le salió mal, como le salió mal un intento de mezclar en estas conjuras a los reyes francos. En definitiva no consiguió nada, lo que suponía la pérdida de dinero y esfuerzo, y el descrédito de la política internacional del reino. 

Visto el panorama, Viterico sufrió un empacho de “morbus gothorum” durante un banquete a principios de 610. Su sucesor fue Gundemaro, un noble guerrero también miembro del sector “nacionalista” de los visigodos. 

El nuevo rey inició dos campañas, una contra los vascones, a los que derrotó y sometió, y otra contra los bizantinos, ésta con escaso éxito. 

En cuanto a política interna, convocó un sínodo (que no concilio) eclesiástico en Toledo. Gundemaro también se había convertido al catolicismo y aunque “nacionalista” no siguió la política de Viterico sino que demostró que su conversión era sincera. 

Además Gundemaro trató de recomponer la política externa visigoda enviando embajadores a los reyes francos, pero circunstancias externas a su política la malograron. En efecto, el reino franco de Austrasia fue destruido por el de Neustria, que absorbió al primero. Por otro lado, Brunequilda, una noble visigoda hija de Atanagildo, y que había casado con uno de los reyes francos, perdió toda influencia en las cortes francas. Hasta ese momento Brunequilda había servido como aglutinante y directora de los elementos pro-godos de las cortes francas. Pero en ese momento perdió su influencia y poco después fue asesinada. En consecuencia Gundemaro inició una guerra contra los francos a los que tomó un par de ciudades en Septimania. 

Asombra la cantidad de trabajo que fue capaz de desarrollar Gundemaro en tan poco tiempo. Murió a principios de 612, de causas naturales. 

Le sucedió en el trono Sisebuto. A diferencia de sus predecesores, Sisebuto había sido educado como romano más que como godo. Hablaba y escribía en latín, tenía fama de buen católico y piadoso, y tenía también fama de erudito. En consecuencia, Sisebuto es el primer rey hispanogodo, en el sentido de que fue el primer rey que llegó al trono sin que su educación romana fuera un obstáculo para ello. Esto señala un segundo punto de inflexión. Desde este momento los nobles “romanos” (culturalmente hablando) ya no estarán excluidos del trono. Sí seguían excluidos todos aquellos que no pudieran reivindicar su pertenencia a alguna de las familias de magnates visigodos. El criterio de la sucesión al trono se había trocado de lo sociocultural a la mera cuestión de sangre. 

La primera política de Sisebuto fue estabilizar sus relaciones con los francos. Conseguido esto (no sin esfuerzo) se volvió a los bizantinos, a los que atacó duramente y con éxito. En 620 logró el inmenso éxito de rendir Cartagena después de un complicado juego de negociaciones y traiciones. Poco después, bien por la fuerza o por la diplomacia (acompañada a veces de un poco de traición) logró arrebatar a los bizantinos casi todas sus posesiones peninsulares. Para mayor seguridad de que los bizantinos no se harían fuertes otra vez en esos territorios, destruyó las defensas de Cartagena y otras ciudades, y para vigilar cualquier posible intento bizantino, creó una circunscripción militar con sede en Orihuela, con el fin de vigilar el Levante frente a nuevos ataques bizantinos. 

El éxito de limpiar de bizantinos la Hispania peninsular le permitió a Sisebuto asociar al trono a su hijo Recaredo II. 

Además de contra los bizantinos Sisebuto organizó varias campañas contra cántabros y vascones, aunque no las dirigió él en persona ya que su atención estaba fija en el Sur. 

Sisebuto falleció a finales del invierno de 621. Le sucedió su hijo Recaredo II, pero murió a los pocos días [1], y como sucesor fue elegido Suintila. 

Suintila era un general de éxito (había sido uno de los que había dirigido la campaña contra vascones y cántabros), y además era hijo de Recaredo I. Sumaba por tanto su fama militar a la herencia paterna más el apoyo de los fieles de su difunto padre. Es decir, era un rey aceptable tanto por “nacionalistas” como por “hispanogodos” (entendiendo por tales a los visigodos más romanizados). 

Fue Suintila quien en 625-628 completó la expulsión de los bizantinos de la Hispania peninsular [2]. Completando  la obra de Sisebuto, destruyó las fortificaciones de las ciudades de la orilla hispana del estrecho, y creó una circunscripción militar allí con sede en Tarifa al cargo de un tal “comes Iulianis” o “conde de Iulia” (Traducta). 

Pese a este enorme éxito Suintila no era un rey muy popular entre los visigodos. Sus contemporáneos dijeron de él que era un tirano y un déspota. Así, surgieron varios rebeldes entre 630-631 que conspiraron contra él. Uno de ellos, Sisenando, se rebeló en la Tarraconense con las fuerzas que debían atacar a los vascones (nuevamente en pie de guerra) y pidió ayuda a los francos, que hicieron avanzar sus tropas hasta Zaragoza. Suintila marchó desde Toledo a hacerles frente, pero antes de la batalla entre Suintila y Sisenando los partidarios del primero desertaron y se pasaron al otro bando. Sisenando fue aclamado como rey por el ejército. Suintila fue hecho prisionero y murió varios años más tarde sin recobrar la libertad. Estamos a principios de 631. 

Sisenando ya ocupaba el trono, pero lo había ocupado por la fuerza de las armas y no por elección de los nobles. En consecuencia, Sisenando convocó en 633 un concilio, el IV de Toledo, con el fin de que el poder eclesiástico sancionara la legalidad de su acceso al trono. Tenemos aquí otro de los jalones históricos del reino visigodo. 

Hasta el III Concilio de Toledo los concilios eran asambleas religiosas de obispos que se reunían para tratar temas dogmáticos o de ordenamiento eclesial. Dado que los reyes visigodos eran la cabeza de la Iglesia católica, y dado que los obispos eran “de facto” y en ocasiones “de iure” los gobernadores civiles de sus propias diócesis, el Estado visigodo tenía interés en ellos, los convocaba y presidía, y procuraba hacer ley sus conclusiones. El III Concilio de Toledo se convierte en el primer concilio que trasciende lo religioso para convertirse en un concilio en el que se encuentran reunidos el poder eclesial y el poder palatino. Pero este concilio se convocó con un fin concreto, sancionar la conversión de la corte goda. Ahora Sisenando da un paso más allá y convierte la reunión conciliar en una asamblea de los notables del reino, tanto religiosos como de la administración civil y palatina (que se incorporan a las reuniones como miembros de pleno derecho), y lo hace concretamente con un fin político que afecta a todo el reino, y no solo con un fin eclesial. 

Buena parte de los concilios de Toledo convocados desde esta fecha se harían “ad regem confirmandum”, siguiendo la tradición de Sisenando, esto es, para ratificar y sancionar el acceso del nuevo rey al trono. Pero también de estos concilios saldrían los cuerpos legales que regirían la administración del reino visigodo. Se convierten por tanto en concilios nacionales, y como tales, en una institución más del estado visigodo. 

Este hecho era el triunfo definitivo de los hispanorromanos, que habían pasado en menos de un siglo de ser discriminados y segregados (Ágila y Atanagildo) a ser colaboradores y partícipes en el gobierno (Leovigildo y Recaredo) y ahora, a través de sus obispos, eran poco menos que el “poder legislativo” [3] del reino visigodo. 

Pero de momento, ajeno a las consecuencias de este cambio crucial, Sisenando logró convencer al concilio de que Suintila había sido derrocado del trono por su tiranía. El concilio, actuando como institución del reino, despojó de sus bienes al depuesto rey y a su familia, incluso a aquellos que se habían pasado al bando de Sisenando. 

Sisenando no duró mucho en el trono. En Marzo de 636 moría. 

A Sisenando le sucedió, tras un corto interregno, Khintila. De inmediato convocó el V Concilio de Toledo (Junio de 636) con intención de que la Iglesia le ratificara su apoyo. En este concilio no sólo se apoya el acceso de Khintila al trono sino que también se ordena una protección especial para Khintila y su familia, aun en el caso de muerte o de derrocamiento de éste. Además se regulaba por primera vez la sucesión al trono cuando (sin entrar en el proceso de elección del rey) el concilio defendía que el rey otorgara bienes y tierras a sus fieles, bienes y tierras que el siguiente rey podía repartir de nuevo a sus propios fieles, pero sin mengua de los derechos adquiridos por los primeros. Asimismo se establece claramente que la elección del nuevo rey sólo podía recaer en uno de los miembros de la alta nobleza militar y palatina (por tanto visigoda) del reino. Con esto es obvio que se buscaba algún modo de evitar la guerra civil en la elección de los nuevos reyes. Lo que habían cambiado los tiempos. Los reyes visigodos buscaban ahora entre los obispos hispanos algún remedio al “morbus gothorum”. 

Khintila se pasó casi todo su reinado luchando contra sus diversos enemigos internos [4], que debieron ser tantos que en Enero de 638 convocó el VI Concilio de Toledo (al que asistieron muchos obispos que no estuvieron en el V) para reafirmar lo que el V había dicho sobre la protección a su persona. 

Después de este último concilio hubo la posición de Khintila se consolidó lo bastante como para tener paz y asociar al trono a su hijo Tulga. Khintila murió en Diciembre de 639 y su hijo fue nombrado rey. 

El nuevo rey gobernó durante más de dos años, pero siendo de corta edad y sin apoyos sólidos en lo político, su reinado no fue sino una sucesión de conspiraciones y revueltas. Al final, en Abril de 642, un grupo de conspiradores se apoderaron de Tulga, le tonsuraron y le obligaron a aceptar el orden sacerdotal. Los concilios V y VI habían excluido de la sucesión al trono a los eclesiásticos, así que mediante esta maniobra Tulga quedaba depuesto. Por lo menos al pobre Tulga no le dieron a probar el “morbus gothorum”. 

Los conspiradores estaban conchabados con Khindasvinto (o Chindasvinto), un noble visigodo que se había pasdo el reinado de Tulga tramando conspiraciones contra él. Procedía de los asentamientos visigodos del Norte, donde era jefe militar de frontera. Se trataba de un hombre ya anciano, pero todavía vigoroso. Khindasvinto era visigodo de pura cepa, que tenía una educación primaria, que sólo entendía el argumento de la fuerza y que en su larga vida había sido testigo de la debilidad de los distintos reyes que le habían precedido. En consecuencia lo primero que hizo al llegar al trono fue iniciar una purga de fieles a Khintila y Tulga y de todo aquel que le quisiera hacer sombra. Organizó el asesinato de varias familias de la nobleza visigoda, a las que confiscó todos sus bienes. Nunca se había visto, en toda la historia de los godos, semejante carnicería. Khindasvinto afirmó su trono sobre el terror. 

Khindasvinto no convocó ningún concilio, y además de eso, se entrometió en la vida eclesial nombrando obispos que fueran de su gusto. Así pensaba desarticular la posible reacción a sus crímenes encabezada por la Iglesia. Nunca ningún rey se había atrevido a tanto, ni siquiera en tiempos de los arrianos. La situación con la Iglesia llegó a un punto de ruptura cuando, a la muerte del arzobispo de Toledo, Khindasvinto trató de colocar a un presbítero cercano a él. De inmediato el arzobispo de Zaragoza inició una serie de protestas que se extendieron a otros altos eclesiásticos del reino. 

Una vez logró colocar en la silla toledana a uno de los suyos convocó Khindasvinto un nuevo concilio, el VII de Toledo, en 646. Este concilio fue distinto a los anteriores. Asistieron pocos obispos, y los que lo hicieron fueron presionados por el terror godo para que todo transcurriera según quería el monarca. De este modo logró Khindasvinto la sanción eclesial para perseguir a sus enemigos y obtuvo el apoyo de una parte de la Iglesia a su persona.

 

Poco después, en 649, asoció al trono a su hijo Recesvinto. Esta asociación fue solicitada en parte por altos dignatarios hispanos. Recesvinto había sido educado en la cultura romana, y sin duda los hispanos debían ver en él un freno al despotismo de su padre.

 

Khindasvinto reinó hasta 653, año en que murió, sucediéndole Recesvinto. 

Éste convocó de inmediato otro concilio, el VIII de Toledo, en Diciembre de 653. A él acudieron casi todas las dignidades eclesiásticas del reino. Recesvinto buscaba el reconocimiento a su trono, pero ofrecía a cambio una amnistía a todos los perseguidos por su padre, a los que restituiría sus libertades. Sus bienes no. Recesvinto tuvo buen cuidado de reunir todas las posesiones de tierras que los distintos reyes habían otorgado desde Suintila, y colocarlas bajo el patronazgo del rey, que podía distribuirla a su gusto. Asimismo Recesvinto se quedó con los bienes expoliados por su padre, pero no a título personal, sino como parte del tesoro real. De este modo Recesvinto se convertía en el hombre más rico del reino, y además, podía repartir tierras a sus fieles. 

Más importante aún, este concilio regula por primera vez el modo en qué ha de elegirse al rey. Se establece que la elección ha de hacerse en Toledo, o donde el rey anterior hubiera muerto. Se establece que son los nobles palatinos y la autoridad eclesial quienes ha de aprobar el nombramiento. Se prohíbe que las tropas (el ejército visigodo) proclamen a nadie rey. 

Esto era un avance, pero la cuestión estaba en si las leyes de los concilios tendrían más fuerza que los feudos con el difunto Imperio. Para demostrar que no, un rebelde llamado Froila se alzó contra Recesvinto. Con ayuda de los vascones puso cerco a Zaragoza, aunque la ciudad resistió y Recesvinto derrotó a Froila (654). 

Ese mismo año tuvo lugar el hecho más importante de todo el reinado: se hizo público el “Forum iudiciorum”, el texto legal que reunía en un solo cuerpo todo el derecho del reino visigodo. Este es otro hito en el reino godo puesto que con este código desaparecía la segregación jurídica entre hispanos y godos. El “Forum” se basaba el la revisión que Leovigildo había hecho del código de Alarico con la adición de las leyes promulgadas por los reyes desde Recaredo a Recesvinto. Recesvinto tenía la fuerza suficiente como para imponer el “Forum” a todos sus súbditos, y así lo hizo, acabando con la segregación legal entre hispanos y godos [5]

Tan bueno fue este código legal que tres siglos más tarde, rebautizado “Fuero juzgo”, seguía siendo la mayor fuente de derecho en Portugal, Galicia, Asturias, León y Castilla. 

La promulgación de este código trajo aparejada otra consecuencia, que se venía gestando desde el IV Concilio de Toledo. La ocupación bizantina había trastocado la organización provincial romana y había modificado los límites entre las sedes episcopales. Reunificado el reino se podía proceder a la recuperación del territorio de cada diócesis. Y así se hizo, no sin ciertas dificultades y varios concilios intermedios. De paso, Recesvinto aprovechó para ajustar el gobierno de su reino al sistema provincial romano. Al frente de cada provincia estaría un “dux” (duque) como máximo jefe militar y civil. Por debajo de él podría haber otros duques o condes (“comes”) encargados de circunscripciones militares (como las de Orihuela y Tarifa contra los bizantinas, la del Bierzo contra los astures, la de Amaya contra los cántabros y la de Pamplona contra los vascones). Las ciudades y sus comarcas adyacentes estarían gobernadas por un conde, subordinado al “dux” de su provincia. El conde tendría a sus órdenes a distintos funcionarios encargados de la hacienda y la administración de justicia. Este armazón se basaba en la pervivencia del sistema administrativo romano en las ciudades. En cuanto a los conventos jurídicos (unidades administrativas inferiores a la provincia), fueron más o menos restaurados también, aunque con ligeros cambios en cuanto a sus capitales, que se procuraron hacer coincidir con las sedes episcopales. 

De este modo, y casi simultáneamente, Recesvinto había conseguido modernizar tanto la administración de justicia como la administración del reino que ahora sí que se parecía a un Estado. Un Estado semibárbaro, si se compara con el romano, pero desde luego, más avanzado que el de Tolosa. 

El reinado de Recesvinto marca el cénit del reino visigodo en Hispania. A su muerte, el 1 de Septiembre de 672, dejaba un reino en paz, cohesionado en lo religioso y en lo jurídico, dotado de un incipiente Estado de inspiración romana, con las cuentas saneadas y un buen tesoro en reserva. Nunca había sido el reino visigodo tan poderoso. Nunca, desde la edad dorada del Imperio, había estado Hispania tan bien administrada y tan próspera. Desde la Edad de Oro del Imperio la cultura (generada sobre todo por los hispanorromanos) había llegado a un punto tan alto. 

Ello no obstante, el reino visigodo tenía sus debilidades internas, que se manifestarían con toda su crudeza en el siguiente reinado.



[1] ¿Se imaginan los lectores de qué murió Recaredo II? ¿De "morbus gothorum"? ¡Premio!

[2] La Hispania bizantina queda reducida desde este momento a la sola posesión de las Baleares y Pitiusas y a la de Ceuta, Tánger y su hinterland. Esto plantea otra cuestión interesante. Es difícil creer que Ceuta pudiera ser completamente abastecida desde Constantinopla. La metrópoli estaba demasiado lejos como para poder reaccionar en caso de un peligro inminente. ¿Contaban ya entonces los gobernadores de Ceuta con apoyo desde la otra orilla del Estrecho? Yo me inclino a pensar que sí. Y en ese caso si interlocutor natural era el “comes Iulianis”, que era el encargado de vigilar la orilla visigoda del estrecho.

[3] Tómese esta expresión con cuidado y en ningún caso en el sentido moderno del término.

[4] Los externos (francos y bizantinos) no constituían en ese momento ninguna amenaza seria para los visigodos. Los francos a causa de su desunión, y los bizantinos porque justo en este año comienzan una nueva guerra contra los persas.

[5] El “Forum” no acabó con la tradición goda de las leyes orales, sino que las puso por escrito y las adecuó a las circunstancias. Es muy probable que en sus asentamientos de los Campos Góticos muchos juicios particulares entre godos se siguieran con uso exclusivo de las leyes orales godas. Hay testimonios que indican que esa costumbre se mantuvo el siglo IX. En cambio, el Código de Recesvinto acabó definitivamente con las leyes orales suevas, si es que entonces se seguían usando en Gallaecia.

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