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15.- El fin del reino visigodo.
¿Cómo es posible que el reino visigodo
cayera ante un solo golpe? ¿Cómo es posible que una sola derrota acabara con un
reino?
No hay una respuesta fácil, ni única, a
estas dos preguntas.
A lo largo de estas páginas se ha
mencionado varias veces el morbus gothorum, el regicidio, la enfermedad
que impedía dar estabilidad al reino godo y que perpetuaba los males de la monarquía
hereditaria. Éste es el primer peldaño de la escalera que acaba en la
destrucción del reino.
El segundo peldaño es la debilidad
militar creciente del reino visigodo. Tan clara la vio Wamba que promulgó una ley
militar, aunque sus sucesores se preocuparon de ablandarla, con las consecuencias que es
fácil imaginar.
El tercer peldaño es la
disgregación del reino godo que llega a puntos de casi desintegración. He hablado de la
rebelión de Paulo en tiempos de Wamba. Una secesión hubiera sido impensable en tiempos
anteriores a Khindasvinto, pero la purga de nobles que éste hace elimina a mucha de la
antigua nobleza del reino; los nuevos nobles (entre los que se encontraban extranjeros
griegos, como Ardabasto) ya no ven al reino como un patrimonio del pueblo sino como un
patrimonio personal. Este proceso de disgregación se agrava en tiempos de Égica, que
tiene que hacer jurar fidelidad a los funcionarios del reino para que la administración
funcione al servicio del reino, y no al servicio de las banderías de los nobles.
El cuarto peldaño es la división
entre visigodos e hispanorromanos. Aunque con los años las divisiones se hacen más
borrosas, hasta casi desaparecer, siempre hubo una latente enemistad política entre los
herederos de los bárbaros y los herederos de la Hispania romana. Pero si todo fuera tan
sencillo como un pelea entre visigodos y romanos, las cosas serían
fáciles.
Sin embargo, la cuestión se agravaba por
la división de la nobleza militar y palatina goda en varias facciones. Básicamente dos,
los que yo he llamado los nacionalistas y los hispanogodos. Esto
es especialmente grave en el último tramo del reino godo. Éste es el quinto escalón,
que nos lleva de vuelta a los orígenes del problema: el morbus gothorum,
el regicidio para acabar con un rey que no es de mi bando y poner a uno que sí lo
sea.
Y en la etapa a la que hemos llegado todos
estos factores se combinan.
La familia de Witiza se dedica tramar una conspiración contra
Rodrigo. Dado que dentro del reino su fuerza es limitada, y dado que ni bizantinos ni
francos pueden ser de gran ayuda, recurren a otro elemento externo: los musulmanes.
Al-Walid, hijo de Abdul-Malik, califa de los musulmanes, creó la
provincia de Ifriquiya, a cuyo frente puso a Musa ibn Nusair, nuestro Muza, en 704. Muza
organiza varias campañas para acabar la conquista del Magreb y de Mauritania. La primera
se pone en marcha en 705. Para 707 Muza ha completado la conquista de sus objetivos, con
ayuda de tribus bereberes islamizadas que han hecho de vanguardia de choque contra sus
parientes bereberes cristianos. Manda esta vanguardia Tarik ibn Ziyad. Entonces Muza se
vuelve al Sur, a Mauritania, y tras unos primeros éxitos, al Norte, a Tánger y Ceuta. La
primera de estas ciudades es conquistada sin problemas (y allí establece Tarik su cuartel
general), pero la segunda, bien fortificada y construida en un istmo, es hueso duro de
roer.
Los musulmanes organizan una razzia contra la Península en el
Verano de 710. La maniobra les sale bien y consiguen botín sin casi combate. Quizá en
este momento se echaron de menos las defensas que Sisenando y Sisebuto había demolido
décadas antes. Mientras, el comes Iulianis, o su delegado en Ceuta, sigue
resistiendo [1].
Pero llega la muerte de Witiza y el comes Iulianis actúa
como intermediario entre los witizanos y los musulmanes para sellar una alianza que
permita a los primeros recuperar sus bienes y a los segundos hacerse con botín. Es
interesante hacer notar que según las crónicas los witizanos no reclaman a los
musulmanes apoyo para ocupar el trono de Toledo, sino para recuperar los fundos
reales, bienes inmuebles asociados a la corona que no les pertenecían desde la
muerte de Witiza. Y de ahí se sigue que estos visigodos, ni sus fieles, levantaran un
dedo para echar a los musulmanes de Hispania, una vez recuperados esos bienes.
Como he dicho: división, banderías de nobles, debilidad militar,
y una percepción del reino como posesión personal, adobado todo con la traición. Así
cayó el reino visigodo.
Y así, a finales de la Primavera de 711, bien abastecido e
informado por el comes Iulianis, Tarik desembarca en al-jazirat al-Andalus,
la Isla de los Vándalos, pues así es como llamaban los bereberes a Hispania, tan fresco
estaba el recuerdo de aquellos vándalos que desde Hispania se les echaron encima. Su
ejército no es muy numeroso, pero está compuesto por gente fanatizada y dispuesta a
pelear. Además, conoce bien el terreno gracias a los informes de los witizanos, y cuentan
con ellos como aliados.
Rodrigo debía ignorar completamente que los musulmanes estaban en
tratos con los witizanos. De ser así, hubiera tomado medidas para alejarlos o detenerlos.
Pero la historia dice que entre los nobles que se le reunieron en Córdoba estaban varios
hijos de Égica (entre ellos Oppas u Obbas, el famoso obispo don Opas de la
leyenda, y Sisberto) y de Witiza. Otro factor que abona esta impresión es que en ningún
momento sospecha del comes Iulianis, del que lo último que debía saber era que
seguía defendiendo Ceuta y que no tenía nada que ver en la incursión de 710 (ocurrida
más o menos mientras Witiza aún estaba vivo).
Rodrigo inicia el contacto con los musulmanes en una serie de
escaramuzas. Se trata de un soldado experimentado y trata de conocer a su enemigo, y su
fuerza, mientras va acumulando las suyas. Tanto le preocupan estos choques a Tarik que le
pide refuerzos a Muza, el cual se los envía.
Después de varios tanteos, la batalla decisiva tiene lugar el 19
o el 20 de Julio de 711, a orillas del río Guadalete, cerca de Medina Sidonia, en la
provincia de Cádiz.
Los witizanos abandonan el campo de batalla, dejando a Rodrigo
sólo frente a los musulmanes. Durante la batalla el rey muere, y sus fieles se desbandan.
La victoria musulmana es total.
Tarik de inmediato explota su victoria presionando hacia el Norte
para ocupar los pasos del Guadalquivir. Derrotan en Écija a los supervivientes del
ejército de Rodrigo, que se desbanda completamente. En este punto, Tariq, aconsejado por
el comes Iulianis, toma una decisión de gran importancia. Destaca una pequeña
fuerza para bloquear Córdoba (donde se encontraba el cuartel general de Rodrigo y algunos
de sus fieles), y él, con el grueso de las tropas, marcha por Jaén hacia Despeñaperros
para luego seguir hacia Toledo. En esta ciudad los conspiradores se habían hecho con el
poder, obligando a los partidarios de Rodrigo a marchar a Mérida.
Tarik llega a Toledo, se hace con el control de la capital, que
sus hombres saquearon a fondo, y desde allí se hace dueño del terreno que lo circunda:
Caesaróbriga (Talavera de la Reina, en el camino a Mérida), Complutum (Alcalá de
Heranes), Recópolis... Con ello Tarik domina el corazón del reino visigodo y tiene
abiertos los caminos para nuevas expediciones. Desde Toledo le escribe a Muza comunicando
su victoria, pidiendo más tropas, e informando de que apenas encuentra resistencia.
Porque apenas la hubo. Muerto Rodrigo, y con la familia de Witiza
dedicada al saqueo del reino, no hubo rey electo que sucediera a Rodrigo ni ningún noble
que organizase la defensa. Muchos nobles visigodos, después de la toma de Toledo, huyeron
al Norte, a los Campos Góticos en los que tenían sus lares. La nobleza hispana carecía
de poder militar, especialmente los eclesiásticos. En algunas partes, como en Córdoba o
Mérida, los fieles de Rodrigo organizaron a la población local para la defensa. Pero
carecían de coordinación entre ellos y a la larga su esfuerzo era en vano.
Como he dicho: desunión y traición, y tras la derrota,
confusión.
Sólo en la Tarraconense se tomaron algunas medidas organizadas.
Un tal Ákhila se proclamó rey y se hizo con el control de la parte oriental de la
provincia, y con Septimania [2].
Pero Ákhila carecía de fuerzas militares suficientes. El grueso del ejército visigodo
había desaparecido con Rodrigo.
Tarik invernó en Toledo. En la Primavera de 712 organiza un
ataque contra los Campos Góticos con el fin de destruir cualquier intento de los godos de
lanzar desde allí un ataque. Los nobles visigodos (los que quedan) vuelven a huir, esta
vez llegando hasta Gallaecia y Cantabria [3].
En el Verano de 712 le llegaron los refuerzos pedidos por Tariq,
encabezados por Muza en persona. Muza conquista Sevilla tras asediarla, y luego se dirige
hacia Mérida. Sin embargo, Mérida resistiría hasta el Verano de 713.
Simultáneamente, los hijos de Muza se encargan de conquistar la
parte oriental de la Bética, y luego se dirigen a la Cartaginense. Allí, el dux
Teodomiro les cierra el paso durante unos meses, pero al final tiene que capitular en
Abril de 713 [4]. Como
consecuencia de esta capitulación, se establece una región cristiana autónoma bajo la
obediencia de Muza, con capital en Orihuela.
Firmado este pacto, uno de los hijos de Muza se establece en
Sevilla, desde donde lanza varios ataques contra la provincia Lusitania a fin de
someterla.
Al fin, Muza y Tarik se encuentran a medio camino entre Mérida y
Toledo, en Almaraz (al-maraj, que significa el encuentro).
Los dos discuten. El jefe, celoso por el éxito de su subordinado, y el subordinado, que
prefiere tener al jefe lo más lejos posible.
El Invierno del 713-14 lo pasan juntos en Toledo.
Al comenzar el buen tiempo avanzaron por Alcalá y Sigüenza hasta
llegar a Zaragoza, ciudad que asediaron y conquistaron. Muza se queda allí, pero Tarik
sigue y conquista Lérida, Barcelona y Tarragona.
En este momento debió producirse la muerte o derrocamiento de
Ákhila, al cual sucede un tal Ardo, cuyo reino se reducía ya solo a Septimania.
Llegados a este punto, Muza y Tarik son requeridos para dar cuenta
de la conquista al califa. Antes de partir, como medida de precaución, Muza asienta a
varios grupos de bereberes en el vale del Ebro con la intención de que le sirvan de
limitanei. Luego, remontando el río, antes de llegar a la tierra de
los vascones, pacta una tregua con un conde llamado Casio. Sus hijos se convertirán al
Islam y serán llamados los banu-Qasi, los hijos de Casio, los dueños y
señores del alto valle del Ebro hasta la tierra de los vascones.
Del valle del Ebro salta a la Meseta, y por la antigua calzada
romana que desde Burdeos iba hasta Astorga (y que era la espina dorsal de la frontera
Norte de los visigodos), vuelve a someter los Campos Góticos, entrando en Galicia, donde
llega hasta Lugo. No hay resistencia. Después de dejar varias guarniciones en Lugo,
Orense y Astorga, marcha a Sevilla, donde se le une Tarik para ir a ver al califa. Era
Septiembre de 714. Antes de marchar nombra a su hijo Abdul-Aziz gobernador de Spania,
con sede en Sevilla.
Ni Tarik ni Muza volvieron a Hispania. Las envidias, el reparto
del botín, los odios personales... les enemistaron con el califa.
Abdul-Aziz murió asesinado en 716, pero antes de morir trató de
consolidar el dominio musulmán de varias formas. Dio tierras a grupos de sus seguidores
para que actuaran de limitanei. Así, crea una especia de provincia de
frontera con los yemeníes en El Bierzo. Entre Mérida y Toledo (las antiguas tierras de
los carpetanos) asentó a otros yemeníes. Hubo bereberes en Galicia y en el valle del
Ebro. Sirios y árabes se asientan en la Bética y en el Levante. Donde no puede llegar
con sus hombres, pacta con los gobernantes locales, que le pagarán tributo a cambio de
dejarlos en paz. En algunos puntos, como en Córdoba, Elvira (Granada) o Toledo pacta con
los judíos, que se hacen con el control de las ciudades. Finalmente, se apoya en los
hispanogodos, especialmente en sus aliados los hermanos e hijos de Witiza (que se asientan
entre Sevilla y Córdoba, donde todavía vivía alguno de ellos cuando se redacta la
crónica mozárabe de 754). Él mismo se casa con una mujer goda.
Tras la muerte de Abdul-Aziz llegó a Sevilla como nuevo
gobernador Al-Hurr. Al-Hurr fue destituido en 717 acusado de corrupción, y para
sustituirle llegó as-Samh ibn Malik al-Khawlami. As-Samh organizó en 720 una expedición
contra Septimania. Conquistó Gerona casi sin lucha, para, cruzando los Pirineos, atacar
luego Narbona, a la que conquistó tras seria lucha y asedio. Posiblemente en esta lucha
muere Ardo, con lo que acaba la resistencia de los visigodos. As-Samh penetra luego en
tierras francas, y allí, cerca de Tolosa, son derrotados los musulmanes por primera vez
el 10 de Junio de 721. La victoria corresponde a Eudo, dux franco (aunque
independiente) de Tolosa. As-Samh murió en la batalla, y sus subordinados no siguieron
presionando a los francos.
El siguiente gobernador de Spania fue Anbasa
ibn Suhaym al-Kalbi. Anbasa primero envió una expedición de castigo contra Gallaecia,
donde unos pocos rebeldes atacaron las guarniciones musulmanas en 720-721. Las tropas de
Anbasa aseguran el dominio de toda la región, pero dejan escapar camino de los montes
astures a un pequeño grupo de rebeldes godos entre los que se encuentra un tal Pelayo o
Pelagio.
En 722 estos rebeldes eran ya más que una molestia, y Anbasa,
desde Septimania, ordena a uno de sus subordinados, Munuza, jefe de los limitanei
bereberes del Bierzo, que acabe con él. Cerca de la peña de Covadonga, el 22 de Julio de
722 un ejército musulmán es derrotado por primera vez por fuerzas hispanas. Pelayo es
elegido rey por sus compañeros de aventuras, y comienza la Reconquista [5].
Pese a esta derrota Anbasa organiza una nueva campaña en
Septimania. En 725 asedia y toma Carcasona, y ese mismo año se le rinde Nimes, la última
ciudad visigoda de Septimania.
En este punto podríamos cerrar este capítulo. Anbasa ha logrado
completar la conquista y control de todos los territorios antaño pertenecientes al reino
visigodo. Con ello se puede decir del reino godo lo que dije de Roma: Sic transit.
Sin embargo, voy a seguir un poquito más.
Tras su victoria en Septimania Anbasa entre en la Galia, tomando y
saqueando Autun ese mismo año 725. Siguiendo la ruta de menor resistencia, gira a su
derecha para entrar en el antiguo reino burgundio (en el que no había fuerzas militares
dignas de mención) y luego sigue hacia el Norte, ya en tierras francas. En Sens, a la
orilla del río Sena, muere en combate Anbasa el 10 de Enero de 726.
Tras Anbasa llegaron varios gobernadores. Uno de ellos,
Abd-al-Rahman al-Gafiqui, retoma el ataque contra la Galia, ahora sí teñido de yihad,
y es derrotado y muerto por las tropas francas de Carlos Martel en Poitiers, el año 732.
Entre esa fecha y 734 Carlos Martel perfecciona su victoria anexionando al reino franco el
ducado de Tolosa, y luego el antiguo reino burgundio: Lyon y Arlés. Con esta medida
Carlos asegura la defensa del Sur del reino franco frente a nuevas expediciones musulmanas
que partan de Septimania.
Pero aún hay más. La expansión franca ponía a tiro Provenza,
región independiente, muy romanizada, que había lograda quitarse de encima a ostrogodos,
burgundios y lombardos. Los provenzanos pidieron ayuda a los musulmanes para resistir la
expansión franca. Un ejército musulmán, partiendo de Narbona, entra en Arlés. Carlos
Martel se lanza contra ellos y sus aliados provenzanos. Retoma Arlés y luego conquista
Aviñón. En ese momento (740) tiene lugar en la Península una gran sublevación de los
bereberes. Los musulmanes retiran su ejército y así Provenza pasa a ser conquistada por
los francos (741). Ese mismo año 741 moría Carlos Martel.
Había sido el salvador de la monarquía franca al evitar la destrucción del reino, había derrotado a los musulmanes y con sus conquistas había creado un cinturón sanitario alrededor de Septimania que serviría de valladar frente a cualquier futuro ataque musulmán. Y con ello Carlos Martel rinde a la naciente Europa un servicio impagable.
[1] Se sabe con seguridad que Ceuta era aún posesión del Imperio oriental en 643. Pero después, hasta la aparición del comes Iulianis en la historia y as leyendas, no se sabe nada de Ceuta. Mi punto de vista es que hasta la caída de Cartago la ciudad estaba nominalmente sometida a Bizancio, aunque sus gobernadores debían haber llegado a acuerdos de asistencia con los señores de la otra parte del Estrecho, especialmente con los gobernadores de la demarcación militar de Tarifa. A partir de la caída de Cartago los gobernantes de Ceuta debieron ya rendir sumisión formal al reino visigodo. Ceuta sería incorporada al gobierno militar de Tarifa, es decir, puesta a las órdenes del comes Iulianis. Siendo esta región tan sensible, no tiene nada de extraño que este comes fuera un miembro de la familia de Witiza o uno de sus fieles de confianza, lo que es razón suficiente como para que apoye a los witizanos en su conjura.
[2] Hay una explicación alternativa a la proclamación de Ákhila. Según ella Ákhila se rebeló contra Rodrigo poco después de llegar éste al trono, haciéndose con el control de parte de la Tarraconense y Septimania. Nunca llegó a ser reducido por Rodrigo, y ahí estaba cuando llegaron los musulmanes. Si Ákhila era un rival de Rodrigo o un rey secesionista, como lo había sido Paulo, es algo que puede discutirse, aunque yo me inclino por la primera opción. Esta explicación alternativa tiene algún problema con la cronología, pero nada especialmente grave.
[3] Cantabria era otro distrito militar, con capital en Amaya, a cuyo frente se encontraba un dux desde los tiempos de Ervigio (685).
[4] Hay una confusión en torno a este Teodomiro. ¿Se trata del dux de la Bética o de otro Teodomiro, dux del distrito militar de Orihuela?
[5] La leyenda de Covadonga identifica a un tal Alqama como jefe del ejército derrotado por Pelayo. Se sabe seguro que Munuza era el jefe militar de toda la frontera musulmana de León a Lugo. Además Munuza y Pelayo habían tenido sus diferencias antes de 722. Por ello considero más probable que fuese Munuza en persona el jefe de la expedición, pero bien pudo poner al frente a un subordinado, que sería el Alqama de la leyenda.