.JESÚS DE NAZARET.

 

¿Un mundo sin mujeres?

 

"Dios no es sólo Padre, sino también Madre".

Juan Pablo I.

 

La Edad Antigua puede a veces parecernos un mundo sin mujeres. El papel del hombre era completamente dominante en todos los ámbitos puesto que la sociedad se fundamentaba en dos acciones primordiales: el trabajo comunitario y la guerra. Dos acciones monopolizadas por el hombre que le permitían mantener un status dominante apartando a la mujer hacia las tareas del hogar. Si el mundo greco-romano era un mundo masculino, el mundo judío en especial lo era multiplicado varias veces. Las libertades de que disfrutaban las mujeres gentiles (no judías) de Roma y Grecia eran inconcebibles para los judíos. ¡Qué lejos estaban ya los tiempos de Ruth y demás heroínas que le habían sacado las castañas del fuego a Israel!

Por eso llama tanto la atención que la mujer tenga un papel importante en los Evangelios.

La Virgen María no es sólo "la mujer elegida por Dios para concebir a Cristo". Es mucho, mucho más. La Virgen María es la Madre de Dios hecho carne. Si el libro del Génesis (escrito por la escuela sacerdotal en el siglo V a.C. después del destierro en Babilonia) niega el origen materno del hombre (Eva es creada tras Adán), el Evangelio reclama ese origen no ya para un Adán, sino para el mismísimo Cristo. Si Cristo proclama el Evangelio del Amor ¿qué acto de amor más grande hay que el alumbramiento de una nueva vida fruto del dolor y el tesón de una madre? Si el principio del Antiguo Testamento es un alegato en favor de la absoluta supremacía del hombre sobre la mujer, el principio del Nuevo Testamento es un alegato aún más fervoroso y radical en favor del papel de la mujer. La mujer que concibe en su seno a Cristo y a la que el Espíritu Santo envolverá con su cálido aliento divino en Pentecostés, junto a los Doce Apóstoles. En este caso el número 13 no es augurio de mala suerte, sino de la reparación de una injusticia histórica que Dios solventa en la persona de la Virgen Madre.

Jesús no se rodea de príncipes, sino de pescadores, de desheredados... incluso de una prostituta, una mujer repudiada por la sociedad judía, como María de Magdala que permanecerá junto a la Cruz y será la primera en llevar la noticia de la Resurrección. Es paradójico que mientras todos los seguidores de Jesús huyen tras su arresto en el Monte de los Olivos, las únicas personas que permanecerán con Jesús en la Cruz serán las mujeres que acompañarán a la Virgen María y un joven Juan, que sesenta y cinco años más tarde, desterrado en Patmos, escribirá su evangelio y el Apocalipsis. La constancia y la fortaleza en la Fe de estas mujeres es tan grande que ellas serán las primeras no sólo en llevar la noticia de la Resurrección, sino de ser testigos privilegiadas de las primeras apariciones de Cristo mientras los Apóstoles lloran a lágrima viva la "muerte" de su Maestro. En estos momentos, la profesión de Fe de estas mujeres pone los pelos de punta. No es extraño que sintieran la llamada de Dios al ver a Jesús.

10 Los discípulos, entonces, volvieron a casa.

11 Estaba María junto al sepulcro fuera llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro,

12 y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies.

13 Dícenle ellos: «Mujer, ¿por qué lloras?» Ella les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto.»

14 Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.

15 Le dice Jesús: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?» Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré.»

16 Jesús le dice: «María.» Ella se vuelve y le dice en hebreo: «Rabbuní» - que quiere decir: «Maestro» -. (Evangelio de Juan, capítulo 20)

 

Hoy la mujer se ha "liberado" porque tiene acceso a un trabajo que la desliga de la obligación de esperar que el hombre lleve a casa el dinero "fruto de su trabajo". Y su exitosa incorporación a los distintos ámbitos docente, laboral, político, incluso militar, parece demostrar que las mujeres no son tontas, ni incapaces ni nada de eso, sino todo lo contrario. La mujer conquista paso a paso el papel que la corresponde en la sociedad cristiana, que es el mismo de los hombres.

Si la mujer es capaz de trabajar como un hombre y encima de eso llevar la casa y los hijos, está demostrando día a día que los obtusos que aún se empeñan en relegarla carecen de argumentos lógicos para seguir con tal actitud. Quienes relegan a la mujer están relegando a María, la Madre de Cristo.

Por muchas excusas que nos pongan basadas en tradiciones ancestrales, la realidad se abre camino imparablemente.

Desgraciadamente, otro tipo de sociedades continúan relegándola a un papel tristemente no ya secundario, sino aún más humillante.

Ojalá también eso cambie.

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