.JESÚS DE NAZARET.

 

Introducción histórica a Hechos de los Apóstoles.

 

Lucas, autor del tercer evangelio, fue también el autor de Hechos.

Tanto el evangelio de Lucas como Hechos de los Apóstoles presentan una característica histórica común: la insistencia en presentar una Roma exenta de culpabilidad histórica. Así, Lucas pone especial énfasis en descargar de culpa a Poncio Pilato en la crucifixión de Jesús, en demostrar la eficacia de la justicia romana al proteger a Pablo de las iras de los judíos radicales y en presentar que es posible una coexistencia pacífica y armoniosa entre el cristianismo y Roma. ¿Por qué? Porque Lucas escribe cuando Roma ha destruido Jerusalén el año 70 y el impacto de tal destrucción mediatiza su obra lógicamente. Para Lucas, la destrucción de Jerusalén (Lucas no es judío, no lo olvidemos), es una señal que abre la nueva era de la Iglesia Universal, así que hace tabla rasa con el pasado judío y romano, aceptándolo, por supuesto, pero mirando más allá. En Hechos, Lucas muestra el inicio de una nueva era que no puede ni debe arrastrar los errores pasados. Precisamente es en esta época en la que escribe su obra cuando los fariseos comienzan a excluir metódicamente a los cristianos de origen judío de las sinagogas. Lucas en Hechos actúa no sólo como teólogo e historiador, sino también como político, ya que Lucas comprende que el ciclo judeo-cristiano ha sido roto y de ahí su empeño en dejar bien claro en su obra que si los judíos están secularmente enfrentados a los romanos, los cristianos no tienen por qué estarlo.

 

En Hechos nos encontramos ante un auténtico tesoro, tanto desde el punto de vista teológico como desde el histórico, ya que este texto es la narración precisa del origen de la Iglesia, abarcando los más de treinta años desde la Resurrección de Cristo hasta la llegada de Pablo a Roma.

Lucas escribió Hechos como la segunda parte de su evangelio, y los publicó conjuntamente:

1    El primer libro lo escribí, Teófilo, sobre todo lo que Jesús hizo y enseñó desde un principio
2    hasta el día en que, después de haber dado instrucciones por medio del Espíritu Santo a los apóstoles que había elegido, fue llevado al cielo. (Hechos, capítulo 1).

Fue más tarde cuando se separaron al establecerse que los Cuatro Evangelios debían formar un bloque conjunto en el Nuevo Testamento. Es necesario que hagamos hincapié en la importancia de que en origen fuera una sola obra para poder comprender todo el significado de este maravilloso libro.

 

La nueva Iglesia

"Hechos de Apóstoles" (título original de la obra) arranca en el mismo instante en el que finaliza el evangelio de Lucas (ya hemos visto que el autor lo compuso como la segunda parte de éste). En el momento en el que Cristo resucitado se muestra a sus discípulos proclamando su triunfo sobre la muerte. Gracias a Hechos es posible reconstruir "arqueológicamente" los primeros pasos de la Iglesia. El primer acto es la sustitución de Judas, el discípulo que traicionó a Jesús suicidándose después. El elegido fue Matías, y digo elegido porque fue echado a suertes entre dos candidatos, abandonándose a la inspiración divina. Con el número de Doce Apóstoles completo de nuevo, el Espíritu Santo bajará sobre ellos y sobre la Virgen María en Pentecostés: la Iglesia formada entonces por los Doce y por María tiene pues un origen divino. Es Dios mismo el que la consagra para que extienda la Buena Nueva a todos los hombres. Y esta extensión parece que fue muy rápida, porque su medida nos la da precisamente la virulencia con que el Sanedrín ataca a la Iglesia casi de inmediato. Esta virulencia, esta feroz agresividad de las autoridades judías nos indica su miedo ante el gran número de conversos al cristianismo. Temor multiplicado por el hecho de que los cristianos se expandan también rápidamente entre los judíos helenizados de origen griego, una comunidad muy numerosa, culta y rica. Precisamente es entonces cuando surge el primer problema de la nueva Iglesia al ponerse de manifiesto las diferencias entre los "judíos hebreos" y los "judíos griegos". Lucas narra la reunión convocada en el año 33 en Jerusalén por los Doce en la que los representantes de los judíos helenizados expusieron sus quejas. Esta reunión es llamada por Lucas (probablemente ya testigo presencial) "Asamblea de Discípulos" y fue presidida por los Doce, lo que indica ya un germen de organización eclesial muy importante. ¿Quienes eran los "discípulos"? Evidentemente no podían ser todos los cristianos porque ya debían ser miles. Es razonable pensar que para entonces cada Apóstol hubiera creado su propia escuela con sus propios discípulos, como los textos parecen confirmar, y que estos discípulos, además de seguidores primitivos de Jesús, notables y ancianos convertidos al cristianismo formaran esta asamblea. Hay que destacar que en los orígenes de la Iglesia todo se hace por elección. Y por elección se resolvió el problema eligiendo a siete de estos judíos helenizados en cuya elección no participaron los Doce Apóstoles, hecho muy importante y al que no se presta atención, pero que demuestra la confianza absoluta que los Doce tenían en esta asamblea. Esto significa, a mi entender, que la Iglesia primitiva tenía una organización horizontal en la que los Doce se encargaban de las cuestiones relacionadas con la Fe mientras que la asamblea se ocupaba de los aspectos organizativos. Los siete elegidos para representar los intereses de los judíos helenizados fueron presentados a los Apóstoles quienes sancionaron la elección imponiéndoles las manos.

 

El martirio de Esteban

Y fue precisamente el líder de estos siete, Esteban, el primer mártir de la nueva Iglesia en el año 34. ¿Por qué? Mi teoría apunta al bolsillo del Sanedrín. Para nosotros los cristianos, Esteban es un hombre lleno de Espíritu Santo que se entrega en cuerpo y alma a la Buena Nueva. Pero para el Sanedrín, Esteban es mucho más que eso: es un judío helenizado, un judío de origen griego, representante de esa comunidad numerosa, culta y rica... y por tanto vital para el judaísmo del Templo encarnado en el Sanedrín. Esteban es, ni más ni menos, que el representante oficial de los cristianos de origen judío-helenizado. Y el Sanedrín pudo ver inmediatamente que si los judíos helenizados se "pasaban" en bloque al cristianismo, el judaísmo tradicional perdería uno de sus más importantes... y ricos... activos. Es fácil suponer que esas mentes estrechas del Sanedrín que apenas cuatro años antes habían forzado el asesinato de Jesús, se asustaran de nuevo ante Esteban. El hecho es que Esteban fue arrestado, llevado ante un "tribunal" que ya había decidido su muerte y lapidado. Los judíos no podían aplicar la pena de muerte porque estaba reservada a la autoridad romana (ius gladii), pero tampoco estaban dispuestos a acudir de nuevo a Roma para que le solucionara sus cuentas, así que la muerte de Esteban fue un auténtico linchamiento. Entre los que arrastraron a Esteban fuera de la ciudad estaba un joven llamado Saulo, un acomodado judío de Tarso que poseía la ciudadanía romana. Como era demasiado joven para participar en el apedreamiento se ocupó de cuidar las ropas de los "justicieros", que no contentos con el salvaje linchamiento de Esteban, iniciaron una persecución de los cristianos por toda Jerusalén bajo el patrocinio del Sanedrín.

 

La conversión de Pablo

La persecución emprendida por las autoridades religiosas de Jerusalén provocó que los miembros de la asamblea de discípulos salieran de Jerusalén, pero los Apóstoles permanecieron en la ciudad. frente a la persecución desatada, los Apóstoles Pedro y Juan (que desde la Pasión siempre iban juntos) replicaron yendo a evangelizar Samaria, lo que llenó de furia al Sanedrín que envió a Saulo de Tarso a Damasco con orden de arrestar a todos los cristianos que encontrara. Y será en el camino a Damasco cuando Saulo, el feroz perseguidor, sea detenido por Cristo:

3    Sucedió que, yendo de camino, cuando estaba cerca de Damasco, de repente le rodeó una luz venida del cielo,
4    cayó en tierra y oyó una voz que le decía: «Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?»
5    El respondió: «¿Quién eres, Señor?» Y él: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues.
6    Pero levántate, entra en la ciudad y se te dirá lo que debes hacer.»
7    Los hombres que iban con él se habían detenido mudos de espanto; oían la voz, pero no veían a nadie.
8    Saulo se levantó del suelo, y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Le llevaron de la mano y le hicieron entrar en Damasco.
(Hechos, capítulo 9).

Nos es fácil imaginar el ambiente que se respiró en el Sanedrín al conocer que su más fiero represor contra los cristianos se había convertido de repente al cristianismo "pasándose al enemigo". A partir de su bautismo, Saulo se llamó Pablo, ya que era corriente entre los primeros cristianos cambiarse el nombre al ser bautizado para simbolizar así el inicio de una nueva vida (Simón-Pedro, Leví-Mateo, Saulo-Pablo, etc...). Tras dos años retirado en el desierto de Arabia, Pablo volverá a Damasco pero tendrá que huir perseguido por los radicales judíos que trataban de lapidarle por "traidor".

Evidentemente la conversión de Pablo supone un punto de inflexión en la difusión de la Buena Nueva. Que un judío acomodado, ciudadano romano y protegido por el Sanedrín, un joven prometedor con una brillante carrera en perspectiva, lo abandonara todo para irse con los cristianos hizo que muchos se preguntaran si eso no demostraba que los seguidores de Cristo tenían razón en lo que predicaban. Que el más violento perseguidor del cristianismo hiciera de repente público su arrepentimiento y su ingreso en el colectivo que con tanta saña había perseguido fue un durísimo golpe para el Sanedrín y el judaísmo más violento y radical (ese judaísmo fundamentado en el odio salvaje que fue el principal responsable de las dos guerras contra Roma y de la expulsión de los judíos de Palestina). Un año después, en 37, Pablo y Bernabé fundarán la iglesia de Antioquía, una ciudad helenizada de gran riqueza que constituirá uno de los pilares de la expansión cristiana. Precisamente será en Antioquía donde nazca el apelativo "cristianos" con el que a partir de ahora serán conocidos los seguidores de Cristo.

El año 44, el rey Agripa I ordenó la ejecución de Santiago Zebedeo, el hermano del evangelista Juan y el encarcelamiento de Pedro, liberado por obra Divina de la prisión. La persecución contra los cristianos obliga a éstos a buscar nuevas vías fuera de Jerusalén. A partir de entonces Pablo fue el objetivo de estos judíos radicales y muy probablemente por ello la Iglesia decidiera enviarle fuera de Palestina, a tierras helenizadas. Y su éxito fue grande, porque Pablo era un alma llena de Espíritu Santo, un alma inflamada por Cristo que extendía su llama a todo cuanto se acercaba. Las cartas que envió a las iglesias de Oriente y Roma y que se conservan son un testimonio de su ardor y de su magnética personalidad. Ayudado por Bernabé, Pablo inició el año 46 el primero de sus viajes que le llevó a recorrer Antioquía, Chipre, Antioquía de Pisidia, Listra, etc. Viaje que duraría hasta el año 48 en que fue interrumpido por el Concilio de Jerusalén.

 

El Concilio de Jerusalén

1    Bajaron algunos de Judea que enseñaban a los hermanos: «Si no os circuncidáis conforme a la costumbre mosaica, no podéis salvaros.»
2    Se produjo con esto una agitación y una discusión no pequeña de Pablo y Bernabé contra ellos; y decidieron que Pablo y Bernabé y algunos de ellos subieran a Jerusalén, donde los apóstoles y presbíteros, para tratar esta cuestión.
(Hechos, capítulo 15).

El Concilio de Jerusalén del año 48 fue el primer concilio de la Iglesia y fue convocado por un grave problema surgido de la conversión de gentiles al cristianismo. Los primeros cristianos fueron "judíos hebreos", originarios de Palestina. El siguiente paso estuvo en la conversión de "judíos helenizados" o judíos que vivían en zonas helenizadas cuya cultura era diferente de la de los hebreos (ya vimos como surge un problema entre ambas comunidades judías resuelto al integrarlos en la asamblea de discípulos). Pero el tercer paso fue incorporar cristianos provenientes del mundo pagano, es decir: gentiles, no judíos. Los cristianos gentiles fueron en principio una minoría. Es muy importante destacar que en aquellos momentos los cristianos se sentían como la continuación del judaísmo, parte integrante del Pueblo de Israel y judíos de pura cepa, pero los conversos gentiles no se sentían judíos y sentían rechazo ante las costumbres hebreas que imponían la circuncisión a los varones (el corte del prepucio). En su carta a los Gálatas, en el capítulo 2, Pablo describe un enfrentamiento entre él y Pedro (llamado aquí Cefas) en Antioquía:

11    Mas, cuando vino Cefas a Antioquía, me enfrenté con él cara a cara, porque era digno de reprensión.
12    Pues antes que llegaran algunos del grupo de Santiago, comía en compañía de los gentiles; pero una vez que aquéllos llegaron, se le vio recatarse y separarse por temor de los circuncisos.

13    Y los demás judíos le imitaron en su simulación, hasta el punto de que el mismo Bernabé se vio arrastrado por la simulación de ellos.
14    Pero en cuanto vi que no procedían con rectitud, según la verdad del Evangelio, dije a Cefas en presencia de todos: «Si tú, siendo judío, vives como gentil y no como judío, ¿cómo fuerzas a los gentiles a judaizar?»
15    Nosotros somos judíos de nacimiento y no gentiles pecadores; a pesar de todo,
16    conscientes de que el hombre no se justifica por las obras de la ley sino sólo por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús a fin de conseguir la justificación por la fe en Cristo, y no por las obras de la ley, pues por las obras de la ley = nadie será justificado. =

17    Ahora bien, si buscando nuestra justificación en Cristo, resulta que también nosotros somos pecadores, ¿estará Cristo al servicio del pecado? ¡De ningún modo!
18    Pues si vuelvo a edificar lo que una vez destruí, a mí mismo me declaro transgresor.
19    En efecto, yo por la ley he muerto a la ley, a fin de vivir para Dios: con Cristo estoy crucificado:
20    y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí.

21    No tengo por inútil la gracia de Dios, pues si por la ley se obtuviera la justificación, entonces hubiese muerto Cristo en vano.

Este incidente (de tan felices consecuencias para la Iglesia) provocado por el rechazo del judaísmo a los gentiles, rechazo del que ni siquiera Pedro puede escapar aquí, motivará que se convoque el Concilio de Jerusalén. En esta reunión, de importancia capital para la Iglesia, las tesis de Pablo a favor de la completa apertura de la Buena Nueva a los gentiles triunfarán frente a las defendidas por los fariseos cristianizados que propugnaban la exclusión de los no judíos. Pero la postura de Pedro, que se decantó por las tesis de Pablo, decantó la balanza a favor de la universalidad de la Buena Nueva. A partir de esta fecha histórica, el mensaje de Cristo será proclamado a todos los pueblos de la tierra sin importar su raza. Y así quedó sancionado:

23    Por su medio les enviaron esta carta: «Los apóstoles y los presbíteros hermanos, saludan a los hermanos venidos de la gentilidad que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia.

24    Habiendo sabido que algunos de entre nosotros, sin mandato nuestro, os han perturbado con sus palabras, trastornando vuestros ánimos,
25    hemos decidido de común acuerdo elegir algunos hombres y enviarlos donde vosotros, juntamente con nuestros queridos Bernabé y Pablo,
26    que son hombres que han entregado su vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo.
27    Enviamos, pues, a Judas y Silas, quienes os expondrán esto mismo de viva voz:
28    Que hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros no imponeros más cargas que éstas indispensables:

29    abstenerse de lo sacrificado a los ídolos, de la sangre, de los animales estrangulados y de la impureza. Haréis bien en guardaros de estas cosas. Adiós.»
(Hechos, capítulo 15).

De esta forma, con un compromiso que obligaba a los cristianos gentiles a lo expuesto en el versículo 29, se les liberaba de la obligación de tener que convertirse al judaísmo. La Iglesia ya era verdaderamente una Iglesia Universal.

La evangelización de Pablo

A partir de este momento, Pablo tenía las manos libres para predicar el Evangelio entre todos los pueblos de la Tierra. Durante los años 49 al 52 llevará a cabo su segundo gran viaje que le llevará a  Listra, Frigia, Galacia, Filipos, Tesalónica, Atenas, etc. En el año 51 escribirá las epístolas a los Tesalonicenses y en el 52, tras comparecer en primavera ante Galión, regresa a Jerusalén en verano para, incansable alma viajera, emprender viaje hasta Antioquía. Y en 53 comienza su tercer gran viaje pasando por Éfeso y Corinto ese mismo año y recorriendo Galacia y Frigia en 54 para volver a Éfeso donde pasará dos años y tres meses. allí, en 56, escribirá su espístola a los Filipenses y el año siguiente, en 57, escribe su primera epístola a los Corintios hacia Pascua. Después visitará Corinto para volver a Éfeso donde probablemente escribirá la epístola a los Gálatas. A finales de año atravesará Macedonia y escribirá su segunda epístola a los Corintios.

Pablo recibe el año 58 en Corinto y allí escribirá su epístola a los Romanos. Pasará la Pascua en Filipos y viajará después por mar a Cesárea. En el verano, Santiago (llamado "el hermano del Señor", en realidad su primo) será elegido para quedar al frente de la comunidad judeocristiana con sede en Jerusalén. En Pentecostés Pablo será arrestado en el Templo de Jerusalén por los judíos radicales que pretenden lincharle, pero la guarnición romana de la fortaleza Antonia lo impide y el apóstol, que se declara ciudadano romano, queda bajo custodia de Roma. Así comparecerá ante Ananías y el Sanedrín, y ante las sospechas del tribuno romano al mando de la Antonia de una conjura para asesinarlo, decide sacarlo de Jerusalén y enviarlo a Cesárea donde comparecerá ante el prefecto Félix. Quedará en Cesárea en prisión preventiva.

El año 60 Pablo comparecerá ante el prefecto Festo y el rey Agripa quienes deciden que no ha cometido ningún delito, pero ante la presión de los radicales judíos que quieren su muerte y tratan de enjuiciarle el apóstol hace valer los derechos jurídicos que le da su ciudadanía romana, decide apelar al emperador y es enviado por mar a Roma. En Malta naufraga su nave.

El año 61 Pablo se halla en Roma en custodia militar (libertad vigilada por un guardia que le acompaña permanentemente). Apostolado de Pablo en la capital del Imperio. Escribe las epístolas a los Colosenses, a los Efesios y a Filemón.

En este punto finaliza el libro de Hechos de los Apóstoles.

 

El año 62 Anán, sumo sacerdote de Israel, ordena lapidar a Santiago. Simeón le sucede al frente de la Iglesia de Jerusalén. La situación entre judíos y cristianos es incendiaria y comienzan a surgir ya graves diferencias entre los propios judíos que acabarán propiciando la guerra contra Roma.

El año 63 Pablo es puesto en libertad. Han pasado los dos años que establece el Derecho Romano de libertad vigilada y puesto que no se han presentado los acusadores no puede haber juicio. Se especula con que viajó a España.

El año 64 (aproximadamente) Roma sufre un incendio pavoroso. Los romanos acusan a Nerón de provocarlo para tener las manos libres en sus demenciales proyectos arquitectónicos y el emperador, para quitarse de encima estas acusaciones, acusa a su vez del incendio a los cristianos iniciando una persecución implacable contra ellos.

El año 65 Pablo viaja a Éfeso, a Creta y a Macedonia donde remite su primera epístola a Timoteo y la epístola a Tito.

El año 66 Israel se subleva contra Roma, comienza la Guerra de los Judíos.

El año 67 Se escribe la epístola a los Hebreos. La persecución se intensifica y centenares de cristianos son detenidos, entre ellos Pedro y Pablo. En la prisión Pablo escribirá su descorazonadora y a la vez esperanzadora segunda epístola a Timoteo. Pedro es crucificado en la colina del Vaticano en Roma. Pablo, al ser ciudadano romano, es decapitado.

 

Hechos finaliza, abruptamente, con la llegada de Pablo a Roma el año 61:

30    Pablo permaneció dos años enteros en una casa que había alquilado y recibía a todos los que acudían a él;
31    predicaba el Reino de Dios y enseñaba lo referente al Señor Jesucristo con toda valentía, sin estorbo alguno.
(Hechos, capítulo 28)

pero sabemos que Lucas escribió después del año 70. ¿Por qué no cuenta Lucas los martirios de Pedro y Pablo y la situación de la Iglesia durante la guerra del 66 al 70?

 

Hipótesis al final de Hechos de los Apóstoles

Hay tres hipótesis enfrentadas para explicar el final cortante de Hechos:

1- El final que tenemos es el final auténtico del libro.

2- El final del libro se perdió.

3- Tras el evangelio de Lucas y Hechos habría otro libro, una tercera obra que contaría la persecución y la guerra.

Yo no creo que el final de Hechos sea el definitivo. Es muy posible que el final original se perdiera (que tengamos los textos que tenemos es un auténtico milagro, pues más del 90% de los textos de la Edad Antigua se perdieron en la Edad Media). Mi opinión está entre las hipótesis 2 y 3: o bien el final del libro se perdió o bien había un tercer volumen de la obra de Lucas.

A favor de la hipótesis 1 hay un hecho claro: es el final que tenemos y no sabemos si tenía otro final o no. Algunos incluso llegan a aventurar una hipótesis que me parece irreal: como Lucas pretendía un entendimiento entre cristianos y Roma no contó la persecución y el martirio por no molestar a los lectores romanos.

A favor de la hipótesis 2 tenemos otro hecho: raro es el libro de la Edad Antigua que no nos ha llegado mutilado o "enmendado". Precisamente sobre la manipulación, la excepción son precisamente los textos del Nuevo Testamento incluidos en el canon eclesiástico a principios del siglo II, y que no fueron fruto de "enmiendas" como las sufridas por los evangelios no canónicos y otros escritos que sufrieron adicciones y mutilaciones de sus textos de tales proporciones que hoy resulta imposible dilucidar cuál es el texto original y qué se ha añadido... y no digamos sobre lo que se quitó.

A favor de la hipótesis 3 hay dos factores: que el final de Hechos parece más una introducción al apostolado en Roma que un final en sí y que parece poco normal que Lucas, que escribió después del año 70, deje al menos diez años cruciales para la Iglesia sin contar.

Yo pienso que el que hubiera un tercer libro no supone que existiera físicamente. Tal vez Lucas pretendió escribirlo y no pudo porque murió o porque no tuvo oportunidad de hacerlo.

Así de sencillo.

Y ahora recomiendo el siguiente capítulo donde en un magnífico trabajo de análisis, Manuel González Pérez nos va a desgranar, versículo a versículo, esta maravillosa obra histórica y teológica que son Hechos de los Apóstoles.

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