.JESÚS DE NAZARET.

 

Los problemas actuales de nuestra Iglesia.

 

La Iglesia Católica es una obra de Dios. Sin embargo, a su timón hay hombres. Hombres que buscan la Inspiración Divina, pero hombres al fin y al cabo.

La Iglesia encara el siglo XX, el nuevo milenio, con no pocas incertidumbres y un problema que debe ser resuelto de inmediato: la desconexión de las instituciones eclesiales con la sociedad a la que sirven.

Católicos hay cientos de millones. Somos muchos los que nos sentimos católicos de pensamiento y, algunas veces, hasta de obra. Pero la Iglesia debe encarar el nuevo milenio abriéndose aún más a la sociedad a la que sirve. Hay que salir a dar Fe del Evangelio a la calle y encarnarse con la sociedad: conocer sus problemas reales y ser el más firme apoyo de los católicos no sólo en el papel, sino en la realidad.

Ante los avances de la sociedad los católicos nos planteamos muchas dudas que no pueden ser solventadas echando mano de tradiciones de hace siglos, tradiciones venerables sin duda, pero fuera de lugar en nuestra época. Una época que avanza no siglo a siglo, sino día a día, ofreciendo nuevos retos ante los que es necesario establecer una unidad de acción eclesial basada en los sentimientos de los católicos.

No estamos hablando de dogmas de Fe como la santísima Trinidad, ni mucho menos: estamos hablando de problemas concretos que afectan a la Iglesia y que necesitan soluciones:

 

Los laicos nos sentimos parte fundamental de una Iglesia que debe escucharnos más y mejor.

Es necesario que los laicos nos integremos más y más en la estructura eclesial porque es la única forma de enriquecer la Iglesia con la aportación de la sociedad viva y real. Iglesia somos todos, o al menos deberíamos ser todo el Pueblo de Dios y no sólo los sacerdotes.

 

La caída de las vocaciones sacerdotales tiene causas muy concretas que deben ser estudiadas para adecuar soluciones.

Las vocaciones en España (que es el país que yo conozco) han caído en picado. Es necesario volver a ilusionar a la juventud con un proyecto de futuro basado en el Evangelio y no en la burocracia.

 

El papel de la mujer en la Iglesia es fundamental.

Pero la eterna y bizantina discusión sobre la aceptación del sacerdocio femenino ha ido relegando ese papel. Hasta que se disponga una cosa u otra la Iglesia debe desarrollar en todo lo posible el papel de las mujeres como parte integrante del Pueblo de Dios. La imagen de las monjitas encerradas en sus conventos no es la imagen de la mujer católica del siglo XXI.

 

La Iglesia y la sociedad protagonizan un desencuentro escandaloso.

Y sólo se encuentran en bodas, bautizos, comuniones, entierros y demás acontecimientos. Un ejemplo: más del 80% de los jóvenes españoles se declara "católico". Y de ellos apenas un 4% admite seguir la doctrina de la Iglesia en temas cotidianos, como por ejemplo las relaciones sexuales. Una de dos: o más del 76% de los jóvenes españoles son unos hipócritas redomados o bien la doctrina de la Iglesia en ciertas cuestiones importantísimas no convence más que a una muy minoritaria minoría porque se ha quedado anticuada.

Los escándalos protagonizados por las jerarquías eclesiásticas de algunos países como los escándalos sexuales o los escándalos financieros no ayudan precisamente a acercar a la Iglesia al Pueblo de Dios, y nunca ante los escándalos hay una respuesta firme, sino quejas de los "ataques de los medios de comunicación", como si los que informan de un delito fueran los culpables de ese delito y no quienes lo cometen.

La Iglesia, la jerarquía de la Iglesia, vive en un mundo que pocas veces tiene algo que ver con la realidad. En España la jerarquía eclesiástica ha pasado en veinte años de apoyar una dictadura militar a apoyar el entramado político de una banda terrorista marxista. Y ni una cosa ni otra la acercan al pueblo, un pueblo que quiere vivir en Paz y el Libertad y que ve cómo sus obispos se rigen por criterios económicos y políticos en vez de criterios religiosos.

 

...A pesar de los problemas, de los graves problemas, confío qn que algún día todos unidos caminemos en una misma dirección. La que nos marcó Cristo. Y que encontraremos entre todos las soluciones que nos permitirán tapar estas grietas y que nos conducirán a una vida plena en el seno de la Iglesia.

Nuestra Iglesia.

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