.JESÚS DE NAZARET.

 

Países cristianos y países que no lo son

 

Nuestro mundo está dividido. Por desgracia, ya que a los ojos de Dios todos somos iguales. Hay países donde se respetan los derechos de las personas y países donde no.

Los países que se han mantenido en el ámbito cristiano han evolucionado hacia formas de gobierno que se basan en el respeto a los derechos de las personas. Bien cierto es que en unos casos la evolución ha sido más lenta que en otros, pero la verdad es que hoy, los países que disfrutan de mayores libertades son, y no es por causalidad, los países cristianos (Europa, América, Australia, etc.) y los directamente influenciados por éstos y que pertenecen a su órbita (como es el caso de Japón).

¿Es casualidad?

No. La influencia del cristianismo en el mundo ha sido enorme. Tan grande que es difícil escudriñarla en toda su grandeza:

Hoy en día distinguimos a los países según sus leyes: los países que consideran a todos los ciudadanos como iguales ante la ley son las democracias en las que vivimos en libertad y paz.

Los países que no siguen este precepto son las dictaduras tiránicas en las que sólo se vive en el temor. Los países cristianos fueron los que primero introdujeron este principio proclamado por Cristo en sus leyes.

Los países que han permanecido fuera del ámbito cristiano son países donde la tiranía suplanta al Evangelio. Donde la corrupción suplanta a Dios.

Los países de tradición cristiana han pasado por esos periodos en los que la vida de un hijo de Dios cualquiera no valía nada. Desgraciadamente nuestra propia Iglesia se infectó con la crueldad imperante y, abandonada en manos de hombres que no supieron o no quisieron estar a la altura de su misión, se enredó en esa espiral de crueldad que tanta tristeza hoy nos produce. Pero Dios estaba, está y estará con nosotros. Todos juntos, todo el ámbito cristiano, supo sobreponerse a tan tristes épocas y construir un presente de Paz que augura un futuro muy prometedor. Hoy es tarea de todos los cristianos no dejar olvidar a nuestros gobernantes que la prosperidad de que gozamos en el mundo occidental no puede compatibilizarse con la pobreza de la mayoría de las naciones, muchos de ellos cristianos, que salen de graves situaciones bélicas o dictatoriales y que deben ser apoyados con nuestro esfuerzo. Recordar esto a nuestros gobernantes es nuestro deber y obligación como cristianos.

Desgraciadamente hay países que no se abren al Evangelio y que se destacan por su crueldad. Crueldad con sus ciudadanos a los que no consideran sino ganado que empuja la productividad y carne de cañón de absurdas guerras que sólo benefician a las multinacionales armamentísticas. Países donde se le amputa el clítoris a una niña de once años o se obliga a las mujeres a cubrirse el rostro. Países donde la tortura es legal, donde las personas sufren muerte a latigazos, lapidadas, quemadas o donde a un ladrón se le amputan las manos.

Países infectados por el marxismo que se dice "salvador de la clase obrera" y que para salvar asesina a más de cien millones de personas y mantiene encarceladas a decenas de miles más por pensar distinto de lo que piensan los corrompidos canallas que manejan el tinglado.

Gracias a Dios estamos consiguiendo que esos países sean cada vez menos y que, aunque débil, entre en ellos algún rayo de esperanza que devuelva la dignidad a sus habitantes que, no lo olvidemos, son nuestros hermanos, pues todos somos hijos de Dios.

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